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Cómo el fallido anuncio de Campofrío arruinó la Navidad a Sánchez
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Crónica de 15 días negros

Cómo el fallido anuncio de Campofrío arruinó la Navidad a Sánchez

La colisión entre buenismo navideño, regreso del covid y malestar social salpica al Gobierno

Foto: Vuelve la obligatoriedad de mascarillas en exteriores. (EFE/Cabalar)
Vuelve la obligatoriedad de mascarillas en exteriores. (EFE/Cabalar)
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Sobre el papel era una idea sugerente para un anuncio navideño blandoso: atenazado por el miedo al covid, un señor cascarrabias (Karra Elejalde) decide no salir de casa en Navidad, pero, tras ver a los habitantes de La Palma superar todas las adversidades del volcán, decide reengancharse a la vida y a la convivencia.

España, en definitiva, superaba el trauma del covid, dejaba atrás el pánico y abrazaba la socialización armónica...

Que la realidad ha pasado por encima del anuncio de Campofrío —en unos días ha envejecido peor que Vargas Llosa y Second Life juntos— parece fuera de discusión, ahora toca valorar su potencial metafórico corrosivo sobre la política española en general y sobre el presidente Sánchez en particular.

O la desconexión con la realidad del anuncio de Campofrío como metáfora de la desconexión de la política con el malestar ciudadano que se venía encima.

Foto: Foto: Reuters/Susana Vera.

No es que el anuncio de Campofrío en sí tenga culpa de nada, pero simboliza perfectamente el clima previo a ómicron —por fin unas navidades tranquilas/adiós al covid— que, al truncarse, ha acabado salpicando al Gobierno.

Las expectativas son (casi) todo en política y las expectativas ciudadanas frustradas la chispa que enciende la pradera.

El gran malestar

La explicación al malestar popular parece clara: frustración por la vuelta del covid, cabreo por el desbordamiento de la primera línea sanitaria (atención primaria, rastreos y test bajo mínimos) y estallido por medidas políticas consideradas absurdas (mascarilla en exteriores).

Más confusa es la articulación política de la indignación, atravesada por el miedo y la paranoia covid, que ha convertido las redes sociales en una olla a presión.

Tras casi dos años de cumplir con furor prusiano el régimen disciplinario, el ciudadano está harto

¿Qué piden los ciudadanos? Aunque el fortalecimiento sanitario parece ser una prioridad, se trata de un malestar visceral y contradictorio, pues carga contra los políticos por no hacer nada y, al mismo tiempo, amenaza con no hacer caso a los políticos cuando hagan algo.

Más claro es que, tras casi dos años de cumplir con furor prusiano el régimen disciplinario covid, el ciudadano medio está harto.

En ese contexto social explosivo, el primer político que tuviera un traspié podía salir achicharrado. Isabel Díaz Ayuso rozó la tarjeta roja tras acusar a los sanitarios madrileños de escaquearse y hacer bandera del "autocuidado" en pleno sálvese quién pueda/colapso de la atención primaria madrileña, pero ha sido el presidente Pedro Sánchez el que ha pagado el pato con la ideaca de las mascarillas en exteriores. O todas las contradicciones absurdas de las restricciones saltando por los aires a la vez, como refleja esta ilustración:

La medida estrella del Gobierno para frenar ómicron generó un raro momento mágico: puso a todo el mundo de acuerdo/en contra en Twitter (sentir aplastantemente mayoritario: si se toman medidas, al menos que sean sensatas/no centradas en exteriores).

Otra Navidad con restricciones.

Aunque Sánchez pareció recoger un poco de cable —dijo que no había apenas diferencias con la normativa anterior—, la medida se aprobó y el roto ya estaba hecho: el problema no es que a Sánchez le atizaran sus enemigos políticos habituales, sino que lo hacían también sus aliados y potenciales votantes, llamadas a la desobediencia incluidas. Crisis de autoridad en ciernes. Todo ello en la peor semana del año para tener a la gente mosqueada: la de la Navidad.

Cuando patinas en un clima de furor social, puedes acabar tragando mucha agua. Ya veremos si es el inicio de una racha funesta para el Gobierno, o si la oposición mete también la pata. De momento, Ayuso da palmas con las orejas con la medida del Gobierno...

Calentamiento global

Las versiones más optimistas de ómicron hablan de la conversión del covid en gripe (más síntomas leves y menos hospitalizaciones). Quizá sea 'wishful thinking'/pensamiento Campofrío, lo que es seguro es que, incluso en el mejor de los horizontes clínicos, tardaremos bastante en salir del marco mental social del covid, enfermedad asociada a la muerte, al miedo y a las restricciones.

Empieza a cundir la sospecha de que algunos medios han calentado demasiado el peligro ómicron. No con aviesas intenciones y para volvernos locos a todos, sino porque el infoentretenimiento televisivo, o convertir la actualidad en 'thriller', es un poco así, aguanta mejor el drama político que las crisis sanitarias: retransmitir en directo el número de infectados, cual noche electoral o noche de Champions, taladra cerebros.

Cómo estará siendo la cosa que hasta la epidemióloga Margarita del Val, reina meme del alarmismo, ha declarado que "se está metiendo miedo con la variante ómicron".

En definitiva, al contrario de lo que vendió el anuncio de Campofrío, el personal ha llegado acojonado y calcinado a las navidades. Se buscan culpables. Alguien acabará surfeando la ola del malestar y alguien pagando los platos rotos.

Sobre el papel era una idea sugerente para un anuncio navideño blandoso: atenazado por el miedo al covid, un señor cascarrabias (Karra Elejalde) decide no salir de casa en Navidad, pero, tras ver a los habitantes de La Palma superar todas las adversidades del volcán, decide reengancharse a la vida y a la convivencia.

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