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Vox reta a Feijóo a "quitarse complejos" y gobernar juntos en toda España
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PIDE ABRIR UNA "NUEVA ETAPA"

Vox reta a Feijóo a "quitarse complejos" y gobernar juntos en toda España

El partido pide al nuevo presidente del PP "naturalizar" una suma como la de Mañueco y García-Gallardo en la Junta de Castilla y León. El líder de la oposición enfría el pacto, pero no lo rehúye

Foto: El líder de Vox, Santiago Abascal, en el debate de investidura de Alfonso Fernández Mañueco. (EFE/Nacho Gallego)
El líder de Vox, Santiago Abascal, en el debate de investidura de Alfonso Fernández Mañueco. (EFE/Nacho Gallego)
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El PP no ha logrado diluir el impacto de la alianza con Vox en Castilla y León en el futuro inmediato de Alberto Núñez Feijóo. Durante su etapa como presidente 'in pectore' del partido, el líder gallego instó a acelerar los trámites de la investidura de Alfonso Fernández Mañueco para no sentar un precedente en su política de pactos. Pero la tensión y la incertidumbre acompañaron en todo momento al primer acuerdo de gobierno entre PP y Vox. Los plazos se dilataron. Y el 'sí quiero' del barón popular a la formación situada a su derecha llegó con la mudanza en la séptima planta de Génova ya completada. Ahora, mientras Feijóo mantiene las distancias con Santiago Abascal, este busca una fotografía que podría llegar en los próximos días. Está decidido a expandir el vínculo en las Cortes, que cuenta con su firma y sello, al resto de España y apela directamente a Feijóo a subir sin miedo a ese barco. "Tiene que quitarse los complejos", demandan diferentes voces de Vox.

La resaca de la primera vuelta de las presidenciales francesas, que enfrentará a Emmanuel Macron con la ultraderechista Marine Le Pen, ha dejado notables contradicciones en el espectro conservador español. Así, mientras Elías Bendodo reivindicaba desde su nuevo puesto en la sede de Génova que el PP "se identifica plenamente" con el partido del líder centrista, Santiago Abascal solicitaba el voto para Agrupación Nacional a través de redes sociales. En paralelo, PP y Vox se repartían sillones en las Cortes de Castilla y León, que fueron testigo este lunes del primer gran pacto entre ambas fuerzas. La formación situada a la derecha de los populares se ha propuesto lograr que la 'alianza de Valladolid' no sea el final, sino solo el principio, de una "nueva etapa", cuya primera parada será Andalucía. La nueva dirección de Génova, por su parte, ha bendecido el trato en la Junta, pero se resiste a mostrar todas su cartas con Vox.

Santiago Abascal no quiso obviar la ausencia de Alberto Núñez Feijóo del debate de investidura de Alfonso Fernández Mañueco, pero tampoco pasó al ataque contra el líder gallego. De hecho, al menos de momento, los sonoros enfrentamientos que ambos protagonizaron en el pasado han dado paso a un pacto de no agresión, conscientes de que el entendimiento entre ambas fuerzas puede ser clave de cara a las próximas citas electorales. "Era muy importante estar apoyando a este Gobierno de coalición, que abre una nueva etapa en Castilla y León. Pero, sobre todo, constituye una gran esperanza para millones de españoles que observan este Gobierno como posible alternativa para toda España", lanzaba Santiago Abascal, en toda una declaración de intenciones sobre el sentido en que quiere orientar su política de pactos de aquí en adelante.

Vox reta al PP a "naturalizar" una suma "alternativa" como la de CyL a nivel nacional

Fuentes de Vox se reafirman en esa pretensión, e insisten en la necesidad de que el PP "naturalice" una suma "alternativa" con la que Alfonso Fernández Mañueco y Juan García-Gallardo ya se han entendido en Castilla y León. Su objetivo pasa por presentar el acuerdo en las Cortes como un "reflejo" de lo que puede suceder en el resto de España —también en la Moncloa—, y el espejo en el que debe mirarse Alberto Núñez Feijóo. "Podrá contar con un socio leal, con el que podrá discrepar, pero cuya sinceridad podrá poner a prueba sin temor a ser traicionado. Confíe, somos un partido de fiar", pronunciaba el nuevo vicepresidente de la Junta de Castilla y León, que aprovechó su turno de réplica para cargar las armas contra la oposición y no contra su nuevo aliado.

Los 'equilibrios' del PP

Nadie en el 'nuevo PP' rehúye la singular alianza de la que este lunes fueron testigo los parlamentarios de Castilla y León, pero se resisten a aceptar la mano tendida de Santiago Abascal. Hace poco más de una semana que Alberto Núñez Feijóo llegó a la cima del partido prometiendo explorar distintos pactos de Estado con el PSOE, al que brinda su respaldo a cambio de lealtad institucional. Sin embargo, tras su primera cita oficial con Sánchez como nuevo líder de la oposición, el líder gallego constató que la posibilidad de reconstruir los puentes del bipartidismo responde más a una utopía que a una realidad, una circunstancia que incentiva un nuevo acercamiento a futuro entre PP y Vox.

Mañueco abre las puertas a las políticas de Vox en las Cortes de Castilla y León

No son pocas las voces populares que, en privado, asumen que el inédito pacto en Castilla y León no será el último. La estrategia que seguirán en el PP —que ya trazó el propio Alberto Núñez Feijóo desde que dejó ver sus intenciones de dar el salto a Madrid— será ofrecer al PSOE un acuerdo por el que cada uno de ellos respalde con sus votos a la lista más votada, respetando el resultado de las urnas, para evitar apoyarse en fuerzas situadas en los extremos. Ese experimento, sin embargo, se romperá en Andalucía, donde el PP ya asume que el PSOE no avalará la candidatura de Juanma Moreno para evitar un nuevo Gobierno con Vox. En este caso, el barón popular fía su independencia a que su aritmética sea más sólida que la que logró Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León.

Mientras tanto, Feijóo trata de mantener un equilibrio entre su carta de presentación como líder moderado y la convivencia con los de Santiago Abascal. Siempre que tiene ocasión, el gallego utiliza la baza de los recurrentes pactos del PSOE con ERC o Bildu para defender que no aceptará "lecciones" de nadie, alegando que el PSOE tiene "fácil" mantener a Vox a raya si facilita investiduras con su "abstención". "¿Será una broma, no?", cuestionó el dirigente popular cuando, en una entrevista para la Cadena SER, fue cuestionado por su acercamiento a Santiago Abascal. "El manual de coaliciones del PSOE es el manual de lo que no se puede utilizar", alegó.

Foto: Pedro Sánchez (i) y Alberto Núñez Feijóo. (EFE/Ballesteros)

En materia programática, el PP de Feijóo también ha tratado de mantener un equilibrio entre sus líneas rojas y los postulados que plantea Vox. De hecho, Castilla y León ha sido solo el ejemplo de lo que podría suceder en el resto de territorios si las urnas confirman esa dependencia política entre las dos fuerzas situadas a la derecha del tablero político. De hecho, en su última intervención como candidato, Alfonso Fernández Mañueco asumió al mismo tiempo puntos ineludibles del discurso de Vox —como el impulso de una ley de violencia intrafamiliar; la defensa de una inmigración "ordenada", o la creación de una ley de concordia que diluya el decreto sobre memoria histórica—; sin abandonar algunas de las 'líneas rojas' del PP, como la defensa del Estado de las autonomías o el encaje en la Unión Europea.

Mientras el primer acuerdo con los de Santiago Abascal se llevaba a término, la izquierda se revolvía y agitaba precisamente el temor a la "extrema derecha" como nueva arma electoral para desafiar al PP y activar a su electorado, una estrategia cuyo éxito o fracaso se verá por vez primera en Andalucía. "Ha convertido Castilla y León en el caballo de Troya de la extrema derecha en España", azuzaba el líder de la oposición en las Cortes, Luis Tudanca.

¿Primera fotografía Feijóo-Abascal?

El primer acuerdo entre PP y Vox se ha saldado con un documento programático lleno de generalidades que, a la espera de comprobar cómo se plasmen, da cumplimiento sobre el papel a algunas de las principales líneas de batalla planteadas por los de Santiago Abascal. Además, la formación logra tres consejeríasAgricultura, Industria y Empleo y Cultura y Turismo— y la vicepresidencia de la Junta de Castilla y León que, a diferencia de la anterior legislatura, no llevará asignada ninguna cartera de gobierno. "Así lo han pedido ellos", defienden en el PP, y hurgan en el que consideran que es el principal talón de Aquiles de Vox: su falta de experiencia en gestión.

Entre otros puntos, el debate de investidura de este lunes estuvo marcado por la ausencia de Alberto Núñez Feijóo, que no arropó a su candidato por motivos de agenda. En el PP alegan, además, que el hecho de que Abascal se presentase en Valladolid no implica que sea lo normal, ya que lo "habitual", insisten, es que tanto el líder nacional como los presidentes autonómicos acudan a la toma de posesión del candidato, que se celebrará el próximo 19 de abril. El gallego, no obstante, aún no ha despejado la incógnita de si se personará o no a un evento en el que podría coincidir con el líder de Vox, pero en el PP explican que tomará la decisión en función de cómo adapte la agenda, y no para evitar un apretón de manos con Santiago Abascal. "Sin complejos".

El PP no ha logrado diluir el impacto de la alianza con Vox en Castilla y León en el futuro inmediato de Alberto Núñez Feijóo. Durante su etapa como presidente 'in pectore' del partido, el líder gallego instó a acelerar los trámites de la investidura de Alfonso Fernández Mañueco para no sentar un precedente en su política de pactos. Pero la tensión y la incertidumbre acompañaron en todo momento al primer acuerdo de gobierno entre PP y Vox. Los plazos se dilataron. Y el 'sí quiero' del barón popular a la formación situada a su derecha llegó con la mudanza en la séptima planta de Génova ya completada. Ahora, mientras Feijóo mantiene las distancias con Santiago Abascal, este busca una fotografía que podría llegar en los próximos días. Está decidido a expandir el vínculo en las Cortes, que cuenta con su firma y sello, al resto de España y apela directamente a Feijóo a subir sin miedo a ese barco. "Tiene que quitarse los complejos", demandan diferentes voces de Vox.

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