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Un debate entre 'novatos', de alta tensión y con 'overbooking' de grupos
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Debate sobre el estado de la nación

Un debate entre 'novatos', de alta tensión y con 'overbooking' de grupos

Solo tres de los 20 portavoces que subirán a la tribuna del Congreso en este debate sobre el estado de la nación tienen tablas en una cita similar. Sánchez ha intervenido una sola vez, como líder de la oposición, frente a Rajoy

Foto: Joan Baldoví y Ana Oramas durante el debate de investidura de Mariano Rajoy, en 2016.  (EFE/Juan Carlos Hidalgo)
Joan Baldoví y Ana Oramas durante el debate de investidura de Mariano Rajoy, en 2016. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

El debate sobre el estado de la nación que arranca este martes es atípico por varias razones, pero, además, llega en un momento especialmente convulso. Es atípico por el tiempo transcurrido desde el último, siete años; por el 'overbooking' de grupos, un total de 10 frente a los seis del último debate, en la X legislatura (2011-2016); por la cantidad de grupos que se estrenan (Podemos, Vox y Ciudadanos no tenían representación parlamentaria en febrero de 2015; otras fuerzas no existían entonces), y por el total de portavoces que tomarán la palabra: 20, de los que solo tres tienen tablas en este tipo de debate. Otros diputados que en su día tomaron la palabra en tribuna, como Alberto Garzón, hoy ministro de Consumo, seguirán en debate desde su escaño, sin intervenir.

Llega a un Congreso de los Diputados en el que hay más pluralidad, pero también más ruido, más "crispación". Y, más que servir para evaluar el estado de la nación, hay diputados que temen que servirá más bien para que el bloque del Gobierno y sus aliados, frente al bloque de la oposición, se dediquen a intercambiar ataques, y a contraponer, sin opción de autocrítica o de entendimiento, sus visiones sobre qué han representado estos años de Pedro Sánchez en la Moncloa: un debate sobre el estado de la legislatura, no sobre la deriva, los retos y las oportunidades de la nación.

Junto a Pedro Sánchez, que intervendrá por primera vez como presidente del Gobierno (ya participó como líder de la oposición a Mariano Rajoy en 2012, el último debate), son Aitor Esteban (PNV, seis diputados); Joan Baldoví (Compromís, diputado único) y Ana Oramas (Coalición Canarias, con dos diputadas), que representan apenas un total de 9 de los 350 escaños del hemiciclo. El resto de portavoces son 'novatos' en un foro como este, aunque acumulen años de experiencia como portavoces.

Foto: Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, en el Congreso de los Diputados. (EFE/Emilio Naranjo)

El modo de proceder en el debate no está desarrollado como tal en el Reglamento del Congreso, y no servirá únicamente como ejercicio de dación de cuentas y escenario privilegiado para lanzar sus propuestas a Sánchez, sino que también coincidirá con el debate en pleno de varias normas de calado, como la ley de memoria, que el Ejecutivo ha pactado con Bildu y otras fuerzas, o la polémica reforma para que el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), cuyo mandato caducó hace tres años y ocho meses, pueda nombrar a los vocales del Tribunal Constitucional cuyo mandato ha expirado.

Es la Junta de Portavoces la que ha consensuado cómo se debe actuar en este debate del 12, 13 y 14 de julio, al que Sánchez llega, además, sin haber hecho gestos para reparar públicamente la imagen de la coalición, después de que la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, le reclamara durante la última semana una reunión de la Comisión que debe supervisar el estado de salud del Ejecutivo de PSOE y Podemos. Ni un gesto, ni una foto, ni una fecha concreta a sus socios.

Esteban, Joan Baldoví y Oramas son los únicos portavoces que ya han participado

Tampoco el contexto es habitual: el debate llega después de años convulsos, tras dos mociones de censura, entre ellas la primera exitosa desde la restauración de la democracia (la del propio Sánchez, para desalojar del poder a Mariano Rajoy, en 2018); después de una pandemia, y tras la declaración del estado de alarma (con media docena de sucesivas prórrogas) para enfrentar al covid. Se celebra, también, con la guerra a las puertas de las fronteras de la UE, con la inflación desbocada y con varios frentes abiertos para un Ejecutivo en crisis, al que sus socios parlamentarios ya le han dirigido serias advertencias.

De cara a este debate, El Confidencial repasa cómo ha mutado el hemiciclo desde 2015 hasta hoy con dos de los grandes veteranos, bregados en la tribuna de oradores en este tipo de citas: Oramas, que tomará la palabra en el que es su séptimo debate, y Baldoví, que se marcará su cuarta intervención interpelando al presidente del Gobierno en este tipo de sesiones. Ambos han sido premiados por la Asociación de Periodismo Parlamentario (APP) por su buen hacer como parlamentarios, y ambos son reconocidos como grandes oradores, incluso por diputados situados en sus respectivas antípodas ideológicas.

Ambos describen un Congreso polarizado hasta niveles nunca vistos. El clima en la Cámara "ha empeorado mucho", en palabras de Baldoví, para llegar a un hemiciclo "más bronco y más maleducado, de 'hooligans". "La irrupción de la extrema derecha ha arrastrado al PP", dice Baldoví, mientras Oramas critica los "insultos, patadas y chillidos de Vox". La portavoz de Coalición Canaria explica que, en otras épocas, podía haber episodios puntuales de pérdida del decoro parlamentario, en debates muy encendidos, pero critica que ahora se puede "mentir, y obviar la realidad", y acusa a Sánchez de practicar estas artes.

Foto: El diputado de Vox José María Sánchez García, quien llamó "bruja" a una diputada socialista. (EFE)

La veterana Oramas, que aterrizó en el Congreso por primera vez en 2007, apunta que, en los seis debates en los que ha participado, ha sido testigo de "discursos durísimos, pero sin insultos, con educación, aunque fueran mucho más duros que ahora". Y, mientras Baldoví cita como imprescindibles a la propia Oramas o a su homólogo en el PNV, la portavoz canaria coincide con el político valenciano en el nombre de un orador brillante, ya fallecido: Alfredo Pérez Rubalcaba (PSOE). "Rubalcaba; Josep Antoni Durán y Lleida (CiU); Josu Erkoreka (PNV); Gaspar Llamazares (IU); Soraya Sáenz de Santamaría (PP); Mariano Rajoy o la propia Rosa Díez (UPyD) hacían que fuera apasionante. No nos levantábamos del asiento", apunta.

"No echaré de menos a Rosa Díez", comenta Baldoví, que tampoco echa en falta a Rajoy como presidente. "Yo fui parte de los que lo sacaron del poder", recuerda, aunque admite que echa de menos "su retranca".

Y, pese a los cambios, a la "pérdida de las formas", Baldoví reconoce que se siente más cómodo en el actual Congreso, "más dinámico, imprevisible y plural", frente al que conoció en su estreno, en 2011. "Era una Cámara del 'antiguo régimen', con señores encorbatados y trajes oscuros. Aquí no hay mayorías absolutas, el juego parlamentario es más importante, más trepidante y representa mejor la pluralidad de este país", analiza.

Foto: La ministra de Hacienda, María Jesús Montero. (EFE)

Oramas, por su parte, critica que los diputados, en este y en otros plenos, no persigan el acuerdo, o la excelencia parlamentaria, sino la generación de mensajes sencillos fáciles de difundir en televisión y en redes sociales. También denuncia la ausencia de canales de comunicación directos entre el presidente y los portavoces: "Antes, el presidente llamaba a tu móvil, había una información confidencial y directa de los presidentes y los ministros a los portavoces, una comunicación permanente".

A su vez, cuestiona que el primer debate sobre el estado de la nación en siete años se salde sin dejar apenas oxígeno a las 150 propuestas de resolución que deben presentar entre todos los grupos: son iniciativas con valor político, susceptibles de ser enmendadas, que funcionan de forma similar a las proposiciones no de ley, sin valor vinculante. Se debatirán y votarán coincidiendo con el debate y votación de normas tan importantes como la prórroga del decreto anticrisis por la guerra de Ucrania, o junto a iniciativas tan polémicas como la Ley de Memoria Democrática. En un contexto en el que la política internacional, la redefinición de las amenazas para la OTAN y la UE, las variables en materia de energía o la inflación son tan definitorias, y se han dado tantos "grandes cambios en el país", critica que cada grupo solo tenga 40 minutos (30 de intervención, 10 de réplica), frente a Sánchez, que dispone del tiempo que desee para intervenir y responder.

Y, para que el debate sea realmente útil, para que arroje conclusiones relevantes, la portavoz de Coalición Canaria pide al Gobierno que "diga la verdad sobre la situación económica, y no siga ignorándola". Por su parte, Baldoví reclama "respeto, que no haya ruido, y que los políticos no hagan trampas". "Que se limiten al intercambio legítimo de ideas y propuestas", abunda. Y, en última instancia, el protagonista de algunas de las intervenciones más difundidas en el pleno, en particular frente a Mariano Rajoy (fue muy sonado el célebre: "Si quieres grano, Aitor, te dejaré mi tractor"), ha sido muy crítico anteriormente con las formas empleadas en la Cámara. En esta ocasión, prefiere no dar pistas que permitan desvelar ninguna de las cartas que empleará en este debate. Su formación ha sido muy celosa con el contenido de su intervención en un pleno largamente esperado, y no está previsto que Esteban anticipe sus movimientos antes de subir al atril.

El debate sobre el estado de la nación que arranca este martes es atípico por varias razones, pero, además, llega en un momento especialmente convulso. Es atípico por el tiempo transcurrido desde el último, siete años; por el 'overbooking' de grupos, un total de 10 frente a los seis del último debate, en la X legislatura (2011-2016); por la cantidad de grupos que se estrenan (Podemos, Vox y Ciudadanos no tenían representación parlamentaria en febrero de 2015; otras fuerzas no existían entonces), y por el total de portavoces que tomarán la palabra: 20, de los que solo tres tienen tablas en este tipo de debate. Otros diputados que en su día tomaron la palabra en tribuna, como Alberto Garzón, hoy ministro de Consumo, seguirán en debate desde su escaño, sin intervenir.

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