Las 24 h en que Feijóo cambió el guion con el decreto del Gobierno: "No era una decisión fácil"
El líder del PP contactó con distintos miembros del partido antes de anunciar el giro con el ómnibus, y se encontró con "dudas" en la dirección. Los barones cerraron filas con el 'sí': "El PSOE nos tenía preparada una encerrona brutal"
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. (Europa Press/Gabriel Luengas)
Mejor un desvío a tiempo, por brusco que sea, que lamentarse por haberse equivocado de camino. Es la tesis sobre la que Génova sostiene el giro de 180 grados de Feijóo con el decreto social del Gobierno. Lo que hace una semana eran líneas rojas ineludibles, ahora son soportables. Porque lo que está en juego son palabras mayores. El voto de millones de pensionistas puede costar la Moncloa. Feijóo lo sabe. Y ya jugó a la ruleta rusa del relato posicionándose en contra de la primera versión del ómnibus por incluir cesiones al PNV, aunque ese voto costase bloquear la subida de las pensiones. Pero no dispararía dos veces.
El deshielo entre el Gobierno y Junts y el pacto que suscribieron el martes para alumbrar un nuevo decreto desbarató por completo la cómoda estrategia en la que se mecía el PP. Estaban convencidos de que a Sánchez no le quedaría más remedio que ceder a sus condiciones y "trocear" el escudo social para aprobar la subida de las pensiones y otras medidas sin la contrapartida del palacete para los jeltzales o la paralización de los desahucios. Pero se equivocaban. Algunos dirigentes reconocen que el acuerdo les pilló "con el pie cambiado". Y comenzaron 24 horas frenéticas para el PP.
El martes, Génova optó por la prudencia y quiso guardar bajo llave el sentido de su voto. En la dirección veían a Sánchez "humillado" tras "arrodillarse" ante Puigdemont y acceder a tramitar la proposición no de ley de Junts, que exigía al presidente someterse a una cuestión de confianza. Pero también sabían que el giro de guion les forzaba a retratarse una vez más. Los recortes del decreto —que pasó de 80 medidas a sólo 29— no les salvó de la encrucijada: sólo podían aprobar las pensiones si avalaban también la cesión de la sede del Cervantes de París al PNV. Para más inri, el nuevo texto dejó fuera las entregas a cuenta a las comunidades, la mayoría de ellas gobernadas por los azules, mientras que mantenía la protección a los 'inquiokupas'.
Borja Sémper dio una pista envenenada. Afirmó el martes en rueda de prensa que el traspaso del inmueble al PNV "es un escándalo ético y moral de tal dimesión que para nosotros es irrenunciable esa denuncia", en línea con el argumento que había esgrimido el PP al unísono en los últimos días, y que parecía presagiar que no se moverían del voto en contra. Pero no había una decisión tomada. Y Feijóo, de hecho, tenía otros planes.
El presidente popular pidió a su equipo económico y jurídico revisar bien el texto en busca de "sorpresas" inesperadas. La desconfianza del líder del PP está en la cota más alta desde que el Gobierno les coló, de tapadillo, una reforma para acortar penas a etarras. Y arrancó la mañana del miércoles con una ronda de contactos telefónicos a miembros de la dirección, a algunos dirigentes de los grupos parlamentarios y a miembros ajenos al partido, según confirman fuentes de su confianza. El gallego quería testar el ambiente de la formación. Quería "escuchar" los motivos de los proclives y de los reticentes. Pero, en realidad, "él ya lo tenía claro".
"Estaba tranquilo. Quería saber si había algo raro en el texto que nos pudiera perjudicar, pero él ya creía que debíamos votar a favor", esgrime un alto cargo de la dirección. "Se nutrió con muchas opiniones, pero la decisión es al 100% de Feijóo", apunta otro asesor muy cercano al mandatario gallego. En esas horas clave, sin embargo, Feijóo también se encontró con obstáculos y "dudas", que manifestaron incluso miembros de la cúpula. "Había posiciones distintas, pero es razonable. Todas las opciones eran defendibles, y no era una decisión fácil", agregan en su equipo.
En paralelo, y antes de que Génova deshojase la margarita, en el partido había una enorme división de opiniones sobre qué debía hacer el PP con el nuevo decreto. Y en ese momento, la mayoría basculaban entre el 'no' o la abstención. Los primeros pedían mantenerse en la misma posición por "coherencia". No hacerlo implicaba comprometer, y mucho, la posición del PP respecto a la cesión al PNV, en la que se había implicado personalmente el portavoz parlamentario, Miguel Tellado. Los segundos pensaban que una abstención era "lo más equilibrado", para no descuidar su responsabilidad con los pensionistas y, al mismo tiempo, mantener una postura crítica con Sánchez.
Pero no era la opinión que se desprendía de las principales baronías. Los presidentes consultados aseguran que no reclamaron a Feijóo posicionarse a favor, aunque sí lo compartían. Y el motor era el temor a perder el voto de los pensionistas. "No puede haber sombra alguna de duda con el tema de las pensiones. O puerta grande, o puerta de enfermería", ilustraban. Tenían claro que Sánchez les había tendido una "trampa". Y si caían, les perseguiría el relato de que el PP votó dos veces en contra de subir las pensiones. "Eso en una campaña vale oro", explica otro veterano dirigente. "El PSOE nos tenía preparada una encerrona brutal".
Feijóo sabía que la operación tenía riesgos. Y que su giro podía costarle credibilidad, tanto dentro como fuera del partido. Por eso el líder del PP trató de desplegar un amplio ejercicio de pedagogía movilizando a sus filas. A través de un tuit en X, Génova anunció que votaría a favor del nuevo decreto ómnibus a las 14h del miércoles. Y a las 14:10h se encendieron los teléfonos móviles de todos los cargos de la formación, que recibieron el argumentario con los "motivos" que habían llevado a Feijóo a un viraje de esas características.
Feijóo explica por qué votarán sí al decreto negociado entre el Gobierno Junts
Los líderes de los grupos en el Congreso y en el Senado, Miguel Tellado y Alicia García, también pidieron a sus diputados y senadores que explicasen en redes sociales el cambio de guion con el sentido del voto. Numerosos presidentes autonómicos, como Juanma Moreno o Alfonso Fernández Mañueco, publicaron mensajes de apoyo a la tesis de Génova. No lo hizo Isabel Díaz Ayuso, aunque fuentes de su entorno avalaban el giro de Feijóo minutos después del anuncio. "El objetivo de Sánchez era acusar al PP de no apoyar a los pensionistas, los usuarios de transporte público o los afectados por la DANA. Pero les saldrá mal", apuntaban. "Es mejor explicar aparte lo del palacete, que lo de los pensionistas".
Sólo 24 horas después, Feijóo compareció para defender en primera persona su decisión y limitar los daños. Pese a las explicaciones, el desconcierto y la confusión se había instalado en amplias capas del partido, que atendían atónitos a un viraje "incoherente" y "difícil de entender". Y Vox había sacado pecho exhibiéndose como única "oposición real" al Gobierno. El líder del PP, que no suele mencionar a Abascal en sus discursos, salió al ataque. "No vamos a aceptar lecciones de Vox, quien apoyó a Sánchez con la reforma de las pensiones en 2023 o le dio vía libre con la gestión de los fondos europeos", recordó. "A menudo tienen más interés en sustituir al PP que al PSOE".
En Génova se muestran comprensivos con la "confusión" interna, pero insisten en que Feijóo tomó ésta decisión "pensando en el largo plazo". Justifican ahora que "no podíamos ganar con el palacete" porque el PNV ya registró el inmueble a su nombre, aunque hay que recordar que su convalidación a través del nuevo decreto, que apoyará el PP, les permitirá dotar el traspaso de "mayor seguridad jurídica". Es un precio alto. Pero, como resume otro alto cargo, "ha primado el miedo a los pensionistas". Y con nueve millones de potenciales votos en juego, opinan, bien merece el riesgo.
Mejor un desvío a tiempo, por brusco que sea, que lamentarse por haberse equivocado de camino. Es la tesis sobre la que Génova sostiene el giro de 180 grados de Feijóo con el decreto social del Gobierno. Lo que hace una semana eran líneas rojas ineludibles, ahora son soportables. Porque lo que está en juego son palabras mayores. El voto de millones de pensionistas puede costar la Moncloa. Feijóo lo sabe. Y ya jugó a la ruleta rusa del relato posicionándose en contra de la primera versión del ómnibus por incluir cesiones al PNV, aunque ese voto costase bloquear la subida de las pensiones. Pero no dispararía dos veces.