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La travesía de Iñigo Errejón, el cerebro de la nueva política que cayó por una denuncia de acoso machista
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Un experto en populismo de izquierdas

La travesía de Iñigo Errejón, el cerebro de la nueva política que cayó por una denuncia de acoso machista

Miembro del clan fundacional de Podemos y amigo íntimo de Pablo Iglesias hasta que todo saltó por los aires en una lucha de poder. Su elección como portavoz de Sumar extrañó al grupo parlamentario por su historial previo

Foto: Íñigo Errejón, en la sala de prensa del Congreso de los Diputados. (Europa Press/Fernando Sánchez)
Íñigo Errejón, en la sala de prensa del Congreso de los Diputados. (Europa Press/Fernando Sánchez)
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Sergio Pascual era el hombre fuerte del errejonismo en el primer Podemos, ese partido impulsado por un clan de colegas que salió de la facultad de Políticas de la Complutense y que estuvo a punto de alcanzar los cielos. Y también fue la primera víctima de una guerra de poder que es marca de la casa en la formación más exitosa de aquello que se vino en llamar la nueva política. Pascual ya no se mensajea con Íñigo Errejón, como él mismo admitió hace unos años durante la promoción del libro donde cuenta cómo fueron los primeros pasos de los morados. "Errejón es mucho más cerebral y mide mucho más las consecuencias", dijo el político de Plasencia, aunque criado en Sevilla, sobre su excompañero en una entrevista en eldiario.es. Casi dos años después de esa conversación, la carrera política de Errejón (Madrid, 1983) ha recibido el certificado de defunción porque, precisamente, no midió las consecuencias de algunos de sus actos.

El portavoz parlamentario de Sumar ha anunciado este miércoles que deja la primera línea y su escaño en el Congreso una década después del estallido que supuso la llegada de Podemos a la política española. Y lo hace después de que varias mujeres denunciaran actitudes machistas en redes sociales de forma anónima y por medio de una carta publicada en redes sociales donde habla de "una subjetividad tóxica" y "una forma de comportarse que se emancipa a menudo de los cuidados, de la empatía y las necesidades de los otros". No hay mención a las denuncias, pero Errejón habla en su misiva del "límite de contradicción entre el personaje y la persona" y es ahí donde muchos ven una alusión velada a la contradicción entre los postulados políticos de un dirigente de un espacio político que ha hecho del feminismo su bandera y las acusaciones que están publicándose en redes sociales.

Con esta misiva Errejón pon el punto final a una biografía política trufada de éxitos, pero también de batacazos. Y marcada por el conflicto entre viejos aliados, con Pablo Iglesias como estrella invitada. Hay una foto icónica que da cuenta de cómo fueron los inicios, con un Errejón casi pueril con una chaqueta roja e Iglesias con una felpa que casi le cubre toda la cabeza. Es la etapa universitaria, el germen de lo que después fue Podemos y donde también estaban Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa o Rafa Mayoral. "Conocí a Errejón cuando tenía 19 años, aparentaba seis y estaba comiendo pan con azúcar; lo tuve que adoptar", relató años después en la Cadena SER el exlíder de Podemos antes de la ruptura definitiva entre los dos compañeros.

Podemos nació como una alianza de jóvenes que había estado en la órbita de Izquierda Unida, pero entró en ebullición a raíz del 15-M. Y muy pronto se repartieron los papeles. Iglesias era el líder y Errejón el pensador, experto en populismo de izquierdas, seguidor del filósofo posmarxista Ernesto Laclau. Iglesias era el secretario general y Errejón el secretario político, que tenía a Sergio Pascual como su secretario de Organización. Entonces comenzaron las tiranteces y las diferentes visiones sobre el modelo que debía seguir la formación morada en aquella carrera por asaltar los cielos. Cuando el sorpaso al PSOE era una posibilidad en las encuestas y los de Iglesias no querían ni oír hablar de la vieja Izquierda Unida que transicionaba desde Cayo Lara a Alberto Garzón.

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En Vistalegre I, la primera asamblea de Podemos, casi fundacional, Íñigo Errejón encabezaba la lista que acompañaba a Iglesias como secretario general y fue el más votado de aquel proceso, por detrás del líder. En Vistalegre II, apenas dos años después, se enfrentó abiertamente a su antiguo colega por el control del partido y perdió estrepitosamente. Iglesias logró casi el 60% y Errejón se quedó con el 37% y ese fue el principio del fin de su estancia en Podemos, a pesar de que entonces afirmó estar "a la orden" de su compañero en la Complutense. "Es un perfil de político que no controla su ambición", expresa un dirigente de la izquierda estatal cuestionado sobre el legado de Errejón. Y es una acusación muy habitual de sus viejos compañeros en las filas moradas.

"Errejón es lo peor que le ha pasado a la izquierda en mucho tiempo", publicaba el pasado 19 de septiembre Martina Velarde, secretaria general de Podemos Andalucía y diputada morada en el Congreso. Antes de la tormenta que ha acabado con el líder de Más País fuera de la política, la política gaditana recordaba sus "traiciones para dividir" y las "bajadas de escaños", pero también se acuerda de cómo "reventó el ayuntamiento de Madrid". Con esas palabras la dirigente de Podemos se refiere a la maniobra de Errejón, que se alió con Manuela Carmena para poner las bases de Más Madrid, la formación que ha dejado a los morados en los huesos en su viejo bastión madrileño y con la que Errejón intentó armar un partido nacional que disputara la izquierda alternativa a sus antiguos compañeros.

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Después del éxito de los ayuntamientos del cambio, encarnados por Carmena en Madrid, Ada Colau en Barcelona o José María González, Kichi, en Cádiz, Errejón optó por intentarlo por su cuenta con el apoyo de Carmena. El resultado fue bastante mejorable, ya que la veterana jueza perdió el ayuntamiento de la capital en manos del PP y en las autonómicas Más Madrid logró superar a Podemos, pero es cierto que ambos sumaron los mismos 27 escaños que tenían juntos. Sólo unos meses después, dejó la Asamblea de Madrid para intentar convertir Más Madrid en Más País en la repetición electoral de noviembre de 2019, pero sólo logró dos escaños en el Congreso precisamente por la Comunidad de Madrid.

Desde su escaño, Errejón vio como Pablo Iglesias, que en ese intervalo se había convertido en vicepresidente del primer gobierno de coalición en España desde la II República, hacía su camino a la inversa. Su viejo colega se presentó para liderar la lista morada y competir con Isabel Díaz Ayuso en el adelanto electoral de 2021 y no logró su cometido, por lo que dejó la política. Y nombró como sucesora al frente de Unidas Podemos a Yolanda Díaz, que es quien va a tener que gestionar el estallido de la carrera política de Íñigo Errejón. "Si [el asunto de las denuncias machistas] viene de lejos, tendrá que dar explicaciones quien lo nombró", expresa un dirigente de la izquierda estatal, en referencia a la elección del político madrileño como portavoz parlamentario de Sumar hace sólo unos meses, después de que buscara cobijo en la alianza magenta en una suerte de venganza contra sus viejos compañeros.

Errejón sustituyó a Marta Lois cuando Díaz envió a su escudera gallega a intentar ser decisiva (sin éxito) en las elecciones autonómicas de su tierra. Y desde entonces había tomado un cierto vuelo, ejerciendo como una voz más o menos clara en una coalición marcada por los desencuentros y la disparidad de voces. La segunda vida política de Errejón, después de alejarse del núcleo de poder de Más Madrid y subsumir a Más País en la débil estructura de Sumar, ha sido muy corta.

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Ahora la discusión está en cómo compaginar los piropos de aquellos que están en shock por el batacazo de "la cabeza política más brillante de la España reciente", como se ha visto en redes ya después de la dimisión. Y los que lo consideran el "eterno segundón", un "sectario que malinterpretó a Antonio Gramsci" y "encantado de sí mismo". De por medio deja una serie de discursos memorables, como aquel en el que puso sobre la palestra el debate de la salud mental en el Congreso y que un diputado del PP despachó con un grito para enviarlo al médico. Y como colofón, un goteo de denuncias por comportamientos machistas que han acabado con un viaje político que ha durado una década.

Sergio Pascual era el hombre fuerte del errejonismo en el primer Podemos, ese partido impulsado por un clan de colegas que salió de la facultad de Políticas de la Complutense y que estuvo a punto de alcanzar los cielos. Y también fue la primera víctima de una guerra de poder que es marca de la casa en la formación más exitosa de aquello que se vino en llamar la nueva política. Pascual ya no se mensajea con Íñigo Errejón, como él mismo admitió hace unos años durante la promoción del libro donde cuenta cómo fueron los primeros pasos de los morados. "Errejón es mucho más cerebral y mide mucho más las consecuencias", dijo el político de Plasencia, aunque criado en Sevilla, sobre su excompañero en una entrevista en eldiario.es. Casi dos años después de esa conversación, la carrera política de Errejón (Madrid, 1983) ha recibido el certificado de defunción porque, precisamente, no midió las consecuencias de algunos de sus actos.

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