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Por qué la política española no permite un Macron ni un Mélenchon
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Diferencias y similitudes

Por qué la política española no permite un Macron ni un Mélenchon

Expertos en política internacional analizan por qué ninguno de los dos dirigentes franceses es análogo al caso español, sobre todo a Cs y Podemos, con la fortaleza de PP y PSOE como causa principal

Foto: Carteles electorales, con Jean-Luc Mélenchon, Emmanuel Macron y Marine Le Pen. (Reuters/Benoit Tessier)
Carteles electorales, con Jean-Luc Mélenchon, Emmanuel Macron y Marine Le Pen. (Reuters/Benoit Tessier)

Emmanuel Macron y Jean-Luc Mélenchon son la envidia de Ciudadanos y de Unidas Podemos. Y seguirán siéndolo, porque en su conquista de amplias capas del electorado francés han encontrado facilidades y huecos providenciales allí donde sus admiradores españoles se han topado con una sucesión de obstáculos, empezando por la resistencia de PP y PSOE y siguiendo por el desgaste del poder y de la compleja política de alianzas al sur de los Pirineos.

“Con un 22%, la potencia de Mélenchon y La France Insoumise ilusiona a todo el continente y es el referente transformador, ecologista, feminista y de izquierdas en el país vecino”, escribió Pablo Echenique para congratularse por el resultado del candidato de la izquierda radical francesa, que se quedó a 1,2 puntos de Marine Le Pen, rival de Macron en la segunda vuelta el próximo 24 de abril. Al portavoz parlamentario de Unidas Podemos no le faltan razones para mirar con una mezcla de admiración y celos a Mélenchon, promotor de una corriente radical desde que rompió con el Partido Socialista francés en 2008.

A sus 70 años, Mélenchon, diputado en la Asamblea Nacional saliente, consiguió erigirse en el voto útil de la izquierda francesa frente a un presidente-candidato vapuleado por cinco crisis de gran calado: los chalecos amarillos, el caso Benalla, la aplazada reforma de las pensiones, la pandemia y ahora los efectos de la guerra de Ucrania, con una inflación del 5%. Su tercera plaza este domingo se debe a méritos propios: retórica potente, propuestas radicales como la de rebajar la edad de jubilación a 60 años (en lugar de los 65 que propugna Macron), la buena conexión con el electorado joven y su novedosa comunicación, con sus mítines simultáneos en varias ciudades del país mediante tecnología holográfica.

Pero allí donde Podemos y Pablo Iglesias se toparon con un PSOE resistente al que nunca lograron rebasar, el candidato de La Francia Insumisa se benefició del derrumbe del Partido Socialista ya en el año 2017, cuando su candidato Benoît Hamon cosechó un exiguo 6,36% en la primera vuelta de las presidenciales. Un fiasco histórico, justo al final del mandato del socialista François Hollande, antes de que Anne Hidalgo se encargara este domingo de firmar el acta de defunción del PS francés, con su 1,75% de votos.

"El PS no ha sabido cultivar a los jóvenes, ha descuidado la cuestión ecologista y ha tenido un proceso difícil en la elección de Hidalgo"

La debacle era desde hace meses una certeza entre la opinión pública y en las propias filas socialistas, como quedó claro en la cena que Hidalgo celebró la semana pasada en París con Hollande y la exministra Martine Aubry, artífice de la semana laboral de 35 horas. Una cena a la que no fue invitado el líder del PS, Olivier Faure, y en la que se planteó abiertamente la refundación del partido y la incorporación a este de ecologistas y figuras de la izquierda radical. Una capitulación en toda regla, asumida días antes de la primera vuelta de los comicios.

“Un sector del electorado del PS, al ver que el partido estaba en respiración asistida, optó ya por Macron en 2017. En esta ocasión, el candidato ecologista Yannick Jadot ha hecho también daño, y ha recogido mucho antiguo voto socialista. El PS no ha sabido cultivar a los jóvenes, ha descuidado la cuestión ecologista y ha tenido un proceso difícil en la elección de Hidalgo”, con la sombra de figuras socialistas como Arnaud Montebourg y Christiane Taubira, explica a este periódico Fernando Vallespín, catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid y expresidente del CIS.

"En España, el centro liberal ha intentado competir con unos partidos tradicionales debilitados, pero todavía muy fuertes"

A esto se suman dos factores que han alimentado el perfil de 'rebelde' de Mélenchon. El primero, por contraposición, es el perfil de Hidalgo, alcaldesa de París desde 2014 y muy identificada en la percepción pública con un territorio que por su riqueza económica y su primacía política es una isla dentro de Francia. “Es muy difícil un voto contestatario en la persona de alguien que tiene un puesto institucional como es el de alcaldesa de París. Anne Hidalgo nunca tuvo expectativas relevantes”, indica a El Confidencial Astrid Barrio, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de Valencia. En segundo lugar, “aquí Podemos ha tenido que confrontarse a la prueba del poder, mientras que en Francia esa prueba del poder no ha existido” para La Francia Insumisa, que de esta forma ha podido capitalizar el descontento sin contaminarse de la fatiga y los compromisos que suponen la gestión del día a día.

Macron, doblemente ganador

Y si Macron debe parte de su éxito al derrumbe socialista en 2017, también se lo debe a la debacle simétrica del centro derecha tradicional, que aquel año se quedó fuera de la segunda vuelta de las presidenciales (François Fillon quedó tercero), y este pasado domingo no llegó ni al 5% con Valérie Pécresse. Una doble fórmula ganadora para Macron, y en términos comparativos, una diferencia fundamental con el panorama al que se enfrentó Ciudadanos en su afán por ser la primera fuerza del centro derecha español.

Foto: Marine Le Pen y Emmanuel Macron. (Reuters)
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Á. F. Cruz. París L. Proto Gráficos: Darío Ojeda Gráficos: Marta Ley

“En España, el centro liberal ha intentado competir con unos partidos tradicionales debilitados, pero todavía muy fuertes. Cs siempre ha visto su espacio achicado por unos y otros. En un sistema como el nuestro, es mucho más difícil emerger”, añade Barrio. Lo contrario de lo que se encontró Emmanuel Macron desde 2017, cuando su recién creado movimiento La República En Marcha pudo ocupar todo el espacio que dejaron libre el derrumbe del PS y la decadencia del centro derecha clásico heredero de Chirac y Sarkozy.

Vallespín cree también que el fracaso de un proyecto como Ciudadanos se debe a razones históricas profundas. “En Francia hay una mayor tradición liberal que en España. Aquí, la derecha ha sido fundamentalmente conservadora, pero allí hay un liberalismo más convencional, un liberalismo no conservador, progresista en temas de valores, que compite bien con el PS”, declara Barrio, en alusión a Macron.

Foto: El presidente francés, Emmanuel Macron, al comparecer tras conocer los resultados. (Reuters/Benoit Tessier)

Aunque la propia arquitectura de las elecciones también explica en buena medida las divergencias entre ambos países, incide Diego López Garrido, vicepresidente de la Fundación Alternativas y secretario de Estado para la UE en el segundo Gobierno de Zapatero. “El sistema electoral francés de votación a doble vuelta obliga a concentrar los votos en una persona. El voto útil se exacerba. En estas elecciones se polariza muchísimo todo, y la gente se dice: ¿quién quiero que vaya a la segunda vuelta?”.

"En estas elecciones se polariza muchísimo todo y la gente se dice: ¿quién quiero que vaya a la segunda vuelta?", expone Diego López Garrido

Un sistema que favorece a quienes traen viento de cola, Macron y Mélenchon en este caso, que según López Garrido han aglutinado respectivamente el voto europeísta y el voto de la izquierda contestataria. Con un añadido para el ganador, el del calendario electoral, y es que la celebración de las legislativas un mes después de las presidenciales permite al flamante elegido aprovechar la inercia y extender su poder a la Cámara.

Foto: Marine Le Pen, candidata a la presidencia de Francia. (Reuters/Albert Gea)

Un esquema semipresidencialista y tendente a la concentración de poder, situado en las antípodas de las elecciones legislativas celebradas en España desde 2015, en las que la fragmentación resultante ha obligado a negociar gobiernos de coalición y decantarse por unos socios o por otros. Un ejercicio especialmente delicado para Ciudadanos, que lo gestionó pactando tanto con el PSOE como con el PP, y en esto se topó con otra particularidad española: la de los vetos cruzados, ese fenómeno por el que Unidas Podemos le negó a Albert Rivera en 2019 la posibilidad de ser el vicepresidente de Pedro Sánchez.

Así las cosas, la simetría más razonable hasta la fecha se ha dado en la extrema derecha y su crecimiento a ambos lados de los Pirineos, lejos de las altas responsabilidades de poder. Un ciclo que terminó este lunes para Vox con su entrada en el Gobierno autonómico de Castilla y León, cosa que los de Marine Le Pen no han logrado en 50 años de historia, gobernar ni cogobernar siquiera una región de Francia, frenados como se han visto siempre por las alianzas en su contra en la segunda vuelta de las votaciones. “En Francia —apostilla López Garrido—, el doble voto facilita aislar a la extrema derecha. Y ese sistema de doble voto va contra la fragmentación”.

Emmanuel Macron y Jean-Luc Mélenchon son la envidia de Ciudadanos y de Unidas Podemos. Y seguirán siéndolo, porque en su conquista de amplias capas del electorado francés han encontrado facilidades y huecos providenciales allí donde sus admiradores españoles se han topado con una sucesión de obstáculos, empezando por la resistencia de PP y PSOE y siguiendo por el desgaste del poder y de la compleja política de alianzas al sur de los Pirineos.

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