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Sánchez confía en Díaz para recuperar 1 millón de votos: "Hay que cuidar a Yolanda"
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Tregua entre los socios de coalición

Sánchez confía en Díaz para recuperar 1 millón de votos: "Hay que cuidar a Yolanda"

Tanto en Ferraz como en Moncloa, reconocen que necesitan un proyecto fuerte y unido a su izquierda para revalidar el Gobierno en las próximas elecciones generales

Foto: La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz (i), y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. (EFE/Julio Muñoz)
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz (i), y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. (EFE/Julio Muñoz)
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La vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, y la titular de Hacienda, María Jesús Montero, se fundieron este miércoles en Sevilla en un caluroso abrazo adornado previamente de halagos mutuos y muestras de cariño. La socialista aseguró que "Yolanda [Díaz] y yo tenemos una excelente relación, la teníamos antes y la tenemos ahora", para acto seguido negar cualquier discrepancia dentro del Gobierno de coalición y señalar su compenetración con una hoja de ruta compartida. La líder del sector morado del Ejecutivo la correspondió y añadió: "No solo nos llevamos bien (...), sino que nos queremos". Unas palabras medidas en la recta final de la campaña para las andaluzas, donde se ha buscado decretar una tregua entre los socios para combatir la desmovilización del electorado de izquierdas. Una falta de pulsión, reflejada en las encuestas, que en el Ejecutivo achacan en buena medida a la visibilización de los conflictos entre ambas formaciones.

Al igual que las palabras y los gestos fueron calculados para trasladar la impresión de unidad, el título del acto que compartieron tampoco dejaba lugar a dudas sobre sus intenciones: 'Dos crisis, dos gobiernos, dos respuestas'. Poner en valor los logros materiales de la coalición, la salida social a la crisis del coronavirus y, ahora, de la guerra, frente a los resultados de la respuesta del anterior Ejecutivo del PP a la crisis económica. Un foro organizado por Economistas Frente a la Crisis y en el que también participaron en calidad de economistas la eurodiputada socialista y exconsejera de Universidad de la Junta, Lina Gálvez, o la exportavoz de Podemos en el parlamento de Andalucía Carmen Lizárraga. La comunión que escenificaron Díaz y Montero va en sintonía con la orden de reducir el ruido para evitar un mayor desgaste. Aislar los conflictos y dar señales de cohesión. Este fue siempre también el libro de estilo de Díaz.

Foto: La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. (EFE/Javier Lizón) Opinión
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El objetivo pasa por evitar que la desmovilización de la izquierda se cronifique, por lo que no se circunscribe solo a la campaña del 19-J. Se mira al ciclo electoral que se abre. Tanto en Ferraz como en Moncloa, vienen reconociendo desde hace tiempo que necesitan un proyecto fuerte y unido para revalidar el Gobierno tras las próximas elecciones generales. El retraso en el lanzamiento del proyecto de Díaz y las zancadillas dentro de su espacio, visibilizadas en la pugna con Podemos que puso en riesgo el pacto de Por Andalucía, han provocado en Ferraz cierto temor a perder la necesaria muleta a su izquierda e, incluso, a una ruptura anticipada de la coalición. De no lograrse la unidad en otros territorios donde gobiernan, como en la Comunidad Valenciana, las dificultades para retener el poder se incrementarían.

Con un liderazgo claro de Díaz al frente del sector minoritario, en la dirección del PSOE entienden que se reducirán los sobresaltos en el Gobierno y que aglutinará el voto de un elector que nunca optaría por la papeleta de los socialistas. Una destacada dirigente socialista cifra en un millón a los votantes de este perfil, confiando en que la ministra de Trabajo los conserve en su plataforma para sumar frente a la derecha.

Foto: Yolanda Díaz e Ione Belarra se abrazan en el mitin de Por Andalucía en Córdoba.

"Ese espacio a la izquierda hay que cuidarlo", confiesa otra voz de la cúpula de Ferraz. Estas mismas fuentes explican que necesitan que el proyecto de Yolanda Díaz despegue porque existe un voto de "cabreo" que nunca apoyará a los socialistas y que es preciso sacar de la abstención para evitar la llegada a Moncloa de un Ejecutivo de la derecha en coalición con la ultraderecha. Para ello, entienden que lo primero es que la vicepresidenta segunda asiente su liderazgo respecto a Podemos y que estos asuman que quien debe dirigir la política de ese espacio es Díaz.

Con unas perspectivas poco halagüeñas en las elecciones andaluzas, la izquierda encara el ciclo electoral pensando en las autonómicas y municipales de mayo de 2023. En Ferraz, asumen que estos comicios son los que ofrecerán una visión más general que el 19-J y que representan un terreno en el que el PSOE siempre se ha movido bien. Siguiendo esta tesis, para los socialistas es imprescindible retener su poder territorial. De lo contrario, el efecto contagio en las generales sería imparable.

Retener el poder territorial

A la vista del gran número de ejecutivos autonómicos de coalición liderados por el PSOE (Comunidad Valenciana, Baleares, Aragón, La Rioja, Canarias y Navarra), para revalidarlos es crucial que el proyecto de Díaz esté a punto en estos comicios y no haya dispersión de voto. También para dar la batalla en otras plazas clave como Madrid y evitar que la derecha recupere alcaldías como las de Valencia, donde los socialistas forman parte del Gobierno liderado por Compromís, o Barcelona, donde forman parte de la corporación de Ada Colau.

Foto: Errejón y Díaz, en Madrid. Opinión

En Moncloa, se repite por activa y por pasiva que su hoja de ruta pasa por agotar la legislatura. Las elecciones generales no se convocarán para antes de finales de 2023, pero el hito de las autonómicas y municipales delimitará el resto del camino. La duda es si Sánchez mantiene la dirección para acudir con posibilidades a las urnas, logrando minimizar el efecto Feijóo, o si lo hace con un cambio de ciclo iniciado ya a nivel territorial, tras reforzarse en la Comunidad de Madrid, Castilla y León y Andalucía. De ahí la necesidad del presidente del Gobierno de apoyarse en Díaz, a quien se pretende cuidar. Si se hace, repercute en el Gobierno de coalición para reducir el ruido y mostrar cohesión, al mismo tiempo que se mantiene el pulso para afrontar el ciclo electoral.

La vicepresidenta segunda ya ha fijado la hoja de ruta de su proyecto político, que lanzará el próximo 8 de julio en Madrid con el denominado 'proceso de escucha'. Una gira por todo el país para recabar propuestas y establecer vínculos con la sociedad civil y cuya principal incógnita es el papel de los partidos. Concretamente de Podemos, actual fuerza hegemónica a la izquierda del PSOE, que se resiste a perder su rol protagonista en el espacio. El plan de Díaz mira a las elecciones generales y no pretende aglutinar bajo una misma marca las candidaturas para las municipales y autonómicas. Eso sí, se entiende que la marca de Unidas Podemos está quemada y debe superarse con procesos paralelos en los territorios al que emprenderá Díaz. La máxima es retener los gobiernos de coalición autonómicos y de las principales ciudades, para lo que consideran crucial sellar candidaturas unitarias. "Sumar, sumar y sumar", repiten en el equipo de la ministra.

La vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, y la titular de Hacienda, María Jesús Montero, se fundieron este miércoles en Sevilla en un caluroso abrazo adornado previamente de halagos mutuos y muestras de cariño. La socialista aseguró que "Yolanda [Díaz] y yo tenemos una excelente relación, la teníamos antes y la tenemos ahora", para acto seguido negar cualquier discrepancia dentro del Gobierno de coalición y señalar su compenetración con una hoja de ruta compartida. La líder del sector morado del Ejecutivo la correspondió y añadió: "No solo nos llevamos bien (...), sino que nos queremos". Unas palabras medidas en la recta final de la campaña para las andaluzas, donde se ha buscado decretar una tregua entre los socios para combatir la desmovilización del electorado de izquierdas. Una falta de pulsión, reflejada en las encuestas, que en el Ejecutivo achacan en buena medida a la visibilización de los conflictos entre ambas formaciones.

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