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Asia y Fátima, las otras 'novias' españolas de la yihad repatriadas que acabaron presas
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Aceptaron cuatro años de cárcel

Asia y Fátima, las otras 'novias' españolas de la yihad repatriadas que acabaron presas

Las mujeres que llegarán desde Siria en las próximas semanas se enfrentan a un escenario similar al de otras chicas que ya fueron juzgadas en la Audiencia Nacional tras seguir a sus maridos terroristas hasta el califato

Foto: Fátima Akil (izquierda), María Cala (arriba derecha) o Asia Ahmed (abajo derecha) son algunas de las mujeres condenadas. (EC Diseño)
Fátima Akil (izquierda), María Cala (arriba derecha) o Asia Ahmed (abajo derecha) son algunas de las mujeres condenadas. (EC Diseño)

El Gobierno ha aceptado repatriar desde campos de refugiados en Siria a varias mujeres españolas y a más de una decena de menores a su cargo. Se fueron para vivir bajo el califato islámico con sus maridos yihadistas. Otras como ellas hicieron el mismo camino antes o fueron arrestadas en el intento. Fue el caso de las jóvenes Asia Ahmed, Fátima Akil o María Cala Márquez, entre otras. Su atracción por la yihad se saldó con condenas en los tribunales españoles. Estos precedentes sirven para calibrar la situación a la que se enfrentarán las últimas mujeres repatriadas cuando lleguen a España tras años retenidas en un limbo jurídico.

Asia Ahmed es una joven que abandonó Ceuta con solo 20 años para reunirse en Siria con un yihadista. Fátima Akil tenía 18 años e hizo el mismo viaje, en su caso con su bebé de 10 meses en brazos. Tras el colapso del califato, fueron arrestadas en Turquía cuando trataban de volver a casa. Asumieron los hechos y aceptaron una condena de conformidad de cuatro años de prisión por integración terrorista dictada el 20 de julio de 2020 por la Sección Tercera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. A la onubense María Cala Márquez la arrestaron en el aeropuerto de Barajas antes de partir. Ella aceptó una pena de dos años para no tener que entrar en prisión tras llegar también a un acuerdo con la Fiscalía, que inicialmente pedía siete años de prisión para ella.

placeholder María Cala Márquez en el momento de su arresto. (Guardia Civil)
María Cala Márquez en el momento de su arresto. (Guardia Civil)

Al tratarse de causas por terrorismo, son competencia de la Audiencia Nacional. La situación de las cuatro mujeres que llegarán próximamente a España depende del Juzgado Central de Instrucción Número 5 que dirige Santiago Pedraz. Desde el año 2019 pesa sobre ellas una orden de arresto internacional. El caso de las mujeres recluidas en los campos de refugiados está sujeto a complicaciones comunes al resto. Un factor relevante es la dificultad para recabar pruebas de su actuación en zonas donde no hay autoridades oficiales a las que dirigirse. Fuentes de la lucha antiterrorista recuerdan que un juez de la Audiencia Nacional no puede pedir una comisión rogatoria a las milicias kurdas que custodian los campos.

Hasta cinco años de cárcel

No hay un juez o unas unidades investigadoras oficiales a las que pedir datos que esclarezcan si las mujeres tan solo acompañaron a sus maridos o hicieron algo más, ya sea disparar o colaborar en labores de captación y adoctrinamiento. Estas dificultades quedaron particularmente resueltas con la reforma del Código Penal de 2015, prevista para adaptarse a las nuevas modalidades de terrorismo yihadista. El artículo 575 castiga expresamente con hasta cinco años de cárcel a quien “para colaborar con una organización terrorista se traslade o establezca en un territorio extranjero”.

Foto: Mujeres con sus hijos llegan al campo de desplazados huyendo de los combates en Baghuz, último bastión del Estado Islámico en Siria. (J.M. López)

Pero la repatriación desde los campos permite interrogantes particulares como la consideración del tiempo que han estado privadas de libertad y si debe ser descontado de la condena como si se hubiese tratado de un periodo en prisión preventiva. Esos asentamientos provisionales están gestionados por autoridades kurdas, que reclaman un Estado propio no reconocido por la comunidad internacional. Aunque no podían salir de ese recinto, tampoco se trataba de un centro penitenciario.

La joven ceutí Asia Ahmed se casó por poderes en marzo de 2014 con un terrorista de Castillejos (Marruecos) muy conocido en los primeros compases de la guerra en Siria por su extrema crueldad. Mohamed Hamduch, más conocido como Kokito de Castillejos, posaba en las redes mostrando sus crímenes. El regalo de bodas que le prometió a su esposa fue un cinturón de explosivos. Se le dio por muerto en 2015, pero antes le dio tiempo a tener un hijo con Asia, el primer niño español nacido en el califato. Luego ella tendría otro hijo más al casarse de nuevo con otro combatiente llamado Mohamed Ahatim Ouahabi Halawa, según consta en su sentencia. Este combatiente también murió en la guerra.

placeholder El yihadista apodado Kokito Castillejos (c) en una imagen con otros combatientes en Siria.
El yihadista apodado Kokito Castillejos (c) en una imagen con otros combatientes en Siria.

Fátima Akil se casó con otro yihadista llamado Mourad Kadi, muerto en combate. Después contrajo matrimonio con un segundo hombre en la zona llamado Abu Saber, asesinado por fuerzas del Ejército Libre de Siria. En 2017 fueron arrestadas ambas en territorio turco donde llevaban meses buscando la manera de regresar. Tras su detención, las introdujeron en un avión y las devolvieron a España. En la resolución de la Audiencia Nacional se indica que la llegada masiva de combatientes extranjeros de todo el mundo a Siria creó una necesidad de proveerles de mujeres cautivas “con las que pueden mantener relaciones sexuales con o sin consentimiento, por decreto islámico”.

La onubense María Cala Márquez trabajaba en un hotel cuando empezó a autorradicalizarse a través del ordenador en su habitación. Así estableció contacto con un yihadista británico de origen egipcio llamado Abdel Majed Abdel Bary. El plan era unirse a él en matrimonio con la ayuda de un joven palestino, Islam Said Narsheh, al que también conoció por las redes sociales. La idea cambió cuando su prometido desertó de las filas de Estado Islámico. La intención de la española entonces era ir a Turquía en su búsqueda para darle un pasaporte falso que ella había robado en España a un amigo. No logró su objetivo y fue arrestada en 2015. El yihadista británico acabó detenido también en una operación antiterrorista en Almería cinco años después.

Una de las futuras repatriadas: "Me fío mucho de mi marido, ante todo es una gran persona"

Todos los casos siguen patrones similares. Conocen a un yihadista, se enamoran y se marchan seducidas por amor y radicalizadas. Alexandra Gil es autora del libro En el vientre de la yihad (Editorial Debate) y analizó con casos reales los entornos familiares de estas personas radicalizadas que abrazan la yihad hasta el punto de poner en riesgo sus vidas. En declaraciones a El Confidencial comenta que, en los casos que ella estudió, "el denominador común siempre fue la presencia de un agente radicalizador en el entorno cercano del joven".

"Las formas de llegar a ellas por parte de Daesh, y también las técnicas de radicalización para convencerlas de dejar Europa por su proyecto yihadista, han sido diferentes que con los varones, pero esto no resta un ápice de compromiso hacia la ideología y hacia el papel que a ellas les atribuye. En consecuencia, tampoco resta un ápice de responsabilidad por sus actos, y por ello serán juzgadas", añade Alexandra Gil, quien pone en valor la puesta en marcha de planes de lucha contra la radicalización, por ejemplo, en las prisiones.

Foto:  Yolanda Martínez. (P. C.)

Respecto a las familias, Gil pide tener en cuenta el contexto temporal: "La información sobre radicalización y signos de rigorismo religioso eran ajenos a muchas familias, especialmente en los casos de los jóvenes conversos que abordé". "No se puede establecer —dice— un patrón que responda de forma unánime a lo que las madres de estos jóvenes sabían antes de su llegada a Siria. Algunas madres, creyentes, veían en su hijo un acercamiento más estrecho al islam, pero confiaron al verles más sosegados. En estos casos, los jóvenes a tenían un pasado ligado a la delincuencia o habían pasado por prisión. En otros de los casos que he estudiado, los jóvenes escondieron cualquier signo de rigorismo religioso hasta el último momento".

Yolanda Martínez y Luna Fernández

Dos de las mujeres que estaban en campos de refugiados y van a ser repatriadas contaron su experiencia en un documental para el programa Informe semanal de TVE. Se llaman Yolanda Martínez y Luna Fernández. “Yo me fío muchísimo de mi marido porque ante todo es una gran persona”, se justificó la primera sobre su esposo, un presunto líder yihadista en prisión. “Mi marido quiere el bien para mí y para sus hijos”, comentó la segunda, ya viuda y sin mostrar su rostro. Ambas aseguran que lo más importante para ellas es el islam y califican de “una mentira como un piano” la presunta relación de sus parejas con la llamada Brigada Al Andalus.

Foto: Dos de las "esposas del ISIS", en el campo de desplazados de Al Hawl, en la provincia siria de Hasaka. (J. M. López)

Se trata de un grupo que fue desarticulado por la Policía en 2014. La Audiencia Nacional condenó a 11 años y medio a su líder, un expreso de Guantánamo. Según la resolución, uno de los acusados se dedicaba a recaudar dinero en la mezquita de la M-30 y en distintos centros culturales islámicos, parte del cual se enviaba a otro de los miembros de la célula para fundar su propio grupo. La sentencia se refirió a "una auténtica plataforma de envío de combatientes yihadistas". Uno de los detenidos en esa operación fue el marroquí Nabil Benazzou. Estaba casado con una española que se llamaba Raquel Alonso, quien representa el lado opuesto de Asia, Fátima, Yolanda y las demás.

El extremo opuesto

Raquel Alonso dirige la asociación Asociación contra el Radicalismo Extremista y Víctimas Indirectas (ACREAVI) y es autora del libro Casada con el enemigo (Espasa). Denuncia haber sufrido amenazas tras haber declarado contra su exmarido y contra el resto de la célula. Lucha por ser reconocida como víctima o que se le prive a los yihadistas de la patria potestad de sus hijos. Su experiencia ha sido recogida por numerosos medios de comunicación en los últimos años. Hace unos meses explicó en una entrevista a RNE que “los perfiles no son solo familias desestructuradas” y destacó la importancia de proteger el bien del menor.

placeholder El primer esposo de Asia con su bebé recién nacido.
El primer esposo de Asia con su bebé recién nacido.

Los campamentos en los que se encuentran las cuatro mujeres que van a ser repatriadas están gestionados por las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una alianza que integran, entre otros, fuerzas kurdas sirias y que está respaldada por Washington. Allí residen unos 10.000 ciudadanos de aproximadamente 60 países, al margen de iraquíes —28.000— y sirios —18.000—, según datos del Departamento de Estado. Muchos de ellos pertenecen a la migración masiva de simpatizantes de Estado Islámico que se desplazaron a la zona coincidiendo con el auge del grupo terrorista a mediados de la década pasada.

El Ministerio del Interior calcula que desde España partieron 250 personas y no todas eran españolas. La cifra está muy por debajo de otros países europeos que contaban por miles las personas que abandonaron sus territorios para enrolarse en la yihad global. Su regreso siempre fue considerado una amenaza porque lo hacían más radicalizados y con entrenamiento militar. Sin embargo, otros gobiernos occidentales están llevando a cabo también repatriaciones masivas para vaciar los campos de refugiados, terreno abonado para el adoctrinamiento y la delincuencia.

placeholder Raquel Alonso de Francisco, exmujer de un miembro de la célula terrorista Brigada Al Andalus. (EFE/Pablo Martín)
Raquel Alonso de Francisco, exmujer de un miembro de la célula terrorista Brigada Al Andalus. (EFE/Pablo Martín)

"Este lugar es literalmente un caldo de cultivo para la próxima generación de Estado Islámico", aseguró tras visitar Al Hol el pasado septiembre el comandante del Mando Central del Ejército de Estados Unidos (CENTCOM), general Erik Kurilla. “Aproximadamente el 70 por ciento de la población tiene menos de 12 años. Estos jóvenes son vulnerables a la radicalización dadas las malas condiciones de vida", previno. Un reciente informe de la organización no gubernamental Human Rights Watch (HRW) sostiene que muchos de los niños repatriados desde estos campamentos se están reintegrando con éxito.

El estudio lleva por nombre Mi hijo es sólo un niño más: Experiencias de los niños repatriados de campamentos para sospechosos de Estado Islámico y sus familias en el noreste de Siria. Cuenta con 62 páginas y documenta las experiencias de cerca de 100 niños repatriados a Alemania, Francia, Kazajistán, Países Bajos, Reino Unido, Suecia y Uzbekistán entre 2019 y 2022. "Los niños rescatados de los horrores de los campamentos lo están haciendo bien en la escuela, haciendo amigos y construyendo nuevas vidas en sus países de origen", afirma Jo Becker, directora para derechos de la infancia en HRW.

El Gobierno ha aceptado repatriar desde campos de refugiados en Siria a varias mujeres españolas y a más de una decena de menores a su cargo. Se fueron para vivir bajo el califato islámico con sus maridos yihadistas. Otras como ellas hicieron el mismo camino antes o fueron arrestadas en el intento. Fue el caso de las jóvenes Asia Ahmed, Fátima Akil o María Cala Márquez, entre otras. Su atracción por la yihad se saldó con condenas en los tribunales españoles. Estos precedentes sirven para calibrar la situación a la que se enfrentarán las últimas mujeres repatriadas cuando lleguen a España tras años retenidas en un limbo jurídico.

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