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El hombre que mató y descuartizó a Juana Canal, ante la jueza: "Si yo la quería"
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Declaración judicial

El hombre que mató y descuartizó a Juana Canal, ante la jueza: "Si yo la quería"

Jesús Pradales confesó que la mató de un golpe y luego rajó su cuerpo en una bañera porque estaba "acojonado": "Corté entre la cadera y las costillas, solo tuve que cortar la columna"

Foto: Imagen de la declaración judicial del hombre que mató a Juana Canal. (EC)
Imagen de la declaración judicial del hombre que mató a Juana Canal. (EC)

"Si yo la quería, si dejé el matrimonio que tenía antes, que tenía dos hijos, y lo dejé por Juani, si yo a Juani la quería". El hombre que mató y descuartizó a Juana Canal hace casi veinte años se derrumbó entre algún amago de llanto cuando tuvo que confesar su crimen en el Juzgado. Admitió que acabó con la vida de su pareja de un golpe, pero presentó la escena como un accidente, que conlleva menos años de cárcel. Pide salir en libertad porque es el único sustento de su nueva familia, la que formó con otra mujer a la que conoció apenas unas semanas después del homicidio.

La Audiencia Provincial de Ávila ha confirmado esta semana su ingreso en prisión y ha desestimado el recurso presentado por su abogado. En un auto al que ha tenido acceso El Confidencial, asegura que existe riesgo de fuga y de destrucción de pruebas: "Aún no han sido halladas algunas partes del cadáver". Los jueces avalan así la decisión de mantenerse en prisión provisional dictada por el Juzgado de instrucción número 3 de Ávila.

Foto: Juana Canal.

Jesús Pradales compareció ante la juez el 28 de octubre durante 59 minutos acusado de un delito de homicidio con agravante de violencia de género. Esposado y asistido por un abogado de oficio, la declaración de la última pareja de Juana Canal pivotó en torno a tres momentos, el golpe mortal que mató a la mujer, su grotesco descuartizamiento para esconder el cadáver y cómo el hombre siguió con su vida. Así hasta su arresto el mes pasado tras casi dos décadas de silencio.

El golpe mortal

El relato de hechos de Pradales, avanzado por el Programa de Ana Rosa y al que ha tenido acceso este periódico, es que Juana Canal le estaba agrediendo la noche del 22 al 23 de febrero de 2003. Que se abalanzó sobre él tras una discusión en su piso de la calle Boldano de Madrid. La pelea fue por la recarga de un teléfono móvil. El detenido dice que estaba haciendo las maletas para irse de casa cuando ella empezó a darle "patadas" y "arañazos". Él hizo un gesto con el brazo para apartarla y ella cayó al suelo, que era de moqueta. No se golpeó con ningún mueble, no había sangre. La dejó ahí, tirada en el suelo. Bajó al coche a cargar las maletas para irse de casa y cuando regresó se dio cuenta de que Juana Canal seguía en el suelo sin moverse.

Así lo explicó ante la jueza de instrucción mientras hacía gestos con sus brazos, limitado por las esposas: "Estaba inmóvil, con los ojos abiertos, boca arriba, las pupilas muy dilatadas. Le di así en la cara "Juani, Juani, que te quiero". En ese momento de su narración, Pradales se frenó y de su boca salió un sonido parecido a un sollozo. Lo repitió en dos ocasiones más en sus explicaciones al referirse a "Juani" a la que después descuartizó, introdujo en dos maletas y las cargó en el maletero del taxi con el que se ganaba la vida en esos momentos. Pradales condujo de madrugada hasta una finca familiar en Ávila, donde cavó dos hoyos para esconder el cuerpo para siempre.

Al volver a Madrid, tiró las maletas vacías llenas de sangre en un contenedor de la calle Alcalá, dejó una nota a los hijos de Juana diciendo que su madre se había ido y se marchó a casa de sus padres, donde se echó a dormir. No fue hasta el año 2019 cuando un paseante halló unos huesos en medio del campo que permitieron a la Policía y a la Guardia Civil reactivar el caso. En la familia Canal sostienen que si los agentes que han investigado en los últimos años lo hubiesen hecho desde el principio, no habrían tenido que esperar dos décadas en saber la verdad.

El descuartizamiento

Antes de cortar por la mitad a Juana Canal, Pradales trató de bajarla al coche cargando con ella "como si estuviera borracha", pero no fue capaz. Por eso la trasladó hasta la bañera de la casa y procedió a dividir el cuerpo con un cuchillo de cocina. Contó que no le costó la operación porque cortó entre la cadera y las costillas, por lo que solo tuvo que hacer fuerza en la columna vertebral. "Limpié la bañera y ya está, me llevé el cuerpo de Juani, lo enterré y cuando regresé me di cuenta de que las cortinas del baño estaban manchadas, así que me puse también a limpiar las cortinas y echar un vistazo por si había algo".

El homicida confeso admitió en el Juzgado que actuó así porque estaba "acojonado". Con ellos vivía el hijo mayor de Juana Canal. Se llamaba Sergio y apenas tenía 18 años cuando se produjeron los hechos. Murió hace unos años en Galicia. La familia lamenta que desde el suceso nunca dejó de dar tumbos. La noche en la que mataron a su madre había salido con los amigos y podía volver en cualquier momento. Pradales también estaba preocupado porque esa misma noche, su víctima había llamado a la Policía para denunciar malos tratos.

Pradales contestó a las preguntas, pero cayó en contradicciones y dejó explicaciones a medias

En 2003 todavía no era posible llevarse al denunciado a pasar la noche al calabozo. Los agentes se marcharon a los pocos minutos cuando él les dijo que estaba haciendo las maletas. "Estaba asustadísimo, tenía el pensamiento de que iba a venir Sergio en cualquier momento, además había llamado a la Policía. No sabía ya qué hacer, esa misma noche ella había llamado a la Policía para decirles que la estaba agrediendo. Yo seguía recogiendo mis cosas para irme", relató.

Pradales contestó a todas las preguntas, pero fue parco en palabras y dejó algunas explicaciones a medias. También incurrió en contradicciones. En un primer término dijo no recordar si el golpe fue con la mano abierta o cerrada, pero más adelante precisó que el impacto mortal fue con el canto de la mano. Combinó ausencias de memoria con datos precisos, como el día exacto en el que comenzó a vivir con su siguiente pareja sentimental, a los pocos meses de matar a Juana Canal.

Una nueva vida

Sobre lo que hizo después del crimen, Pradales contó que al día siguiente se fue a una comisaría a presentar una denuncia por agresión contra la persona a la que acababa de sepultar bajo tierra: "Quería encubrir un poco la desaparición de Juani, no sabía cómo. Ojalá hubiera llamado en ese momento para que la encontrasen". A los agentes les dijo que ella le había pegado. También acudió al hospital en busca de un parte médico que apenas reflejó arañazos y cuestiones menores. Él llegó a alegar que le había cortado con un cuchillo.

Tanto la fiscal como el abogado de la familia Canal, Juan Manuel Medina, pidieron su ingreso en prisión. Pradales, antes de marcharse, rogó con la voz entrecortada que le dejasen en libertad: "Llevo 19 años viviendo con mi pareja, no nos hemos separado nunca, ella lo está pasando peor que yo, tengo cuatro hijos ya con ella, soy el sustento de ella. A mi mujer se le cae el mundo encima con esto".

En su declaración, Pradales describe los hechos como un homicidio imprudente, penado con hasta cuatro años de cárcel. A eso habría que sumarle una presumible acusación por profanación de cadáver, pero ese delito —penado con apenas unos meses de prisión— sí ha prescrito. Tampoco se le puede acusar de obstrucción a la Justicia porque él es el investigado. Lo mismo sucede con el delito de omisión del deber de socorro, previsto para quienes no hayan sido los autores del daño causado. Tanto la Fiscalía como la familia le consideran responsable de un delito de homicidio en virtud del artículo 138 del Código Penal con el agravante de violencia de género, por lo que sería condenado a un máximo de 15 años de cárcel.

"Si yo la quería, si dejé el matrimonio que tenía antes, que tenía dos hijos, y lo dejé por Juani, si yo a Juani la quería". El hombre que mató y descuartizó a Juana Canal hace casi veinte años se derrumbó entre algún amago de llanto cuando tuvo que confesar su crimen en el Juzgado. Admitió que acabó con la vida de su pareja de un golpe, pero presentó la escena como un accidente, que conlleva menos años de cárcel. Pide salir en libertad porque es el único sustento de su nueva familia, la que formó con otra mujer a la que conoció apenas unas semanas después del homicidio.

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