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Monitores, piscinas, supermercados... el trabajador de verano ha muerto en España
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FALTA MANO DE OBRA

Monitores, piscinas, supermercados... el trabajador de verano ha muerto en España

Distintos sectores se encuentran sin la posibilidad de incorporar nuevos trabajadores para el pico de trabajo estival

Foto: Un socorrista en una de las playas de Gran Canaria. (EFE/Elvira Urquijo A.)
Un socorrista en una de las playas de Gran Canaria. (EFE/Elvira Urquijo A.)
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Madrid, junio de 1999. En un pequeño local a orillas del Manzanares, en la calle Aniceto Marinas, el responsable de una empresa de mantenimiento de piscinas emerge por una pequeña puerta. En su mano lleva un listado de las piscinas con las que tiene contrato en Madrid. Frente a él, más de 50 jóvenes, con el título de socorrista, esperan ansiosos a que comience a cantar los destinos.

No están asignados. "Este año tenemos 30 piscinas", dice el encargado, dejando unos segundos de silencio para que la multitud asuma que, al menos la mitad de ellos, se quedará sin plaza ese verano. "Pozuelo, tres: Avenida de Europa, calle San Silvestre... Majadahonda, 4. Calle Blas de Otero...". No es casualidad que empiece por los municipios de los alrededores: son las plazas más difíciles de cubrir, porque pocos tienen coche (la mayoría ni siquiera ha tenido tiempo para sacarse el carnet) y los veranos se hacen largos, pasando varias horas al día en un autobús.

"¡Yo!, ¡me la quedo!, ¡esa para mí!", empiezan a decir los socorristas. Nadie quiere irse lejos, pero tampoco arriesgar sus ingresos estivales: esperar a que salgan las del casco urbano puede significar que se queden sin nada. Y eso que saben que les esperan tres meses sentados en una silla de piscina diez horas al día, pasando calor y perdiendo los mejores veranos de sus vidas entre niños descontrolados y padres que ven en ellos a una 'nanny' gratuita.

placeholder Un socorrista en Cartagena, Murcia. (EFE)
Un socorrista en Cartagena, Murcia. (EFE)

En diez minutos está todo el pescado vendido. Los que quedan, más de la mitad, tendrán que hacer cola para apuntarse en la lista de sustituciones.

Hace 23 años que el que escribe vivió esta situación (y aceptó Pozuelo sin rechistar). Durante los siguientes cuatro veranos, ya con mi plaza asegurada, siguió llegando más y más gente, hasta el punto de que el último año se hizo la convocatoria al aire libre por falta de espacio.

Hoy la situación es distinta. Pese a que el paro es 4 puntos mayor —casi 10 si nos fijamos en el juvenil—, los empresarios cada vez encuentran más problemas para cubrir las vacantes veraniegas. Según la empresa de trabajo temporal Randstad, el número de contratos de temporada este año se reducirá un 2,2% con respecto al pasado verano, frenando la recuperación poscovid. Desde el pico, que se alcanzó en 2019 con 621.000 contrataciones, se registra un 20% de caída en las nuevas firmas. "En concreto, el 56% de las empresas está teniendo problemas de búsqueda de perfiles, tanto de alta cualificación como de baja cualificación, lo cual puede tener graves consecuencias para la economía en su conjunto", dice el informe de la multinacional neerlandesa.

Lo explica a ras de suelo Enrique Rey, monitor de vela en el Mar Menor: "Durante el invierno somos 3 trabajadores, pero en verano necesitamos a más de 10. Esto siempre se ha conseguido con entusiastas como yo, que vine de Madrid a probar un verano y me he quedado", dice a este periódico.

La recuperación universitaria se ha adelantado a julio y los jóvenes tienen menos verano para ponerse a trabajar

"De quince personas que hemos entrevistado, han salido a navegar con nosotros y nos servían, solo dos han aceptado", continúa Rey. "El resto nos ha dado largas: que si no podrían incorporarse hasta acabar los estudios, que si no todo el verano... claro que el dinero no ayuda, porque es muy poco, pero a la mayoría de ellos no conseguiríamos convencerles solo con más sueldo", dice.

Rey sostiene que se encuentra con otros impedimentos: "Ahora, con el Plan Bolonia, no hay exámenes de septiembre, sino que se recupera a finales de julio. Eso deja el verano en poco más de un mes. Además, el salario es tan poco atractivo que, los jóvenes que viven con sus padres, prefieren seguir viviendo de ellos el verano".

La falta de efectivos se extiende a todos los sectores que necesitan un refuerzo en temporada alta: socorristas, camareros, repartidores, monitores de todo pelaje e incluso reponedores de supermercado. El mayor problema, sin duda, lo tiene la hostelería. Este año faltarán 50.000 camareros en restaurantes y hoteles de toda España, especialmente en la costa, donde el pico de negocio es más acentuado.

Foto: Un camarero sirve un café. (EFE/Víctor Casado)

"Hace 20 años teníamos a siete millones de españoles en la franja de entre 15 y 25 años, que es donde más se contrata, y hoy son menos de cinco millones. Tenemos la pirámide más envejecida de Europa y esos dos millones que faltan se están notando, no solo en la hostelería, sino también en los transportes o en la construcción", lamenta Emilio Gallego, líder de la patronal hostelera.

Gallego coincide en lo apuntado por Rey: los jóvenes ya no quieren irse a trabajar a la costa. "Este año ya no podremos cubrir todos los puestos. ¿Sabes ese grupo de amigos que se iban a Ibiza a compartir piso y pagarse las vacaciones trabajando en el chiringuito? Bien, pues hasta esa dinámica se ha roto en los últimos años", afirma.

Otro sector que lleva sufriendo desde la pandemia es el de los socorristas. Este verano, varias piscinas y playas de Galicia, Asturias, Madrid y Cataluña no han podido abrir por falta de personal. En este caso, se añade además un problema formativo. En 2015 cambió la norma para acceder al título de socorrista y, aunque cada comunidad impone sus requisitos, en líneas generales las horas de formación se han multiplicado por dos o por tres. Además, se precisa de un registro autonómico para ejercer y, en casos como el de Madrid, el papeleo está tardando entre 3 y 4 meses. "Esto supone un riesgo añadido para las comunidades de propietarios, dado que muchas de ellas contarán con socorristas sin su certificado de inscripción vigente, lo que compromete la responsabilidad civil subsidiaria de las propiedades", indica Raúl Viyuela, presidente de la Asociación de Empresarios de Mantenimiento Profesional de Instalaciones Acuáticas.

placeholder Una camarera en la playa de la Malvarrosa, en Valencia. (EFE)
Una camarera en la playa de la Malvarrosa, en Valencia. (EFE)

El atasco de papeleo también ha cerrado las puertas a los trabajadores de fuera. En Madrid, el 30% de los socorristas proceden de países extranjeros, en especial de Perú y Argentina. Este año, muchos aún no han conseguido que se tramiten sus títulos de salvamento acuático, pese a que llevan concentrándose frente a las puertas de los consulados de España desde primeros de junio.

Ni siquiera Mercadona se libra de la carestía de mano de obra para el verano. La cadena de supermercados valenciana tiene 391 puestos vacantes en su página web, algunos de ellos abiertos desde mayo, que no consigue rellenar. A diferencia de los socorristas y los camareros, la marca de Juan Roig ofrece sueldos de hasta 3.000 euros mensuales y la garantía de tener libre el fin de semana, algo poco habitual en los trabajos estivales. Mercadona ya se ha encontrado con estos problemas en el pasado, sobre todo en los lugares de costa, donde se concentran los picos de demanda. Hace tres veranos se encontró con la disyuntiva de no poder cubrir 25 plazas en su tienda de la isla de Ibiza, que paradójicamente es la que más factura de España.

Madrid, junio de 1999. En un pequeño local a orillas del Manzanares, en la calle Aniceto Marinas, el responsable de una empresa de mantenimiento de piscinas emerge por una pequeña puerta. En su mano lleva un listado de las piscinas con las que tiene contrato en Madrid. Frente a él, más de 50 jóvenes, con el título de socorrista, esperan ansiosos a que comience a cantar los destinos.

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