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Noventa olivos y mucho apego: se buscan yernos a los que les guste el campo
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una tradición que viene de muy atrás

Noventa olivos y mucho apego: se buscan yernos a los que les guste el campo

Muchos agricultores conservan sus tierras por una cuestión de cariño y vocación más que por la retribución que obtienen. Acompañamos a algunos de ellos en una jornada

Foto: Antonio Luis y Jose Antonio con la cosecha recogida
Antonio Luis y Jose Antonio con la cosecha recogida
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La alarma de Jose Antonio suena a las seis de la mañana la mayoría de los días de la semana. Trabaja en la estación de Sierra Nevada y sus manos están siempre cortadas por el frío. Hoy, en su día de descanso, cabría esperar poder rascar unas horas más en la cama. Sin embargo, suena a la misma hora. Es 4 de enero y aunque nos encontremos en plena Navidad, hay que ir a la aceituna.

Jose Antonio no va solo: le acompaña una cuadrilla de siete amigos a los que él también ha ayudado previamente en sus respectivas campañas. "Yendo muchos, con suerte nos la quitamos en un día", dice. Otros años en los que su cuñado, Antonio Luis, y él han venido sin ayuda, la tarea les ha llevado tres o cuatro días más.

Apenas ha amanecido, pero todos miran preocupados al cielo: está nublado. Se avecinan días de lluvia, desde esa misma tarde, pero confían en aprovechar la mañana. Con los olivos mojados, varear es una tarea mucho más difícil y se desperdicia mucha aceituna.

El campo al que va no es especialmente grande: se trata de una explotación de menos de una hectárea, con unos noventa olivos en total. Hace años sirvió como parte del sustento de la familia de su suegro, Manuel Fernández-Carlancha, que falleció en 2021: una parte la vendían y otra la utilizaban para el consumo familiar. Ahora, pertenece a las esposas de Jose Antonio y Antonio Luis.

Si esta rutina va a poder seguir manteniéndose en el futuro, es, cuando menos, incierto. Pero no son los únicos que no ven un porvenir claro para sus explotaciones. Los datos oficiales de España 2024 reflejaban que apenas un 3,6% de la población activa trabajaba en el sector primario. De este porcentaje, un 2,5% lo hacía en el área agroalimentaria.

Muy diferentes eran estos mismos datos de ocupación agraria hace cincuenta años, cuando la población que trabajaba en este mismo sector superaba el 21%. Los datos nos hacen preguntarnos qué ha pasado y, sobre todo, qué va a pasar.

En España, hay muchas familias que, como esta, son una herencia física de este descenso: el campo sustentó a sus familias durante generaciones, pero a ellos ya no. Sin embargo, hay algo (hay, más bien, muchas cosas) que les impiden deshacerse de esos pequeños terrenos que pertenecían a sus familias.

El día de recogida termina justo a tiempo: a la una y media de la tarde ya están cargando los sacos y recogiendo las mantas mientras empieza a llover. Se nota el cansancio, pero también la satisfacción: la recogida ha sido una carrera casi contrarreloj, pero ha merecido la pena. No solo se ayudan entre ellos, también comparten el material: uno de los amigos ha aportado un coche con remolque y otro algunas varas eléctricas, que, cuentan, ayudan mucho y sobre todo aceleran el trabajo.

El paso siguiente es ir al molino. Será ahí donde los trabajadores del mismo harán una valoración del aceite que obtendrán de esta campaña. Para ello, toman una pequeña muestra de la recogida que aportan para valorar su rendimiento, es decir, el porcentaje de aceite que contiene la aceituna con respecto al peso total del fruto.

"El año pasado fue bueno, muy bueno, porque salió un 22%", cuenta. En función de la cifra de rendimiento obtendrán más o menos aceite y les compensará más o menos, puesto que el precio que tienen que pagar al molino por el servicio es el mismo, pues la cantidad recogida no varía de un año a otro: ronda los ciento setenta euros. La aceituna pasa una hora en la prensa hasta que llega el momento de la molienda.

El porcentaje varía mucho según el año, casi nunca es el mismo exactamente, aunque sea el mismo terreno", explica Jose Antonio. "Y aunque cuidemos los olivos siempre más o menos igual, depende del tiempo que haya hecho ese año, de si se recogen antes o después… Al final todos tenemos otros trabajos y nos apañamos como podemos".

En esta campaña, Jose Antonio y Antonio Luis se desaniman un poco con el resultado: la cifra no llega al 12%, lo que se traduce en unas veinticinco o veintiséis garrafas de cinco litros. “Tiene sentido porque este año no ha llovido mucho”, cuenta.

Las alarmas ya habían saltado semanas antes, con los datos del inicio de la temporada de aceituna en el resto de zonas del país. El precio del aceite en los supermercados lleva dos años tendiendo a la baja, aunque los consumidores no olvidan los más de diez euros por litro que los españoles llegaron a pagar a finales de 2023.

Si bien, como informaba El Confidencial, los precios del aceite en los últimos meses no han experimentado modificaciones significativas, el coste de producción ha aumentado en este mismo periodo, como reflejan los datos de diciembre publicados por el Ministerio de Agricultura. Todo esto se traduce en que nos encontramos en la primera subida de precios del aceite de oliva desde finales del año 2023; exceptuando los datos de octubre de 2024 y enero de 2025, cuando volvió a pagarse el IVA por los productos esenciales.

"El dinero llega, pero se lo quedan los de siempre"

El sociólogo Javier Rueda es profesor ayudante doctor en la Universidad Complutense de Madrid. Es autor de Utopías de barra de bar y ahora mismo su trabajo de campo se centra en lo rural, concretamente en los municipios despoblados de Castilla-La Mancha. En su opinión, "ir a la aceituna sigue siendo un elemento de encuentro. El recolectar con allegados no es solo recolectar, es reunir a familia y amistades, es la comida de luego, es un flashazo de cómo funcionaban las cosas antes".

Según el sociólogo, las explotaciones pequeñas, como esta que trabajan Jose Antonio y Antonio Luis, son las que más peligro corren: "Salvo las tres o cuatro que se transformen en casas rurales o similares, si no hay fuerza de trabajo, estas fincas habitualmente se talan, se abandonan o se deja lugar a cultivos más rentables".

"Para que este tipo de cultivos sobrevivan, es necesario una apuesta fuerte por una economía local circular. Cooperativas que funcionan, y que devuelven realmente los beneficios no solamente a sus miembros sino a sus territorios.", cuenta Javier Rueda. "Un discurso muy extendido en el medio rural es que el dinero llega, pero se lo quedan los de siempre, ya sea la empresa grande, las redes clientelares del caudillo local de turno o el terrateniente".

Foto: juan-jose-agricultor-espanol-cereal-olivo-pistacho

"Se deben asumir los cambios generacionales en toda su profundidad, lo que incluye el diálogo con personas migrantes y racializadas, con familias diversas y distintos perfiles. Un ejemplo inspirador es el de los furanchos en las Rías Baixas, por el cual pueden vender el vino de cosecha propia en sus casas durante tres meses al año; así, el excedente tiene salida sin grandes inversiones, se mantiene el vínculo al territorio y se atrae a gente de fuera", cuenta el sociólogo.

“Lucrarte o ganar dinero como tal con este terreno, no lo hacemos, de esto no podríamos nunca vivir. Es verdad que son unos trescientos y pico euros que no te gastas en el supermercado y echas el año con tu propio aceite, que siempre gusta”, cuenta Jose Antonio a El Confidencial cuando le preguntamos por la retribución de la cosecha.

Las cosas han cambiado mucho desde que esta parcela fuera una parte importante del sustento de los suegros de Jose Antonio y Antonio Luis. Con este escenario, la pregunta de si se han planteado la venta es inevitable. Pero igual de rotunda es la respuesta: no. Es un terreno muy escarpado, por lo que construir sobre él está casi descartado. Aun así, declaran, sería fácil venderlo por su manejabilidad y cercanía al núcleo poblacional de Pinos Genil, el pueblo granadino donde se encuentra el terreno.

“No lo vendería porque por suerte no nos hace falta y para nosotros tiene mucho valor sentimental, de este aceite he comido con mis suegros, mi mujer y mis hijas y mis amigos", confiesa. De hecho, los dos cuñados pagan un pequeño extra en el molino para que las garrafas lleven una pegatina personalizada con el nombre "Las Carlanchas", en honor al apellido de su suegro fallecido.

"Para nosotros tiene mucho valor sentimental, de este aceite he comido con mis suegros, mi mujer, mis hijas y mis amigos"

Como afirmaba Rueda, la cooperación entre amigos a la hora del mantenimiento del terreno es esencial: el hoy por ti mañana por mí está a la orden del día y no parece ser un problema para nadie en la cuadrilla. "Con toda la ayuda que tenemos siempre para la recogida y el mantenimiento, es una parcela que no tiene gastos”, declara Jose Antonio.

Este campo no fue, ni mucho menos, el estreno agrario de Jose Antonio. “Me llevaban mis padres desde los diez años. Empecé yendo con ellos y luego con mis suegros, y había campañas que combinaba los dos terrenos , yendo los inviernos a la aceituna llevo cuarenta y cinco años”, cuenta a El Confidencial.

El futuro de esta pequeña parcela familiar que tantas generaciones ha visto pasar está a día de hoy algo borrosa, aunque su supervivencia está garantizada mientras Jose Antonio y Antonio Luis puedan. Por ahora, tienen sus manos y por supuesto también las de sus familiares y amigos y con eso les sobra. “No me puedo imaginar venderlo. Cuando nos hagamos viejos mi cuñado y yo y no podamos venir no sé qué haremos. O les empieza a interesar a nuestras hijas o nos echamos algún yerno al que le guste mucho el campo”, comenta entre risas.

La alarma de Jose Antonio suena a las seis de la mañana la mayoría de los días de la semana. Trabaja en la estación de Sierra Nevada y sus manos están siempre cortadas por el frío. Hoy, en su día de descanso, cabría esperar poder rascar unas horas más en la cama. Sin embargo, suena a la misma hora. Es 4 de enero y aunque nos encontremos en plena Navidad, hay que ir a la aceituna.

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