La revolución en el gabinete de Moncloa: Sánchez da un extraño giro ideológico
Los cambios que ha introducido Sánchez en el gabinete de Presidencia han sido percibidos, dentro y fuera del partido, como una apuesta blanda en tiempos duros. Pero se alinean con su nueva posición
La elección del gabinete de Presidencia del Gobierno traslada varios mensajes acerca de cuáles van a ser las prioridades de Moncloa. Además de personas que provienen del aparato, como Paco Salazar, o con experiencia ya en el puesto, como Jesús Perea, el perfil dominante en el gabinete es el de hombres relativamente jóvenes con trayectoria académica y con una visión ideológica asentada en el europeísmo, la globalización y la utilidad de las políticas basadas en la evidencia. Los integrantes no provienen de la estructura del partido, no son gurús que aporten fórmulas novedosas para ganar elecciones y tampoco ideólogos: pertenecen a la tecnocracia.
Esa ha sido una de las sorpresas que la composición del gabinete ha causado en el partido socialista y fuera de él. Ha resultado chocante que, en un entorno de polarización, de combate político de tono elevado y de lucha continua por el voto, las preferencias del presidente hayan recaído en especialistas en números y diagramas antes que en guerreros. Por así decir, se le reprocha que haya hecho una elección blanda para tiempos duros.
Algunos de sus socios de izquierdas señalan que Sánchez, más que nunca, "se ha echado en brazos de la Comisión"
Sin embargo, estos mimbres sirven para los propósitos principales del gobierno actual, que son tres: diseñar políticas públicas basadas en la evidencia, desarrollar una estrategia política centrada en la lucha contra la extrema derecha y articular la mejor relación posible con Bruselas. El mensaje que subyace cuando se eligen expertos en políticas públicas es que se está pensando en gobernar, y no en unas elecciones cercanas; cuando se pone el foco en la extrema derecha se subraya que la lucha tendrá lugar en términos culturales (optimistas contra avinagrados, derechos contra involución, energía verde contra las contaminantes, ciencia contra mentiras); y cuando se apuesta por mejorar el vínculo con Europa no solo se pretende establecer canales para recibir los fondos pendientes y para que el apoyo a Sánchez continúe vivo y bien en Bruselas, sino que pretende formar parte principal de la lucha que se ha emprendido contra las tendencias reaccionarias que se asientan en el continente.
Algunos de sus socios de izquierdas señalan que Sánchez, más que nunca, “se ha echado en brazos de la Comisión”; la elección de un gabinete tecnocrático es una demostración de ese propósito.
Una elección contradictoria
Lo más llamativo de esta elección, y de la estrategia que implica, es lo mucho que subraya el cambio de los tiempos. González Férriz documenta un movimiento significativo de la política española de la década pasada en La ruptura (Random House), un libro de 2021 cuya edición ampliada acaba de salir al mercado. Un grupo de personas de entre 25 y 40 años, vinculado por afinidades personales y por la pertenencia a un grupo de WhatsApp, “Cachopos”, entendieron que era necesaria una renovación en la política y que ellos podían aportar energía, ideas y nuevas perspectivas. Formaban parte de una generación educada en las políticas públicas basadas en la evidencia, con un sentimiento europeísta claro, que tenían en mente las reformas que España necesitaba y que se percibían como una nueva clase intelectual conectada con su época. Si el mundo era justo, el futuro sería suyo. Oscilaban ideológicamente entre Ciudadanos y el PSOE. Aquel grupo se rompió por la negativa de Sánchez y Rivera a firmar un pacto para gobernar. Parte de ellos se posicionaron con los socialistas, otros con Ciudadanos y otros se marcharon hacia lugares diferentes.
Sería un gabinete ideal si el objetivo fuera conseguir votos centristas, pero ese es un camino que parece cerrado para el PSOE
El nuevo gabinete de Moncloa, con Diego Rubio al frente, parece extraído de esa generación. En él aparecen José Fernández Albertos, (que estaba vinculado al grupo que describe Férriz), Ángel Alonso, que estuvo, como Rubio, en el IE de Manuel Muñiz; otros miembros, como José Rama y Borja Monreal tienen un perfil muy similar. Y esto es significativo, en la medida en que esa mirada tecnocrática era la que hubiera triunfado si PSOE y Ciudadanos se hubieran entendido. La otra opción era aliarse con el populismo de Podemos, y esa fue la que escogió Sánchez. Que ahora regrese a la tecnocracia contiene un mensaje contradictorio.
Sería un gabinete ideal si el objetivo fuera conseguir votos centristas, pero ese es un propósito complicado: el PSOE tiene difícil dirigirse a ese electorado, dada la mayoría de investidura y el giro que tuvo que dar para posibilitar que Illa gobierne en Cataluña. Este es también un momento en el que los socialistas pueden ganar espacio a su izquierda, ya que Podemos está débil y Sumar en un paréntesis, cuando no en un limbo, pero las políticas públicas basadas en la evidencia no son la mejor opción para ganar terreno por ese lado.
El movimiento europeo
Ni por un camino ni por otro parece la elección idónea, si no fuera por los cambios que se están produciendo en la política contemporánea, y especialmente en el establishment europeo.
Hay medidas, como la subida del salario mínimo, que venían aconsejadas desde Bruselas, aunque Sánchez la definiera legislativamente en España y dejase que Yolanda Díaz tuviera protagonismo. En Francia (y la Comisión lo ve bien), el primer ministro de un gobierno de derechas ha anunciado que habrá impuestos específicos para los ricos y las grandes empresas, con el objetivo de restablecer las finanzas públicas y la patronal francesa ha afirmado que están dispuestos a discutirlo. Tampoco hay oposición europea a la reducción de la jornada laboral. Al mismo tiempo, veremos cómo las políticas sobre la inmigración se vuelven menos favorables a ella, cómo las políticas de paridad serán importantes en el discurso y menos en la práctica (como la composición del gabinete demuestra), cómo las políticas verdes se hacen más instrumentales y menos profundas, cómo habrá que ajustar déficits públicos y se deberán realizar inversiones mayores en áreas como defensa.
En la UE se ha conformado un bloque defensor del statu quo, que se opone a otro que aspira a liderar Europa y que ataca por la derecha
La economía va a ser un asunto prioritario para esta nueva Comisión, que presionará a los gobiernos nacionales para que se alineen con ella. Eso llevará a realizar equilibrios complicados entre medidas más progresistas y más conservadoras, y un gabinete técnico puede ayudar a que esos ajustes se produzcan de manera que causen menos fricción con la Comisión.
Los dos bloques
En segunda instancia, Europa está viviendo una reconversión ideológica mediante la reconfiguración en dos bloques. Arrinconada la izquierda no socialista, con los verdes cayendo y The Left con escasa influencia, se ha formado un bloque sistémico, de defensa del statu quo, en el que caben distintos partidos, desde los socialdemócratas hasta algunos conservadores, que se opone a otro extrasistémico, que aspira a liderar Europa en el futuro y que ataca por la derecha. En las elecciones estadounidenses ese marco está permanentemente fijado por los demócratas, que avisan de la llegada de unos republicanos autoritarios. En Europa, la consigna es muy semejante.
Y ese es el marco que Sánchez ha instalado en España: el mensaje que traslada continuamente es la de la defensa de la España de los derechos frente a formaciones extremas que están intentado acabar con ellos; en ese bloque incluye al PP junto a Vox. Para ese propósito, la tecnocracia le puede resultar conveniente: puede revestirse de una impronta científica, de políticas públicas basadas en la evidencia frente a una extrema derecha que se apoya en bulos y desinformaciones y que trata de imponer medidas ideológicas y reaccionarias. Con este marco, Sánchez no solo señala a los partidos de la oposición como integrantes de la misma posición reaccionaria, sino que advierte a las izquierdas y a sus votantes, de que solo hay una opción frente al caos de las extremas derechas, que es apoyarle. Esa unión del bloque progresista con el europeísmo sistémico es algo que Vox entiende muy bien. El Partido Popular lo comprende peor.
La elección del gabinete de Presidencia del Gobierno traslada varios mensajes acerca de cuáles van a ser las prioridades de Moncloa. Además de personas que provienen del aparato, como Paco Salazar, o con experiencia ya en el puesto, como Jesús Perea, el perfil dominante en el gabinete es el de hombres relativamente jóvenes con trayectoria académica y con una visión ideológica asentada en el europeísmo, la globalización y la utilidad de las políticas basadas en la evidencia. Los integrantes no provienen de la estructura del partido, no son gurús que aporten fórmulas novedosas para ganar elecciones y tampoco ideólogos: pertenecen a la tecnocracia.