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Las graduaciones son las nuevas bodas: "He visto niñas de seis años con uñas postizas y rimmel"
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LA INDUSTRIA DE LOS EVENTILLOS

Las graduaciones son las nuevas bodas: "He visto niñas de seis años con uñas postizas y rimmel"

Desde hace años, hay cada vez más actos de graduación (también en Infantil y Primaria), más caros (casi 400 euros) y más fastuosos: todo puede ser un evento hostelero

Foto: Una graduación en Rusia. (Reuters/Vasily Fedosenko)
Una graduación en Rusia. (Reuters/Vasily Fedosenko)

"La primera graduación es en la 'guarde', con tres años. Ahí van bien vestidos, les ponen el birrete, fotitos… nada grave. La de infantil es a los seis. Empiezan a revolucionarse. El grupo de madres de WhatsApp sirve para ver qué van a hacer las otras. Si una habla de 'pelu', todas a la 'pelu'. Si una habla de trajes, los niños vestidos con pajarita. Y todas quieren ser más. Alguna niña llevaba un peinado como para recibir un Oscar. Y lazos del tamaño de un crucero. En la de mi hija, una compañera llevaba uñas postizas y rimmel… son niñas de seis años. Me parece hasta indecente. Y en Primaria, con once o doce años, ya se despiporran, porque se juntan las madres, las hijas y las instagramers que estas siguen. He visto taconazos, uñas, pestañas postizas y maquillaje para alicatar un baño mediano".

Así describe a El Confidencial @mirindatoxos, madre de una niña de once años, lo que ha visto por ahora en las graduaciones de su hija. Le falta la ESO, reconoce, pero en una conversación que abrió en Twitter el otro día se recogían otros testimonios que daban cuenta de cómo las graduaciones se han convertido en un evento que trasciende lo académico para convertirse en pequeñas bodas. Desde las que alquilan para una graduación de ESO una limusina hasta celebraciones con más invitados que en una comunión, abunda la sensación de que los actos de graduación se han convertido en una competición (entre niños, entre familias, entre centros) por ver quién la monta más grande.

Padres, profesores y otros miembros de la comunidad educativa coinciden al identificar un aumento en el número y espectacularidad de los actos de graduación, ya incluso desde antes de la pandemia. Un boom que se traduce, por ejemplo, en la aparición de ceremonias que antes no existían al final de Infantil o Primaria o que, de hacerlo, eran simplemente un acto en el colegio. Por otro lado, las graduaciones tradicionales como la de Bachillerato se han convertido en pequeños festivales que imitan el modelo anglosajón de toga, ceremonia con pompa y circunstancia y fiestón posterior que puede llegar a costar a los bolsillos de los padres entre 300 y 400 euros.

Lo que podría leerse como una manifestación más de la cultura del evento que, sector hostelero mediante, convierte cualquier celebración en un acontecimiento aderezado con comida y bebida, muestra también algunos de los problemas del sector educativo, como la creciente competencia entre centros, como explica Manuel Fernández Navas, profesor de Educación de la Universidad de Málaga. "La cultura del evento va apretando ligada a la idea de los centros-escaparate que tienen que vender, que hacen muchas cosas, incluidos los públicos", explica. Por ejemplo, ser el primero en ofrecer una graduación de Infantil puede ayudarte a destacar entre el resto de competidores.

El menú básico tiene cena, recena, DJ, 'photocall', barra libre y autobuses

A pesar de ese matiz, Fernández Navas, como otros docentes y padres, está a favor de que se celebren ritos de paso laicos que ayuden a reconocer el esfuerzo de los alumnos y marcar los pasos de etapa vital. También los considera algo positivo Rafael Navarro, maestro de Educación Primaria en un colegio andaluz. "La respuesta corta es: ¿qué tienen de malo? ¿En qué pueden perjudicar a los alumnos?", explica. No es partidario de las macrofiestas, pero recuerda la importancia para los estudiantes de "cerrar etapas y despedirse". En Infantil, por ejemplo, los niños pueden llegar a pasar tres años con la misma maestra o nueve en el mismo centro cuando terminan la Primaria. "Es bueno que se junten familias, alumnos y docentes para despedirse y, al menos, que sepan que han sido importantes para mí", explica.

El problema aparece cuando se convierten en una excusa para la competición, el consumo y trascienden su carácter académico, lamentan. Muchas empresas de organización de eventos han aprovechado esa ansiedad de colegios y padres por ofrecer la mejor ceremonia para sus hijos para ofertar fiestas, cada cual más fastuosa, sobre todo en Bachillerato. Una empresa madrileña seleccionada al azar, por ejemplo, ofrece una finca con dos megacarpas y una carpa exterior, autobuses de ida y vuelta, camareros profesionales, seguridad privada, barra libre "sin nada de garrafón", DJ, photocall, fotógrafo, catering y recena si es necesario.

Un menú habitual, señalan desde Grupo Memorable, una empresa especializada en graduaciones de 4º de la ESO y Bachillerato de la Comunidad Valenciana. Cada año pasan por sus eventos 18.000 estudiantes. "Para los alumnos es un día muy especial, algo que solo va a ocurrir una vez en la vida, como si se casasen, así que intentamos escucharlos para que nos expliquen qué les gustaría tener y, después, contarle todo con detalle a los padres para que se sientan seguros", explica Salim Bravo, fundador del grupo. Las peticiones van cada año en aumento, aunque a veces se circunscriban a pequeños detalles, como una recena dulce. En otras ocasiones les han pedido graduaciones a bordo de barcos, con fuegos artificiales o, incluso, una noria improvisada. Pero por lo general son sota, caballo y rey, aunque el listón esté mucho más alto que hace unos años.

A ver quién la monta más gorda

Las exigencias económicas que suponen estas ceremonias pueden ser un gasto inasumible para muchas familias y una causa de discriminación dentro de alumnos de la misma clase. Silvia es madre de una adolescente de 18 años que acaba de terminar el Bachillerato en un instituto asturiano, y aunque también está a favor de las graduaciones como una sustitución laica de los antiguos ritos religiosos (como la comunión o la graduación), lamenta que estas favorezcan el clasismo y lo aspiracional, a menudo favorecido por los progenitores de los alumnos.

Según los cálculos de la madre, este año podría haberse gastado casi 400 euros en la graduación de su hija, que se añaden a los gastos propios del final del Bachillerato y la entrada en la universidad. "A eso hay que añadirle que las graduaciones son casi como una boda, porque hay que comprar un traje o un vestido, hay que pagar una cena (a mi hija le ofrecieron una por cincuenta euros), más la fiesta (otros cincuenta euros), así que puedes terminar gastándote 400", explica. “No me parece normal que se presione porque no todas las familias tienen la misma capacidad económica y, aun así, tienen que hacer los mismos esfuerzos que el resto".

"Antes eran un trámite, ahora hay que mostrar que estás en el sitio más top"

Esta semana, El Periódico del Mediterráneo recogía unas declaraciones de la Unión de Personas Consumidoras de la Comunidad Valenciana que databa entre 50 y 400 euros el coste de las graduaciones, dependiendo, claro, de los servicios contratados. Según El Periódico de Aragón, en dicha comunidad es de entre 290 y 600 euros. Sin embargo, hay un coste mínimo insoslayable, el de la cena y barra libre en las graduaciones de ESO y Bachillerato.

Una de las señas de identidad de Grupo Memorable, por ejemplo, es el Festival de Graduaciones, donde se reúnen fiestas de distintos colegios, una de las peticiones más comunes entre los adolescentes que quieren ver caras nuevas durante su graduación. La semana pasada metieron 1.600 en el Multiespacio Canals, un veterano recinto de fiesta de El Saler; la anterior, 2.500. El precio de los tickets es de 35 con barra libre (de refrescos), photocall y un asistente personal, sin incluir transporte. La entrada de 40 incluye servicios adicionales como una sala VIP premium exclusiva o un cuño para poder entrar y salir. "Antes las graduaciones eran un trámite y ya está, ahora las redes sociales influyen y tienen que mostrar que están en un sitio supertop", explica Bravo.

Por la parte del clasismo, Silvia lamenta que se celebren muchas más graduaciones de Bachillerato que de ESO (el final de la educación obligatoria), un síntoma "del discurso reaccionario educativo que viene a decir que la ESO se la regalan a todo el mundo y, por lo tanto, no merece que se celebre nada". Algo semejante ocurre con la Formación Profesional, cuyas graduaciones suelen celebrarse por separado que la de Bachillerato, aunque se hayan impartido en el mismo instituto: "Estamos acostumbrados a pensar que la élite intelectual ha terminado el Bachillerato y que lo demás es un regalo, pero no es verdad".

placeholder Hemos descubierto las graduaciones americanas gracias a películas como 'Carrie'.
Hemos descubierto las graduaciones americanas gracias a películas como 'Carrie'.

Por eso, y a diferencia de otras ceremonias, muchos padres terminan percibiendo las ceremonias de graduación como una pérdida de tiempo y un gasto económico innecesario, pero que no pueden negar a sus hijos. "En lugar de ser eventos de disfrute, los padres y las madres lo viven con estrés, como una serie de tareas que hay que cumplir y que consideran una tontería", recuerda Fernández Navas. "Quizá más que actos hedonistas en plan 'vamos a llevar el mejor vestido', deberíamos dotarlos de sentido académico y de acompañamiento, de reconocer todo lo que hemos hecho para llegar hasta aquí".

"El problema no es el acto de graduación en sí, sino que somos los padres", valora Yolanda Casares Alcalá, madre y autora de Mamá tiene una amiga invisible. "Se forman grupos para distribuir las distintas tareas y siempre acaba habiendo alguien que se enfada porque quiere llevar la voz cantante, otros porque quieren gastar lo mínimo, los padres que ponen toda su carne en el asador porque sus hijos se merecen una graduación por todo lo alto y se ofenden si haces una pequeña observación en contra de lo que ellos piensan, también los hay que se escaquean, no colaboran en nada, no hablan nunca en el grupo de WhatsApp, y luego aparecen como el padre que más ha currado con un morro que se lo pisa al acto en sí".

Muchas de estas ceremonias imitan las costumbres y lugares comunes estadounidenses que se han difundido a través del cine y las series, con sus discursos, sus bailes y sus vestuarios correspondientes. Algunas empresas, por ejemplo, ofrecen graduaciones "al estilo americano", con traje de toga, birrete, fotografías, cena de gala y baile. Pero, como recuerda Silvia, esas graduaciones foráneas son eventos donde lo académico tiene mucho peso y que se celebran casi por completo en el centro educativo (como los bailes de prom: recuerden Carrie) mientras que en España pasan por "que la hostelería gane dinero".

"Gran parte del discurso en contra no se hace desde un punto de vista crítico con los actos, sino desde la nostalgia por la cultura del esfuerzo"

La comunidad educativa, ¿dónde queda?

La proliferación de algunos tipos de celebraciones, o la división entre una parte académica, para algunos testimonial y otra festiva, a la que se le da cada vez más importancia, muestra la imitación del modelo festival en un proceso que reduce el rol de la comunidad educativa. La mayoría de los docentes marcan la línea de lo aceptable en esa división, como Navarro, que prefiere "que la organización parta del centro y que sea un trabajo de toda la comunidad educativa, no que nos lo den hecho". Por ejemplo, animando a que los alumnos escriban sus textos de despedida. Navas propone animar a los directores y docentes a que, ya que se imita el modelo anglosajón, escriban discursos que los estudiantes recuerden toda su vida.

Se trata, además, de eventos con menores cuya organización no es sencilla. Algunas empresas confiesan a El Confidencial que han dejado de celebrarlos porque la combinación entre alcohol y adolescentes puede ser peligrosa. Salim Bravo recuerda que cuando empezaron había seis o siete competidores que se quedaron en su mayor parte por el camino, tal vez por no ser capaces de ofrecer la misma seguridad a los padres que ellos, que contratan siempre una o dos ambulancias por lo que pueda ocurrir, aunque no lo exija la ley.

placeholder La graduación de un perro guía. (Reuters/Raquel Cunha)
La graduación de un perro guía. (Reuters/Raquel Cunha)

"Los estamos agilipollando", concluye @mirindatoxos, volviendo a las graduaciones Infantil y Primaria, que considera que "no es un logro que haya que premiar como si hubieran ganado una Champions". Frente a ello, Navas defiende estos ritos como una manera de reconocer los pasos de etapa. "Gran parte del discurso en contra no se hace desde un punto de vista crítico con los actos, sino desde el de la nostalgia por la cultura del esfuerzo o el 'es que parece que hay que dar a los niños un premio' por todo", añade. "Si una niña ha superado un grado académico, ¿por qué no celebrarlo?"

"Representan el final de un ciclo, el momento de hacer balance de lo que han vivido y aprendido durante esos años y es un momento en el cual los profesores se sinceran como quizá no pueden hacer durante las clases y hablan del vínculo creado entre profesorado y alumnado y entre el mismo alumnado", concluye Casares. "Hay discursos de profesores muy emotivos e inspiradores. Se permiten hablarles como lo harían con sus hijos. Los aconsejan y los advierten sobre la siguiente etapa. Es la mejor parte de las graduaciones para mí".

"La primera graduación es en la 'guarde', con tres años. Ahí van bien vestidos, les ponen el birrete, fotitos… nada grave. La de infantil es a los seis. Empiezan a revolucionarse. El grupo de madres de WhatsApp sirve para ver qué van a hacer las otras. Si una habla de 'pelu', todas a la 'pelu'. Si una habla de trajes, los niños vestidos con pajarita. Y todas quieren ser más. Alguna niña llevaba un peinado como para recibir un Oscar. Y lazos del tamaño de un crucero. En la de mi hija, una compañera llevaba uñas postizas y rimmel… son niñas de seis años. Me parece hasta indecente. Y en Primaria, con once o doce años, ya se despiporran, porque se juntan las madres, las hijas y las instagramers que estas siguen. He visto taconazos, uñas, pestañas postizas y maquillaje para alicatar un baño mediano".

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