Iglesias habla sobre Koldo y revela la falta de visión de la política española
Las acusaciones de corrupción y la manifestación sobre la vivienda colocan al PSOE en un lugar complicado: doble presión. Sin embargo, los problemas se extienden más allá de los socialistas
El domingo fue intenso. El Partido Popular quiere aumentar la presión sobre el Gobierno de Sánchez y convocó una reunión de urgencia de su comité de dirección, en la que decidieron querellarse contra el PSOE por financiación ilegal, cohecho y tráfico de influencias. Ese mismo día, la manifestación para protestar por la subida del precio de los alquileres y reivindicar el derecho a la vivienda añadía un punto más de tensión contra el gobierno: los colectivos de izquierdas señalaban a los socialistas y a Sumar y Podemos como responsables últimos, ya que no han tomado medidas para favorecer una bajada de los precios. La conclusión del activismo fue que dicha manifestación no era otra más, sino que suponía una suerte de nuevo 15-M alrededor de la vivienda.
Ambos elementos son preocupantes para el partido socialista, ya que le convierten en la diana política de un lado y del otro del espectro político. El primer elemento puede complicarse a medida que van saliendo nuevos datos sobre la trama Koldo, pero es un frente que ya sabían que tenían abierto. En lo que a la vivienda se refiere, el gobierno de Sánchez es consciente de la centralidad del asunto y está preparando un paquete de medidas para paliar la situación. Ayer Sánchez afirmaba que “si no reaccionamos con contundencia, la sociedad española acabará dividida en dos clases, y yo no quiero una España en la que haya propietarios ricos e inquilinos pobres”. Sus propuestas, de momento, consisten en aportar 200 millones de euros para bonos de alquiler para jóvenes, impulsar un nuevo reglamento para evitar los fraudes en contratos de alquiler turísticos y de temporada y aplicar de manera íntegra la actual ley de vivienda. La propuesta ha encontrado rápida animadversión entre las izquierdas, que entienden que no es otra cosa que un incentivo para que los precios suban; sin medidas adicionales, producirán un aumento de los precios, como ocurrió con el IVA de los alimentos.
En el lado de Sumar también hay una conciencia clara de que deben realizar propuestas contundentes; por ejemplo, aprovechar parte de los fondos europeos para construir vivienda en alquiler. Pero ocupan un lugar secundario en el gobierno y eso conlleva también una posición difícil entre lo que pueden pedir públicamente y lo que pueden conseguir en realidad; es lo malo de estar dentro y querer hacer oposición.
La corrupción y el problema de la vivienda sirven para constatar, en primer lugar, que cada partido vive pendiente de sus propias obsesiones
De modo que veremos mucha actividad dentro de las izquierdas, porque la vivienda reúne muchos elementos para jugar un papel relevante en el voto: hay un descontento generalizado respecto de su coste en muchas zonas de España, constituye un peso grande en los gastos de las familias y afecta especialmente a segmentos que los partidos izquierdistas entienden esenciales en las elecciones: jóvenes y mujeres de grandes ciudades, que afirman que fueron los que encabezaron la manifestación.
En todo caso, esta conjunción de la corrupción y del problema de la vivienda sirve para constatar cómo cada formación vive pendiente de sus propias obsesiones. El PP y Vox creen que incrementando la presión con Ábalos lograrán derribar al gobierno, como antes lo intentaron, con pobres resultados, con la amnistía. El PSOE continúa pensando que con medidas como las ayudas logrará convencer a su electorado de que son una opción mucho mejor que las extremas derechas que asoman por el horizonte; Sumar y Podemos siguen creyendo que lograrán canalizar electoralmente el descontento; y el mundo activista que estamos ante un nuevo 15-M que tarde o temprano estallará.
El ejemplo de Iglesias
Incluso Pablo Iglesias se ha sumado a la efervescencia de ese 15-M que parece asomar por el horizonte, al mismo tiempo que ha brindado un gran ejemplo de cómo cada cual intenta desplazar la realidad hacia sus intereses. Iglesias se refirió en RNE al caso Koldo y señaló que comportamientos corruptos de esa clase son parte de la lógica del bipartidismo y afectan tanto al PSOE como al PP. Para Iglesias, la corrupción fue uno de los motivos que llevaron a la gente a la Puerta del Sol en 2011, y la vivienda y el futuro de la juventud también estaban entre ellos. Es decir, si las causas se repiten, es previsible que las consecuencias sean similares.
Más que buscar solución, están pendientes del culpable y eso no suele ser ni positivo ni rentable
Sin embargo, después de todo este análisis, en el que señala un descontento significativo, gira para poner el foco en la prensa. Parece que está tratando de vengarse de lógicas y viejas heridas más que intentando encontrar un camino de salida para su formación, o una manera de canalizar la política en este nuevo tiempo. Es un mal común: ante cada problema que aparece, los partidos reaccionan de la misma manera, culpando a sus enemigos. El PP a Sánchez, el PSOE a la extrema derecha, Sumar al fascismo y a un PSOE que no les deja actuar, los activistas al conjunto de partidos e Iglesias a la prensa. Más que buscar una solución, están pendientes del culpable, y eso no suele ser ni bueno ni rentable.
La fatiga sistémica
Son conductas especialmente irrelevantes cuando vivimos en un instante, por utilizar la expresión de Iván Redondo, de fatiga de materiales. En ese contexto, no parece que las izquierdas hayan tomado conciencia de cuáles son los problemas a los que deben enfrentarse, y la vivienda es una buena señal. Un mercado que funciona mal, cuyo eje son los fondos de inversión, ha aprovechado el contexto para elevar los precios de un bien de primera necesidad con el objetivo de obtener mayores rentas. Como ese proceso de concentración lleva tiempo ocurriendo, las formas de rentabilización de las viviendas, vía venta o alquiler, se multiplican. Los gobiernos, en general, responden de manera deficiente a este rentismo que va mucho más allá de la vivienda y por supuesto, de los tenedores de tres o cuatro pisos. Para dar respuestas que fueran eficaces tendrían que cambiar su mentalidad, y están muy lejos de hacerlo.
Europa es un mercado por el que China y EEUU compite: Pekín lleva ventaja en lo productivo, EEUU en lo financiero y en lo bélico
En segundo lugar, lo que se está produciendo no es una efervescencia social que vaya contra los partidos y favorezca a las izquierdas, sino más bien al contrario: cada vez más el descontento es canalizado por las derechas populistas y las extremas. En la UE ese giro hacia la derecha es evidente, tanto en los principales países como en Bruselas. Y en EEUU se está produciendo una situación peculiar: cuanto más avanza la campaña, más hacia la derecha gira el partido demócrata. No solo está cobijando en sus filas a gentes como Dick Cheney, sino que prefiere el neoliberalismo a la bidenómica de la anterior legislatura, y su candidata ha insistido en que posee armas de fuego, que va a ser más dura en la frontera y en que el apoyo a Israel seguirá. Mientras los demócratas giran hacia el centro, los republicanos van más allá, y están haciendo equilibrios entre el tecnolibertarismo de Musk y el nacionalismo conservador de Vance. Poco sitio le queda a la izquierda en este escenario.
Opinión Y poco sitio le queda a Europa. Una de las cosas más relevantes del informe Draghi fue, más que su contenido, su advertencia: “Si no se aplica, Europa vivirá una lenta agonía”. Enrico Letta ha sido bastante contundente al respecto: de seguir así, corremos el riesgo de acabar simplemente discutiendo si queremos ser una colonia china o americana. Es el propósito de ambos Estados, y lo cierto es que ya lo están cumpliendo. Europa es un mercado por el que ambos compiten, con una ventaja china en lo productivo y una ventaja estadounidense en lo que se refiere a la propiedad de las empresas, que está adquiriendo en las finanzas y en las armas.
Lucha de clases y tecnocracia
En resumen: dificultades con una economía cada vez más rentista, desplazamiento del eje político hacia la derecha y desplazamiento del eje geopolítico, de forma que Europa y sus países cada vez cuentan menos. Ante toda esta recomposición sistémica, cada partido español apuesta por alejarse un paso de la realidad para refugiarse en lugares cómodos. La izquierda activista tenderá a convertir el problema de la vivienda en una suerte de lucha de clases entre el propietario y el inquilino (de la que suelen sacar partido los fondos, por cierto) mientras que el PSOE terminará por comprobar que el tipo de medidas tecnocráticas en las que buscaba resguardarse (con ese cambio en el gabinete de Moncloa) y con las que aspiraba a ganar espacio, le resultarán poco eficaces a la hora de convencer a futuros votantes. La fatiga sistémica de materiales obliga a ser mucho más decididos a la hora de asentar el edificio. Tampoco las derechas van mucho más allá de bajar impuestos y liberalizar suelo, pero ellas tienen de cara el viento de los tiempos. Una posición muy difícil de sostener para el actual progresismo.
El domingo fue intenso. El Partido Popular quiere aumentar la presión sobre el Gobierno de Sánchez y convocó una reunión de urgencia de su comité de dirección, en la que decidieron querellarse contra el PSOE por financiación ilegal, cohecho y tráfico de influencias. Ese mismo día, la manifestación para protestar por la subida del precio de los alquileres y reivindicar el derecho a la vivienda añadía un punto más de tensión contra el gobierno: los colectivos de izquierdas señalaban a los socialistas y a Sumar y Podemos como responsables últimos, ya que no han tomado medidas para favorecer una bajada de los precios. La conclusión del activismo fue que dicha manifestación no era otra más, sino que suponía una suerte de nuevo 15-M alrededor de la vivienda.