Uno es de donde pace, no de donde nace. Pero, ¿y si ambos lugares son el mismo? El 43,1% de los españoles residen en su lugar de nacimiento, ya sea por decisión propia o porque no han tenido la oportunidad de mudarse a otro lugar. De estas más de 20 millones de personas, hay quienes permanecen siempre un lugar y quienes, una vez fuera, deciden regresar. Pero no todos los municipios son iguales.
"Estando en Madrid ya quería volver", cuenta María, de 28 años. Salió de Sanlúcar de Barrameda para estudiar Periodismo, impulsada "por las oportunidades laborales" que le ofrecía la capital. Pero el deseo de estar con los suyos, unido a la calidad, el estilo y el coste de vida en su ciudad natal, le convencieron para buscar trabajo cerca de casa.
"Poder quedar con mi círculo o mi familia, o salir a cenar por 15 euros, disfrutar de unos paseos por la playa, caminar a todas partes…es un ritmo de vida más relajado. Y por una gran parte fue por mi pareja", cuenta María. Al cabo de seis años, lo consiguió. Ahora trabaja 'de lo suyo', en remoto, desde Sanlúcar.
Como ella, su pareja y sus amistades, salieron a estudiar fuera y regresaron antes de los 30. Forman parte de los más de 54.000 vecinos que son sanluqueños desde la cuna; el 82,4% de todas las personas nacidas en este municipio de la costa gaditana, según datos del INE. Se trata de un porcentaje muy elevado, en comparación con otros pueblos y ciudades.
Los municipios de la Región de Murcia, de la ribera del Ebro, Baleares y la Andalucía occidental, además de algunas ciudades costeras, cuentan con unos porcentajes de retención de autóctonos más elevados. Sin embargo, seguir viviendo en el lugar de nacimiento "es bastante inexplicable hoy en día", valora Luis Camarero, catedrático de sociología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).
Estamos constantemente moviéndonos en función del ciclo vital y de nuestras expectativas. "No es este mundo del viejo régimen donde uno nació en un lugar que ya tenía una estructura económica y que va a reproducir unas economías familiares. Había poca movilidad y si la había, era migración transcontinental", explica Camarero.
Con estos datos, Madrid, Barcelona y Valencia, que son un polo de atracción de personas de toda España por motivos laborales o de estudios, son una centrifugadora para los nacidos en ellas, sea por estas mismas razones o por la búsqueda de mejores condiciones de vida. Por ejemplo, vivienda asequible. Hace dos años, el economista Gonzalo Bernardos agitó la polémica al criticar a quienes se quejaban de la subida de los precios del alquiler en Madrid. "¿Has pensado en vivir en Móstoles?Ahí se vive muy bien", le espetó a una joven que ejemplificaba esta situación. "Lo que no podemos pretender es que el hijo o la hija viva al lado de la mamá, ¡eso es imposible!", reprochó entonces. Sea como sea, esta fuga no sucede con la misma intensidad en las otras grandes ciudades del país, como Zaragoza o Málaga.
En líneas generales, se da un mayor arraigo en función de la población. Salvo en los más poblados. De estos, los nacidos en Barakaldo (Bizkaia), Esplugues de Llobregat (Barcelona), Toledo, Segovia o Cádiz han salido de forma mayoritaria, mientras que nueve de cada diez naturales de Los Palacios y Villafranca (Sevilla) se quedaron.
Entre la retención...
El Instituto Nacional de Estadística también publica datos, de manera agregada, de la estructura de la población en relación con su lugar de nacimiento. Es decir, si son del mismo municipio, de la misma provincia, de una diferente o del extranjero. En esta foto, las provincias de Córdoba, Jaén o Cádiz, destacan frente a Guadalajara o Girona. No obstante, estas cifras pueden tener varias lecturas.
Ocho de cada diez vecinos de Espejo, en la Campiña Baja cordobesa, son oriundos; el resto, en su mayoría, provienen de otros municipios de la zona. Pero, son muchos los que lo abandonaron: solo permanecen 2.600 personas de las más de 5.650 que nacieron en este pueblo. El 46,7%, según el INE.
"Un municipio con un mayor grado de autoctonía probablemente es un municipio de población muy envejecida, que nacieron en otras circunstancias y no ha pertenecido a este ciclo que se desarrolla a finales del siglo XX basado en la alta movilidad", analiza el profesor de sociología. Así pasamos de un modelo "estructurado hasta los años 70 que era de actividades familiares muy vinculadas al territorio a un modelo económico donde estamos en constante movimiento". Esto, unido a un saldo migratorio negativo, implica que la localidad, además, no atrae población.
A 40 kilómetros, en Puente Genil, la situación es algo diferente. Además de que multiplica por diez la población de Espejo, el 69,4% de los nacidos aquí viven en este lugar. La afiliación a empleos industriales o de la construcción es 9 puntos superior a la media provincial. Y frente a otros municipios, donde sus habitantes se desplazan a trabajar a otras ciudades, seis de cada diez vecinos trabajan aquí.
"Nuestro oficio más singular, son los montadores: señores y señoras que trabajan en la calle, en una grúa a seis metros de altura, colocando un venteo, preparando la instalación eléctrica y colgando los motivos", cuenta Alberto del Rey, director corporativo de recursos humanos de Ximenez Group.
Esta empresa, que en pleno verano está instalando las luces de Navidad en Vigo, es también conocida por sus montajes en las ferias de Andalucía y las fiestas del Levante. Entre sus perfiles hay desde diseñadores, ingenieros de estructuras o de telecomunicaciones hasta electricistas, carpinteros y soldadores. En total, cuenta con 600 puestos directos y 200 indirectos. Solo su sede en Puente Genil emplea a 400 trabajadores. "De estos, 350 son pontaneses", apunta el directivo.
Vista de Puente Genil. (Ana Ruiz)
Pese a su crecimiento y su expansión —pasaron de facturar 19 millones de euros en 2019 a los 60 millones en su ciclo 2023-2024—, se trata de una empresa con fuertes raíces en Puente Genil, donde fue fundada. "Siempre hablo del orgullo de tener generaciones completas: por Ximenez han pasado abuelos, padres, nietos…y ahora casi tenemos a los bisnietos", valora del Rey.
Facilita el arraigo el empleo ligado a "la existencia de grandes empresas", cuenta Sergio Velasco, alcalde de Puente Genil, en referencia tanto a Ximenez, al grupo Bimbo, con más de 300 trabajadores directos e indirectos, o a prefabricados Delta, del grupo FCC y a unas buenas conexiones de transporte. Según el edil, el origen de todo tiene que ver con el pasado del municipio. "Aquí estuvo el depósito ferroviario de reparación de máquinas de vapor más importante de Andalucía, y de los más importantes del siglo XIX", lo que generó, explica Velasco, que muchos trabajadores aprendiesen oficios y, después, emprendieran nuevos negocios relacionados.
...y la repoblación
La edad media de Puente Genil es de 42,3 años, por debajo de la media en la provincia de Córdoba. La proporción de personas entre los 20 y los 45 es superior a la de otras localidades de la zona. Y esto, además de tener un impacto en la natalidad —pese a que sigue cayendo, como en el resto del país—, tiene sus consecuencias en el tejido económico. "Cuando una gran superficie pone el foco en un municipio, una de las cosas que miran es la edad media; mientras más joven, más capacidad de compra", comparte Sergio Velasco.
Así, la edad es un factor crítico. Tanto para los que se van, pero también para los que llegan. En los pueblos de menos de 1.000 habitantes, la población autóctona cae de manera drástica a los 25 años, según el estudio Reto demográfico, migración y arraigo de los jóvenes rurales, del que Luis Camarero es coautor. Sin embargo, son también muchos jóvenes adultos los que llegan, por lo que "los jóvenes rurales son sobre todo jóvenes nacidos fuera de las áreas rurales".
Las iniciativas para nómadas digitales "olvidan que viven en familia"
Las iniciativas de turismo interior, activo o de naturaleza, son parte de las que están salvando la economía de los municipios más pequeños. Pero también, visto el envejecimiento progresivo de sus poblaciones, y conscientes de la salida de la población más joven, algunos municipios apuestan por diversificar y apostar por la economía de los cuidados. "Queremos que la pedanía de Albendín esté dedicada a la silver economy, en la que el pueblo entero sea un cohousing" para personas mayores, relata María Jesús Serrano, alcaldesa de Baena. Aunque los mayores son parte importante de los que resisten en un municipio, o de los que vuelven, muchos optan por compartir casa o mudarse a residencias en cabeceras de comarca.
Otras de las medidas propuestas desde Baena para frenar la despoblación están dirigidas a los nómadas digitales, algo que muchos plantearon tras la explosión del teletrabajo que provocó la pandemia. Un reasentamiento "muy efímero", según el catedrático Luis Camarero, que critica medidas como esta, que olvidan que las personas viven en familia. "Uno puede ser nómada digital, pero el día que sus hijos tengan que ir al instituto y tengan que recorrer 40 kilómetros, se replantea esa forma de vida", valora.
La brecha rural en el acceso al Estado del bienestar va desde tener un médico cerca, hasta poder elegir ir a un Zara o al cine. En el imaginario colectivo está instalada la idea de que vivir en un pueblo compensa, y mucho, al ser más barato que en la ciudad, algo que rechaza el profesor de la UNED: "Hemos estimado que es casi un 20 % más el coste en gastos de transporte sobre renta disponible para una familia rural frente a una en zonas urbanas". Esto, unido a gastos como la calefacción de una casa rural, "es una cuestión significativa" para Camarero.
Todas las políticas de repoblación y arraigo olvidan lo mismo, según el sociólogo: la población inmigrante. A pesar de que el número de extranjeros en España ya ha superado los 8 millones de personas, documentos como el Plan de Medidas ante el Reto Demográfico no plantean ninguna iniciativa dirigida a este colectivo.
Héctor García BarnésMapa: Miguel Ángel GavilanesDiseño: Laura Martín
No hay una receta única para quienes tienen la suerte —o la desgracia— de quedarse siempre en un mismo lugar, o de volver con los años, ya sea para trabajar o retirarse. Entre los ingredientes, el empleo, la vivienda, el acceso a servicios básicos pero también valores emocionales. María, de Sanlúcar, apunta a la gastronomía, los alcaldes de Puente Genil y Baena, coinciden en el apego a tradiciones como la Semana Santa, con actividades a lo largo de todo el año, y Luis Camarero, señala las expectativas personales.
'Pongamos que hablo de Madrid', de Sabina, tiene distintas versiones. Está la suya, de 1980, que cierra con el deseo del cantautor de ser enterrado cerca de Jaén ("Cuando la muerte venga a visitarme, que me lleven al sur donde nací"), o la de los Porretas, banda de rock del madrileño barrio de Hortaleza, que adaptaron el final por un "Aquí he vivido, aquí quiero quedarme". Dos versiones, dos formas de vincularse a un territorio: desde la permanencia casi militante o desde el regreso tras la muerte.
Uno es de donde pace, no de donde nace. Pero, ¿y si ambos lugares son el mismo? El 43,1% de los españoles residen en su lugar de nacimiento, ya sea por decisión propia o porque no han tenido la oportunidad de mudarse a otro lugar. De estas más de 20 millones de personas, hay quienes permanecen siempre un lugar y quienes, una vez fuera, deciden regresar. Pero no todos los municipios son iguales.