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La excepcionalidad española: por qué nunca volveremos a tener dos hijos (y no pasa nada)
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La excepcionalidad española: por qué nunca volveremos a tener dos hijos (y no pasa nada)

¿No queremos tener hijos o no podemos? Hablamos con los profesores Alberto del Rey y Marta Séiz para entender cómo han cambiado nuestras costumbres en las últimas décadas

Foto: Marta Séiz y Alberto del Rey. (Fotos cedidas)
Marta Séiz y Alberto del Rey. (Fotos cedidas)

La tasa de fecundidad española se encontraba en 1,24 hijos por mujer en 2019, cuando en 1975 era de 2,8. El número será menor en los próximos años, pues la pandemia, como en su día ocurrió con la crisis de 2008, ha provocado aún menos nacimientos. Este dato, a simple vista negativo, dice mucho más de lo que parece acerca de los españoles. Acerca de sus familias, de sus costumbres, del mercado laboral, de las relaciones entre hombres y mujeres y, sobre todo, de nuestras expectativas vitales.

El último número de la 'Revista Española de Sociología' (RES) dedica un monográfico a la evolución demográfica de nuestro país, en el que se analiza de manera longitudinal (a lo largo del tiempo) los cambios que se han producido en España en las últimas décadas. Entrevistamos a dos de los autores de los estudios relacionados con natalidad para que nos expliquen qué hay detrás del grosero número y qué podemos esperar en el futuro. No todo es tan sencillo como parece a simple vista.

La excepción española en Europa

En ‘Transiciones a la maternidad a través de las generaciones. Factores causales del nacimiento del primer hijo en España’, Alberto del Rey, Rafael Grande y Jesús García-Gómez analizan las razones por las que las mujeres tienen (o no) su primer hijo, comparando las generaciones nacidas en las décadas de 1960, 1970 y 1980. La gran diferencia no es tanto generacional como que depende de la situación de las mujeres; de si tienen estudios, trabajan o provienen de otro país.

"Tener un buen puesto de trabajo es el mayor depresor de la natalidad"

Hablamos con Del Rey, catedrático de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Salamanca, para que nos explique qué españolas y por qué deciden tener hijos y por qué resultamos excepcionales en el mapa europeo.

PREGUNTA. ¿Cómo ha cambiado la maternidad entre las tres generaciones que analizáis?

RESPUESTA. El principal cambio tiene que ver con las características de las mujeres. Si te digo la verdad, pensamos que íbamos a encontrar más cambios entre generaciones y pensábamos que cada vez menos mujeres tendrían, que los tendrían más tarde… Pero no. Lo que sí hemos visto es que las variables que ya en el pasado condicionaban el hecho de ser o no ser madre tienen más importancia que antes. Sobre todo, la educación y el acceso al mercado de trabajo. Ya sabíamos que, en el pasado, entre las mujeres más educadas y que más participaban en el mercado de trabajo asalariado solía haber un mayor porcentaje que no tenían hijos, o los tenían más tarde. Esto hoy en día es mucho más fuerte.

En el pasado, el hecho de trabajar o no trabajar era lo distintivo. Hoy, la mayor parte de mujeres trabajan, así que lo importante son las condiciones. Tener puestos de trabajo relativamente buenos, con una carrera prometedora, es un gran depresor del paso a la maternidad. Es algo que tiene que ver con la realidad española y la dificultad de combinar la vida laboral con la familiar.

P. Un dato interesante es que no solo las mujeres con estudios tienen más posibilidades de no tener hijos que antes, sino que las mujeres sin estudios tienen más posibilidades de tener hijos. La brecha se amplía.

R. Las mujeres sin estudios siguen teniendo más hijos, pero empieza a ser problemático. En el pasado, las mujeres sin estudios decidían entre el trabajo o asumir como su función fundamental tener hijos, cuidar del hogar y demás. Hoy no, porque lo que tiene más peso a la hora de ser madre es disponer de recursos económicos. Antes, la gente no lo pensaba tanto, hoy en día es un paso más meditado.

Foto: La tarta de una no boda. (iStock)

P. El estudio señala algo importante: en la mayoría de países europeos hay una relación positiva entre la participación en el mercado laboral y la fecundidad. En España es al contrario, ¿por qué?

R. Creo que tiene que ver con el nivel de bienestar de esos países y con lo que se llama “países de fecundidad inversa”: los mayores niveles de bienestar hoy van asociados a tener más hijos, como ocurre en el norte de Europa. Pero es que, además del bienestar, tienen otro elemento que son las políticas de apoyo a la conciliación de la vida familiar. En España, una mujer con estudios e hijos va a tener problemas para combinarlos con su trabajo. En el norte, tienen medidas como que el tiempo del permiso de paternidad o maternidad es mucho más largo o las empresas facilitan mucho la conciliación laboral.

P. España es, además, uno de los países con un porcentaje más alto de madres después de los 40. Un 6,6%.

R. No solo de Europa, sino del mundo. Solemos estar ahí ahí con Italia. Tiene que ver con lo que decíamos de las políticas públicas. Algo fundamental para ser madre es el acceso a la vivienda, que es mucho más difícil. La emancipación de los jóvenes es mucho más tardía. Hay una serie de incertidumbres que llevan a que la gente postergue tener hijos. Seguimos siendo una sociedad donde queremos una vivienda y la queremos en propiedad desde jovencitos, y eso no sucede en otros países. Desde los años 80, el acceso a la vivienda en España es cada vez más difícil.

placeholder Un padre y su hijo en las escaleras de la catedral de Girona. (Reuters/Gustau Nacarino)
Un padre y su hijo en las escaleras de la catedral de Girona. (Reuters/Gustau Nacarino)

También hay un tema cultural en que seamos una sociedad en la que, si alguien tiene hijos por encima de los 35 años, no nos parece extraño. Incluso culturalmente ya se admite que alguien con una hipoteca siga viviendo con sus padres. Esto sorprende mucho en el exterior, un sueco a los 20 se quiere ir de casa de sus padres. Todo eso lleva a que se retrase mucho el momento de tener hijos.

P. Otra conclusión interesante es que las mujeres inmigrantes eran antes más parecidas culturalmente a las españolas, y ahora lo son mucho menos. ¿Se debe a una mayor variedad en sus países de origen?

R. Hay un elemento importante que es que los inmigrantes de las primeras cohortes no son los de las últimas, de más bajo perfil socioeconómico. En el pasado eran latinoamericanos de clases medias y altas, que vinieron durante los 70 de países en dificultades económicas como Argentina, Brasil o Chile. Ahora, tenemos un perfil socioeconómico más variado, con un mayor peso de los inmigrantes procedentes de países menos desarrollados, que vienen con una idea del paso a la maternidad bastante distinta a la nuestra. Mientras en el pasado no había diferencias, hoy mayoritariamente los inmigrantes sí que tienen hijos más pronto y están menos restringidos por los aspectos culturales que los españoles.

P. Una de las frases más escuchadas entre las generaciones más jóvenes es que no han tenido hijos porque no pueden. Pero no es tan sencillo, ¿verdad?

R. Hoy en día disponemos de más recursos que en el pasado, no es la única explicación. Hay un factor fundamental en las generaciones más recientes a partir de los 90 que es lo que se conoce como la famosa Segunda Transición Demográfica, que tiene que ver con que hoy en día priman más los aspectos relacionados con la autorrealización que antes, cuando culturalmente había una trayectoria muy definida: estudias o te pones a trabajar, te casas, tienes hijos y ya. La Segunda Transición Demográfica dice que se empiezan a valorar otros aspectos, que uno puede querer hijos en una parte de su vida y en otra no.

"Es una tontería esperar que la fecundidad aumente a los dos hijos, eso no pasa"

En el pasado, no tener hijos se veía mal, hoy no pasa nada. A veces se mezcla con la idea de que en el pasado los trabajos eran más estables. Pero eso es para algunos, pero para otros no. En España, se ha demostrado que algunas parejas de clase media con trabajos estables no tienen hijos porque tienen otras prioridades, y no pasa nada. Tenemos otras prioridades, y esto se da entre la gente de mayor nivel educativo. España es el primer o segundo país de Europa donde la gente no tiene hijos tras pasar todo su periodo reproductivo, hacia los 40-45 años. ¿Es que hasta esa edad la gente no tiene condiciones para tener hijos? Pues a lo mejor no hemos tenido las condiciones hasta más tarde, pero tal vez lo que pasa es que no quieren tener hijos y ya está.

P. Se tiende a ver la caída de natalidad como alto negativo, cuando en realidad lo que sugiere es que se han producido otros avances, como un mayor nivel educativo entre las mujeres. Quizá no sea una mala noticia.

R. Es que no creo que sea una mala noticia. La mala noticia en España es que en todos los estudios sale que la fecundidad no realizada es una de las más altas del mundo, es decir, hay mucha gente que querría haber tenido hijos, o un segundo o un tercer hijo, y no los ha podido tener, porque no ha tenido las condiciones: una pareja estable, un trabajo… Si tenemos una baja fecundidad porque queremos no es ningún problema.

Más del 60% de los que no han tenido hijos a los 45 años dicen que les habría gustado, y ese es el problema. Pero esa idea de que porque no tenemos hijos vivimos peor es mentira. Vivimos muchos más años. Cuando se habla de envejecimiento... ¡el envejecimiento es un éxito, hemos conseguido que la gente viva más años! Hay que ver otras implicaciones, pero no se debe ver como algo malo que tengamos pocos hijos si es lo que queremos. En el pasado también teníamos cinco hijos y el problema era que teníamos más hijos de lo que queríamos.

P. ¿Hacia qué futuro señala esta tendencia?

R. Creo que a una estabilidad. Hay un elemento en el que los demógrafos tenemos esperanzas y es que se diseñen políticas públicas pensando en la realidad y no como fuegos de artificio. Nadie en demografía, porque no se conoce ningún estudio, espera que la fecundidad aumente hasta los dos hijos. Eso es una tontería porque no ocurre en ninguna parte del mundo y la gente, como mucho, va a tener los hijos que quiere tener.

Si hacemos políticas públicas que faciliten la emancipación de los jóvenes, el acceso al mercado de trabajo o mejores condiciones laborales, conseguiremos que esos jóvenes que en algún momento de su vida pensaban tener hijos puedan tenerlos. Es decir, que alguien que tiene pareja a los 20 decida tener hijos sin preocuparse por tener casa o trabajo, como en Francia, donde es muy fácil conseguir una vivienda para las parejas jóvenes con hijos.

placeholder Una niña empuja un perro en un carrito tras ser bendecido por un sacerdote en Benalmádena (Málaga). (Reuters/Jon Nazca)
Una niña empuja un perro en un carrito tras ser bendecido por un sacerdote en Benalmádena (Málaga). (Reuters/Jon Nazca)

Si hay políticas públicas podremos recuperar una parte de fecundidad. Ahora estamos bajos, en 1,1, 1,3, ojalá estuviésemos en 1,5 o 1,6. Estaríamos por debajo del nivel de reemplazo, pero, si en lugar de 300.000 nacimientos tuviésemos 400.000, es un cambio importante. Dependemos mucho del aporte migratorio. Pero que vengan más no quiere decir que haya más nacimientos, porque los procedentes del Cono Sur no tienen más hijos que los españoles; los que vienen de África, como los subsaharianos, sí. Las políticas públicas y migratorias son los dos elementos que van a definir la evolución de los nacimientos.

Nuevos valores

No es solo lo que hacemos, sino también las ideas y valores que mantenemos sobre lo que hacemos. En ‘La evolución de las normas sociales relativas a las transiciones familiares en España’, Marta Séiz, Teresa Castro, Julia Cordero y Teresa Martín analizan cómo han cambiado las actitudes de la población respecto a la cohabitación, el matrimonio y los hijos. En apenas 10 años, entre la cohorte 2006/2007 y 2018/9, mucho más de lo que podríamos esperar.

Hablamos con Séiz, investigadora Juan de la Cierva en el Departamento de Sociología II (Estructura Social) de la UNED, sobre la pregunta del millón: ¿hacemos lo que deseamos o terminamos deseando lo que no nos queda otra que hacer?

PREGUNTA. ¿Cuáles son las principales diferencias entre las generaciones que analizasteis?

RESPUESTA. Nuestro propósito era ver si las transformaciones tan profundas que se han producido en cuanto a comportamientos demográficos en las últimas décadas en España tenían una correspondencia en un cambio de valores. Lo que encontramos es que sí. Por un lado, ha aumentado la edad media que las personas declaran como ideal para la consecución de distintos hilos familiares como la cohabitación, el matrimonio o el primer hijo. También detectamos una creciente aceptación de formas familiares y secuencias no tradicionales. Se ha producido un cambio generacional, sobre todo en el caso de las mujeres.

"Hay un mayor cambio en lo que se espera de una mujer que en los hombres"

P. En el estudio, recalcan que son las mujeres con estudios las que han liderado este cambio de valores.

R. Las mujeres han experimentado en las últimas décadas transformaciones muy importantes en su curso de vida. Por un lado, su trayectoria educativa se ha prolongado de una forma muy evidente. Ahora las mujeres con estudios universitarios superan ampliamente a los hombres y han entrado de forma generalizada en el mercado laboral. La mayoría trabajan a tiempo completo. Si estas mujeres son las que protagonizan este cambio actitudinal es porque sus cursos de vida y sus aspiraciones ya no son las mismas que las de las mujeres de hace dos o tres décadas.

También hay que decir que la socialización de hombres y mujeres es diferente y las normas sociales a las que se enfrentan las mujeres han cambiado más. Hay un mayor cambio en lo que se espera de una mujer hoy que respecto a lo que se espera de los hombres, que han experimentado un cambio menor.

P. Se ha incrementado la media de edad a la que se considera ideal casarse, tener hijos, cohabitar… Pero en lo que más ha aumentado es en el matrimonio, lo cual dice mucho acerca de cómo nos planteamos nuestras vidas amorosas, ¿verdad?

R. Hay que tener en cuenta que la cohabitación está cada vez más presente de forma generalizada, porque aparece en todos los estratos sociales. Es más común como forma de entrada a la vida en pareja que el matrimonio. Probablemente, el cambio tiene que ver con eso, la gente a veces ni siquiera se pasa al matrimonio, que se ve más como una forma de consolidación de pareja para unos grupos de población más específicos.

placeholder Una mujer participa en una ceremonia de automatrimonio. (Reuters/Vincent West)
Una mujer participa en una ceremonia de automatrimonio. (Reuters/Vincent West)

El matrimonio está en franco declive. Hay una caída constante de año en año a lo largo de la pasada década en lo que respecta al número de matrimonios. Ya no tiene el mismo significado que antes. Era el hito por excelencia de formación de pareja, ahora ya no lo es.

P. Hay un porcentaje bastante alto de españoles que considera que, directamente, no hay una edad ideal para estos hitos.

R. Hay una teoría, la de la Segunda Transición Demográfica, que dice que hay una flexibilización tan grande de las normas sociales tradicionales que los individuos priman sus intereses individuales, su curso de vida propio, por lo que no hay una etapa ideal para la consecución de un hito vital, sino que este tiene que darse en función de las circunstancias y preferencias de cada uno. Los ideales normativos son cada vez menos rígidos y tienen una influencia menos evidente en los comportamientos sociales.

P. Se tiende a pensar que todos estos retrasos en los hitos, como postergar tener hijos, son negativos. Pero no tiene por qué ser así.

R. Hay que tener cuidado para no poner demasiado foco en una dimensión o en la otra, porque las dos están presentes: es verdad que desde los medios se hace mucho hincapié en las dificultades estructurales para que las parejas puedan llevar a cabo sus deseos familiares. Desde luego que los condicionantes estructurales están ahí y está constatado empíricamente. Pero es verdad que también hay un porcentaje de individuos que preferirían tener unos cursos de vida diferentes a los que se tenían hace una generación. Las dos están presentes y hay que tener cuidado de no hacer hincapié sobre uno solo. Porque también ocurre lo contrario, se habla de la baja natalidad como si fuese una cuestión de que las mujeres no quieren tener hijos porque priman sus necesidades de autorrealización.

"Las preferencias de los individuos se adaptan a los condicionantes que encuentran"

Los dos coexisten, pero el peso de los condicionantes estructurales sigue siendo muy alto especialmente en lo que respecta a fecundidad, porque en el estudio encontramos que la edad ideal para la transición a la maternidad sigue siendo más baja que la real. Eso quiere decir que hay unos condicionantes que impiden a muchas mujeres y muchos hombres llevar a cabo sus deseos reproductivos en el momento en el que se lo plantearían. La emancipación familiar, abandonar el hogar de origen son condicionantes que pesan mucho porque tenemos un mercado laboral en el que la precariedad es la tónica y la conciliación es muy complicada.

P. Es la pregunta del huevo o la gallina: ¿es este cambio de valores adaptativo, es decir, cambiamos nuestras ideas sobre la familia respecto a lo que podemos permitirnos?

R. Sí, así es. Hay una teoría sociológica que se llama la teoría de las preferencias que dice justamente eso, que es difícil desentrañar la causalidad, dónde está el origen de un fenómeno, porque las preferencias de los individuos se van adaptando a los condicionantes que encuentran a lo largo de su vida. Es muy difícil separar qué viene antes. Normalmente, las transformaciones se dan en paralelo.

P. No tener descendencia está ahora muy aceptado, algo que habría sido impensable hace décadas.

R. Ese cambio de valores viene del cambio de roles de lo aceptable para hombres y especialmente mujeres. Hace tan solo unas generaciones, para las mujeres lo aceptable desde un punto de vista normativo era casarse a una edad relativamente temprana y tener hijos. Esto ya no es así. La participación de las mujeres en el mercado laboral a tiempo completo está generalizada, por lo que es más fácil que aumente la aceptación social de diferentes comportamientos reproductivos.

Foto: 'Bueno, ¿y vosotros para cuándo?'. (Reuters/Valentyn Ogirenko) Opinión

P. ¿Hacia qué clase de futuro señala esta tendencia?

R. A corto y medio plazo, por lo que parece por los datos nuevos que van saliendo, seguiremos en una progresión de las tendencias que hemos visto durante la última década. Tras la crisis económica de 2008, hubo una caída fuerte de la natalidad, que ya venía siendo baja en España en comparación con otros países. A raíz de la crisis del covid-19, también ha seguido cayendo y no parece que remonte mucho, porque los condicionantes estructurales siguen ahí. Seguimos teniendo un mercado laboral que no facilita la formación familiar a edades tempranas, y unas dificultades de conciliación que dificultan que las personas puedan tener los hijos que desean cuando lo desean.

La tasa de fecundidad española se encontraba en 1,24 hijos por mujer en 2019, cuando en 1975 era de 2,8. El número será menor en los próximos años, pues la pandemia, como en su día ocurrió con la crisis de 2008, ha provocado aún menos nacimientos. Este dato, a simple vista negativo, dice mucho más de lo que parece acerca de los españoles. Acerca de sus familias, de sus costumbres, del mercado laboral, de las relaciones entre hombres y mujeres y, sobre todo, de nuestras expectativas vitales.

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