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La parábola de Torrevieja: la ciudad donde rusos y ucranianos conviven como hermanos
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Así vive la mayor comunidad rusa en España

La parábola de Torrevieja: la ciudad donde rusos y ucranianos conviven como hermanos

Mientras el choque entre Rusia y Ucrania continúa y la inestabilidad reina en la zona, la ciudad alicantina se ha convertido en un paraíso y refugio para todos los "rusohablantes"

Foto: Natalia, ucraniana, junto a Sergei, ruso, en el bar que regenta el segundo en Torrevieja. (Manuel Lorenzo Ramón)
Natalia, ucraniana, junto a Sergei, ruso, en el bar que regenta el segundo en Torrevieja. (Manuel Lorenzo Ramón)

"En Torrevieja tenemos un chiste que viene bien para hacerse una idea de lo que pasa aquí. En una boda española, cuando el cura dice lo de: '¿Quieres a tu esposa hasta que la muerte os separe?', después añade: '¿O hasta que aparezca una rusa?".

El chascarrillo llega de parte de Natalia, una mujer de origen ucraniano y residente en España. Utiliza la anécdota para hablar de la convivencia en su ciudad. Tras más de 20 años en el país, es una de los miles de personas procedentes de las antiguas repúblicas soviéticas que han echado raíces en Torrevieja hasta convertir la ciudad vacacional alicantina en su capital en España. La población rusa, pero también la ucraniana o la bielorrusa (la mayoría se une bajo el concepto "rusohablantes"), ha encontrado aquí un de paraíso de sol y playa en el que prosperar. Estos días están preocupados por la inestabilidad de su región, pero están acostumbrados a aguantar las crisis de su tierra natal con una mezcla de preocupación, hastío y un hermanamiento orgulloso.

Desde finales del siglo XX y sin una razón evidente, toda la Costa Blanca se ha ido nutriendo de ciudadanos del espacio exsoviético. Empezaron siendo unos pocos en busca de trabajo, pero ahora ya se cuentan por miles. Aquí se desempeñan en sectores como la construcción o el turismo, principalmente, pero también montan empresas como tiendas o bares en los que no se olvidan de su origen. Solo entre rusos y ucranianos ya son más de 7.000 censados, de manera que no hay negocio, calle o bar del núcleo urbano que no tenga alguna firma cirílica o chapurree el ruso. Lo que cuesta más, incluso en plena crisis regional, es dar con expresiones nacionalistas de uno u otro signo.

Foto: Aviones de la aerolínea Ukrainian International Airlines en el aeropuerto de Kiev en una fotografía de archivo. (Reuters/Valentyn Ogirenko)

Natalia, por ejemplo, usa los términos ruso y ucraniano casi indistintamente, al hablar de cultura, de comida, de sus vecinos, incluso de los chistes, y lo hace sin ningún motivo aparente. "Es que, ya ves, en Torrevieja somos todos hermanos". Una buena muestra de ello es que este miércoles 16 de febrero, el día en el que, según EEUU, Rusia iba a atacar Ucrania, comparte mesa y aperitivo con Sergei Mogilenskii, un abogado moscovita de 36 años y que lleva seis viviendo en Torrevieja. "Primero venía aquí solo de vacaciones a una casa que compré, pero un día, estando en Moscú, me planté, lo dejé todo y me vine con toda mi familia menos mi madre, que no hay quien la mueva de Rusia", comenta Mogilenskii. Ambos son un ejemplo del buen ambiente en la colonia alicantina y, además, lideran una asociación de rusohablantes, termino usado en la localidad para unir a todos los ciudadanos provenientes de la región que ocupaba la URSS y evitar cualquier tipo de choque.

Mientras espera a convalidar su título ("Es muy muy complicado todo el papeleo aquí"), el abogado es dueño de un bar en el centro de la ciudad. Bajo el nombre, en castellano, 'Tres Gatos' y decenas de detalles rusos, en la cervecería sirve las mesas un joven ucraniano, Eugenio, de 23 años, que lleva dos en España y ya dice sin dudar que su idea es quedarse para siempre. "Aquí hacemos comunidad y creo que todos lo agradecen, tener a alguien que te entiende y ayuda cuando vienes a un país nuevo. Tanto los malos como los buenos momentos se pasan mejor juntos", señala Natalia. Ella fue de las primeras que llegó, a principio de los 2000, lo hizo para trabajar en el campo y con la idea de volver a Ucrania tras ganar algo de dinero, pero se quedó. "Los españoles son tan amables, abiertos, divertidos... No sé, no quiero que mis hijos pierdan sus raíces, pero estoy encantada aquí".

Los dos torrevejenses gestionan una pequeña asociación, Mir Odin, que realiza todo tipo de actividades para rusohablantes con la idea de incentivar la integración y no olvidar de dónde vienen. De torneos de ajedrez a unas navidades adaptadas a la cultura rusa, o cursos de español, que son su gran preocupación. "Hay que incidir en que la gente lo siga aprendiendo, que no se acomode porque ahora en todos los sitios de Torrevieja lo entiendan y haya alguien que lo hable. Creemos que es muy importante para poder vivir bien y progresar. Casi lo vemos como una falta de respeto no hablarlo", detalla Mogilenskii en un castellano algo atropellado, pero más que correcto.

El Ayuntamiento de Torrevieja los ayuda y apoya en las iniciativas, y hace lo posible, dicen, para acompañar a la comunidad que, calculan, añadiendo a otros tantos miles que no están censados, puede llegar a rondar los 15.000 ciudadanos con origen en el espacio postsoviético. Y ahora ese número se puede disparar, con la llegada de la crisis. La población total de la ciudad es de unos 82.000 habitantes y es la urbe española con más población rusa por habitante y una de las cinco primeras en porcentaje de ucranianos de todo el país.

Otro ejemplo de esa pujanza es el caso de Natalia Zhezhyavska, otra ucraniana que lleva más de 20 años en España, profesora y que colidera la Asociación de los ucranianos de Torrevieja (800 socios). También da clases, asesora a todos los ciudadanos que se acerquen a su local, sean ucranianos o de cualquier otra parte del mundo, y es directora de un pequeño colegio ucraniano montado con la ayuda del ayuntamiento, que le prestó los fines de semana uno de los centros educativos de la localidad. Intentando emular en lo máximo posible a la educación ucraniana, su objetivo es que las raíces, la esencia del lugar del que vienen, no se pierdan en las siguientes generaciones.

En el local en el que recibe a El Confidencial sí se ven emblemas nacionales. Hay banderas, cuadros de las figuras más importantes de la historia de Ucrania y más detalles de su cultura, pero ella insiste: "Aquí ayudamos a todos, importa poco de dónde vengas. Ahora estamos muy preocupados porque la situación que se vive en Ucrania es muy dura y siempre lo pagan los más débiles. No sé qué pasará, pero se me rompe el alma al pensar en la guerra en mi país", comenta. Sobre si tienen alguna ayuda del Gobierno de su país o atención especial de la embajada, asegura que solo consiguen que vengan, muy de vez en cuando, del consulado de Barcelona para que la gente no tenga que ir hasta la capital catalana para hacer los papeleos. "Pero, vamos, con el covid se han parado muchas cosas, esta, por ejemplo".

placeholder Detalles rusos en el centro ruso Globus, en Torrevieja. (Manuel Lorenzo Ramón)
Detalles rusos en el centro ruso Globus, en Torrevieja. (Manuel Lorenzo Ramón)

Natalia es una de las compatriotas que deja ver con más claridad el miedo a la crisis y su enfado por la situación, pero incluso en su caso se nota la paz de la colonia alicantina. "He ayudado a montar otras asociaciones como la de los kazajos, por ejemplo, y ahora hay un grupo de bielorrusos (que también están empezando a venir por los problemas en su país) que quiere montar su propia organización y me piden ayuda". ¿Por qué todo el mundo llega a Torrevieja? "No lo sé, es un proceso que se ha ido dando con el tiempo y con las olas migratorias salidas de nuestra región. Creo que el que ya haya gente que sepas que vive aquí y está feliz ayuda a decidirte, pero hay más razones. Por algo Torrevieja es una de las ciudades más internacionales de España. Yo, por ejemplo, vivo aquí por el clima y, sobre todo, el mar, me encanta", añade la profesora ucraniana.

Del 'Un, dos, tres' a codearse con Putin

Torrevieja, que se hizo famosa en nuestro país por el mítico programa 'Un, dos, tres... responda otra vez', en un momento en el que conseguir uno de los pisos en la costa alicantina que regalaba el programa era una especie de sueño nacional (y ahora esos mismos inmuebles están abandonados), ha cambiado a los ganadores del programa por colonias de extranjeros que no paran de asentarse en sus calles o urbanizaciones. Ahora mismo, contabilizan 123 nacionalidades; son los británicos los más numerosos seguidos de cerca por rusos y ucranianos, y los no nacidos en España superan ya el 43% de la población total. El consistorio ha encontrado aquí una opción de crecimiento por la que apostar y hasta tienen una concejalía de 'Residentes Internacionales' centrada en gestionar y atajar los problemas que puedan tener todos estos vecinos.

Uno de los mejores ejemplos de este cambio lo ofrece Tatiana Semenova, una rusa que es dueña de Globus, un negocio y centro ruso que une cafetería, restaurante, librería e inmobiliaria. Todo centrado en el público de su región de origen. Ella llegó a España a inicios de siglo y empezó a trabajar como ayudante de cocina en Murcia, pero, poco después, se mudó a Torrevieja y vio que un negocio centrado en sus compatriotas podía prosperar. "Hay como dos épocas de inmigración. Al principio vinimos muchos a trabajar buscando un futuro mejor que en nuestros países. La idea de la mayoría era trabajar, ganar algo de dinero y volver, pero se dieron cuenta de que este lugar era muy bueno para vivir y se fueron estableciendo. Eso llamó la atención de muchos compatriotas que se interesaron y pensaron en venir, comprar algo, aunque fuese solo para las vacaciones".

Esa primera ola fue tan importante que varios medios llegaron a relacionar al propio Vladimir Putin con Torrevieja. Aunque nunca se ha llegado a probar, un semanario ruso publicó a principios de siglo que el por entonces candidato a la presidencia del país había comenzado su gran imperio económico con una casa en este municipio cuando era vicealcalde de San Petersburgo. Habría sido uno de tantos rusos que se animaron a invertir en la zona en plena migración y con el 'boom' del ladrillo en todo su esplendor. "Lo dijeron mucho, pero nadie lo ha podido demostrar del todo. Es un poco como una leyenda", añade Tatiana.

placeholder Oksana (ucraniana) y su camarera María (rusa). (M. L. R.)
Oksana (ucraniana) y su camarera María (rusa). (M. L. R.)

Además, Putin también está relacionado con la segunda ola, la de las grandes fortunas que vinieron a la costa alicantina, ya no tanto a Torrevieja, para comprar grandes inmuebles y disfrutar de sus vacaciones en sitios apartados del mundanal ruido. Eso mismo se cree que también hizo el ya presidente de Rusia, al menos hasta hace algunos años, en Altea. "Nadie lo ha visto por aquí, pero sí se dice que venían muchísimos guardaespaldas y eso. Lo que sí es verdad es que viene gente con negocios muy importantes y políticos".

Esta segunda ola también es diferente por las condiciones de inmigración, aseguran todos los entrevistados. Los de los años 2000 aprovecharon las diferentes regulaciones masivas llevadas a cabo por los gobiernos de José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero y en las que casi bastaba con tener un trabajo para conseguir los papeles. Ahora, ese movimiento lleva años sin repetirse y cuesta mucho más hacerse con los papeles. "Solo puedes conseguirlo por arraigo, demostrando que llevas tres años aquí y haciendo un examen, o con ciertos papeleos muy complicados. Lo más fácil es si tienes dinero suficiente como para adquirir inmuebles y demás, entonces es todo sencillo y es la vía que han aprovechado muchos de los últimos en llegar", detalla Zhezhyavska.

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Periódicos en ruso en la cervecería de Sergei. (M. L. R.)

Todo este proceso de conexión entre Europa del Este y Torrevieja ha conformado una realidad en la que el mundo ruso y el español van de la mano y se alejan del concepto de colonias británicas en la costa mucho más independientes de la realidad nacional. "Ya hay también muchas familias de españoles y rusos, todos trabajamos juntos y creo que culturalmente somos parecidos en cosas como el humor, la forma de vivir, de relacionarnos... Eso atrae mucho para querer quedarse aquí", comenta Natalia.

Ayuda a ello que la población está dispersa en la ciudad y, aunque en los últimos años han llegado personas con niveles económicos más altos, la mayoría siguen siendo trabajadores con puestos medios y alguna pyme en sectores como la construcción, la hostelería o el turismo. Sus vidas se entremezclan con la comunidad local. A Mogilenskii, por ejemplo, le vendió el bar María, una torrevejense dueña de una agencia de viajes en esa misma calle y que tiene colocada una bandera rusa en el escaparate "es que hay muchos rusos", comenta. Incluso comparten aficiones como le pasa a Oleg que, venido de Ucrania hace dos décadas, ahora disfruta aquí de una de sus máximas pasiones, el paracaidismo. "Se vive bien, tranquilo y hay trabajo, creo que eso es lo que más gusta".

Una colonia unida

Este ucraniano, cuya familia vive en la misma frontera con las regiones rebeldes, cree que se está inflando demasiado la crisis, que es algo de los políticos y que la población lo ve de una forma muy diferente. "Mira, yo llamo a mi hermana, que vive casi en la frontera, y allí están tranquilos, no ven los riesgos que nos dicen por la tele. Hay muchas mentiras". Como ejemplo, señala el aviso lanzado por EEUU de que este mismo miércoles empezaría la guerra. "Esta mañana he venido al bar y había un ruso diciéndome, de broma, '¿pero hoy no empezábamos la guerra?'. Hay muchas mentiras, pero aquí lo llevamos bien, hay un ambiente muy bueno".

El bar al que se refiere lo regenta Oksana, compatriota de Oleg y cuya camarera es de origen ruso. "Aquí todos sabemos que los problemas son de los políticos que están como fanfarrones intentando ver quién es el más grande. A nosotros nos preocupa porque la gente sufre y, sobre todo, los que menos dinero tienen son los que peor lo pasan, pero no es como cuentan en la televisión. Nosotros lo sabemos porque hablamos con nuestras familias". El origen de Oksana está en Lviv, al oeste del país, pegando con Polonia. "Nosotros hablamos ruso, ucraniano, polaco... Y lo hacemos tan normal, no somos un pueblo guerrero, no nos gusta la guerra", añade.

Oleg da una de las claves por la que el hermanamiento aquí es tan importante, aunque en plena crisis sea más difícil entenderlo desde fuera. "Yo nací en la URSS, igual que muchos de los compatriotas que viven aquí. Me quedé con la nacionalidad ucraniana porque, cuando se separó todo, mi ciudad estaba en ese lado de la frontera y mi padre era de allí. Pero, mira, mi madre era rusa. Al final todos nos entendemos y queremos vivir tranquilos, en paz y ser felices".

En España, este gigantón ucraniano lo es, al menos así lo transmite. Trabaja en reformas y construcción y también hace sus pinitos en el mundo del paracaidismo. Su tono de piel tostado da buena cuenta de que disfruta del sol alicantino. "La verdad que llegué por casualidad. En mi país era camionero, pasé a Alemania a comprar un coche y me llamó un amigo. Me dijo que estaba en Torrevieja, que fuera a verle por las vacaciones. Me dieron trabajo, y hasta ahora", cuenta entre risas.

placeholder Centro ruso Globus en Torrevieja. En la imagen, una de sus trabajadoras, ucraniana. (M. L. R.)
Centro ruso Globus en Torrevieja. En la imagen, una de sus trabajadoras, ucraniana. (M. L. R.)

En el bar de Oksana, donde se realiza la entrevista, todo está lleno de rusohablantes que miran curiosamente la televisión mientras el telediario del canal 24 horas lanza imágenes sobre la crisis en Ucrania. "Aquí, salvo alguno que se pasa con el vodka y se le calienta la boca, nadie habla de política ni de religión, son temas que todos preferimos evitar. No por nada, es que no son cómodos y preferimos otros asuntos", comenta Oksana. "El otro día me llamaba un amigo de aquí y me decía: 'Oleg, que van a invadir Ucrania, que empieza la guerra'. Está más asustada la gente de aquí que la de allí", interviene Oleg.

A la espera de lo que vendrá

En ese 'impasse' de ver desde lejos una situación tan incierta, el punto donde hay mayor debate es sobre el resultado de esta nueva crisis. Gente como Zhezhyavska cree que este choque llevará a que más compatriotas salgan del país en busca de un futuro mejor y acaben llegando casi con lo puesto a lugares como Torrevieja. "Esto no es tan grande y me preocupa mucho las situaciones en las que puedan venir huyendo de la guerra o los problemas a los que se puedan enfrentar, ahora no es tan fácil como hace algunos años. Es muy triste ver esto, de verdad", detalla con la voz entrecortada.

Otros como Oleg creen que puede que la salida ocurra, pero no ve que vayan a la ciudad en la que vive. "El covid se ha cargado todo, aquí el turismo ha bajado mucho y el trabajo se ha resentido. Sigue construyéndose y eso, pero, vamos, solo tienes que ir un poco por la ciudad para ver que ya no es lo que era antes de la pandemia. Es más, ya hay gente que se ha vuelto a su país o ha buscado otras opciones".

Lo cierto es que, aunque la ciudad está en temporada baja, las calles del núcleo urbano de Torrevieja se llenan de carteles de 'se vende' o 'se alquila', hay decenas de locales cerrados y se respira una sensación de abandono o vacío esperando un momento clave como es el de este verano. El paro en el municipio se sitúa en el 22% y la zona de la comarca de la Vega Baja, donde se enmarca buena parte de la Costa Blanca, está en la cola de la recuperación económica de la provincia por su dependencia del turismo. Mientras la televisión repite imágenes de militares en Ucrania, la ciudad en la que viven felices miles de originarios de esas tierras espera su batalla clave este verano.

"En Torrevieja tenemos un chiste que viene bien para hacerse una idea de lo que pasa aquí. En una boda española, cuando el cura dice lo de: '¿Quieres a tu esposa hasta que la muerte os separe?', después añade: '¿O hasta que aparezca una rusa?".

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