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Cómo hacer el debate de la nación del siglo XXI: menos monólogos, más hablar sobre la inflación
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Los políticos responden

Cómo hacer el debate de la nación del siglo XXI: menos monólogos, más hablar sobre la inflación

Miembros del Gobierno, diputados y una trabajadora del Congreso reflexionan sobre cómo hacer que el debate sobre el estado de la nación vuelva a interesar a la ciudadanía. Y, sobre todo, que sea útil

Foto: Pedro Sánchez en un momento del debate. (EFE/Kiko Huesca)
Pedro Sánchez en un momento del debate. (EFE/Kiko Huesca)

Se llama debate sobre el estado de la nación, pero para muchos diputados es más bien una sucesión de monólogos, a veces muy lejos de las principales preocupaciones de los españoles, pero con la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados como escenario. Para el diputado Ferrán Bel (PDeCAT), el debate de esta semana se parece más a "la Feria del Libro"; y para Gabriel Rufián (ERC) se trata de "una lectura de guion", porque buena parte de los portavoces llevan sus réplicas ya escritas, y apenas se atreven a salirse de los márgenes.

El vigesimosexto debate sobre el estado de la nación concluyó el jueves, después de tres días de intensa actividad en el Congreso de los Diputados, con el grueso de los grupos destacando las bondades de los discursos de sus portavoces, pero sin la menor certeza de si una sola de las 41 propuestas de resolución aprobadas cobrará vida, más allá de verse plasmadas en gotas de tinta sobre hojas de papel.

O si la sesión plenaria que ha logrado reunir al presidente y a todos los ministros, al líder de la oposición —sin voz ni voto— y a casi todos los diputados en el hemiciclo durante varias horas seguidas (algo poco común), es útil a ojos de la ciudadanía. A falta de los datos de la encuesta del CIS sobre el debate, que verán la luz la próxima semana, la serie histórica arroja la conclusión de que cada vez importa menos; en 2015, solo uno de cada tres españoles lo consideraba "interesante o muy interesante".

Foto: Vista del interior del Congreso durante la primera jornada del debate sobre el estado de la nación. (EFE/Mariscal)

¿Es posible corregir esa deriva? La respuesta unánime de los políticos es que sí, pero la receta no está clara. El funcionamiento del debate no está regulado como tal dentro del Reglamento del Congreso, y a menudo los precedentes pesan mucho en su diseño. Y, aunque sean críticos con algunos aspectos de este pleno extraordinario, son sus señorías quienes, a través de la Junta de Portavoces, lo estructuran, ordenan y reparten los tiempos. Hay quienes se quejan de que se hace largo, pero olvidan que la Presidencia de la Cámara planteó reducir de 15 a 10 minutos los tiempos para que cada grupo expusiera sus propuestas de resolución. Meritxell Batet, presidenta del Congreso, vio rechazada esta propuesta.

El Confidencial ha pedido a cargos del Gobierno, diputados veteranos y a una parlamentaria que presenció el debate desde su escaño por primera vez, y que abarcan toda la amplitud del arco parlamentario (de izquierda a derecha), que reflexionen sobre cómo se puede mejorar, sobre cómo debería ser el debate sobre el estado de la nación del siglo XXI.

Y, quizá, la clave la abordaba una trabajadora de la Cámara: el debate debería circunscribirse a los temas del día a día para los ciudadanos, los que se tratan en peluquerías, fruterías, en los puestos de trabajo y en los bares. En abordar la inflación, ayudar a enfrentar el precio de la cesta de la compra, de la gasolina y de la electricidad, o en las listas de espera sanitarias, y no tanto en los logros o promesas del Gobierno o los partidos.

Foto: El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños.  (EFE/Emilio Naranjo)

Como interpretaba una ministra, no es un foro para que los partidos intenten usar el dolor de las víctimas de violencia. "¿Hablar de ETA? Aquí se debería hablar sobre la gente y lo que necesita", apuntan desde ERC, en una semana en la que quienes sufrieron a manos del terrorismo o de la dictadura han sido víctimas colaterales de excesos verbales.

"La oposición ha utilizado el lenguaje de la confrontación y la búsqueda de rédito partidista. Considero que se ha utilizado de forma muy reprobable el dolor de las víctimas del terrorismo", apunta Isaura Leal, portavoz adjunta del grupo socialista. "Sería un buen momento para hacer debate de los temas que más afectan a los ciudadanos, pero se aborda lo último que ha ocurrido o que le interesa a cada partido", afirma una integrante de la Mesa de la Cámara.

Pero, más allá de los temas tratados, ¿hay voluntad de llegar al entendimiento entre los grupos? "No es un debate real", defiende la ministra. "Es obvio que, más que un debate, es una exhibición y puesta en escena de determinadas posturas ya expresadas en función de la coyuntura política", defiende el secretario de Estado de Agenda 2030, Enrique Santiago.

"Es obvio que, más que un debate, es una exhibición y puesta en escena de determinadas posturas", asegura Enrique Santiago

"Sería interesante que existiese debate entre los propios grupos, no únicamente una conversación tan bilateral con el Gobierno", reflexiona Sofía Castañón, portavoz adjunta de Unidas Podemos. Santiago, miembro del mismo grupo parlamentario, sostiene que, para lograr "un debate real, debe haber primero una voluntad de llegar a un punto común", y esto no ocurre "porque, al estar las mayorías garantizadas en algunas medidas, la oposición no se siente interpelada para llegar a acuerdos".

Un veterano parlamentario del Partido Popular apunta, además, que las réplicas del presidente a los grupos deberían condensarse, para dar mayor importancia a su respuesta al partido más votado de la oposición. "Lo lógico sería una réplica al jefe de la oposición, y al resto de forma conjunta", sostiene.

Esto sobre el reparto, ¿y qué pasa con los tiempos? "Se necesitan intervenciones más breves. Sería enriquecedor replantearlas de manera más directa y participativa, sin turnos tan largos, con intervenciones tan duraderas que los desarrollos impiden que exista realmente un debate", apunta la portavoz adjunta de Unidas Podemos.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante una sesión de control en el Congreso. (EFE/Emilio Naranjo)

"Hay que acortar el tiempo de los partidos grandes", sostiene otro diputado del grupo plural. Los partidos que tienen menos de cinco diputados no pueden acceder a un grupo propio, y tienen que repartirse tiempos (además de recursos económicos) con el resto de portavoces del grupo, sea en el debate del estado de la nación, sea en el resto de plenos o comisiones. "Hay que dar cinco minutos a cada partido", insiste, recordando que a Santiago Abascal (Vox) le sobró un cuarto de hora, algo impensable para los partidos más pequeños.

"Los tiempos no están mal", argumenta la diputada que forma parte de la Mesa. "Es lo que ha sido siempre, 30 minutos, y yo hasta dejaría que hubiera una segunda réplica de los grupos" (dúplica). Al mismo tiempo, reconoce que es la sesión de control de los miércoles la que genera una mayor atención mediática, pese a distribuirse en intervenciones de dos minutos y medio por pregunta, como máximo. Lo que no se puede hacer, razona, es "mezclar el debate del estado de la nación con el debate y aprobación de proyectos de ley, y a la vez con la convalidación de proyectos de ley", como ha ocurrido esta semana. "Es un buen momento para debatir en profundidad y buscar puntos de acuerdo", continua, y para ello sería bueno "dar un periodo de tiempo mayor entre el debate y la presentación de propuestas de resolución", propuestas no vinculantes que expresan voluntad política.

Esta idea es clave para el PNV, que cuestiona las escasas horas con las que han contado todos los grupos entre la presentación de sus 15 propuestas de resolución (como máximo), la recepción de las enmiendas del resto de grupos y las horas que pudieron trabajarlas antes de tener que negociar enmiendas transaccionales. Desde el grupo de Aitor Esteban afirman que, con este esquema, queda poco tiempo para negociar, y, por tanto, acaban contraprogramándose, porque en un solo día les toca responder al presidente y a la vez decidir sobre las resoluciones. "Antes, el debate duraba dos semanas; una primera con el debate como tal, y una segunda con las propuestas de resolución", recuerdan.

Foto: La diputada de Junts per Catalunya Míriam Nogueras. (EFE/Chema Moya)

Explican que el equivalente en el Parlamento de Euskadi, el debate de política general, dura solo un día (aunque también hay menos grupos). Y, a diferencia de lo que ocurre en el Congreso, no hay propuestas de resolución, que a la postre tienen únicamente un valor simbólico. El PNV recalca que no quiere acabar con estas iniciativas, pero sí recuerda que no obligan al Gobierno a actuar. Solo expresan la voluntad mayoritaria del pleno ante cuestiones concretas.

"Muchos ciudadanos creen que todo lo que se aprueba aquí es palabra de Dios, y no", afirma la diputada con asiento en la Mesa. En este debate, el Congreso ha aprobado 41 de las 138 propuestas registradas (entre ellas, las 15 presentadas por el PSOE), tras cruzarse decenas de enmiendas entre los distintos grupos.

"Las propuestas no deberían ser programas de gobierno, sino temas muy concretos y consecuencia del debate", apunta el parlamentario del PP. En cualquier caso, reconoce que son "brindis al sol", "simplemente indicativas", y en esto coinciden políticos de todos los partidos. ¿Cómo evitar que se conviertan en papel mojado?: "Es importante incorporar mecanismos para realizar un seguimiento de las mismas. Se trata de ver cuál va a ser la ejecución del Gobierno de estas resoluciones", apunta Castañón.

"Es importante incorporar mecanismos para realizar un seguimiento. Se trata de ver cuál va a ser la ejecución del Gobierno de las resoluciones"

"Si no se cumple con lo dicho, carece de sentido y terminamos aprobando, por ejemplo, propuestas que en realidad se convierten en proposiciones no de ley", un tipo de iniciativa que urge al Gobierno a actuar, pero tampoco le obliga. "No cumplir termina generando apatía y cansancio entre la sociedad, favorece el discurso de que todos son iguales", apuntan desde Esquerra.

En cualquier caso, y a pesar de sus limitaciones, tanto el secretario de Estado, Enrique Santiago, como la integrante de la Mesa defienden lo "positivo" del debate: "Permite hacer un repaso a los problemas del país, y que los grupos políticos tomen posiciones", apuntan.

¿Es posible modificar los cimientos de un debate que se construyó hace casi 40 años? Tienen varios meses hasta que se celebre otra cita similar, si es que llega a producirse en un contexto preelectoral como el que se dará en 2023. También cuentan con la ventaja de que el Reglamento del Congreso no les obliga a reproducir los mismos esquemas un debate tras otro. La pelota está en su tejado; tanto para corregir lo que consideran manifiestamente mejorable como para desmontar toda la maquinaria, pieza a pieza, para diseñar el debate sobre el estado de la nación del siglo XXI.

Se llama debate sobre el estado de la nación, pero para muchos diputados es más bien una sucesión de monólogos, a veces muy lejos de las principales preocupaciones de los españoles, pero con la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados como escenario. Para el diputado Ferrán Bel (PDeCAT), el debate de esta semana se parece más a "la Feria del Libro"; y para Gabriel Rufián (ERC) se trata de "una lectura de guion", porque buena parte de los portavoces llevan sus réplicas ya escritas, y apenas se atreven a salirse de los márgenes.

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