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La amistad perdida de Pablo y Santi: 400 días sin hablar, pero condenados a entenderse
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Relaciones entre PP y Vox

La amistad perdida de Pablo y Santi: 400 días sin hablar, pero condenados a entenderse

La relación entre el PP y Vox presenta realidades distintas según el escenario, con los líderes enfrentados pero con la necesidad de llegar a acuerdos en comunidades y ayuntamientos

Foto: Pablo Casado y Santiago Abascal. (EFE/Ballesteros)
Pablo Casado y Santiago Abascal. (EFE/Ballesteros)

La moción de censura de Vox, debatida el 22 de octubre del año pasado, abrió un abismo entre Pablo Casado y Santiago Abascal. "Hasta aquí hemos llegado", espetó el líder popular, como quien rompe una relación que ya estaba en las últimas. Y ahí se quedaron. 400 días después (402, exactamente), el vínculo entre ambos es inexistente y no cruzan palabra más allá de formalidades y saludos protocolarios. La ruptura, sin embargo, no puede ser total y todos saben que no puede ni debe extenderse a los territorios e instituciones donde conviven o probablemente lo harán. Aunque sea un contrasentido, están condenados a entenderse. Desde la Puerta del Sol al Palacio de San Telmo.

Fue Casado quien puso el punto y final cuando censuró la España "de trincheras, ira y miedo" que según él se planteaba, pero en Vox no ocultan ni en público ni en privado que sus palabras fueron un punto de inflexión. Y aunque la tensión entre los dos líderes es proporcional a la disputa electoral que mantienen, con un desgaste cada vez más evidente en numerosas plazas, la actividad del día a día también muestra que la realidad a veces es mucho más sencilla. "No es cuestión de estar a la guerra todo el día", señalan a El Confidencial fuentes parlamentarias.

Foto: Juanma Moreno, junto a Pablo Casado. (EFE/Daniel Pérez)

Todo parte de la premisa de que la relación entre el PP y Vox tiene casi tantas versiones como lugares en los que coexisten, desde las Cortes al último de los Ayuntamientos. La convivencia en el Congreso, discursos y liderazgos aparte, es "cordial y educada" en líneas generales, según los implicados, sin una traslación clara del conflicto. Quienes comparten la oposición a Pedro Sánchez en la Carrera de San Jerónimo coinciden en que las tiranteces no son ni mucho menos parte de su rutina. "Ellos se ven lo que se ven, pero nosotros estamos juntos toda la semana. Es distinto", valora un veterano diputado del PP.

Ocurre en las comisiones, entre los portavoces y en la Mesa de la Cámara, donde figuran Ana Pastor (PP) e Ignacio Gil Lázaro (Vox), ahora bajo diferentes siglas pero durante muchos años en el mismo partido. Desde la bancada popular, incluso, se sienten en parte como una suerte de hermano mayor que ha introducido a los nuevos en la dinámica parlamentaria, especialmente al inicio, tras la irrupción de Vox en el hemiciclo. "Nos ayudamos", aseguran. También hay un punto de pragmatismo, habida cuenta de que el PP necesita de Vox para sacar adelante sus proposiciones y viceversa. En el caso de los de Abascal, además, se da la circunstancia de que cuentan con el rechazo de la práctica totalidad del Congreso en la mayoría de las ocasiones, tanto en los plenos como en las comisiones.

Las relaciones entre PP y Vox muestran escenarios antagónicos según el territorio, con Madrid y Andalucía como principales ejemplos

Pero este escenario esconde muchas dobleces. La sintonía o la discordia dependen en gran medida del interlocutor, con el grueso de las críticas en dirección a Génova, 13. "No es un secreto que el PP está dividido, también en la Asamblea y en el Gobierno, y es más fácil hablar con unas partes que con otras", apuntan fuentes de Vox en la Comunidad de Madrid, inmersos en la negociación de Presupuestos desde hace casi un mes, con las leyes de género y LGTBI y la gratuidad de la educación infantil como principales puntos de fricción. "Queremos dar estabilidad y por eso esperamos que Génova no impida a Ayuso llegar a un acuerdo con Vox", añaden.

"Personas rigurosas"

Lo cierto es que la afinidad que existe con el Ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso es casi una excepción. Al tiempo que en otras Comunidades Autónomas y Ayuntamientos las conversaciones en torno a las cuentas han sido en balde desde el inicio, en la región las cosas son bien distintas. Aquí Vox aprieta, pero no ahoga. Fieles a su estilo, los de Rocío Monasterio han escenificado desencuentros con la presidenta madrileña, incluso con el impulso de un pleno monográfico sobre el supuesto abuso de los contratos de emergencia durante la pandemia, pero en ningún caso han amenazado con romper la negociación, como sí ha ocurrido en Andalucía, donde están abocados a unas nuevas elecciones. "Nuestra relación es buena con aquellos equipos que están gestionados por personas rigurosas y que cumplen sus acuerdos", subrayan desde la formación de Abascal, en alusión velada a sus diferencias con Juanma Moreno.

Foto: El presidente de la Junta, Juanma Moreno (PP-A) (d), y el vicepresidente, Juan Marín (Cs). (EFE/Raúl Caro)

La sintonía en Madrid es recíproca. El PP en la Asamblea destaca las "buenas relaciones" con Monasterio y con el resto de diputados, más allá de roces puntuales y de algunas declaraciones públicas en momentos concretos. "Nosotros no nos avergonzamos de que sean nuestro socio preferente", aseguran desde el grupo popular en la Cámara, el mismo del que hace no mucho formaba parte el portavoz adjunto de Vox, Íñigo Henríquez de Luna, muy próximo a Esperanza Aguirre. El ejemplo de cómo se está llevando la situación en Madrid es visto con buenos ojos en algunos sectores del partido, que piensan que el modelo de trabajo del equipo de Ayuso podría elevarse a nivel nacional para acercar posturas con el de Abascal.

Cabe recordar que la presidenta regional fue investida tras las elecciones del pasado 4 de mayo con todos los votos de Vox, que la apoyaron prácticamente a cambio de nada. Pero las circunstancias a apenas dos kilómetros de la sede del Ejecutivo, en el Ayuntamiento de la capital, son opuestas. La relación entre José Luis Martínez-Almeida y Javier Ortega Smith guarda cierto paralelismo con la de Casado y Abascal, de la cordialidad a la nada, aunque en este caso sin una fecha a la que remontarse. El buen trato ha ido degradándose poco a poco, hasta el punto de que Vox ni siquiera ha dado una respuesta al equipo de Gobierno sobre las cuentas municipales, presentadas hace dos semanas. "Las cosas no son como antes, no", reconocen en Cibeles, que aun así mantiene a Ortega Smith como su socio prioritario. "Nosotros no les atacamos porque en el fondo somos lo mismo", destacan.

Foto: Javier Ortega Smith y José Luis Martínez-Almeida. (EFE/Mariscal)

Tampoco en Andalucía, lo que completa un patrón: allá donde el rival político tiene una mayor proyección y valoración por el electorado de centro e izquierda, más hostiles y beligerantes son los de Abascal. El parlamento andaluz, como ha venido informando este diario, es el reflejo más claro del muro que separa a ambos partidos. Tanto, que la estrategia en la región ha condicionado los movimientos de Vox en toda España, incluso en la ciudad de Madrid, con una ofensiva total para adelantar las elecciones y confrontar directamente con Moreno, culminada esta misma semana.

Su gestión y la de Almeida, bautizado como 'carmeida', marcan las diferencias más evidentes entre las dos formaciones desde hace meses, con las políticas inmigratorias y Madrid Central como puntas de un iceberg más profundo de lo que aparenta. "Por supuesto que el PP y Vox no son lo mismo", advertía esta misma semana el presidente andaluz, seguramente el barón popular más alejado de su socio, pero también el primero que pasará por las urnas y que decidirá el futuro de la relación entre ambos.

Esperanza Aguirre Pedro Sánchez
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