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España se decanta por la jornada continua en los 'coles' y eso te afecta más de lo que crees
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España se decanta por la jornada continua en los 'coles' y eso te afecta más de lo que crees

Los expertos no se ponen de acuerdo en que sea mejor, pero cada vez son más los centros que prefieren la jornada continua. No es una cuestión educativa, va de muchas otras cosas

Foto: Foto: Reuters/Susana Vera.
Foto: Reuters/Susana Vera.
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Un fantasma recorre España, el fantasma de la jornada continua en los colegios. Durante las últimas semanas se está votando en los centros de comunidades autónomas como Madrid, Valencia, La Rioja, Aragón o Navarra la posibilidad de que los niños salgan del colegio a las dos de la tarde en lugar de tener una pausa para comer en casa y salir a partir de las cuatro de la tarde. Un debate que no ha dejado indiferente a nadie, por decirlo de manera suave. De forma más dura, elegir entre jornada partida o continua es, en algunos casos, abrir la caja de Pandora.

Como viene ocurriendo desde hace décadas, la tendencia es que cada vez más colegios se apunten al horario intensivo. Hoy, alrededor de ocho de cada 10 centros lo tienen. En Aragón son 38 los que se sumarán el próximo curso. En Navarra, 57. En algunos casos, con unas cuantas dosis de drama: las familias de San Juan de la Cadena, en Pamplona, se manifestaron en la puerta del colegio para protestar después de que Educación desestimase su solicitud.

Quizá prime menos el rendimiento de los alumnos que la comodidad de los mayores

La diferencia, este año, es que muchas familias han optado por la jornada continua después de que la pandemia obligase a introducirla para reducir el número de desplazamientos. Ester es una de las madres que han visto cómo en el colegio de sus hijos, el Salesianos Domingo Savio de Logroño, la jornada continua arrasaba con 197 votos a favor frente a 19 en contra. “La gente se ha acostumbrado o, en mi caso, es lo único que conozco”, explica. En su caso, la jornada continua le permite manejar mejor su tiempo y trabajar más horas.

En Madrid, los resultados también señalan a favor de la jornada continua, como sugieren los cálculos de la Unión PJEV (Plataformas Votación Escolar Justa), que asegura que, donde se ha votado, ha ganado con porcentajes cercanos al 90%. “Todos los años genera muchos conflictos en los colegios, yo fui presidente del AMPA del colegio de mis hijos y cuando planteé que se pudiese votar vinieron 50 padres a montarme un follón delante de los niños…”, recuerda Miguel Ángel Marchante, uno de los portavoces de la asociación, que apuesta de forma activa por la jornada continua.

Marchante la defiende, ya que considera que los alumnos están demasiado cansados por la tarde y, gracias a que teletrabaja, puede comer con sus hijos. Pero también hay buenos argumentos a favor de la jornada partida, como recoge un trabajo publicado por el Departamento de Educación de la Comunidad de Madrid: que la partida evita que la jornada escolar sea un maratón, que la continua beneficia a los profesores pero no a los padres y obliga a mayores madrugones o que “los padres no podemos adecuar nuestros horarios laborales a los de nuestros hijos”. En definitiva, no solo hablamos de educación cuando hablamos de educación.

Una partidaria activa de la jornada partida es Lucía Lois, que lleva a su hijo al madrileño Nuestra Señora de la Palma, con jornada partida pero que lleva dos años en continua debido a la pandemia. “Tengo la sensación de que debajo de este debate en apariencia aséptico se esconde otro sobre qué clase de escuela pública queremos”, valora. “La jornada continua es una privatización de parte de la jornada, como ya ocurre con el comedor, un servicio que en Madrid no proporcionan los colegios sino empresas externas”. Cuanto más se reduzca el tiempo en el colegio, más deben recurrir los padres a clases privadas o a pagar a cuidadores.

"No sé cómo llegamos a pedir menos horas de colegio en lugar de más"

Lois recuerda, como otros detractores de la continua, que genera más desigualdades porque reduce el papel de los colegios como centros de socialización. “Quitar horas de ‘cole’ supone desigualdad para los niños que necesitan más horas para empaparse de ese capital cultural, la escuela pública es el único lugar donde nos juntamos con gente que no es como nosotros”, añade. “No sé en qué punto empezamos a pedir menos horas de colegio en lugar de más, porque el tiempo de estar juntos es muy importante para los niños, especialmente los de entornos más pobres”.

De hecho, Ester añade a su mensaje un matiz: una madre de su colegio afirma echar de menos la jornada partida. “Asegura que había muchísima vida, que la mayoría de los nenes se quedaban a comer, que había extraescolares de todo tipo… Que los padres subían y pasaban la tarde, merendaban… Que era muy chulo y que los niños y las familias eran como una gran familia. Que a las 16:45 se acababa pero que, si hacía buen tiempo, se quedaban hasta las mil… Pero la gente se ha acomodado y ahora prefiere la continua”.

Antes, todo esto era jornada partida

La jornada continua empezó a entrar en España por el sur, en comunidades como Andalucía, Canarias, Murcia o Extremadura, por razones climáticas y de estilos de vida, como explica a El Confidencial Francisco José Morales Yago, profesor de Geografía e Historia de la UNED, que ha publicado varias investigaciones sobre el tema. Pero también hay zonas concretas, como el madrileño Corredor del Henares, donde predomina la continua. “Eso ha ido cambiando poco a poco y han entrado con fuerza los sindicatos, porque, para ellos, conseguir que no hubiese que ir por la tarde era una victoria”, añade. Ese ha sido uno de los motivos principales para su promoción: facilita la conciliación de los profesores.

Para Morales, es un tema complejo donde hay una gran lucha de intereses en la que quizá lo que menos prima es el rendimiento del alumno. “El profesorado se encuentra más a gusto con la jornada continua porque les libera por las tardes, hay un deseo comprensible de ‘vivir mejor”, valora. “Luego están los padres a los que les interesa que estén el día completo porque trabajan hasta tarde pero comen en casa y otros a los que no les viene mal recoger a los niños a las tres ya comidos y tener que dar solo dos viajes”. En la mayoría de casos, se trata de una cuestión de organización familiar, lo que explica que con el teletrabajo se haya favorecido la continua.

El gran problema, prosigue el investigador, es que no está claro que la continua sea mejor pedagógicamente, como concluían estudios clásicos como el de José Antonio Caride de principios de los noventa o el de Rafael Feito, que otros defensores de la continua consideran desfasados. Para Morales, es un falso mito que el rendimiento caiga por las tardes. “Desde las 12 de la mañana necesitan descansar porque la atención la pierden, la cuestión es a qué hora comen”. Por eso, él defendería una jornada partida en la que se adelantasen los tiempos.

El investigador es particularmente duro: “La jornada continua es más cómoda”, valora. “Una vez se pasa la pandemia y se vuelve a la normalidad, algunos padres quieren quedarse como estaban porque no tienen que hacer tantos viajes o van más relajados, y no importa si sus hijos bajan un poco de rendimiento o socializan menos. Cuando nos dan a elegir, vamos a lo menos sacrificado”.

"No hay un modelo que sea mejor que otro desde el punto de vista pedagógico"

Luján Lázaro Herrero, profesora de la Universidad de Salamanca, que también ha centrado gran parte de su actividad investigadora en el tema, considera que el debate está viciado en España. “No hay un modelo de jornada escolar que sea mejor que otro desde el punto de vista pedagógico”, explica. “No hay estudios (sí se están realizando algunos) con rigor científico que nos indiquen que un modelo u otro sea la panacea en cuanto a rendimiento del alumnado. Y no lo hay porque en España el debate siempre lo hemos llevado a jornada continua versus jornada partida, cuando el debate es mucho más que esa disyuntiva”.

En su opinión, lo hemos llevado a “un debate vacío en el que hemos intentado establecer qué tipo de jornada es la buena, y, por consiguiente, cuál es la mala, y esa no es la cuestión”. Como recuerda, de lo que tenemos más conocimiento es de los ritmos circadianos de los alumnos. Pero nos hemos centrado demasiado en el tiempo de los estudiantes, “y hay otros implicados que van a condicionar el establecimiento de una jornada escolar: el tiempo del profesor, el tiempo de las familias, el tiempo del centro educativo como centro”.

La jornada continua está más extendida en Europa que la partida, aunque entre los países que siguen esta se encuentran Francia, Reino Unido o Países Bajos. En España, como en Italia, se combinan ambos sistemas, lo que para unos es un problema por incoherencia y para otros, una muestra de libertad de cada centro para elegir su modelo. En la práctica, el proceso que lleva a uno u otro sistema es arduo y está muy mediatizado por diversos intereses: de profesores, de padres, pero también de ayuntamientos o de las empresas privadas que ofertan el comedor o las clases extraescolares.

Uno de los académicos que más tiempo han dedicado a estudiar las costumbres horarias de los españoles es José María Fernández-Crehuet, profesor de Economía e Innovación en la Universidad Politécnica de Madrid y autor del estudio de la CAM anteriormente citado, que siempre repite lo mismo: el problema de los españoles no es que empecemos la jornada muy tarde, es que la alargamos mucho más que nuestros vecinos, de manera que tanto trabajadores como estudiantes terminan más tarde.

"La gente prima lo que le pide su empresa y luego viene el colegio de sus hijos"

“Desde el punto de vista de la conciliación, lo ideal es que el horario de los padres coincida al máximo con el de los hijos”, explica a El Confidencial. “Si nuestro horario fuese un poco más parecido al europeo, ese acercamiento sería más sencillo. Si los padres y los hijos terminasen a las cinco, todo arreglado: podrían ir ellos a recogerles al colegio y no los abuelos, podrían pasar tiempo o hacer los deberes juntos… Pero hay poca gente que acabe a las cinco y menos aún que acabe a las tres”.

Por lo tanto, se impone el pragmatismo. Es decir, las decisiones están condicionadas por las necesidades laborales de familias, empresas y profesores. Como recuerda Fernández-Crehuet, al final es el horario laboral el que predomina sobre el escolar: “El hecho de que tengamos el doble de paro que en Europa condiciona nuestra vida”, valora. “La gente prima lo que le mande su empresa, y luego viene el colegio de los niños. La jornada continua va ganando fuerza en la medida en que los profesores van consiguiendo que se vote y a veces triunfe, aunque haya casos en los que vayan a volver a la partida”.

El pueblo ¿habla?

El economista se refiere al ejemplo de la Comunidad de Madrid, que es una de las regiones donde se puede votar la clase de jornada que se prefiere. Pero con una particularidad: tienen que participar al menos dos tercios de los padres. Eso ha provocado que, por ejemplo, en algunos centros donde ha arrasado la jornada continua se tenga que seguir con partida. Es el caso del CEIP Maestro Padilla en el PAU de Carabanchel, con 688 votos a favor de la continua y 73 en contra, que al no llegar al mínimo, volverá a la partida.

“En todos los colegios donde se llega a votar, porque en muchos casos las AMPA o los cuerpos directivos ponen pegas, sale la continua”, explica Marchante, portavoz de PJEV, que añade que por lo general los partidarios de la jornada partida impiden que se lleve a cabo una votación. Pero otros padres, como Lois, tienen otra opinión, y consideran que son las familias que menos participan en la vida del colegio y a las que nunca se les pregunta su opinión. La propuesta de PJEV pasa por que se pueda votar la renovación cada dos años.

A Madrid, no obstante, la deben mirar con envidia desde Cataluña, donde ni siquiera se ha producido dicha votación y no hay alternativa a la jornada partida. Es una de esas regiones, como Euskadi, que se mantienen fieles a aquel modelo sin alternativa. Por eso han surgido organizaciones como la Associació Educació i Llibertat, cuyo objetivo es promover votaciones en Infantil, Primaria o Secundaria para decidir el tipo de jornada.

"La continua no me vendría mal, pero no hay que pensar solo en lo que me viene bien"

“Lo que queremos es que se pueda votar como en el resto de España y haya una normativa en la que cada centro pueda elegir su horario escolar”, explica una de sus portavoces, Lupe Martínez, que añade que el Departamento de Educación está cada vez más abierto, pero que la explicación que suelen dar es “que la jornada continua no es para todos”. Tanto es así que el programa piloto de jornada continua que arrancó en Cataluña el curso 2015-16, y que la asociación recuerda que ha arrojado resultados muy positivos, concluirá pronto.

¿Qué es bueno para quién?

El caso de Martínez es elocuente, porque es defensora de la jornada continua a pesar de que trabaja de tarde y su hijo tiene que quedarse en el colegio cuando termina las clases, pero la prefiere porque “así sé que va a terminar a las dos, va a tener su tiempo de descanso, pueden ir a extraescolares con más relajación… ¿Qué tiempo les queda a los niños para pasar con su familia?”. A Lois le ocurre al revés: defiende la jornada partida aunque su pareja podría recoger a su hijo a las dos y pasar tiempo con él, pero considera que debemos tomar decisiones más allá de las necesidades personales.

Los argumentos siguen volando en uno y otro sentido respecto a las jornadas. Que si la continua reduce el consumo de gasolina y la contaminación, permite ahorrar el comedor a los padres, que los niños puedan pasar más tiempo con sus familias y que el colegio no sea solamente un aparcaniños; que si la partida permite aprovechar mejor las instalaciones escolares, integra mejor a los niños que no pueden pagarse clases extraescolares o que es una alternativa que debe ofrecerse para que los niños no tengan que irse a la concertada (donde es más habitual) y que reduce el tiempo que los niños pasan utilizando dispositivos móviles.

Foto: Foto: Reuters/Vincent West.

La conclusión es que no hay una conclusión clara. La profesora Luján Lázaro concluye su mensaje con el bloqueo de mayúsculas encendido: “No hay respuesta cuando me preguntan qué tipo de jornada es la mejor: ninguna por sí sola”. Así que tal vez la pregunta no sería cuál, sino más bien para quién y por qué y quién sale ganando en esta pelea que no deja de tener como premio el control sobre nuestro tiempo.

Un fantasma recorre España, el fantasma de la jornada continua en los colegios. Durante las últimas semanas se está votando en los centros de comunidades autónomas como Madrid, Valencia, La Rioja, Aragón o Navarra la posibilidad de que los niños salgan del colegio a las dos de la tarde en lugar de tener una pausa para comer en casa y salir a partir de las cuatro de la tarde. Un debate que no ha dejado indiferente a nadie, por decirlo de manera suave. De forma más dura, elegir entre jornada partida o continua es, en algunos casos, abrir la caja de Pandora.

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