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Habla uno de los migrantes que saltó la valla de Melilla: "Algunos de mis amigos tienen los huesos rotos"
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DESDE DENTRO DEL CETI

Habla uno de los migrantes que saltó la valla de Melilla: "Algunos de mis amigos tienen los huesos rotos"

Muhamma Hassan es uno de los 133 migrantes que lograron ayer saltar la valla fronteriza y entrar a España. Tras la muerte de 23 de ellos, apela al 'Black Lives Matter': "Las vidas negras también importan en África"

Foto: Interior del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla. (Foto: J.G)
Interior del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla. (Foto: J.G)

Un día después del multitudinario salto a la valla de Melilla, que se ha saldado por el momento con 23 migrantes muertos -37 según los recuentos de algunas ONG-, la valla fronteriza que separa España y Marruecos permanece tranquila. Los alrededores del puesto fronterizo de Barrio Chino apenas revelan la tragedia que ocurrió ayer. El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) tampoco da una sola pista de los gritos, abrazos, sonrisas y llantos de los 133 migrantes que lograron llegar hasta aquí hace poco más de 24 horas.

La explanada de tierra frente al CETI está prácticamente vacía. En un lateral de la instalación, dos migrantes están hablando a través de la verja del complejo con algunos de los 133 que lograron pasar ayer. Están en cuarentena, separados del resto de residentes, para evitar la propagación del covid.

placeholder (Foto: J.G)
(Foto: J.G)

Desde el exterior, y a través de un agujero que utilizan para comunicarse, les entregan unas tarjetas SIM de móvil para que puedan comunicarse con sus familiares. Las noticias vuelan y medio mundo sabe que ha sido uno de los saltos más violentos de los últimos tiempos. Quieren tranquilizar a sus seres queridos.

Black Lives Matter

Muhamma Hassan saca la cabeza por el agujero y nos saluda. De fondo, se escucha conversar a sus compañeros de cuarentena. Es la hora de comer. "Black Lives Matter even in Africa, put it in hashtag", dice en un claro tono reivindicativo. Las vidas negras deben importar igual en América que en África. Muhamma destaca que la gente en África "está muriendo y sigue muriendo" sin que haya indignación como en Estados Unidos.

Su conversación revela una sensación de preocupación y angustia por aquellos que no han podido cruzar. "Nuestros amigos están allí y no sabemos qué les ha pasado". Es totalmente consciente de que solo ha pasado una minoría de los 1.800 que se habían propuesto cruzar ayer la frontera. Sabe que ha habido muertos, las noticias vuelan. "Hay muchos heridos. Y hay gente muerta allí, en Marruecos, no sabemos cuántos".

Recuerda el largo camino hasta llegar aquí. "En el desierto no teníamos dinero, comida o agua. Todos los que hemos llegado hasta aquí somos unos afortunados".

"No sabemos si seguirán en los bosques o los han llevado al desierto en Argelia para abandonarlos"

El último tramo del viaje, antes del salto, lo pasan en los bosques cercanos al vallado fronterizo. Reconoce que los militares marroquíes no los tratan bien y desmantelan los campamentos. Le preocupa la gente de allí. "No sabemos si seguirán en los bosques, si los han trasladado a otra ciudad, a alguna cárcel o los han llevado al desierto en Argelia para abandonarlos".

Muhamma procede de Sudán, pero él tiene claro que eso da igual porque "todos somos África". La mayoría de los que ha entrado son sudaneses, pero también han llegado procedentes de Chad, Niger o Eritrea.

placeholder Varios migrantes, dentro de los límites del CETI. (J.A.)
Varios migrantes, dentro de los límites del CETI. (J.A.)

Suleman es otro de los afortunados que logró cruzar ayer. Hablamos con él también a través de la verja. "Yo estoy bien. No tengo heridas, pero algunos de mis amigos tienen huesos rotos. Aquí hay médicos y nos están atendiendo". Reconoce que logró entrar sin un solo rasguño porque saltó y pasó la barrera rápido, pero sabe que muchos no han tenido la misma suerte. Según las cifras oficiales españolas, 57 migrantes resultaron heridos de diferente consideración. También 49 guardias civiles que protegían el perímetro fronterizo.

Las primeras 24h en el CETI

La llegada al CETI tras el salto fue una montaña de sensaciones y sentimientos. Una trabajadora del centro cuenta que los primeros en llegar rebosaban felicidad. "Creo que todavía no eran conscientes de que había muerto gente. Los que llegaron más tarde ya no cantaban ni celebraban el clásico ‘Bossa, bossa’. Recuerdo a un chaval con los nervios a flor de piel llorando. A él le escuché que había dos muertos".

Las caras alegres fueron paulatinamente transformándose. Empezaron a ser conscientes de lo que acababan de vivir. "Estaban más serios, muy cansados y muchos golpeados con heridas muy gordas".

Cuenta esta trabajadora que uno de ellos tenía tres marcas en la espalda, como si le hubieran atizado repetidamente con un palo o una porra. Otros, tenían golpes en la cabeza con imponentes brechas que hubo que cerrar con grapas. Destaca que se están comportando perfectamente. "Cero violentos en el CETI". Por último, confirma que la inmensa mayoría de los nuevos residentes está preocupada por los compañeros al otro lado de la frontera. "Muchos vienen juntos o se hacen amigos durante el camino y crean unos lazos muy importantes. La mayoría son jóvenes, sobre los 20 años".

Un día después del multitudinario salto a la valla de Melilla, que se ha saldado por el momento con 23 migrantes muertos -37 según los recuentos de algunas ONG-, la valla fronteriza que separa España y Marruecos permanece tranquila. Los alrededores del puesto fronterizo de Barrio Chino apenas revelan la tragedia que ocurrió ayer. El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) tampoco da una sola pista de los gritos, abrazos, sonrisas y llantos de los 133 migrantes que lograron llegar hasta aquí hace poco más de 24 horas.

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