A qué está jugando Podemos dentro del bloque político de Pedro Sánchez
El partido de Montero y Belarra parece un factor perturbador dentro de la mayoría de coalición. Es una posición táctica con la que pretenden conseguir varios objetivos
Uno de los elementos más interesantes de la encuesta del CIS es el incremento en intención de voto de Podemos. Resulta llamativo tanto el crecimiento del partido de Montero y Belarra como el desplome de Sumar, máxime cuando una parte relevante de los votantes de Díaz han pasado a las filas moradas. Se ha insistido lógicamente en los efectos negativos de esa fragmentación para los resultados de la izquierda del PSOE, un desastre para el bloque progresista. Es algo que tiene difícil arreglo, aunque no sea imposible. Ahora se están poniendo las piezas para la recomposición del espacio. Cada cual mueve sus fichas.
Podemos es un partido táctico. Siempre lo ha sido y continúa anclado en un marco que resulta muy difícil que abandone. Los de Iglesias nacieron jugando a la contra (combatían a la casta, luego al PP, después a los traidores de dentro del espacio, después a la extrema derecha) y ahora necesitan nuevos horizontes en los que proyectar ese esquema.
Dentro y fuera al mismo tiempo
La discusión de Belarra con Aitor Esteban, que nace tanto del voto de los vascos en contra del impuesto a las empresas eléctricas (el partido de Repsol) como por la enmienda contra la ocupación, no es más que parte de esa estrategia. Podemos forma parte del bloque de investidura, como los jeltzales, y cada uno trata de hacer valer sus intereses. Por más que se hayan encrespado los ánimos, Podemos ha votado a favor de ese bloque tanto en un asunto como en otro. Ha dado su respaldo al gobierno en un momento que lo necesitaba, por más que haya levantado la voz. La polémica con Esteban les sirve para estar dentro y fuera a la vez: apoyan al gobierno al mismo tiempo que disienten de sus políticas.
Podemos necesita hacerse visible, y más que a través de unas ideas concretas, lo consigue personalizando sus ataques
Podemos es un partido mediático, cuyo recorrido actual proviene de su capacidad de hacerse visibles en los medios, y para eso está Iglesias en las tertulias, y del recorrido que tenga Canal Red. Carece de estructuras, y vive de la simpatía o antipatía que generen sus declaraciones. Necesitan hacerse visibles, y más que a través de unas ideas concretas, lo consiguen personalizando sus ataques. Chocar con el PNV no es más que otra pieza dentro de ese juego.
Utilizan los nombres propios con mucha frecuencia como parte de su acción política, en la medida en que creen que les proporciona réditos. Pueden ser Roig y Mercadona, Josu Jon Imaz y Repsol, MARy Díaz Ayuso, o Aitor Esteban. A menudo caen en un elemento revanchista, en particular cuando se trata de los medios de comunicación, con Ferreras como obsesión. Otras veces no dudan en atacar, en canales comunicativos más reducidos, a personas de su espacio político para fijar posiciones: el último ha sido Santiago Alba Rico, a través de quien golpeaban a Sumar.
En realidad, Podemos está viviendo de la antipatía que Sumar genera en muchos votantes de izquierda
En este instante, es probable que ese modo de actuar le resulte útil. Con un Sumar en crisis, muy ligado al gobierno y preocupado de hacerse visible a través de la acción ministerial, los de Iglesias pueden jugar por fuera y ejercer de ariete crítico contra unos y otros. El pragmatismo de ese movimiento es interno: les permite aprovechar el descontento con Sumar para conseguir transferencias dentro del mismo espacio. No amplían nada, pero atraen a simpatizantes de ese bloque. En realidad, Podemos está viviendo ahora de la antipatía que Sumar genera en muchos votantes de izquierda, y ser más combativos les permite aprovechar ese filón.
Un factor perturbador, pero poco
Sin embargo, poco de eso hay que pueda hacer valer en unas elecciones. Por más que las cifras del CIS indiquen un crecimiento, este es producto de un momento concreto y de la debilidad de su rival del espacio. Aitor Esteban les animaba a dar el paso de hacer caer al gobierno si tan descontentos están con él, a sabiendas de que ahora mismo Podemos no es un factor perturbador. Puede resultar molesto, pero no preocupante, en la medida en que carecen de incentivos para ponerse serios contra Sánchez. Están en una situación idónea (dentro y fuera a la vez), tienen una visibilidad mediática en tertulias que surge de su pertenencia a ese espacio, y un futuro asegurado mientras dure la legislatura. No tienen nada que ganar con una presión de verdad rupturista. Y menos aún si el horizonte fueran unas elecciones: pagarían un precio muy elevado si la concreción de un gobierno PP-Vox fuera causada por un mal movimiento de Podemos.
Más Madrid y Compromís no desean formar parte, de ninguna manera, de una coalición en la que participe Podemos
Como partido táctico, tampoco tienen que estar muy pendientes del futuro. El espacio tiene una recomposición difícil, en la medida en que Más Madrid y Compromís no desean formar parte, de ninguna manera, de una coalición en la que participe Podemos. Como las elecciones parecen lejos, los efectos perturbadores de la fragmentación no les resultan preocupantes. Cuando se llegue a ellas, ya se verá cómo encajar las piezas en función de lo que resulte conveniente en ese instante. Podemos ocupa una zona minoritaria dentro de la política española, es una fuerza más dentro de ese magma a la izquierda del PSOErecompuesto a través de lo territorial (ERC, Bildu, Compromís, BNG, Más Madrid, Comunes, una IU que tiene poder en Andalucía y Asturias), y quieren asentarse en su espacio, y si es posible, crecer. Ya negociarán nuevas confluencias o no, en función del momento.
Uno de los elementos más interesantes de la encuesta del CIS es el incremento en intención de voto de Podemos. Resulta llamativo tanto el crecimiento del partido de Montero y Belarra como el desplome de Sumar, máxime cuando una parte relevante de los votantes de Díaz han pasado a las filas moradas. Se ha insistido lógicamente en los efectos negativos de esa fragmentación para los resultados de la izquierda del PSOE, un desastre para el bloque progresista. Es algo que tiene difícil arreglo, aunque no sea imposible. Ahora se están poniendo las piezas para la recomposición del espacio. Cada cual mueve sus fichas.