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Un año del gran susto sobre Ceuta: la ciudad reabre hoy la frontera marroquí
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Marruecos demostró una amenaza real

Un año del gran susto sobre Ceuta: la ciudad reabre hoy la frontera marroquí

La ciudad autónoma ha vivido en una montaña rusa emocional. El 17 de mayo de 2021 entraron hasta 12.000 personas desde Marruecos, según cálculos oficiosos. Hoy se acuesta con la reapertura de fronteras y la esperanza de una aduana

Foto: Frontera de Ceuta. (J. S.)
Frontera de Ceuta. (J. S.)

Unos pescadores y una familia protegida por una enorme sombrilla son hoy los únicos moradores de la playa del Tarajal, a solo unos metros de la frontera con Marruecos. Reinan la tranquilidad y el silencio, solo rotos por el traqueteo de una excavadora que saca arena al otro lado del espigón, en el tramo de playa que queda en tierra de nadie.

Nadie diría que es el mismo arenal que hace un año atravesaban a la carrera miles de marroquíes, en su mayoría jóvenes y niños, en la mayor avalancha que recuerda Ceuta. Las imágenes de una multitud agolpándose en el espigón o lanzándose al agua para llegar a suelo ceutí con la connivencia de las autoridades marroquíes dieron la vuelta al mundo y pusieron el corazón en un puño a los ceutíes, que veían como se escenificaba su mayor terror: la repetición de una ’marcha verde’ pero esta vez con Ceuta como escenario.

Doce meses después la situación es muy diferente. Casi diametralmente opuesta. No queda apenas rastro de los miles de personas, muchos de ellos niños, que entraron aquellos días, y las tensiones con Marruecos han devenido en paz diplomática y un acuerdo para la reapertura de los pasos fronterizos. Ahora, además, el Tarajal tendrá también una aduana comercial, lo que, de cristalizar, supondrá una importante ventana de oportunidad de desarrollo económico. Pero, sobre todo, el acuerdo de España y Marruecos para restablecer el tránsito de personas y mercancías, con los ministros de Exteriores al frente de la negociación, supone el reconocimiento implícito de la españolidad de la ciudad autónoma. Algo impensable doce meses atrás.

Foto: El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. (EFE/Zipi)

La ciudad autónoma cierra así el círculo de un año que ha sido una montaña rusa emocional, basculando entre el miedo de mayo de 2021 a la ilusión de mayo de 2022, ansiosa por recuperar su condición de ciudad fronteriza. A las 00.00 horas del martes, España y Marruecos reabrirán sus fronteras terrestres, cerradas desde el inicio de la pandemia, y sellan una paz diplomática que hace no tanto parecía imposible. Aunque no todos estén convencidos. La escenificación del acuerdo, hecho público por Marruecos y la coincidencia de la reapertura con la fecha de la "invasión", el 17 de mayo, ha hecho arquear no pocas cejas en Ceuta.

"Parece que Marruecos marca los tiempos", admite un agente de la Guardia Civil que hace guardia junto al espigón, consciente además de que se le ha acabado la tranquilidad. Tras dos años con el paso fronterizo cerrado, este martes volverá la actividad al Tarajal, lo que tradicionalmente ha sido sinónimo de caos y multitudes en un paso que franqueaban cada día más de 25.000 personas. "A ver ahora", desconfía. Él es uno de los que aquel lunes 17 de mayo estaba en la frontera. "Durante todo el día hubo entradas pero por la tarde, cuando vi que la 'mehanía' (guardia fronteriza de Marruecos) hacía un cordón hacia el espigón ya me di cuenta de que era distinto, más cuando vi que la cola llegaba hasta Castillejos". Y no se equivocaba. Lo que vino después sigue fresco en la memoria de los ceutíes.

Alrededor de 3.500 marroquíes, según cifras de la Delegación de Gobierno, solicitaron protección en Ceuta

Las entradas de marroquíes habían comenzado en torno a la una de la madrugada del 17 de mayo a través del espigón de la frontera norte, la que separa la localidad marroquí de Beliones de la barriada ceutí de Benzú. Un goteo que se convirtió en avalancha por la tarde en el espigón del Tarajal, en el otro extremo de la ciudad autónoma y continuó durante toda la noche y buena parte del día siguiente. Aún hoy es imposible saber exactamente cuántas personas entraron. Se habla de "alrededor de 12.000" pero todavía hoy no hay una cifra oficial y probablemente nunca la habrá. El 'Ministerio del Interior ni siquiera incluye el dato en el balance de inmigración que realiza quincenalmente.

90 personas por minuto

Según cálculos de la Guardia Civil, aquel día llegaron a entrar a un ritmo de hasta 90 personas por minuto durante cerca de 48 angustiosas horas. Miles de marroquíes, la mayoría jóvenes que venían con lo puesto, llenaron las calles de Ceuta, haciendo que la madrugada de un lunes cualquiera pareciera una noche de feria, con incontables grupos de jóvenes buscando un lugar en el que dormir en cualquier rincón de una ciudad que asistía boquiabierta al aluvión. Ceuta amaneció salpicada de un reguero de asentamientos de inmigrantes. Hasta medio millar de estos campamentos, algunos en lugares inverosímiles como acantilados, han limpiado los operarios de limpieza de la Ciudad Autónoma durante este año.

De la noche a la mañana, la ciudad autónoma tuvo que lidiar con una entrada masiva de inmigrantes que suponía el 15% de su población, más de un millar de ellos niños. Una gran mayoría de los que entraron, muchos ellos menores, fueron poco a poco regresando por su propia voluntad en los días posteriores. El resto se quedaron en la ciudad buscando un modo de cruzar a la Península. Y encontraron la vía en el derecho de asilo.

Hoy todavía quedan 320 menores en Ceuta, pendientes de que España tramite correctamente su repatriación, paralizada por la Justicia

Alrededor de 3.500 marroquíes, según cifras de la Delegación de Gobierno, solicitaron protección en Ceuta. Un mecanismo que, gracias a una reciente sentencia del Tribunal Supremo, les abría una oportunidad para dar el salto a la España peninsular. Solo un año antes el Alto Tribunal zanjaba que "todo ciudadano extranjero que haya solicitado una protección internacional o asilo en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla tiene derecho a la libertad de movimiento, y a fijar su residencia en cualquier otra ciudad del territorio nacional, sin que pueda limitarse dicho derecho por la Administración por su condición de solicitante de la protección internacional". Una libre circulación que hasta entonces negaba el Ministerio del Interior, que durante meses siguió actuando como si la sentencia no existiera, hasta que en febrero de 2021, un segundo fallo judicial cerró el debate.

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Foto: J. S.

Un hueco legal que subieron aprovechar miles de los que cruzaron a Ceuta. Tras un mes sin recibir respuesta a la solicitud de asilo admitida a trámite, la ley entiende que los solicitantes tienen derecho a reclamar la tarjeta que les permite moverse por el territorio nacional con una sola condición, comunicar una dirección en la que puedan localizados para notificar la resolución. Es el caso de Bouchra, una joven de Tetuán que pidió asilo declarándose atea y hoy vive en una casa de acogida en Bermeo. Dejó transcurrir un mes alojada con una familia ceutí y en cuanto obtuvo su tarjeta embarcó en el ferry y cruzó el Estrecho dispuesta a buscarse la vida en España, lejos de la presión que la religión ejerce sobre las mujeres en su país. Tras un breve paso por Bilbao, ciudad que eligió casi al azar porque le dijeron que "hay trabajo y tratan bien a los marroquíes", terminó en la localidad costera vizcaína. "Cuando llegó decía que era atea, pero en realidad es feminista", se reía Teo, la religiosa que la acogió a su llegada a Bilbao y que la derivó hacia las entidades que podían ayudarla en su integración.

Solo en lo que va de 2022 han accedido a Ceuta de manera irregular 332 personas

Como el caso de Bouchra fueron miles. Cruzaron el Estrecho con su solicitud de asilo rumbo a casas de familiares o conocidos en distintos puntos de España y Europa. Si, como es previsible, se rechaza su petición de protección, deberían regresar a su país con la prohibición de regresar a España en muchos años o pasarían a ser inmigrantes irregulares. Pero eso es ya lo de menos. Lo importante es que ya están en territorio europeo.

Pero el verdadero problema con el que se encontró Ceuta fueron los menores que entraron en la avalancha. La Ciudad llegó a filiar a algo más de mil, sin contar los cientos de ellos que deambulaban por la ciudad tratando de colarse en los ferris que cruzan a Algeciras. Hoy todavía quedan 320, pendientes de que España tramite correctamente su repatriación, paralizada por la Justicia el pasado verano.

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Foto: J. S.

Una presión migratoria que no acabó entonces. Ni mucho menos. Hay cosas que no van a cambiar tan fácilmente. Ceuta lleva siglos siendo parte de la ruta migratoria entre Europa y África. La prueba está en que las entradas de inmigrantes irregulares por el vallado o por vía marítima han seguido sin apenas pausa. Solo en lo que va de 2022 han accedido a Ceuta de manera irregular 332 personas,12 más que en 2021 y el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) alberga a 360 personas, de las que 321 son subsaharianos. El último salto multitudinario a la valla de Ceuta —descontando los sucesos de mayo de 2021— fue en agosto de 2019. Desde entonces la valla es más alta y ya no tiene concertinas con cuchillas en su cumbre, sino unos rodillos que dificultan superarla. Pero los cambios no han frenado la inmigración, que sigue su curso como el agua por el cauce de un río, aunque ya no con saltos masivos sino por goteo. Pequeños grupos o inmigrantes en solitario son ahora los que logran sortear la doble valla o rodear a nado los espigones de Benzú o Tarajal.

Reconversión del narco

El aluvión de marroquíes del 17 y 18 de mayo de 2021 ha tenido en este año otro efecto secundario que conocen bien en la Guardia Civil y la Policía Nacional: la reconversión del narcotráfico en redes de inmigración ilegal. Los narcos ceutíes, asfixiados por el cierre de la frontera, su medio natural, han buscado en este año nuevas opciones de negocio y las han encontrado en la inmigración. El último ejemplo está en la red de tráfico de personas desmantelada en Ceuta hace apenas una semana. Cobraban entre 1.500 y 2.000 euros por "pasajero", según estimaciones policiales. Llevaban meses facilitando la entrada en la Península de inmigrantes marroquíes que se encontraban en Ceuta.

El lado positivo

Pero aquellos fatídicos días de mayo tuvieron también su lado positivo. La imagen del submarinista de los GEAS (Grupo de Especialistas de Actividades Subacuáticas) de la Guardia Civil manteniendo a flote a un bebé dio la vuelta al mundo. Una imagen que viene a sustituir a otra con la que Ceuta cargaba como una cruz: la de los 15 inmigrantes subsaharianos ahogados en el mar el 6 de febrero de 2014 mientras los antidisturbios de la Benemérita disparaban pelotas de goma y gases lacrimógenos para impedir que llegaran a la orilla.

La misma Guardia Civil y el mismo espigón del Tarajal, pero una imagen muy diferente. Ceuta pasaba de ser el escenario de la represión de la inmigración en la Frontera Sur a ofrecer el espectáculo del despliegue humanitario de sus Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y su Ejército, con los Regulares y La Legión al frente tendiendo la mano a mujeres y niños. "Aquel día se hizo una labor enorme, sobre todo los compañeros del Servicio Marítimo que estuvieron horas y horas en el agua", resalta el agente de la Guardia Civil mirando hacia el espigón.

El PP de Ceuta cierra filas con Sánchez

El otro cambio sustancial se dio en el terreno político. Ceuta pasó del ostracismo, olvidada en los confines de Europa en África a recibir toda la atención del Gobierno central y, esto es lo más novedoso, también de Europa. Menos de 24 horas después de que comenzara la avalancha, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acompañado por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, llegaban a Ceuta. Un dato que puede parecer baladí en el resto de España pero que en las ciudades autónomas tiene un valor añadido incalculable. La visita de Sánchez era la primera de un presidente español en muchos años. Hasta entonces solo Zapatero en 2006 y Adolfo Suárez en 1980 habían visitado la ciudad autónoma en calidad de presidente del Gobierno. Mariano Rajoy y José María Aznar solo pisaron Ceuta en campaña electoral y Felipe González ni tan siquiera cruzó el Estrecho para visitar las ciudades autónomas. La visita de Sánchez no fue además una visita cualquiera. Como viene insistiendo desde entonces el presidente de la Ciudad, Juan Vivas, la visita del presidente fue "una garantía" para Ceuta.

Sánchez regresó en marzo, esta vez con un plan estratégico para las ciudades autónomas bajo el brazo cuya redacción se ha encargado a la empresa pública Tragsatec, que ha de trazar la hoja de ruta hacia un nuevo modelo económico para Ceuta y Melilla. Un respaldo del Estado que, ha reiterado incansablemente Vivas, agradece especialmente. Tanto es así que, desmarcándose de su partido, Vivas no ahorra elogios y agradecimientos para con Sánchez. Ahora, argumenta, Ceuta sí se siente amparada, ahora sí parece que "la estabilidad, seguridad e integridad territorial de nuestra ciudad están garantizadas por el Estado". Un respaldo sin fisuras al Ejecutivo de Sánchez que los populares de Ceuta entienden como un acto de lealtad institucional. No es el Gobierno de Pedro Sánchez, precisan, es el Gobierno de todos los españoles. No es el Gobierno socialista, es el Estado. "Ceuta es cuestión de Estado".

Desde la Confederación de Empresarios muestran su "optimismo por la nueva situación"

Un respaldo que no solo llegó desde Madrid. También Bruselas, y eso sí que es una novedad, se acordó de que hay dos pequeñas ciudades europeas en continente africano, que son además las dos únicas fronteras terrestres de la Unión Europea en África. "Las tres instituciones europeas (Consejo Europeo, Comisión Europea y Parlamento) mostraron todo su apoyo y solidaridad para con Ceuta a raíz de los acontecimientos ocurridos en esos complicados días de mayo. Nada menos que Ursula Von Der Leyen, presidenta de la Comisión Europea; Charles Michel, presidente del Consejo Europeo y David Sassoli, presidente del Parlamento Europeo, decían sí a Ceuta y ponían sobre la mesa un elemento a nuestro juicio vertebral para el porvenir y futuro de Europa como es, la necesidad de una Política Europea común en materia de migración", destacan desde la formación localista Movimiento por la Dignidad la Ciudadanía (MDyC).

Una respuesta institucional que se ha traducido también en una unidad política política de la que solo se ha autoexcluido Vox, que sigue abogando por mantener las fronteras con Marruecos cerradas, rechaza cualquier acuerdo diplomático y apuesta por la confrontación con Rabat. Reabrir el paso fronterizo es para la formación ultraconservadora una "traición" y una "ofensa" a los ceutíes y solo supone la vuelta al "caos". Un posicionamiento que no comparten el resto de formaciones —PP, PSOE, Ceuta Ya y MDyC—conscientes de que la frontera es vital para Ceuta, especialmente para su economía, que lleva dos años privada de su principal clientela: los miles de marroquíes que cruzaban a diario la frontera, unos para trabajar, otros muchos para comprar en la ciudad.

Desde que Marruecos cerrara sus fronteras con Ceuta el 13 de marzo de 2020, poco después de que la OMS declarara oficialmente la pandemia, la gran mayoría de los ceutíes, especialmente los comerciantes, esperaban expectantes la reapertura del Tarajal cuando amainaran los contagios por covid-19. Pero esa reapertura parecía alejarse definitivamente tras la entrada masiva de marroquíes del 17 y 18 de mayo de 2021 y la crisis diplomática entre España y Marruecos por la acogida del secretario general del Frente Polisario, Brahim Gali.

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Foto: J. S.

Doce meses después, la situación ha dado un giro de 180 grados y la ciudad autónoma se prepara para recuperar su condición de ciudad fronteriza. Desde la Confederación de Empresarios muestran su "optimismo por la nueva situación que se presenta para la reactivación económica de la ciudad tras dos años de cierre". "Siempre que se cumplan las expectativas", matizan. Y es que las dudas y la desconfianza sobrevuelan en Ceuta sobre el acuerdo de España y Marruecos para la reactivación del tránsito de personas y mercancías. El pacto contempla un plan gradual que ha de desembocar en un nuevo modelo de tránsito con un mayor control de quién entra y quién sale del país y la apertura de una aduana comercial, que en Melilla se cerró en 2018 pero que Ceuta nunca ha tenido. Un tráfico de mercancías que abre nuevas posibilidades de desarrollo económico para la ciudad autónoma. Pero de momento es solo un anuncio, un compromiso que aún ha de cristalizar. Lo único que se ve sobre el terreno son prisas y muchos flecos por precisar. "Entendemos que ese plan gradual debería haberse previsto hace tiempo y que los medios humanos y materiales deberían estar ya en condiciones de operatividad más allá del anuncio de la fecha de apertura", lamentan desde la patronal.

Obras por hacer

Objeciones que llegan también desde las FSCE. La asociación JUCIL, mayoritaria en la Guardia Civil en Ceuta, lamenta que las fronteras se vayan a abrir con los mismos medios humanos que cuando se cerró y con las obras a medio terminar. El Ministerio del Interior anunciaba el pasado jueves que, ante la reapertura de los pasos fronterizos, "de forma complementaria, y para garantizar las necesidades de seguridad, se han reforzado los efectivos policiales tanto en Ceuta como en Melilla". Pero de los refuerzos prometidos por Grande-Marlaska, "no hay ni rastro", denuncian desde Jucil, que lamenta que la reapertura se produce con las mismas carencias y "falta de empatía" por parte del Ejecutivo Nacional, "ante las distintas realidades que se concentran en los pasos fronterizos" y que van desde la resolución de los desencuentros con los ciudadanos, los intentos de presión de la policía marroquí, hasta la revisión de documentos pasando por el registro de vehículos. Labores para las que, ni de lejos, hay personal suficiente, alertan.

Eso sin contar con que las obras de la frontera distan mucho de estar terminadas. Algo que admitió a su pesar la delegada del Gobierno en Ceuta, Salvadora Mateos, poco antes de que Interior anunciara la fecha de apertura para este mismo martes. "Los trabajos están muy avanzados, yo espero que se abra pronto, pero la fecha no te la puedo decir", decía sin saber que muy poco después de sus declaraciones, Grande-Marlaska iba a fijar la apertura para la medianoche de este lunes. "Estamos deseando que se abra la frontera pero también que se abra en condiciones. Tengo claro que la frontera puede estar terminada a final de mes y esperemos que se respeten esas fechas. En ello estamos", aseveraba ignorando que estaba a punto de ser atropellada por la realidad.

Lo que empezó como el mayor susto en décadas ha terminado con una puerta al futuro de Ceuta

Desde entonces la actividad es frenética en la frontera del Tarajal. Operarios de varias subcontratas trabajan para asfaltar el interior del paso fronterizo, instalar pivotes retráctiles para impedir intentos de entrada en coche o ataques de ‘kamikazes’ terroristas y colocar las redes de fibra óptica necesarias para la instalación de la llamada frontera inteligente. Unas obras que debían haber estado finalizadas en 2020 pero que tras muchos aplazamientos y problemas con las subcontratas y el material, han terminado alargándose dos años.

Zanjas, andamios y obras a medio hacer es lo que se encontrarán los primeros que crucen la frontera del Tarajal este lunes, justo el día en que se cumple un año de la entrada masiva de marroquíes con la complacencia de las autoridades del otro lado de la frontera. Un suceso que se interpretó como una agresión a la soberanía española de Ceuta y Melilla en el marco de la estrategia híbrida con la que Rabat pretendía desestabilizar a las dos ciudades autónomas, que considera parte de su territorio —aunque nunca hayan formado parte de Marruecos— y aspira a anexionarse. Una jugada arriesgada de la que Ceuta salió airosa y que todo parece indicar que le salió por la culata a Rabat.

Lo que empezó como el mayor susto en décadas ha terminado abriendo una puerta al futuro de Ceuta, respaldada ahora por España y por la Unión Europea, con un plan estratégico a medida de las ciudades autónomas en marcha y con una nueva frontera con una aduana comercial en ciernes y con estándares europeos de seguridad, sin porteadores ni avalanchas y con un control exhaustivo de quienes atraviesen el paso fronterizo. Puede que a priori no parezcan grandes logros, pero para Ceuta suponen un antes y un después.

Unos pescadores y una familia protegida por una enorme sombrilla son hoy los únicos moradores de la playa del Tarajal, a solo unos metros de la frontera con Marruecos. Reinan la tranquilidad y el silencio, solo rotos por el traqueteo de una excavadora que saca arena al otro lado del espigón, en el tramo de playa que queda en tierra de nadie.

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