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¿Qué les pasa a los obispos españoles con el yoga y la meditación?
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Nuevas críticas a "meditaciones de moda"

¿Qué les pasa a los obispos españoles con el yoga y la meditación?

El arzobispo de Toledo muestra su "pena" porque algunos cristianos adoptan esas "ofertas novedosas, fáciles y rápidas para alcanzar la paz interior ante estados de depresión o estrés"

Foto: Francisco Cerro, arzobispo de Toledo. (EFE/Ismael Herrero)
Francisco Cerro, arzobispo de Toledo. (EFE/Ismael Herrero)
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"La verdad es que gracias al yoga estoy flexible y ágil y no me duelen las articulaciones ni las cervicales ni las lumbares, cosa que a los 84 años es de mucho ponderar. Y he aprendido a relajarme y respirar mejor. Empecé a hacerlo por eso y no como nutriente espiritual para mi fe cristiana, sino como beneficio y armonía de mi cuerpo, aunque todo va junto...". Son las palabras de una monja que tomó los hábitos hace más de cincuenta años (es un decir, porque se desprendió de ellos en cuanto pudo, aunque no de su vocación religiosa), que lleva practicando yoga desde hace más de veinte y a la que le indigna la carta que ha escrito el arzobispo de Toledo el 4 de octubre, en donde este muestra su "pena" porque "algunos de nuestros hermanos cristianos viven como ovejas sin pastor, comiendo en pastos y bebiendo en fuentes de 'meditaciones' que están de moda y que verdaderamente a un bautizado no pueden saciar plenamente".

Francisco Cerro —que así se llama el arzobispo y que ofrece una casa para quienes quieran practicar la "oración contemplativa cristiana"—, critica esas "ofertas novedosas, fáciles y rápidas para alcanzar la paz interior ante estados de depresión o estrés" que están siendo adoptadas cada vez por más fieles. "Son métodos, fuentes de energía, divinidades moldeables según nuestros intereses y necesidades. Unas veces es algún sucedáneo del Yoga (práctica de la nebulosa llamada New Age), otras es el Reiki (con base sintoísta y budista), etc.", añade el arzobispo, en lo que no deja de ser un mensaje recurrente entre cierto tipo de pastores de la Iglesia católica, quienes, ellos mismos desconcertados por la desbandada que se vive en las iglesias, buscan de manera muy superficial la culpa fuera de ellas y de ellos.

Foto: Diferencias y similitudes entre el yoga y el Pilates: ¿con cuál me quedo? (iStock)

No es la primera vez. Sin ir más lejos, en septiembre de 2019, la Conferencia Episcopal Española (CEE) publicó una nota doctrinal de casi 50 páginas para advertir de los peligros que tenían ciertas "técnicas y métodos de meditación y de oración que tienen su origen en tradiciones religiosas ajenas al cristianismo y al patrimonio espiritual de la Iglesia". Alarmados, señalaban que "en algunos casos esto va acompañado del abandono efectivo de la fe católica, incluso sin pretenderlo. Otras veces se intenta incorporar estos métodos como un complemento de la propia fe para lograr una vivencia más intensa de la misma". Y les ponían nombre: el zen y el mindfulness, que "muchas veces no llevan a Dios".

Actitudes cerriles

Sin embargo, estas admoniciones han tenido escaso eco entre los creyentes que, como en el caso de la monja yogui, consideran propias de actitudes "cerriles" de los obispos. La práctica de estas técnicas de meditación ha ido en aumento en los últimos años, hasta el punto de que se ofertan incluso en las empresas (también en las católicas) como una forma para liberarse del estrés. La pandemia les ha dado un nuevo impulso, como ha certificado la reciente Feria del Libro de Fráncfort, donde las novedades sobre la Iglesia o sus instituciones fueron barridas de los expositores por los libros de espiritualidad.

La meditación —y no solo en España— está fundamentando su creciente prestigio en el momento de mayor desprestigio de la religión institucionalizada. No se trata de puro escapismo, como sostienen algunos obispos, sino de la siempre latente necesidad de búsqueda de sentido ante la sensación de vacío interior en la época de la hiperconectividad. Así, unos recurren a los antidepresivos (también en auge) y otros, a la esterilla, que entroncan con la contemplación cristiana. Pero tampoco esto es nuevo. Sucedió en otro cambio de época y vino de la mano de los místicos españoles, de aquellos grandes contemplativos como santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz, cuya novedosa forma de acercamiento y búsqueda de Dios en unos tiempos donde salirse del sendero significaba la hoguera, los llevó a estar en el punto de mira de la Inquisición.

Pues al Papa no le disgusta la meditación

Pero no hay que ir al siglo XVI. El año pasado, en una de sus audiencias generales de los miércoles, el papa Francisco puso en valor de la meditación como forma de oración: "Es una forma de encontrar a Jesús", señaló. "La práctica de la meditación no es solamente de los cristianos, sino que existe una práctica meditativa en casi todas las religiones del mundo", señaló Jorge Mario Bergoglio. "Todos necesitamos meditar, reflexionar, reencontrarnos a nosotros mismos, es una dinámica humana. Sobre todo, en el voraz mundo occidental se busca la meditación porque representa un alto contra el estrés cotidiano y el vacío que se esparce por todos lados". "La meditación —añadió el Papa argentino— es un fenómeno que hay que mirar con buenos ojos. De hecho, nosotros no estamos hechos para correr continuamente, poseemos una vida interior que no puede ser siempre pisoteada. Meditar es, por tanto, una necesidad de todos".

Estas afirmaciones de la máxima autoridad de la Iglesia católica chocan con el espíritu de las críticas que hacen los obispos españoles, que parecen ignorar que el propio Concilio Vaticano II afirmaba en una de sus declaraciones que "la Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones [hinduismo y budismo] hay de santo y verdadero" y, "por consiguiente, exhorta a sus hijos a que (…) reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socioculturales que en ellos existen".

Foto: Foto: EFE/Fermín Cabanillas.

Es lo que llevan haciendo desde hace años mujeres como Ana María Schluter, una laica cristiana consagrada y maestra de zen en la Escuela Zen Zendo Betania, con sede en Brihuega (Guadalajara), quien desde 1986 ha recibido la confianza de los sucesivos obispos de esa diócesis castellanomanchega, y antes, del emblemático cardenal Tarancón. En 2017, Schluter participó en una de las misas que el Papa celebra en su residencia de Santa Marta con un reducido grupo de personas y pudo conversar con él y entregarle su libro Zendo Betania (Desclée de Brouwer), donde convergen zen y fe cristiana. "Le conté a qué me dedicaba. Lo acogió con aprecio".

El cura 'hereje', bestseller y asesor de Francisco

También mucho más aprecio del Papa que de algunos obispos españoles tiene el sacerdote y novelista Pablo d'Ors, a quien los pastores más conservadores calificaron de "hereje" y pidieron que fuese sancionado por el Vaticano hace unos años tras criticar el excesivo "ritualismo" de la Iglesia y de "encerrar a Dios en una caja".

Discípulo zen, d'Ors pidió hace unos años a su superior, el arzobispo de Madrid, una dispensa de sus labores de capellán en un hospital de la capital para fundar la asociación Amigos del Desierto, una "red de meditadores" que difunden la práctica de la meditación contemplativa de inspiración cristiana. Consciente del "anhelo espiritual tan grande que hay en nuestra sociedad secularizada", este nieto del escritor y filósofo Eugenio d'Ors, escribió hace una década Biografía del silencio (Siruela), un breve ensayo sobre la meditación que se ha convertido en un fenómeno literario, con más de 300.000 ejemplares vendidos, cuyo éxito él se explica porque "la forma tradicional que ofrece la religión católica ya no responde a la sensibilidad ni al lenguaje contemporáneos".

Foto: Foto: Vatican Mall.

Pablo d'Ors es hoy una especie de apestado para el ala más fundamentalista de la CEE, a la que muy poco le importa que el papa Francisco, por designación expresa, le nombrase en 2014 consejero cultural del Vaticano. Aunque sus seminarios, cursos y conferencias sobre meditación estén más concurridos por gente sedienta de espiritualidad y sentido que muchas misas de doce.

"La verdad es que gracias al yoga estoy flexible y ágil y no me duelen las articulaciones ni las cervicales ni las lumbares, cosa que a los 84 años es de mucho ponderar. Y he aprendido a relajarme y respirar mejor. Empecé a hacerlo por eso y no como nutriente espiritual para mi fe cristiana, sino como beneficio y armonía de mi cuerpo, aunque todo va junto...". Son las palabras de una monja que tomó los hábitos hace más de cincuenta años (es un decir, porque se desprendió de ellos en cuanto pudo, aunque no de su vocación religiosa), que lleva practicando yoga desde hace más de veinte y a la que le indigna la carta que ha escrito el arzobispo de Toledo el 4 de octubre, en donde este muestra su "pena" porque "algunos de nuestros hermanos cristianos viven como ovejas sin pastor, comiendo en pastos y bebiendo en fuentes de 'meditaciones' que están de moda y que verdaderamente a un bautizado no pueden saciar plenamente".

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