Es noticia
España ante la hipótesis de la guerra: qué falta, qué sobra, qué habría que cambiar
  1. España
el desafío de un nuevo orden

España ante la hipótesis de la guerra: qué falta, qué sobra, qué habría que cambiar

En cuanto se ha visto cómo el grifo se abría ligeramente, acompañado eso sí, de planes prometedores, el optimismo, casi la euforia, se ha apoderado del sector

Foto: Zapadores del Grupo XVI realizan una apertura de brecha. (Juanjo Fernández)
Zapadores del Grupo XVI realizan una apertura de brecha. (Juanjo Fernández)
EC EXCLUSIVO

Trump existe. Por activa y por pasiva, ha dicho que Europa dedica muy poco a su defensa y que vamos a tener que gastar mucho más. Habla de llegar hasta un 5% del PIB, mientras a nosotros, alcanzar el mínimo del 2% comprometido con la OTAN ya nos parece cosa de titanes. La realidad es que somos de los que menos invierten en este capítulo, mientras nos encaminamos hacia un segundo ejercicio con los presupuestos congelados (y lo que nos queda). Pero en vez de pensar solo qué nos piden los socios gastar, podríamos, primero, analizar lo que hay que adquirir, mejorar y revisar. Qué fuerzas armadas necesitamos para los tiempos que se avecinan y para el papel que España quiere jugar en ellos.

Venimos de una década donde tanto los los recursos como el interés dedicado a defensa estaba bajo mínimos. Años gobernados por el mantra de hacer más con menos, un eufemismo que dominó los tiempos de la escasez. Por ello, en cuanto el grifo se abrió ligeramente, acompañado de planes prometedores, el optimismo (casi la euforia), se apoderó del sector. Pero no nos engañemos, todo eso hay que materializarlo. Y no solo faltan cosas en la defensa, sino que también sobra alguna.

Estabilidad y municiones

En primer lugar, sobra la incertidumbre que rodea a la defensa, precisamente uno de los pilares de la sociedad que más estabilidad necesita. La nueva administración estadounidense desde luego no ayuda a tranquilizar los ánimos. Pero tampoco el ambiente nacional. La defensa requiere pensar a largo plazo y en clave de Estado. No a corto y en clave electoral o política, como es costumbre desde hace demasiado tiempo. Requiere compromiso político de los principales partidos, pero también una responsabilidad industrial y social.

placeholder Primario de vuelo del LHD Juan Carlos I. (Juanjo Fernández)
Primario de vuelo del LHD Juan Carlos I. (Juanjo Fernández)

En la parte económica, la primera medida que podría aportar equilibrio es una estabilidad presupuestaria plurianual, ajena a los marcos políticos coyunturales. Se necesita una ley de financiación que garantice los flujos de inversión y permita a la industria desarrollar proyectos a largo plazo sin la incertidumbre electoral. A la vez, el apoyo a la industria nacional y europea ha de ser inequívoco. Es garantía de independencia estratégica y una vía importante de ingresos y relevancia internacional vía exportaciones. Como contrapartida, la industria debe asegurar una calidad adecuada sin caer en el conformismo del cliente cautivo, algo que solo genera productos mediocres, caros o de lento desarrollo.

También hace falta un mayor apoyo político, firme y explícito a las exportaciones de defensa. Cada vez que un presidente francés, por citar un caso próximo, hace un viaje al extranjero, negocia un pedido de armamento. Es dinero que entra, prestigio internacional y fortalecimiento de una industria muy rentable, con alto valor agregado tecnológico, capacidades duales y, en algunos casos, intensiva en mano de obra. La exportación es el sello de calidad de una industria fuerte y capaz. Pero como les hemos dicho en estas páginas muchas veces, una venta de armas nunca suele ser solo una venta de armas. El lobby diplomático debe estar a la altura.

Foto: proyeccion-estrategica-futuro-ejercito-aire-armada-f35

En la hipótesis de la guerra, el dolor común a los tres ejércitos es la carencia crónica de munición y armamento en general. Es cierto que primero se necesita disponer de la capacidad y un buen ejemplo es la artillería. Sin el cañón no hay nada. Pero sin suficientes proyectiles, tampoco. El conflicto ucraniano, y los que han ido surgiendo después, han demostrado que ningún país europeo disponía de una mínima reserva de municiones suficientes para sostener un combate de alta intensidad.

Pero falta de todo —aquí y en Europa—, y la prueba la tenemos en los brutales incrementos en la producción de munición y todo tipo de sistemas de armas en los grandes productores globales. Por tanto, además de la capacidad de disparar, lanzar misiles o bombas, hay que disponer de una reserva suficiente y coordinada/compartida con nuestros aliados.

Carencias por tierra, mar y aire

Por dominios, lo más urgente para el Ejército de Tierra es revisar toda la artillería. No sirven hoy en día las piezas remolcadas y hay que ir hacia la artillería autopropulsada (ATP), de cadenas para las unidades acorazadas y de ruedas para las brigadas medias y ligeras. No se puede estar a estas alturas con los obuses remolcados SIAC de 155 mm o los ATP M-109, algunos con más de 40 años a sus espaldas. Algo parecido se debería acometer con la artillería antiaérea, reforzando y consolidando los sistemas Nasams y Patriot (aunque este sea norteamericano).

El parque acorazado y mecanizado también se encuentra en situación delicada. El Leopardo 2E sigue siendo un buen carro de combate, pero necesita modernizarse. También el vehículo de combate de infantería VCI Pizarro necesita de una nueva versión. Muestra de los años de desinversión, todavía seguimos con vehículos como el M-113 TOA —de la guerra de Vietnam— o con el VEC o BMR, completamente fuera de lugar hoy en día. Las desdichas (con los matices que queramos) del 8x8 Dragón han supuesto un importante freno a los planes de modernización y hay que buscar, además, otro tipo de blindado de ruedas, un 6x6 más ligero y funcional. Por lo demás, hay que pisar el acelerador en el programa del vehículo de apoyo a cadenas VAC, que vendría a ser la espina dorsal blindada de Tierra.

placeholder Blindados Centauro y VEC del Regimiento Farnesio 12. (Juanjo Fernández)
Blindados Centauro y VEC del Regimiento Farnesio 12. (Juanjo Fernández)

La caballería también precisa nuevo material y habrá que pensar en el Centauro II y un reemplazo adecuado para el VEC, un vehículo ligero equivalente, pero con mayor potencia de fuego. Renovar todo el parque de vehículos de ingenieros y zapadores y fortalecer la Aviación del Ejército con la adquisición de la flota de H145M. Además, generar una doctrina y medios adecuados en el empleo de drones y en la defensa contra ellos, progresar en guerra electrónica y comunicaciones, son otras de las asignaturas pendientes.

El Ejército del Aire y del Espacio es, quizás, el que va mejor encaminado. En el primer punto de su agenda está incrementar de manera importante el stock de armas, poniendo especial relevancia en aquellas de largo alcance o stand-off. Además, debe resolver cuanto antes dos cuestiones importantes: la primera es el relevo del avión de entrenamiento avanzado, el F-5, aunque ya suena cada vez con más claridad el aparato turco TAI Hurjet. Del mismo modo, se debe resolver de una vez la incógnita del reemplazo del F-18 en esa esperada segunda fase, para la que se busca una segunda plataforma diferente del Eurofighter. La sombra del Innombrable planea de nuevo.

Por lo demás, sería bueno reforzar la aviación de transporte pesado, con alguna unidad adicional del A400M, que está dando buenos resultados, así como avanzar en la búsqueda de un avión de patrulla con el horizonte más allá del C295. Tampoco estaría de más una unidad adicional de cisternas A330MRTT y dotar a alguno de ellos, tal vez dos, con sistema de reabastecimiento de pértiga, lo que permitiría mayor interoperabilidad con otras fuerzas aéreas aliadas. Por último, alguna plataforma moderna para guerra electrónica, SIGINT, etc., ¿para cuándo?

placeholder F-18 del Ala 15. (Juanjo Fernández)
F-18 del Ala 15. (Juanjo Fernández)

La Armada, ya lo vimos hace pocos días, tiene ambiciosos planes de futuro y en cuanto a buques, nos remitimos a lo ya comentado. Si al final todo esto queda en un presupuesto por encima del 2%, aquellos planes ya no van a parecer tan ambiciosos y sí bastante realistas. Varias son las cosas urgentes en la Armada. Una de ellas es fortalecer la Infantería de Marina, renovando y modernizando su material, algo que afecta a casi todas sus capacidades. Necesitan nueva artillería, mayor apoyo y utilización de drones, un medio blindado que aporte potencia de fuego e incrementar medios anfibios con el nuevo blindado ACV, entre otras cosas.

La Flotilla de Aeronaves se debe reforzar con un equilibrio entre medios europeos y norteamericanos, apostando por la familia SH/MH-60 Bravo/Romeo para helicópteros utilitarios y antisubmarinos —estos últimos la solución idónea a día de hoy—, aumentando la flota de transporte medio con NH-90 y, si fuera posible, cambiando sus H135M por el mucho más capaz y versátil H145M. Los primeros podrían transferirse a Guardia Civil, por ejemplo, o mantenerlos para tareas de menor intensidad. Para transporte de ala fija, el Pilatus PC-24 es una magnífica opción, mientras que, de una vez por todas, se debe resolver el problema del ala fija embarcada, dar el merecido descanso al Harrier y aceptar que el F-35B es la única y mejor solución.

placeholder Embarque de un blindado Piraña de la Infantería de Marina. (Juanjo Fernández)
Embarque de un blindado Piraña de la Infantería de Marina. (Juanjo Fernández)

Más allá del material

Prepararse para el conflicto no es solo comprar municiones y armas. Empecemos por lo más importante con diferencia: el personal. Por un lado, se deben incrementar las plantillas de manera sustancial, adecuándolas a las nuevas inversiones, mejoras y capacidades. Esto es tan fundamental que, de no producirse ya en estos próximos años, nada será posible y creíble. Además, hay que fomentar la retención de personal y esto pasa por mejoras salariales. Ya no vale decir eso de "la satisfacción del deber cumplido" cuando, por ejemplo, cualquier soldado o marinero, no digamos un oficial piloto respecto al ámbito civil, gana mucho menos que cualquier policía local, que además duerme en su casa todas las noches.

Derivado de lo anterior, varios temas. El primero es que hay que buscar una solución al hecho de la tropa que, a los 45 años, debe abandonar la profesión. La solución no es nada fácil, pues a lo largo de la carrera hay múltiples opciones que permiten el paso a soldado permanente o suboficial cuando hay interés y ganas de esforzarse. Pero hay también casos singulares y otros donde se pierde gente con experiencia en tareas como es el mantenimiento, donde perfectamente podrían y deberían seguir. Esto se debería flexibilizar de algún modo. Se necesitan soluciones creativas a estos problemas estructurales.

placeholder Leopardo 2 del contingente español en Letonia. (Juanjo Fernández)
Leopardo 2 del contingente español en Letonia. (Juanjo Fernández)

También está la cuestión del tiempo en cada destino. En oficiales y jefes, lo más normal son destinos de mando de dos años, por ejemplo, un coronel o capitán de fragata/navío en un buque. Es un tiempo demasiado corto y cuando de verdad se tiene tomado el pulso a la unidad y se saca el mejor partido de ese mando, se tiene que ir. Es cierto que esto es así para que más oficiales tengan la oportunidad de mandar barcos o regimientos, pero algo se debería intentar hacer.

Por descontado, habría que realizar una reorganización de las unidades de combate, sobre todo en el Ejército de Tierra, desterrando de una vez por todas las ideas y la orgánica, fruto de aquellas BOP (Brigadas Orgánicas Polivalentes). Una especie de café para todos —la "afganización"— resultado de los escenarios y misiones de baja intensidad, donde se homogeneizaron las brigadas para que todas pudieran intervenir en ese tipo de misiones.

Este cambio se debería hacer orientando las unidades al combate, no tanto a la misión como se venía haciendo. Es decir, una unidad acorazada, por ejemplo, no se puede orientar a escenarios de baja intensidad, sino al combate convencional y sus medios deben ser los acordes a ello. Esto podría implicar incluso el reducir el número de brigadas acorazadas (pesadas) a tres, pero que lo fueran de verdad, con sus medios blindados y plantillas al 100%. También habría que explorar el recuperar la vieja idea de mantener una brigada de caballería, orientada a su misión de exploración y combate, al mando de un general de brigada del Arma, que fuese el referente en cuanto a empleo de medios con alta movilidad.

Burocracia y sociedad

Dejamos para el final dos temas para reflexionar, ninguno de ellos sencillo y tampoco de fácil solución. El primero sería acabar con una burocracia excesiva y aplastante en los procesos de adquisición de capacidades militares. No es un mal exclusivo de la defensa, pues afecta a toda la ciudadanía, pero en el ámbito de la defensa ha generado tal nivel de complejidad que se ha convertido en ocasiones en una barrera, limitando algo tan importante como la agilidad en las contrataciones o compras.

Foto: s80-guia-tecnologia-espacial-submarino-espanol

Para empezar, la disposición de los créditos es incierta, tanto en el importe como en el tiempo. Se conoce la disponibilidad de un crédito inicial, pero a lo largo del año se reciben ampliaciones, créditos extraordinarios, transferencias, etc., de los que se desconocen importes y fechas de recepción con suficiente antelación. Por otro lado, la legislación contractual impone unos plazos muy rígidos que complican la adquisición de bienes, servicios y, sobre todo, de obras.

Todo esto obliga a los responsables económicos a hacer encaje de bolillos con las previsiones, planificar actividades, mantenimientos, obras, etc. con un dinero del que no hay certeza cuando va a llegar o de utilizar los resquicios del sistema para algunas operaciones. Hay que simplificar esta normativa y eliminar o al menos reducir, trámites, plazos e incertidumbres.

El segundo es tratar de involucrar a la sociedad civil en la defensa. La idea es que la sociedad en general participe más y se sienta partícipe de estas cuestiones, en lugar de percibir todo esto como algo lejano y responsabilidad de otros. Se trataría de dar un paso más aprovechando una realidad social en la que las Fuerzas Armadas son las instituciones mejor valoradas por la ciudadanía.

placeholder Obús remolcado Siac de 155mm del Gaca VII. (Juanjo Fernández)
Obús remolcado Siac de 155mm del Gaca VII. (Juanjo Fernández)

Hay países donde este concepto existe casi desde siempre, caso de Israel o Suiza, y esta idea está calando cada vez más en países europeos, hasta el punto de que hoy en día Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia, Austria, Estonia, Letonia, Lituania, Francia y Grecia tienen distintos grados de implicación social forzosa en la defensa. En España lo más parecido hoy en día es la figura del reservista voluntario, pero en el fondo es más un acercamiento social a la milicia —y en parte una justificación numérica—que una aportación práctica.

Hoy en día se nos antoja muy difícil y quizás el retorno al servicio militar obligatorio no es la solución para España. Pero en países de nuestro entorno, como Suecia o Noruega, está activo, mientras que otros lo están estudiando. Convendría pues explorar algunas alternativas para imbricar más a la ciudadanía en la defensa nacional, más allá del desfile del 12 de octubre y las juras de bandera. Breves períodos de servicio, formaciones voluntarias u otras fórmulas. La sociedad debe llegar a contemplar la seguridad y la defensa como algo propio, y considerarlar tan estado del bienestar como la educación o la sanidad, como así es en estos tiempos.

Trump existe. Por activa y por pasiva, ha dicho que Europa dedica muy poco a su defensa y que vamos a tener que gastar mucho más. Habla de llegar hasta un 5% del PIB, mientras a nosotros, alcanzar el mínimo del 2% comprometido con la OTAN ya nos parece cosa de titanes. La realidad es que somos de los que menos invierten en este capítulo, mientras nos encaminamos hacia un segundo ejercicio con los presupuestos congelados (y lo que nos queda). Pero en vez de pensar solo qué nos piden los socios gastar, podríamos, primero, analizar lo que hay que adquirir, mejorar y revisar. Qué fuerzas armadas necesitamos para los tiempos que se avecinan y para el papel que España quiere jugar en ellos.

Defensa Tecnología militar Fuerzas Armadas
El redactor recomienda