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Las dos nuevas Españas: la que no encuentra camioneros y la que no encuentra camareros
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VALENCIA VS. MÁLAGA

Las dos nuevas Españas: la que no encuentra camioneros y la que no encuentra camareros

Otra polarización más, esta vez, entre las regiones del litoral, deficitarias en transportistas, y las del resto, donde la agonía se concentra en el sector servicios

Foto: Marcha de camiones organizada por el sindicato Hiru. (EFE/Juan Herrero)
Marcha de camiones organizada por el sindicato Hiru. (EFE/Juan Herrero)
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“Es un trabajo muy sacrificado y poco valorado”, apunta Nuria Portosa, administrativa de Ferrotrans, una firma alicantina de transporte. La empresa, con unos 40 años de antigüedad y en la actualidad una flota de unos 60-70 camiones, tiene problemas para encontrar transportistas. “Yo aquí no he visto trabajadores menores de 40 años desde hace, puf, la tira”. Los jóvenes (“relativamente”), apunta, exigen que el trabajo sea por la zona, para poder dormir en casa todos los días y ¿está remunerado? “Para el sacrificio que tiene, no”, concede.

“Lo que hay es mucho sinvergüenza que no paga lo que toca. Nosotros tenemos lista para entrar a trabajar”. Un hombre contesta al otro lado del teléfono. No tiene mucho tiempo para responder a las preguntas planteadas. Pero desde luego, según asegura, en su empresa de transportes, una de las más antiguas que operan en el puerto de Valencia, no hay problemas para encontrar trabajadores. Coincide en el diagnóstico otra pequeña firma del sector, Transportes López Gadea, con 13 conductores. “Todo depende de las condiciones laborales” y ellos, “gracias a Dios”, están “cubiertos”.

Desde hace tiempo, contratar se ha convertido en una especie de lotería

Las compañías necesitan personal cualificado y, según defienden, no pueden delegar en cualquiera, por la mercancía, por el cliente, por la peligrosidad inherente al puesto… Y desde hace tiempo, según Portosa, lo de contratar se ha convertido en una especie de lotería. Los perfiles que llaman a las puertas de las compañías son, a menudo, “problemáticos, y no te la puedes jugar”. “No hay mucho donde elegir, y lo poco que se mueve el mercado, son gente, cómo lo diría, que no tiene dónde poner el huevo”.

El problema no es nuevo, las dificultades para encontrar empleados comenzaron a raíz de la crisis económica de 2008. Entonces se recortaron sueldos y no se han recuperado los salarios para una profesión que te exige estar fuera de casa. “No está pagado”, zanja.

Mientras tanto, en Andalucía…

A sus 75 años, Manuel Villafaina no piensa en jubilarse. “Quiero seguir al pie del cañón”, comenta. Propietario del restaurante Los Manueles de Torremolinos desde 1968, ha sido testigo directo de la evolución del tradicional chiringuito de playa. Negocios que hace años eran ‘chambaos’ a pie de playa y que en la actualidad se cuelan en algunas de las mejores guías gastronómicas. Una seña de identidad del litoral andaluz que se ha convertido en un motor laboral del periodo estival, pero que comienza a mostrar síntomas preocupantes por las dificultades que los empresarios están encontrando para completar o ampliar sus plantillas con personal cualificado.

En Málaga, 96.382 parados del sector servicios representan el 70% del total

Villafaina conoce perfectamente esta situación, no solo porque la está padeciendo, sino porque desde su puesto como presidente de la Federación Andaluza de Empresarios de Playas (Faeplayas) son muchos los propietarios de estos restaurantes que se lo han trasladado. El principal problema, explica, es que no hay suficiente personal formado para absorber la demanda de la hostelería en temporada alta y por eso se buscan fórmulas alternativas. La principal es contar con “gente muy joven”, “estudiantes con ganas de trabajar”, pero que “no saben coger una bandeja o un plato, cómo montar una mesa o colocar los cubiertos”, por lo que optan por elevar la contratación para suplir las carencias mientras aprenden los mínimos resortes del oficio.

“En mi caso, necesitaba aumentar la plantilla de camareros con tres incorporaciones, pero he optado por contar con cinco para igualar por cantidad y dar un buen servicio”, explica el hostelero, que añade que otros empresarios han decidido “reducir las mesas para adaptarse” a las dificultades para encontrar personal formado.

placeholder Varias personas disfrutan del buen tiempo en los chiringuitos de la playa de La Misericordia, de Málaga. (EFE/Daniel Pérez)
Varias personas disfrutan del buen tiempo en los chiringuitos de la playa de La Misericordia, de Málaga. (EFE/Daniel Pérez)

Eso en una provincia que cuenta con reconocidas escuelas de hostelería —como La Cónsula o La Fonda, tras superar sus problemas— y donde 96.382 parados del sector servicios representan el 70% del total, según los datos publicados este lunes por el Ministerio de Trabajo y Economía Social. Por eso la secretaria general del sindicato de Servicios de CCOO en Málaga, Lola Villalba, duda de que realmente no haya oferta de empleados. Es cierto que están surgiendo opciones laborales más interesantes, pero “más que faltar gente, lo que se echan de menos son condiciones dignas”, explica a El Confidencial.

Sostiene que durante estas fechas “la restauración es una auténtica selva”, con “seis días de trabajo, no te conceden las dos jornadas de descanso consecutivas o hay turno de trabajo partido que no permite conciliar”, y esto provoca que muchos empleados busquen alternativas en la construcción, el comercio u otras actividades en que las condiciones estén más regladas.

La escasez de camioneros se concentra en el este, en Aragón, Cataluña o Valencia

Villalba reconoce que la cualificación de los aspirantes a los puestos es un hándicap, pero vincula este hecho a la falta de atractivo de una hostelería que busca “esclavos para el verano”. “No es tanto el salario como las condiciones laborales”, recalca esta histórica sindicalista, que insiste en la necesidad de “dignificar” este ámbito laboral para evitar que se convierta en un “destino de trabajo nómada”.

“No podemos transmitir que un camarero es el último eslabón de la cadena laboral, que hace lo que no quiere nadie”, apunta Villalba, que describe una paradoja que se produce en la región andaluza: “Mientras en Madrid o Barcelona este tipo de puestos lo cubren inmigrantes, aquí son autóctonos, gente de la tierra”, porque “no debemos olvidar que esta es nuestra industria”. Y, a su entender, lo que hay que hacer es cuidarla y mejorarla con un mercado de trabajo acorde a los convenios laborales suscritos.

El sector de la hostelería en España busca trabajadores cualificados

Dime de qué trabajas y te diré en qué España vives

Estas dos historias ilustran una de las fronteras invisibles que divide dos modelos productivos distintos en función de las ocupaciones que más cuestan ocupar. Por decirlo a grandes rasgos, la que no encuentra trabajadores en el sector de transporte y almacenamiento y la que no lo hace en el sector servicios. Dos modelos distintos para el mismo modelo de baja cualificación y baja remuneración, dos maneras de entender la precariedad según cada región: un Levante de transportistas y un centro-oeste de servicios, siendo toscos.

Según el último 'Informe sobre necesidades de trabajo' publicado por Adecco, transportes y almacenamiento es el sector en el que se da la mayor oferta de puestos de trabajo (con un 19,6%). Sin embargo, la demanda no está repartida de igual manera por toda España, sino que se concentra de manera mucho más aguda en el este, lo que muestra la importancia que ha adquirido en determinadas regiones de España como Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana o Murcia.

“Las zonas de costa dependen más de la cadena de suministro y de distribución. Valencia, Cataluña o Cartagena, o algunos ‘hubs’ importante que se han ido creando como en el Corredor del Henares, Zaragoza o Sant Cugat”, explica Javier Blasco, director de Adecco Group Institute. Un ejemplo es la comparación entre Andalucía, donde transporte y almacenamiento es la cuarta en la lista (con un 9,1%), detrás de comercio y ventas (18,2%), educación (14,3%) e industria (13%), frente a Aragón, donde se encuentra en el primer puesto con un 30,4% de las ofertas de difícil cobertura. “Está en el punto intermedio entre Cataluña, Pirineos, Madrid y Francia, y a mitad de camino también de Navarra”.

Eso no quiere decir que se trate de regiones homogéneas. Es imposible meter en el mismo grupo a Murcia, una de las regiones con un nivel de renta más bajo, donde hay mucha “agricultura, comercio y hostelería”, como explica Blasco, frente a Barcelona, donde “agricultura poca”… y una renta mucho más baja. Lo que tienen en común es esa escasez de transportistas que es cada vez más aguda. En el resto de España también abunda la escasez de comercio y ventas o “actividades de las sedes centrales” en lugares como Madrid, donde se concentran muchas empresas.

Por ejemplo, Blasco recuerda que una de las razones por las que en Cataluña resulta tan complicado encontrar trabajadores de transporte y almacenamiento es la diversidad de sectores en que pueden trabajar los profesionales no cualificados. “En Barcelona cuesta mucho enviar a una persona a descargar camiones en Sant Cugat pudiendo trabajar en hostelería, con sueldos más altos, o en una fábrica en Manresa”, recuerda. En transporte y almacenamiento, a diferencia de aquellos, no siempre es fácil encontrar perfiles como el del “conductor de alto tonelaje”: “A nadie lo montas en un camión de 20 toneladas de la noche a la mañana. Para eso, hacen falta incentivos, salarios más altos y estabilidad en el empleo, o que el Estado financiase una parte de esa formación”.

Norte-sur, este-oeste

Esta división ya no se corresponde con la tradicional norte y sur que tan estudiada está, como hizo el profesor de la Universidad de Valencia Daniel A. Tirado en sus trabajos, junto a Alfonso Díez-Minguela y Julio Martínez Galarraga, sobre la desigualdad regional española y el final de su convergencia. Como el propio profesor recuerda, a nivel de renta, “las tres comunidades por encima de la renta son Madrid, País Vasco y Navarra, el resto converge entre las pobres”. La razón es el ascenso de los nuevos sectores económicos de tercera y cuarta Revolución Industrial. Como recuerda Tirado, “el 80% de estos empleos de alta productividad se encuentra en País Vasco y Madrid”. La división este-oeste se trataría, más bien, de las dos Españas de la baja cualificación.

"La falta de movilidad es común a todos los territorios, ricos y pobres"

Una situación agudizada por una particularidad española: la escasa movilidad entre comunidades autónomas. “Una de las cuestiones transversales es la escasa movilidad entre regiones, porque nadie se traslada a otra región por un sueldo de menos de 1.000 euros”, recuerda Blasco. Ello provoca que no haya movimientos de esos trabajadores de menor cualificación para encontrar empleo en otro lugar. Como explica el experto en recursos humanos, “estamos en ese momento de reseteo en el que los trabajadores buscan estar felices donde viven aun a costa de bajar su expectativa de vida. Lo que parece claro es que la falta de movilidad geográfica es común a todos los territorios. En los ricos, las razones están claras, pero también ocurre en regiones más pobres como Extremadura o Canarias, donde la gente tampoco se mueve”.

Como resume Tirado, “uno esperaría que los conductores de Asturias se fuesen a Cataluña si no encuentran trabajo, pero hay poca movilidad”. Eso ahonda en una polarización entre territorios, (otra más) entre distintos modelos, que es la tendencia que define cada vez más a nuestro país. Ya no solo en renta, sino incluso en modelos productivos. “En salarios, se ve en el informe que publicamos en junio claramente, donde en algunos territorios se gana casi el doble que en otros, pero también en muchos otros aspectos: los territorios se están polarizando”.

“Es un trabajo muy sacrificado y poco valorado”, apunta Nuria Portosa, administrativa de Ferrotrans, una firma alicantina de transporte. La empresa, con unos 40 años de antigüedad y en la actualidad una flota de unos 60-70 camiones, tiene problemas para encontrar transportistas. “Yo aquí no he visto trabajadores menores de 40 años desde hace, puf, la tira”. Los jóvenes (“relativamente”), apunta, exigen que el trabajo sea por la zona, para poder dormir en casa todos los días y ¿está remunerado? “Para el sacrificio que tiene, no”, concede.

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