El Gobierno retrasa al límite la estrategia contra la corrupción que exige la Unión Europea
Es un compromiso incluido en la trasposición de la directiva europea de protección de los denunciantes de corrupción. El Ejecutivo asegura que el marco de actuación será amplio, no solo sobre informantes. Debe aprobarse este mes de septiembre
El ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, y la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en el Congreso. (EFE/Borja Sánchez-Trillo)
En medio de la cruzada contra la desinformación y por la regeneración democrática de España, que Pedro Sánchez ha querido impulsar justo a raíz de la investigación judicial sobre la actividad profesional de su esposa, al Gobierno se le ha 'olvidado' desarrollar la estrategia global para combatir la corrupción, a la que está obligado por una ley anterior del propio Ejecutivo.
El plazo de año y medio se cumple este mes de septiembre, sin señales de avances. La propia Comisión Europea, en su informe de 2024 sobre el Estado de derecho, ha recordado a España que tiene pendiente su cumplimiento. A pesar de haber manifestado su intención de adoptar dicha estrategia, señala el documento, "el Gobierno aún no ha empezado esta labor".
El compromiso se deriva de una disposición adicional de la ley reguladora de la protección de las personas que informen sobre infracciones normativas y de lucha contra la corrupción, en la que el Ejecutivo, también con retraso, traspuso a la legislación española la 'directiva whistleblowers', concebida para amparar a los denunciantes.
Tras su aprobación en el Congreso, entró en vigor en marzo de 2023. La ley establecía que "el Gobierno, en el plazo máximo de dieciocho meses, y en colaboración con las comunidades autónomas, deberá aprobar una estrategia contra la corrupción". Aunque se deriva de esa normativa, en las comunicaciones que el Ejecutivo ha mantenido con la Comisión Europea ha transmitido que "tendrá un ámbito de aplicación más amplio, no limitado únicamente a la protección de los informantes".
Fuentes gubernamentales confirman que muchas de las consideraciones que Bruselas ha hecho a España en su último informe "se abordarán probablemente en el marco de la elaboración del plan de acción democrática" que, tras los contactos con los grupos parlamentarios, se debe presentar también en septiembre. Entre ellas, la reforma de la ley de secretos oficiales, cuya reactivación Sumar asegura que se ha pactado con el PSOE, o un cambio en el reglamento del Congreso para endurecer las sanciones a aquellos diputados y senadores que no presenten la declaración de bienes y actividades o que lo hagan con información falsa, que Sánchez ya anunció en la Cámara Baja.
A la espera de las novedades del nuevo curso político y de la concreción del plan de acción democrática, el compromiso más firme del Ejecutivo es este campo es la aprobación de una Estrategia Nacional de Gobierno Abierto y de una Ley de Administración Abierta, que, según las conversaciones mantenidas con Bruselas, deberán incluir "una modificación de la Ley de Incompatibilidades del personal al servicio de las Administraciones Públicas" y "una estrategia u hoja de ruta anticorrupción para todo el sector público".
En medio de la cruzada contra la desinformación y por la regeneración democrática de España, que Pedro Sánchez ha querido impulsar justo a raíz de la investigación judicial sobre la actividad profesional de su esposa, al Gobierno se le ha 'olvidado' desarrollar la estrategia global para combatir la corrupción, a la que está obligado por una ley anterior del propio Ejecutivo.