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El enero más seco desde 1983: "No tiene sentido esperar la lluvia, es algo crónico"
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EL 50% DE LOS CULTIVOS, EN ALERTA

El enero más seco desde 1983: "No tiene sentido esperar la lluvia, es algo crónico"

Este arranque de año ha sido uno de los más secos. En prácticamente todo el territorio la cantidad de lluvia ha sido mucho menor que la media entre 1980 y 2010

Foto: Embalse de la Viñuela (Málaga). (EFE/Jorge Zapata)
Embalse de la Viñuela (Málaga). (EFE/Jorge Zapata)
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"Aquí estamos muy preocupados. Lo estamos pasando muy mal", lamenta Ramón García, agricultor de cereales en la provincia de Sevilla que a sus 57 años ha visto de todo en el campo. “Cada 10 o 12 años tenemos una situación de este tipo, pero este año es particularmente especial porque no es solo ahora, llevamos ya tres que llueve muy poco y la humedad es inexistente”, cuenta.

Este arranque de año ha sido uno de los más secos desde que hay registros. En prácticamente todo el territorio la cantidad de lluvia ha sido mucho menor que la media del periodo de referencia, de 1980 a 2010. La caída de las precipitaciones podría traducirse en una sequía que se encadenaría casi sin pausa a la que se vivió en nuestro país en 2017 y 2018.

Hay que remontarse a 1983 para ver un ejemplo de un comienzo de año con menos lluvia que este. Entre enero y el 12 de febrero de ese año, Madrid registró hasta 38 días seguidos sin lluvias. En 2022, la suma es de 37 días, uno tras otro, sin ver una gota. Y la racha continuó seis días más, hasta el sábado, en que asomaron las nubes. El ejemplo madrileño es un reflejo de lo que se está viendo en prácticamente todo el territorio, según el análisis de los datos de las cerca de 80 estaciones de la Agencia Estatal de Meteorología que recopilan información desde los ochenta.

Si dibujamos en el mapa cada una de estas estaciones, se ve cómo esta bajada general de las precipitaciones ha sido más intensa en Sevilla, Cádiz o Albacete, mientras que se ha notado menos en la cornisa cantábrica y en algunos puntos del archipiélago canario.

“No tiene sentido estar solo pendientes de la lluvia”, opina Gonzalo Delacámara, asesor internacional en política de agua. Según su punto de vista, es importante huir de lo que considera un escenario “cortoplacista”. “La sequía es la manifestación aguda de un desafío crónico”, añade este experto, que trabaja para la Comisión Europea, la ONU, la OCDE y el Banco Mundial.

Según Delacámara, el problema es estructural, no coyuntural. “El cambio climático no te genera sequías, lo que hace es aumentar la intensidad y la frecuencia de las sequías. Estamos teniendo más ciclos de sequía, se repiten más, al igual que cuando llueve lo hace más intensamente”, explica en referencia a las cada vez más habituales DANA.

La escasez de lluvia se convierte en un problema cuando se transforma en una sequía hidrológica. Actualmente, los embalses de España no están ni a la mitad de su capacidad, y la situación es especialmente crítica en la cuenca del Guadalquivir, donde las reservas apenas llegan a un cuarto. Salvo escasas excepciones, prácticamente todos los embalses de la Península están por debajo de su nivel medio en la última década por estas fechas.

Los últimos datos de la Agencia Europea de Medioambiente revelan que, entre las 10 cuencas hidrográficas con mayor estrés hídrico del continente, siete son españolas. En concreto, se trata de las áreas de Gran Canaria, Segura, Júcar, Guadiana, las vertientes atlántica y mediterránea de Andalucía y las interiores de Cataluña.

La imagen espacial del efecto de la actual sequía en el embalse de Almendra, entre las provincias de Salamanca y Zamora, sirve para ilustrar la gravedad de la situación. Pero si se observa la evolución de esas fotos a lo largo del tiempo, se ve que es habitual alternar años secos con otros con más lluvias. Los últimos periodos de sequía más aguda a nivel nacional se dieron a principios de los ochenta, entre el 92 y 95, los años 2005 y 2006 y la última, que fue más fuerte en 2017, pero se extendió asimismo durante los primeros meses de 2018.

Esta sequía hidrológica que marcan los niveles de agua embalsada ya se traduce en un principio de sequía agronómica: muchos cultivos ya no cuentan con el agua necesaria para mantenerse. “En el anterior periodo de sequía importante llegó a perderse hasta el 70% del valor de las cosechas de cereales”, advierte Delacámara. Esta afección al secano, más dependiente del agua de lluvia, no ocurría tradicionalmente.

Foto: Campo de trigo. (Reuters)

Desde el campo, ven las próximas dos semanas con preocupación. Cada día que pasa se pierden más hectáreas, especialmente de cereal, aunque pronto afectará también al regadío. “Si en dos semanas no llueve, entraremos en una situación de emergencia en la mayor parte de España”, dice Miguel Padilla, secretario general de la Confederación Española de Agricultores y Ganaderos (COAG). Según calculan, el 50% del campo está ya en alerta, “y subirá hasta el 80% si sigue así”. Los cultivos más afectados por el momento son los viñedos, trigo, frutos secos o almendros, especialmente en la mitad sur de la Península.

“Yo ya llevo perdido el 50%, y si sigue así no voy a salvar nada. Los suelos están todos amarillos ya porque se están secando, y los que tienen más profundidad para almacenar agua van por el mismo camino”, cuenta Ramón, que tiene 100 hectáreas repartidas entre girasol y trigo. “Sería un año perdido, quiero ser optimista, pero luego veo los pronósticos y no parece que vaya a cambiar”.

"Quiero ser optimista, pero luego veo los pronósticos y no parece que vaya a cambiar"

La sequía no solo afecta a las frutas y verduras: también el ganado está sufriendo ya problemas por la falta de pastos suficientes para alimentarlo. “Hay que buscar ya medidas, porque creo que vamos abocados a otro gran decreto de sequía”, apunta Padilla.

Según un informe que ha publicado la COAG estos días, zonas como el litoral de Cataluña, las provincias de Córdoba, Jaén y los límites entre Cádiz, Sevilla y Málaga han estado en 2020 y 2021 por debajo del 75% de sus valores medios de precipitaciones acumuladas respecto al periodo de referencia 1981-2010.

Los retos del sector agrícola

Delacámara es crítico con la falta de interés ante el desafío del agua. “Que teníamos un problema en Almería, Murcia y Canarias ya lo sabíamos”, explica, “pero ahora te empiezas a encontrar con problemas en el Tajo, el Guadiana y hasta en el Duero. Estas son las novedades”. Para él, la cuestión no es tanto la cantidad de agua de lluvia, que es algo que no podemos controlar, sino la presión desde el lado de la demanda.

“Se ha impuesto el relato de la descarbonización, la reducción de gases de efecto invernadero, la transición energética y en el modelo de transporte… Pero no hablamos tanto de la adaptación al cambio climático”, para lo que necesitamos alternativas “en la manera en que gestionamos el agua y el territorio”, zanja el experto.

Para ello, considera que la oferta debe diversificarse para depender menos de los ríos y los acuíferos. “España es la quinta potencia del mundo en capacidad instalada [de desalación de agua], pero está infrautilizada”, advierte. En concreto, Delacámara cifra que estas plantas utilizan de media un 20% de su potencial.

En esencia, hay que poner el foco no en la sequía sino en la seguridad hídrica a largo plazo y en el cambio climático

¿Por qué? Cuestión de precios: “El metro cúbico de agua que saca el regante en Murcia del acuífero, pagando solo el coste energético del bombeo, es de unos ocho a 12 céntimos, mientras que en la planta de desalación sale a un euro el metro cúbico”: casi 10 veces más cara, según Delacámara.

El asesor en política de agua apunta también que, aunque el sector agrícola se ha modernizado, todavía hay mucho margen para ser más eficaz con el gasto de recursos hídricos. Aunque el peso de este sector en la economía del país ha disminuido en los últimos años, la presión hídrica se mantiene prácticamente igual que en los años sesenta, según las cifras que maneja el experto internacional en política de agua. “Ha disminuido el peso del sector, pero no lo ha hecho su peso relativo en términos de utilización de agua. La agricultura se lleva cerca del 70% de la extracción del agua en todo el país.

“En esencia, hay que poner el foco no en la sequía sino en la seguridad hídrica a largo plazo y en el cambio climático. Que la gente no se preocupe por tener un mes de enero seco, sino que se preocupe siempre”, resume Delacámara.

"Aquí estamos muy preocupados. Lo estamos pasando muy mal", lamenta Ramón García, agricultor de cereales en la provincia de Sevilla que a sus 57 años ha visto de todo en el campo. “Cada 10 o 12 años tenemos una situación de este tipo, pero este año es particularmente especial porque no es solo ahora, llevamos ya tres que llueve muy poco y la humedad es inexistente”, cuenta.

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