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El enigma de Despeñaperros: por qué Andalucía explica el auge de la derecha
  1. España
CLASES SOCIALES Y NUEVAS IDEOLOGÍAS

El enigma de Despeñaperros: por qué Andalucía explica el auge de la derecha

Hay explicaciones diferentes al crecimiento de las fuerzas de derecha más allá de las coyunturales. Las elecciones andaluzas constituyen un buen laboratorio desde el que entender la política nacional próxima

Foto: Manuela Villena y Moreno Bonilla, en el Palacio de San Telmo. (Junta de Andalucía/Santana de Yepes/Jesús Morón)
Manuela Villena y Moreno Bonilla, en el Palacio de San Telmo. (Junta de Andalucía/Santana de Yepes/Jesús Morón)
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De Despeñaperros para abajo, el clima político es diferente. Hubo décadas de gobierno socialista en los que la izquierda marcaba decididamente el paso. Cuando el PSOE carecía de mayoría absoluta, IU venía en su rescate, porque era el tercer partido en voto. En cuatro años, el péndulo parece haberse movido del todo: el PP aparece como fuerza mayoritaria en las encuestas, Vox tiene una relevancia significativa, el PSOE aguanta, pero lejos de la pujanza de los viejos tiempos, y las formaciones a su izquierda aparecen divididas y sin un impulso claro. ¿Cómo es posible que haya cambiado de una manera tan sustancial el humor político andaluz?

Hay factores coyunturales, sin duda, y también contará la valoración sobre Moreno Bonilla y sus años de gobierno. Pero la mentalidad andaluza aporta un elemento relevante, ya que se tienen la sensación de que allí se vive mejor que en el resto de España, aun cuando sea una región con paro elevado, y con una notable diferencia de ingresos respecto de otras comunidades autónomas. Es también una sociedad conservadora, no en el sentido de que sea más proclive a las ideas de derecha, sino que tiende a favorecer a quienes ya están en el poder: es poco dada a los cambios.

Foto: La presidenta de la Cámara, Marta Bosquet, iza la bandera de Andalucía en el Parlamento regional. (EFE/Raúl Caro) Opinión

Pero también existen factores estructurales, ligados a las transformaciones en la composición de las clases sociales y a las nuevas mentalidades, que ofrecen algunas explicaciones diferentes sobre los motivos por los que la derecha está fuerte en Andalucía. En este sentido, probablemente sea un buen laboratorio desde el que examinar el humor social nacional, ya que las tendencias que se perciben en esa comunidad autónoma también están presentes en buena parte de nuestro país.

1. La paradoja de los jóvenes

Como en otras zonas de España, los jóvenes se marchan a cursar las carreras universitarias fuera de su tierra, y si su titulación tiene recorrido profesional, suelen emigrar a las grandes capitales, que es donde están las mejores oportunidades. En su región es mucho más complicado encontrar un empleo a la altura de su cualificación, como lo es avanzar en su trayectoria.

Los hijos de las clases medias y medias altas emigran; los de las clases medias bajas y las trabajadoras son los que se quedan

Los jóvenes que se quedan, mayoritariamente, son aquellos que cuentan con credenciales curriculares más escasas, por lo que los empleos a los que pueden optar son aquellos que cuentan con tasas más altas de precariedad y cuyos salarios no son elevados. Por decirlo de otra manera, los hijos de las clases medias y medias altas emigran, mientras que los de las clases medias bajas y los de las trabajadoras son los que suelen quedarse.

Foto: El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. (EFE/Carlos Barba) Opinión

En esa bifurcación yace una consecuencia política. Como explicaba Isabel Morillo, citando a fuentes del PSOE, “los jóvenes que votan a Vox en el entorno rural son los hijos de nuestros votantes”. Quienes carecen de oportunidades y aspiran a un cambio han simpatizado con la derecha extrasistémica. El descontento que en otros tiempos canalizaba la izquierda, ahora ha pasado a la derecha en las localidades pequeñas e intermedias, que son numerosas en Andalucía, así como en el mundo rural. Por otra parte, los jóvenes procedentes de clases medias y medias altas, que podrían ser, por su mentalidad más global, proclives a votar a los socialistas, son los que se han marchado.

2. El cambio de mentalidad en la izquierda

El PSOE andaluz depende mucho del nacional, en la medida en que le ha faltado un liderazgo propio, que solo a última hora ha recaído en Espadas. Y el socialismo de Sánchez dista mucho ideológicamente del viejo PSOE. La socialdemocracia de los ochenta, que tenía líderes sevillanos, construyó su hegemonía a partir de un programa de modernización de España ligado a la redistribución a través de las ayudas públicas. La actual tiene un perfil diferente: su gobierno es la traducción política de los criterios ESG que imperan (discursivamente) en las empresas. Su propósito antes de la pandemia era impulsar el crecimiento a través de la transformación digital, la transición ecológica y la igualdad real entre hombres y mujeres. La pandemia cambió la dirección, pero los fondos europeos, que eran la base de la recuperación antes de la guerra, suponían retomar ese programa, ahora apoyado sustancialmente por el dinero continental.

Las clases altas españolas no creen en el programa de Sánchez, y tampoco las populares, ya que creen que terminarán pagando la factura

El problema de ese programa es que resulta minoritario, en el sentido de que solo las clases diplomadas lo asumen íntegramente como propio. Las clases altas españolas no creen en él, y tampoco las populares, que se perciben como las que finalmente pagarán la factura. Se trata de un programa que funciona bien en las clases creativas, en parte importante del sector funcionarial, jóvenes de grandes urbes y colectivos políticamente comprometidos, pero esos sectores son justamente los minoritarios en Andalucía.

Foto: Juan Espadas y Juan Manuel Moreno, en una imagen de archivo. (EFE/Julio Muñoz)

Además, y no es parte menor, ese programa no supone únicamente la readaptación de la economía, sino que posee una parte importante de cambio de costumbres que choca con un mundo, el andaluz, que tiene su propio microclima cultural, y que es poco favorable a transformaciones sustanciales en ese terreno. La desventaja de la nueva izquierda es grande respecto de una derecha hostil, o muy hostil, con ese tipo de propuestas.

3. La abstención de los pobres

En Andalucía aparece otra variable muy frecuente en la política occidental: las zonas con paro elevado también son las que más se abstienen. Muestran una desconfianza en el sistema que, al menos en teoría, perjudica más a la izquierda, ya que aquellas poblaciones que deberían ser más favorables a encontrar una ayuda en el Estado prestan escasa atención a la política, y menos cuanto más deteriorado está el entorno.

La desconexión de las clases con menos recursos de la participación democrática es una debilidad evidente de las fuerzas de izquierda

Es una tendencia española: en las últimas elecciones generales, la abstención fue del 42% en los barrios con una renta media por debajo de los 20.000 euros, pero solo el 20% de los residentes de las zonas con ingresos superiores a los 50.000 euros dejaron de ir a votar.

Foto: Arrimadas y Marín, en una comparecencia en Cádiz. (EFE/Román Ríos)

Se trata de una constante que conlleva la formulación de preguntas acuciantes para aquellos partidos que tenían en los barrios obreros una fuente de voto. La desconexión de las clases con menos recursos de la participación democrática es una debilidad evidente para las fuerzas de izquierda, y parece que en estas elecciones la reconexión no se producirá. Hay que recordar, además, que Andalucía es una tierra dada a la abstención (41,35% en las últimas de la comunidad), aun cuando tiene un paro elevado y una diferencia notable en recursos con otras zonas de España.

4. El giro en las clases medias altas

Las clases medias altas locales suelen ser favorables a los partidos en el poder, y más en la medida en que se han establecido buenas relaciones con él. Si todo marcha, mejor no hacer cambios. El PSOE se benefició de su apoyo durante muchos años, y con Moreno Bonilla han encajado bien. Pero más allá de estas relaciones coyunturales, también hay corrientes de fondo importantes. Buena parte de esas clases han apostado por el rentismo, por la propiedad inmobiliaria y por la inversión en fondos. Ya no son clases productoras, por lo que les interesa especialmente un programa económico que se centre en el control de la inflación y la rebaja de impuestos, y la derecha se lo promete, aunque sea bastante complicado de cumplir, dadas las circunstancias.

Hay tensión de fondo en los nuevos empresarios entre los ecodigitales y los tecnoliberales

Pero hay otra parte de esas clases que sí ha interiorizado la necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos. Es, por emplear un ejemplo aleatorio, el caso del hijo del cardiólogo de éxito que pone en marcha una startup. Sin embargo, entre ellas hay una tensión de fondo entre los que podrían llamarse los ecodigitales y los tecnoliberales. Mientras que los primeros funcionan mucho mejor en Madrid o Barcelona, los segundos, que asumen el discurso del emprendimiento e intentan aprovechar las oportunidades del mundo digital, tienen una mentalidad que ve mal lo estatal: suele ser poco eficiente, y genera menos soluciones que trabas. Cuanta menos regulación, mejor.

Foto: El líder del PSOE andaluz, Juan Espadas. (EFE/Julio Muñoz)

En el sector emprendedor andaluz, esta visión predomina. Los empresarios a los que admiran, como ocurre también a una parte de las clases populares, no son los de Silicon Valley, sino Amancio Ortega o Juan Roig.

5. Las clases medias precarizadas

Las clases medias que ven perder su poder adquisitivo, algunas de ellas muy precarizadas, van a ser importantes en las elecciones andaluzas, porque son aquellas que suelen ir a votar y en las que el descontento está más presente. Hay sectores entre ellas, además, como el de los pequeños empresarios y los autónomos, que van a verse especialmente afectados por la crisis. Esas clases, sin embargo, como le ocurre a una parte de la mano de obra que emplean, no está canalizando su malestar hacia opciones de izquierda, sino hacia la derecha, y Vox tiene ahí un nicho importante en el que obtener réditos. Estas clases, que tienen su importancia, merecen un comentario más extenso, que será objeto de una reflexión aparte.

De Despeñaperros para abajo, el clima político es diferente. Hubo décadas de gobierno socialista en los que la izquierda marcaba decididamente el paso. Cuando el PSOE carecía de mayoría absoluta, IU venía en su rescate, porque era el tercer partido en voto. En cuatro años, el péndulo parece haberse movido del todo: el PP aparece como fuerza mayoritaria en las encuestas, Vox tiene una relevancia significativa, el PSOE aguanta, pero lejos de la pujanza de los viejos tiempos, y las formaciones a su izquierda aparecen divididas y sin un impulso claro. ¿Cómo es posible que haya cambiado de una manera tan sustancial el humor político andaluz?

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