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Los dos golpes simultáneos del PP y 'la tesis Moreno Bonilla'
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Los dos golpes simultáneos del PP y 'la tesis Moreno Bonilla'

Debajo de tanto ruido ambiental, hay dos propósitos claros en la política española. Uno lo marca la derecha, el otro lo fija Europa. Hacer compatibles ambas direcciones será complicado para Feijóo

Foto: Moreno Bonilla saluda a Aznar. (EFE/Javier Lizón)
Moreno Bonilla saluda a Aznar. (EFE/Javier Lizón)
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El momento político español se ha enturbiado más tras la sesión del miércoles. Era complicado que la tensión aumentase, pero sigue creciendo. Saunas, prostitución, cláusulas de tapadillo, narcotraficantes, familiares de los políticos por medio. Sin embargo, bajo todo ese ruido, hay dos orientaciones que definen la acción de los partidos y que serán centrales en los próximos meses.

Ambas responden a preocupaciones diferentes. Entre la derecha española y buena parte del establishment, el objetivo es derribar a Sánchez. No tanto al PSOE como al presidente, lo que añade un matiz importante. Las especulaciones sobre cuál será el momento en que abandone Moncloa y cuándo se celebrarán elecciones se disparan, ya que todo se mueve en la incertidumbre de la UCO. La mayoría de los socios de gobierno, no obstante, no creen que vaya a aparecer más material que afecte al presidente, por lo que, después del miércoles, las pulsaciones empiezan a recobrar su ritmo normal. Consideran que hay tiempo aún.

El objetivo europeo

En Europa la preocupación es muy distinta. No solo porque Sánchez esté asentado en el sistema de gestión bruselense, sino porque el enemigo es muy diferente. La extrema derecha es el objetivo. Lo explicitó Manfred Weber en el congreso valenciano del PPE, y los acontecimientos posteriores ratifican que el propósito va en serio. Esta posición tiene consecuencias en la política española, porque dirige hacia una campaña intensificada de Feijóo para gobernar en solitario y excluir a Vox. Europa no quiere más cesiones en este punto.

El desarrollo de las extremas derechas en el sur continental inquieta especialmente. Italia está gobernada por una Meloni más o menos alineada, Le Pen es la segunda fuerza en Francia y Vox la tercera en España, pero carece de peso en el gobierno. De momento, parece un entorno controlado, pero existe temor a que las cosas cambien si Francia va a unas elecciones, Meloni cobra más peso en la coalición de derechas que dirige Italia y Vox entra en un gobierno del PP. Desde el partido de Abascal entienden que la ofensiva ha empezado ya: el registro a la sede de Rassemblement National es interpretada como una operación hostil, destinada mucho más a tener acceso a la vida del partido que a demostrar posibles casos de corrupción. La exclusión judicial como candidata de Le Pen es un factor ambiguo, porque puede perjudicar tanto como animar a la derecha francesa. Desde Bambú recuerdan también que esa hostilidad europea hacia la extrema derecha no repara en elementos procedimentales, ya que se suspendieron unas elecciones en Rumanía. Entienden que la guerra entre Ucrania y Rusia terminará relativamente pronto, que Oriente Medio se ha estabilizado tras la intervención de Trump y que las presiones a las que el presidente estadounidense está sometiendo a la UE dejarán sentir sus efectos reales conforme pase el tiempo. Por si fuera poco, AfD crece en las encuestas germanas y Reform en las del Reino Unido. Desde Bruselas quieren hacer cortafuegos porque la situación no resulta precisamente favorable al eje populares-socialistas.

El PP tiene que golpear en ambos lados del tablero a la vez, y es un problema que no sabe bien cómo encarar

Esto lleva al PP a un lugar complicado, ya que además de la prioridad nacional, derribar a Sánchez, se suman las exigencias europeas que dificultan un acuerdo con un partido que podría darles el gobierno. Es el momento de ir a por un Vox que no parece ceder en las encuestas, más al contrario. Tiene que golpear en ambos lados del tablero a la vez, y es un problema que no ha resuelto. En el primer sentido, está seguro de que la hostilidad contra Sánchez, con las derivas judiciales que queden pendientes y más si aparecen nuevas informaciones, le será suficiente contra un gobierno desgastado. Más presión.

Con Vox es otra cosa, porque es un partido que puede aprovechar el descontento sistémico y no tienen muy claro qué camino seguir. Cuando los de Abascal anuncian que expulsarán de España a los inmigrantes que delincan, a los menas, a los que impongan “religiones extrañas” a los que “vivan a costa del esfuerzo de los españoles”, el PP tuvo una respuesta ambigua: Tellado aseguró que regularizarían a los inmigrantes, la nueva portavoz rebajó esas afirmaciones y Ayuso se resistió a que los menas sean desplazados a centros madrileños. Vox está apostando por la inmigración como el primer problema de España, y su éxito dependerá de la percepción que la ciudadanía tenga sobre este asunto. Si coincide con la de Abascal, el PP lo tendrá bastante difícil para evitar que Vox crezca. Si no es así, será más fácil desactivar su posición con la fuerza del voto útil.

El papel de Moreno Bonilla

Esa es solo una dirección de la batalla entre Génova y Bambú, porque a día de hoy, la suma PP-Vox garantizaría el gobierno. Feijóo ya ha asegurado que repetirá elecciones antes que darles asientos en el consejo de ministros. Es un obstáculo que puede salvarse de dos maneras. La primera es que, sin obtener mayoría absoluta, el PP obtuviera más escaños que el bloque sanchista, que es una opción posible, pero improbable hoy: la polarización moviliza cuando llegan las elecciones. Un segundo camino pasaría por una alianza con PNV o Junts, o ambos a la vez. Es algo que, de momento, está muy lejos.

La otra es la llamada ‘opción Moreno Bonilla’. El presidente andaluz representa un tipo de estabilidad que era típica de la época del bipartidismo. El trasvase de votos entre los dos grandes partidos era factible: cuando la formación que gobernaba se había desgastado, el electorado más centrista, o más deseoso de tranquilidad, la penalizaba votando a su rival. Si la nueva legislatura se percibía desde la continuidad más que desde la ruptura, ese electorado que venía del castigo pasaba a la fase de aceptación. En ese momento está Moreno, de manera que nadie parece poder discutirle la presidencia andaluza. Otra cuestión es si se producirá con mayoría absoluta o no. Gobernar dos mandatos conlleva desgaste.

Asoma el anhelo de un PSOE que, tras la derrota de Sánchez, ayudase a estabilizar el sistema mediante la exclusión de Vox

Además, Andalucía es un territorio en el que el PSOE conserva mucho votante que fue tradicionalmente suyo, pero que no está activado, IU cuenta con implantación territorial y recuerdo de voto en varias provincias y es la comunidad autónoma en la que, en abstracto, el ideario de Vox puede tener un mejor encaje. Hay condiciones objetivas para que se produzcan algunas alternaciones electorales, aunque se esperen pocas por el factor subjetivo, la personalidad del presidente andaluz.

Sin embargo, también es un terreno importante por lo que ocurra después de las elecciones. Si Moreno logra mayoría absoluta saldrá reforzado a nivel nacional. Pero si necesitase los votos de Vox para gobernar, también sería relevante, ya que el PP solicitaría ayuda al PSOE para evitar que los de Abascal condicionasen el nuevo gobierno. El votante andaluz podría comprender ese apoyo de los socialistas para que la extrema derecha no entre en el gobierno.

A Vox le perjudicaría quedar fuera del gobierno, porque prefiere estar en él. Pero una exclusión también les podría resultar favorable

Esta es una posibilidad anhelada por buena parte del establishment nacional: un PSOE que, tras la derrota de Sánchez, fuera capaz de estabilizar el sistema mediante la exclusión de Vox. Sin el presidente del gobierno en el centro de la ecuación, todo sería mucho más sencillo. Esta es la opción que entienden desde Bambú que se baraja con más ahínco, pero también apuestan por ella en la izquierda no socialista. Además, Europa lo vería con buenos ojos, porque su enemigo es la extrema derecha, y un PSOE en horas bajas tendría más difícil negarse. Supone regresar al momento de excepcionalidad que llevó a los socialistas a expulsar a Sánchez de la secretaría general del partido para conseguir la investidura de Rajoy. Esta tesis se sigue barajando, incluso con cierto fervor.

A Vox le perjudicaría quedar fuera del gobierno, ya que su opción preferida es entrar en él y reproducir en España la variable preferida para la UE: una alianza entre los populares y los partidos a su derecha. No obstante, la exclusión también podría serles útil, en la medida en que, al arrinconarlos en el espacio extrasistémico, obtendrían beneficios electorales en caso de que el gobierno de Feijóo no fuese efectivo.

La política española actual se juega en dobles direcciones: el PP debe combatir a la vez a Sánchez y a Vox; debe organizar una táctica discursiva que limite el papel de Vox y mine a Sánchez; y debe trazar escenarios para que, después de las generales, cuando sean, pueda gobernar en solitario. De momento Sánchez resiste en el gobierno, con la carta de la activación electoral en el momento que lleguen las elecciones, Vox crece en las encuestas y los partidos nacionalistas han tomado distancia de Feijóo. Génova parece dar por sentado que Sánchez no tendrá gran recorrido, que no es más que un walking dead que se aferra al cargo y que bastará con continuar la presión para que caiga. Tiene menos idea acerca de cómo actuar con Vox.

El momento político español se ha enturbiado más tras la sesión del miércoles. Era complicado que la tensión aumentase, pero sigue creciendo. Saunas, prostitución, cláusulas de tapadillo, narcotraficantes, familiares de los políticos por medio. Sin embargo, bajo todo ese ruido, hay dos orientaciones que definen la acción de los partidos y que serán centrales en los próximos meses.

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