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El independentismo abre nueva etapa: llega un tsunami que enfrenta a todos contra todos
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Acto conmemorativo del 1-O

El independentismo abre nueva etapa: llega un tsunami que enfrenta a todos contra todos

Puigdemont se ofrece a ser el nuevo guía, pero la ANC amenaza con crear su lista electoral y convoca una Conferencia Nacional por la Independencia

Foto: Acto conmemorativo del 1-O organizado por la ANC. (EFE/Enric Fontcuberta)
Acto conmemorativo del 1-O organizado por la ANC. (EFE/Enric Fontcuberta)
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Pocos y mal avenidos. Esa es la radiografía del independentismo cinco años después del referéndum ilegal que supuso la ruptura de la sociedad catalana y el fin definitivo del oasis catalán. A pesar de la relevancia del acto, solo se congregaron apenas unos miles de personas en el paseo Lluís Companys (11.000 según la Guardia Urbana, un recuento muy generoso si hemos de atenernos a los planos cenitales de la concentración). El acto 'unitario', a las cinco de la tarde, estaba convocado por ERC, JxCat, la CUP, la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, pero fue secuestrado por el sector más exaltado del independentismo, que no dejó de corear consignas como "Govern dimisión", "Puigdemont, 'president" y "1-O, ni olvido ni perdón".

Los diferentes sectores se enfrentan ahora a un periodo de 'guerracivilismo' cuyas consecuencias son difíciles de predecir. Carles Puigdemont se reivindica desde Waterloo como el timonel de esta nueva etapa, a través de su áulico Consell de la República. Pero la presidenta de la ANC, Dolors Feliu, también reclama para su organización ese privilegio. Y Laura Borràs, temerosa de que la justicia le pase cuentas por sus actividades de corrupción, lleva a JxCat al borde de un precipicio en el que abraza la herencia del "referéndum legal y vinculante" del 1-O. Todos tienen en común una cosa: el enemigo a batir es ERC.

Foto: Contrato firmado con un 'lobby' esloveno para atacar a España y los tres principales mensajes que debía distribuir. (EC)

Porque Esquerra sigue siendo la receptora de los dardos de un independentismo montaraz que quiere romper el Govern y que pretende defenestrar al 'president' Pere Aragonès para forzar un descontento popular que haga revivir en las calles la llama del soberanismo más extremo. Por eso, la gran manifestación 'unitaria' que se preveía para el 1-O fue la manifestación de unos pocos, de los más extremistas, que acudieron con los silbatos preparados para abuchear a una parte del soberanismo: a Esquerra.

"Esperábamos el 1 de octubre como una oportunidad para realizar una convocatoria conjunta de todo el independentismo y con un Govern participando de los actos. Sería la oportunidad también de que ERC corrigiese su gran error de la Diada, en la que tuvo un enfrentamiento muy crudo con la ANC y no asistió a la manifestación. Pero, en cambio, nos encontramos con que la situación ha dado un giro radical, de 180 grados. Nadie sabe lo que puede pasar", relata a El Confidencial una fuente cercana a Junts. Lo cierto es que, lo mismo que ocurrió el 11-S, Aragonès no asistió a la concentración.

Impotencia y frustración

Baste un detalle: dos horas antes, la ANC había convocado otra concentración en la plaza Sant Jaume. Allí se escucharon gritos de dimisión referidos a Pere Aragonès. Un mal preludio, solo mitigado en parte por la presencia posterior en la concentración unitaria de la portavoz del partido, Marta Vilalta, acompañada de la exconsejera Meritxell Serret y de los actuales 'consellers' Tània Verge y Josep Gonzàlez-Cambray. Estaba, en cambio, la cúpula en pleno de JxCat, encabezada por Laura Borràs, Jordi Turull y el cesado vicepresidente de la Generalitat, Jordi Puigneró, arropados por todos los 'consellers' (y, en medio de todos ellos, el actor/cómico Toni Albà). Por parte de la CUP, asistieron los diputados Carles Riera y Aulèlia Reguant.

En la manifestación 'unitaria', hubo abucheos y silbidos cuando fue nombrada Marta Rovira, la secretaria general de ERC fugada en Suiza. Y aplausos entusiastas para los escapados en Waterloo. Hubo también pitos para Carme Forcadell, expresidenta de la ANC y del Parlament, militante de ERC y condenada a nueve años de prisión. No dejaron de abuchearla hasta el final de su discurso.

El presidente de Òmnium, Xavier Antich, en su alocución tras la mani unitaria de este sábado, retrató la situación de manera cruda: el independentismo ha llegado a este 1-O con "impotencia, disputas estériles, batallas entre partidos, frustración y riesgo de perder la fuerza colectiva que hizo posible el 1 de octubre".

Foto: Concentración en el aniversario del 1-O en Barcelona. (EFE/Enric Fontcubierta)

El quinto aniversario del 1-O fue, así, la certificación de la quiebra interna del independentismo. JxCat y la ANC han intentado decapitar a Pere Aragonès varias veces. Primero, Junts, entre cuyas filas corrió la consigna de abuchear al 'president' en cuanto pusiese el pie en la manifestación del 11-S. Luego, la ANC, cuya presidenta le trasladó su exigencia de proclamar la declaración unilateral de independencia en el segundo semestre de 2023. Una petición que ni siquiera figura en la hoja de ruta de la ANC. Por último, de nuevo JxCat intentó otro asalto, pidiendo en el último pleno parlamentario que el 'president' se someta a una cuestión de confianza.

El soberanismo se asoma ahora a un periodo de fuertes tensiones, con un Govern que no las tiene todas consigo porque pende de un hilo: JxCat ha puesto a Aragonès sobre la mesa unos compromisos difíciles de asumir, especialmente el que hace referencia a restituir en su cargo a un vicepresidente que le había sido desleal.

El aviso de Puigdemont

Se abre ahora una etapa en la que cada entidad ha de buscar su protagonismo. Y hay dos actores que pugnan por llevar el timón de un nuevo 'procés' y que están dispuestos a laminar a sus adversarios: la ANC y el Consell de la República. Puigdemont clausuró el acto de la manifestación con una advertencia: "A cada uno le toca hacer su trabajo. Es evidente, mientras se gobierna la autonomía se ha de culminar la independencia. Alguien tiene que prepararlo. Ese alguien es el Consell con todas nuestras limitaciones y pese a las agresiones de que somos objeto. Tenemos la legitimación política para hacerlo". Además, advirtió que "los votos que permiten gobernar las instituciones vienen del desbordamiento democrático [del 1-O] y es normal que nos dirijamos a los que nos gobiernan para que se pongan al servicio de los que decidieron hace cinco años. Este es un reto que el Consell de la República encabezará por si alguien se despista y no marcha en la línea de lo acordado en el referéndum democrático, legal y vinculante".

Es un dardo a Pere Aragonès, que fue objeto, sin citarlo, de todas las puyas de Puigdemont. "Si hoy hay una mesa de la que no nos hemos de levantar es la mesa entre nosotros, la mesa del independentismo, donde están ERC, JxCat y la CUP". Con esta afirmación, deslegitimaba el diálogo con el Gobierno central, el 'acuerdo de claridad' de ERC y reforzaba la posición de Junts y de la ANC de rechazo a la mesa de diálogo. Ello presupone que habrá pinza contra los republicanos por parte del eje JxCat-ANC-Consell. También puso a ERC otra zancadilla: "Ya hicimos un referéndum. Es válido y no hay que volver a hacerlo. Ya votamos. El 1 de octubre, Cataluña decidió en referéndum legal y vinculante convertirse en un estado independiente en forma de república". O sea, dinamita la reivindicación de ERC de llegar a hacer un referéndum acordado con el Estado.

Pinza contra ERC

Es más metralla para dotar a Junts de un discurso que se nutra de la legitimidad del referéndum ilegal con el que desgastar a ERC. En esta nueva batalla, cada uno de los actores tiene diferentes rutas y diferentes intereses. ERC está dispuesta a mantener su estrategia de diálogo con el Estado. JxCat, con Laura Borràs a su frente, apuesta por romper puentes. En este empeño, JxCat tiene dos potentes aliados: la ANC y el Consell de la República de Puigdemont. La pinza contra el líder de ERC es potente y tiene un 'leitmotiv': el independentismo más radical quiere hacer suya la herencia del referéndum y concienciar al activismo de que ERC no es digna heredera de esa situación.

Los actores cívicos, en cambio, juegan las cartas a su conveniencia y reclaman su parcela de protagonismo en la nueva etapa. La presidenta de la ANC, Dolors Feliu, llamó a la unidad del soberanismo (bajo su control). Advirtió a los partidos que, si no se mueven, hará realidad la lista cívica que ya adelantó El Confidencial: "Que se pongan las pilas. Hemos de preparar un nuevo embate por la independencia. Si no lo hacen ellos, lo haremos nosotros. No nos pararán. Si no se suman, encontraremos nuevos caminos. Haremos la lista cívica, la llevaremos a elecciones y tiraremos adelante nuestro proyecto". De ese modo, anunció que la ANC quiere organizar una gran Conferencia Nacional por la Independencia para febrero de 2023 "si no hay elecciones, porque no sabemos si esta legislatura será larga o se acaba pasado mañana". No hay duda: la Asamblea también quiere ser la nueva timonel de un nuevo 'procés' que cada día cuenta con menos simpatizantes, pero más radicalizados.

Mientras Feliu reclama la unidad (bajo sus consignas), Antich reivindicó solamente que "hemos de dejar atrás cinco años de reproches. Es preciso unidad estratégica, unidad del movimiento independentista". Esa unidad, hoy por hoy, es una quimera. Los distintos actores del soberanismo están más lejos que nunca unos de otros. Todos dicen no sentir nostalgia del 1-O de 2017, pero miran hacia atrás con morriña.

Pocos y mal avenidos. Esa es la radiografía del independentismo cinco años después del referéndum ilegal que supuso la ruptura de la sociedad catalana y el fin definitivo del oasis catalán. A pesar de la relevancia del acto, solo se congregaron apenas unos miles de personas en el paseo Lluís Companys (11.000 según la Guardia Urbana, un recuento muy generoso si hemos de atenernos a los planos cenitales de la concentración). El acto 'unitario', a las cinco de la tarde, estaba convocado por ERC, JxCat, la CUP, la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, pero fue secuestrado por el sector más exaltado del independentismo, que no dejó de corear consignas como "Govern dimisión", "Puigdemont, 'president" y "1-O, ni olvido ni perdón".

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