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La crisis del campo se agudiza en la cuenca del Ebro: sin obras ni regadío contra la sequía
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Denuncia de los agricultores

La crisis del campo se agudiza en la cuenca del Ebro: sin obras ni regadío contra la sequía

Los productores de Aragón rechazan el plan hidrológico de la cuenca del Ebro que promueve la ministra Teresa Ribera por suprimir 30 obras hidráulicas y 34.000 hectáreas de regadío

Foto: Un campo de regadío, en la comarca de las Cinco Villas. (Cedida)
Un campo de regadío, en la comarca de las Cinco Villas. (Cedida)

El nuevo plan hidrológico de la cuenca del río Ebro deja en la estacada al campo aragonés que más está sufriendo las consecuencias del cambio climático. Sin mejoras sustanciales en la modernización de los regadíos y sin ninguna nueva obra hidráulica, los agricultores ponen el grito en el cielo por dejar fuera proyectos fundamentales. El texto aprobado, que tiene una validez hasta 2027, salió adelante con una división desconocida hasta la fecha entre los productores, la Confederación Hidrográfica del Ebro y el propio Ministerio de Transición Ecológica, con 41 votos a favor, 30 abstenciones y nueve en contra. La situación es límite.

La limitación de obras hidráulicas tiene una consecuencia final, ya que sin regular la estacionalidad de las lluvias o del régimen natural del río, solo se podrá cultivar en secano o en regadío con métodos muy primarios. Esto, a la larga, disminuye la capacidad productiva de estas comarcas y provoca el abandono del campo. Con las cifras en la mano, se vislumbra una situación crítica. En estos momentos, más del 50% del campo de cultivo está en sequía severa y las cifras aumentarán en los próximos años. Sin actuaciones, los 25.000 hm³ de aportación natural en promedio por lluvias y deshielos que tiene el Ebro se desaprovecharán.

placeholder Las obras del recrecimiento del embalse de Yesa están cerca de concluir. (Cedida)
Las obras del recrecimiento del embalse de Yesa están cerca de concluir. (Cedida)

La situación se agrava aún más por la realidad con la que conviven cada día los agricultores: la falta de precipitaciones o las lluvias torrenciales están generando un agujero económico en las zonas que más sufren la despoblación. Junto a ello, la situación precaria del campo por la subida de los hidrocarburos, la elevada tasa de inflación o la ruina de producir a perdidas es la puntilla a su endeble situación.

Sin regulación ni mejora de regadíos

Los regantes de Aragón no respaldan el plan hidrológico de la cuenca del Ebro, a pesar de decantar su voto en bloque hacia la abstención. Su rechazo se basa en la limitación de obras hidráulicas y la falta de financiación para mejorar los regadíos. En total, son 30 actuaciones (mini embalses o manchas de regadío) y 34.000 hectáreas que se suprimen del plan. Del total de regadíos en Aragón, que son cerca de 400.000 hectáreas, hasta el 70% depende de la producción agrícola en una superficie de dos millones de hectáreas cultivadas.

placeholder El embalse de Almudévar, contemplado como una infraestructura esencial en los riegos aragoneses. (Sacyr)
El embalse de Almudévar, contemplado como una infraestructura esencial en los riegos aragoneses. (Sacyr)

"Es un plan que nunca nos gustó y tiene cambios muy significativos y donde se excluyen obras pactadas desde hace décadas", explica a El Confidencial el presidente de Riegos del Alto Aragón, César Trillo. No comprende que no se incluya terminar el pantano de Monegros II en una comarca tan seca o que no se incremente la regulación del río Gállego. Fuentes del sector consultadas por este diario insisten en que "no se puede ordenar la cuenca del Ebro con criterios de cuenca mediterránea", debido a que esta tiene una aportación en régimen natural de 127.000 hm³ por lluvias o deshielos. Y de esta ingente cantidad de agua, a día de hoy, solo se aprovecha el 20%. “Se necesita más regulación y no la limitación de obras hidráulicas, como recoge el plan actual del Ebro”, añaden.

Las mismas fuentes determinan que después de los grandes embalses, como Almudévar, Yesa, Mularroya o Santolea, la siguiente asignatura era la realización de obras pequeñas de regulación de derivación para tener más capacidad de almacenamiento. Tras la votación y la crítica aireada de los regantes, desde la Confederación Hidrográfica del Ebro y el Ministerio de Transición Ecológica se aludió a que solo quedan recogidas en el plan del Ebro 2021-2027 las obras con concesión de caudal o que tengan consignación presupuestaria.

placeholder La construcción del embalse de Almudévar se estima para finales de 2023. (Sacyr)
La construcción del embalse de Almudévar se estima para finales de 2023. (Sacyr)

Por ello, se deniegan todas las propuestas de pequeños municipios del Alto Aragón. Desde el sindicato UAGA apuntan a que el plan es “negativo” porque las comarcas con más carencias hídricas “sufrirán la reducción de aportaciones de sus ríos y al final penalizará la instalación de una granja o de regadíos en sus zonas”.

El regadío siempre ha determinado la movilidad y el desarrollo de la población. Entre las tierras donde se producía secano o en aquellas donde había agua canalizada para cultivo de regadío, la diferencia económica era abismal. De hecho, los grandes sistemas de canalización y riego construidos en Aragón en las últimas décadas han evitado que parte del territorio fuera un erial. Según las fuentes del sector, este plan supone un recorte de la mayor parte de las obras del Pacto del Agua, uno de los consensos más aplaudidos para gestionar los recursos hídricos en la comunidad.

División en la política

La controversia sobre el plan del Ebro aprobado es tal, que hasta el propio Gobierno de Aragón tuvo que modificar su voto. Primero estuvo a favor y después, al ver el rechazo mayoritario de los regantes, planteó una posición particular pidiendo más regadíos. Tras este movimiento, el Ejecutivo arañó 9.000 hectáreas de regadío más.

placeholder El consejero de Agricultura del Gobierno aragonés, Joaquín Olona. (Gobierno de Aragón)
El consejero de Agricultura del Gobierno aragonés, Joaquín Olona. (Gobierno de Aragón)

El presidente del PP-Aragón y alcalde de Zaragoza, Jorge Azcón, considera que se ha menospreciado a la región frente a Cataluña y Navarra, porque en estas autonomías se mantiene el mismo volumen de hectáreas de regadío. El presidente aragonés, Javier Lambán, afirmó a preguntas parlamentarias que el 61% de todo el regadío programado en el Ebro corresponde a Aragón y por ello “el plan es realista y positivo para el territorio”. A pesar del recorte de hectáreas, el líder socialista sentenció: “No somos conformistas cuando Aragón cuenta con 38.000 hectáreas de regadíos, Cataluña con 13.000 y Navarra con 9.000”.

En el seno del Gobierno autonómico, que cuenta con cuatro partidos políticos distintos (PSOE, Podemos, Chunta Aragonesista y PAR) y donde el debate sobre el agua siempre genera discrepancias, las espadas están en lo alto. El voto contrario de Podemos al plan abrió una pequeña grieta en el cuatripartito. Según la formación morada, “hacen falta inversiones pensando en 2050, y no en 1960, para afrontar los retos del cambio climático”.

El nuevo plan hidrológico de la cuenca del río Ebro deja en la estacada al campo aragonés que más está sufriendo las consecuencias del cambio climático. Sin mejoras sustanciales en la modernización de los regadíos y sin ninguna nueva obra hidráulica, los agricultores ponen el grito en el cielo por dejar fuera proyectos fundamentales. El texto aprobado, que tiene una validez hasta 2027, salió adelante con una división desconocida hasta la fecha entre los productores, la Confederación Hidrográfica del Ebro y el propio Ministerio de Transición Ecológica, con 41 votos a favor, 30 abstenciones y nueve en contra. La situación es límite.

Río Ebro Ministerio de Transición Ecológica
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