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Objetivo Bolaños: la oposición proclama el epitafio de un ministro "terminal"
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Sesión de control

Objetivo Bolaños: la oposición proclama el epitafio de un ministro "terminal"

Entre gritos de "dimisión", el titular de Justicia se muestra tranquilo y confía en que "en unos días" el Supremo tumbe la petición del juez Peinado: "Tengan paciencia"

Foto: Foto: Europa Press/Fernando Sánchez.
Foto: Europa Press/Fernando Sánchez.
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La corrupción se ha convertido en protagonista indiscutible de las sesiones de control al Gobierno en el Congreso en este periodo de sesiones que llega a su fin, pero el capítulo de hoy ya no pertenece en exclusiva a los Santos Cerdán, Ábalos, Koldo o Leire. En el capítulo de hoy, el protagonista ha sido Félix Bolaños, el triministro que vive pendiente de que el Tribunal Supremo decida si le investiga formalmente por falso testimonio en el asunto de la asesora de Begoña Gómez, la mujer del presidente. Contra él han ido las más duras acusaciones de la bancada del PP y a él le ha formulado la pregunta el portavoz parlamentario popular, el pitbull de Núñez Feijóo.

En los instantes previos al comienzo de la sesión de control, Bolaños sonreía en su escaño, bien rodeado por las vicepresidentas Montero y Díaz y un callado ministro Marlaska. Bromeaban y transmitían sosiego. ¿Sería una calculada escenificación de calma? En ausencia del presidente del Gobierno, y a la velocidad actual de los acontecimientos políticos, judiciales y mediáticos, el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes ha tenido que responder a cinco preguntas, y a un buen puñado de acusaciones.

Previamente, durante la media hora larga en la que la oposición controlaba a las vicepresidentas, Bolaños estaba concentrado. Sobre su pupitre, una botella de agua y un tocho de documentos subrayados en amarillo. Folio adelante, folio atrás, el ministro leía y releía mientras bebía reiteradamente. ¿Nervios? De fondo, Montero y Díaz se defendían atacando a la oposición, como habitualmente.

Foto: audiencia-desviacion-recursos-publicos-asesora-begona

Tellado ha comenzado resumiendo los conceptos clave de la vinculación de Bolaños con los escándalos que acechan al Gobierno. Le ha acusado directamente de contratar a una asesora en Moncloa para favorecer los negocios particulares de la esposa del presidente, y luego le ha metido el dedo en la llaga: “Sánchez le obligó a mentir y eso se llama falso testimonio”, le ha dicho dando por bueno el auto de Peinado, a pesar de sus erratas y errores. “No tengo ni la más mínima responsabilidad y usted lo sabe”, ha respondido calmo para después agarrarse a la cantinela de los éxitos del Gobierno.

"Dimisión, dimisión"

A estas alturas de la legislatura, no hay paz para los ministros. Los diputados del PP golpeaban sus escaños al giro de “dimisión, dimisión” mientras la presidenta del Congreso, Francina Armengol, actuaba como “la seño” de los párvulos, aunque sólo para reñir a la oposición. En el PP y en Vox no entienden que en la Guardería Armengol no se puede protestar, ni patalear, ni provocar. El parlamentarismo, según Armengol, es una sucesión de monólogos en el que el Gobierno no responde a las preguntas y ataca a la oposición, que debe asumir con naturalidad quién manda. Otra cosa son los insultos, que de vez en cuando surcan el hemiciclo para definir a quien los pronuncia: “mentirosa” voló hacia la vicepresidenta Díaz.

Foto: Pedro Sánchez atendiendo a los medios tras la cumbre. (Reuters/Claudia Greco)
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Pero en cualquier caso, la prensa deberíamos regalarle a la presidenta del Congreso, que carece de falta de cintura parlamentaria, el magnífico libro “Anécdotas del parlamento”, en el que Luis Carandell repasa los grandes hitos del parlamentarismo español, incluido aquel en el que dos diputados se llegaron a retar en duelo frente a las puertas del Congreso. Eso fue en el siglo XIX; ya en el XX, en la por Armengol idolatrada II República, fue don Indalecio Prieto, quien se presentó en tribuna con una pistola. Pero todo eso no existe en los mundos de Francina.

Tres siglos de Cayetanas

Este periodo de sesiones ha consolidado como el mejor duelo dialéctico los cara a cara entre el ministro y la diputada del PP Cayetana Álvarez de Toledo. Nadie como ella sabe sacar de sus casillas a Bolaños, que sólo abandona su táctica de hablar bajito para tener razón cuando se enfrenta a ella. No la puede soportar, y se le nota. Contra Cayetana, Bolaños deja salir el Óscar Puente que todos llevamos dentro: la ha atacado por ser marquesa, la ha llamado “señora” con irreverente respeto y le ha dicho que piensa igual que otra Cayetana Álvarez de Toledo, pero del siglo XVIII, mientras que sus leyes judiciales y fiscales mejoraran la Administración de Justicia. Ella no se ha inmutado, acostumbrada ya a que su condición de marquesa sea motivo de ataque desde la izquierda.

Usted es un zombie”, le ha respondido directa la diputada del PP, que hasta le ha planteado cinco epitafios para despedirlo de la política: “Es usted el síntoma inequívoco de la fase terminal de este Gobierno”. Y el ministro, entre sonrisas, la ha despedido felicitándole por “mejorar su propia caricatura”, sugiriéndole que “deje pasar unos días” para que el Supremo desmonte su “bola de cristal” y deseándole un “feliz verano y disfrute de la playa”. Ella le observaba fijamente, impertérrita, consciente de que en el mundo audiovisual los gestos durante los planos de escucha también con comunicación.

El tiempo dará y quitará razones, pero este periodo de sesiones concluye (a medias) con un PP envalentonado que poco tiene que ver con el partido que inició la legislatura en estado de shock, y con un Gobierno tratando de escenificar tranquilidad ante una avalancha de escándalos. La legislatura pasa por tiempos convulsos y todos lo saben.

La corrupción se ha convertido en protagonista indiscutible de las sesiones de control al Gobierno en el Congreso en este periodo de sesiones que llega a su fin, pero el capítulo de hoy ya no pertenece en exclusiva a los Santos Cerdán, Ábalos, Koldo o Leire. En el capítulo de hoy, el protagonista ha sido Félix Bolaños, el triministro que vive pendiente de que el Tribunal Supremo decida si le investiga formalmente por falso testimonio en el asunto de la asesora de Begoña Gómez, la mujer del presidente. Contra él han ido las más duras acusaciones de la bancada del PP y a él le ha formulado la pregunta el portavoz parlamentario popular, el pitbull de Núñez Feijóo.

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