Refrescarse en Asturias puede ser una experiencia mística si uno sabe a dónde ir. Y Bandujo, o Banduxu si queremos ponernos autóctonos, es el sitio donde la frescura baja del cielo, sube del suelo, rebota en las piedras y se cuela entre las casas.
La carretera que lleva hasta allí parece sacada de una novela negra asturiana: curvas, niebla y la sospecha de que en cualquier cuneta podría esperarte un secreto del siglo XIV. Al final del camino, lo que encuentras es un pueblo que no quiso avanzar y, por eso mismo, ha sobrevivido mejor que muchos que sí lo hicieron.
Bandujo (EFE)
Bandujo no es grande, ni lo pretende. Tiene menos de cien casas y unos 39 habitantes censados. Más que una aldea, es una cápsula del tiempo incrustada en un paisaje de prados y osos —literalmente, estás en el Valle del Oso— donde los hórreos parecen esculturas sagradas y los muros te hablan bajito si les prestas oído.
La Torre de Tuñón lo vigila todo desde hace siglos. No se mueve ni un centímetro porque sabe que no lo necesita. Fue torre defensiva, emblema y ahora es casi un tótem. Junto a ella, la iglesia de Santa María susurra liturgias del siglo XII como si aún fueran necesarias.
Este lugar tuvo que esperar hasta los años 80 para que le llegara el asfalto, la electricidad y el agua corriente. Antes, todo a pie, como los peregrinos. Pero no tener carretera fue su suerte: nadie lo invadió con chalets adosados ni casas rurales decoradas con PVC que imita madera.
El cementerio es comunal. Aquí no compras tu tumba: la ocupas si toca. Y cuando llega el Día de los Difuntos, los pétalos de flores cubren la tierra.
En verano, cuando el resto del país se convierte en una sartén con olor a alquitrán caliente, Bandujo se mantiene fresco como un poema sin publicar. Lo que se oye es el río, lo que se ve son montañas y lo que se siente es la sospecha de que, tal vez, no hace falta más que esto.
Refrescarse en Asturias puede ser una experiencia mística si uno sabe a dónde ir. Y Bandujo, o Banduxu si queremos ponernos autóctonos, es el sitio donde la frescura baja del cielo, sube del suelo, rebota en las piedras y se cuela entre las casas.