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Al asesino y violador de Logroño le quedaban por cumplir tres años de condena
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"Es una vergüenza que estuviese libre"

Al asesino y violador de Logroño le quedaban por cumplir tres años de condena

La Justicia dejó en libertad a Francisco Javier Almeida en abril de 2020 por buen comportamiento. Su condena realmente acababa el 17 de agosto de 2023

Foto: Concentración en Lardero en el parque en el que se vio por última vez a Álex. (EFE)
Concentración en Lardero en el parque en el que se vio por última vez a Álex. (EFE)

En Lardero, un pequeño municipio de La Rioja, se rumoreaba desde hace días que había un hombre mayor que abordaba a las niñas con la intención de llevárselas bajo engaño.

El día 14 de octubre intentó llevarse a la hija de Susana: “Mi hija estaba jugando en el parque con una amiguita y le dijo que se fuera con él que en casa tenía unos pajaritos”. La niña, a pesar de tener solo siete años, fue prudente, rehusó la invitación y fue corriendo a contárselo a su madre. Inmediatamente llamaron a la Policía Local de Lardero. “No se puso una denuncia formal, pero sí que le tomaron declaración a mi hija y ella describió perfectamente al hombre. En ese momento, se pusieron a buscar, pero sin éxito”. Según Susana, no era la primera vez.

En días anteriores ya lo había intentado con otras niñas. El día 25 de octubre volvió a la carga. Abordó a otra menor a la salida del colegio, que está apenas a 200 metros de la casa del asesino. “Niña, quieres venirte conmigo a casa. Tengo una hija de tu edad y podéis jugar juntos”, le dijo con voz suave Francisco Javier Almeida a una menor. Ella rehusó y su desconfianza le salvó la vida. La familia, asustada, acudió a poner la denuncia al puesto de la Guardia Civil de Villamediana. La descripción que hizo la pequeña fue vaga. Habló apenas de un varón de mediana edad, estatura media y pelo blanco. La descripción no coincidía con la del asesino y violador, que tiene el pelo oscuro y es alto. Aun así, ante la alerta, varios guardias civiles de paisano estuvieron vigilando de forma discreta entradas y salidas del colegio y alrededores sin que se detectara nada.

Conmoción absoluta entre los vecinos por el infanticidio de Lardero.

Sobre las 19.30 del jueves, Álex, de nueve años, desapareció. Iba disfrazado con una peluca de mujer. Los niños que jugaban con él corrieron hasta la terraza del bar donde estaban sus padres para advertirles de que el pequeño se había ido con un señor mayor. La familia y los amigos, enloquecidos, peinaron el barrio y empezaron a llamar puerta por puerta. Minutos después, la madre llamó al 112 desesperada para pedir ayuda y denunciar la desaparición.

Mientras que llegaba la Policía Local de Lardero y la Guardia Civil, “una niña de 11 años a la que se había intentado llevar hace días”, explica Susana, “nos contó lo que le había pasado y señaló el portal donde la intentó introducir él”. El marido de Susana, junto a otros, entró en el edificio y subieron piso a piso, llamando a todas las puertas, hasta que en el rellano de una de las últimas plantas se encontraron a Francisco Javier. Llevaba al niño en brazos. “Primero les dijo que se le había desmayado, después que había sido su compañero de piso”, relata Susana indignada. “Mi marido lo vio todo, está hecho una mierda”, confiesa.

"Una niña de 11 años a la que se había intentado llevar hace días nos contó lo que le había pasado y señaló el portal donde la intentó introducir"

Inmediatamente llegó al lugar la Guardia Civil que procedió a su detención. Coincidió que las asistencias sanitarias subieron a reanimar al menor con su asesino delante. “Le daba lo mismo todo. Estaba indiferente, hasta con media sonrisa, sin preocuparse de nada. Una persona fría que se cree por encima del bien y del mal”, comentan los vecinos que pudieron verle. En el exterior se congregaron unas 200 personas que trataron de romper el cordón policial para poder llegar hasta el asesino. Los agentes lo evitaron y lo llevaron hasta los calabozos. Allí, al chequear sus antecedentes, se llevaron una sorpresa. Había sido condenado por agresión sexual a siete años de prisión en 1993. Al poco de salir libre, en 1998, asaltó a una mujer que trabajaba en una inmobiliaria. “Estaba obsesionado con ella”, comenta Milagros, amiga de la familia, “la seguía y todo. Un día logró que le diese una cita para mirar una casa y allí la violó y la asesinó”.

El detenido por el asesinato de Lardero ya había intentado raptar a otras niñas.

La sentencia, a la que El Confidencial ha tenido acceso, explica que la víctima accedió a enseñarle la casa sola porque le conocía de antes y le trasmitía confianza. Jamás imaginó que se pudiera tratar de una trampa: “[…] Confiada por conocer al acusado, dejó el bolso y el paraguas en su entrada y se dirigió, seguida por el acusado, hacia las habitaciones interiores de la vivienda y, en concreto, en la que había dos camas, lugar donde el acusado súbita e inesperadamente empujó por la espalda a la víctima que cayó sobre la cama abalanzándose sobre ella e inmovilizándola con el fin de evitar que pudiese defenderse, e incluso de poder pedir ayuda o auxilio al tener la boca sobre la cama.

El acusado procedió con una navaja a dar pinchazos a la víctima y cortes en zona occipital, cervical, dorsal superior, rostro y cuello, causándole un total de 17 heridas, una de ellas le seccionó las glándulas tiroideas y la tráquea. Seguidamente, el acusado giró al cuerpo y dio nuevos cortes en mentón y en línea mamaria, así como una mordedura en los labios. A continuación, el acusado le clavó el arma blanca en la región precordial, directamente sobre el corazón, que le produjo la muerte inmediata”. Y, en mitad de este salvaje ataque, la agredió sexualmente. Disfrutó, ya que los agentes de criminalística localizaron restos biológicos que así lo confirman.

Su comportamiento evidenció que se trata de un psicópata que no siente ni padece "y que solo obtiene placer haciendo daño a las mujeres"

Durante el juicio pidió perdón a la familia y también se enfrentó al fiscal: “Yo no soy un actor como usted dice. Yo siento de corazón lo que hice y pido perdón”, aseguró en tono chulesco. A pesar de que su comportamiento evidenció que se trata de un psicópata que no siente ni padece, “y que solo obtiene placer haciendo daño a las mujeres”, explica la abogada penalista y criminóloga, Bárbara Royo, la Justicia consideró que era oportuno dejarlo en libertad antes de que acabase su condena. Y eso que le habían condenado a 20 años por el asesinato y a 10 por la agresión sexual.

Abandonó la prisión el 8 de abril de 2020, aunque en realidad su condena acababa tres años después: el 17 de agosto de 2023. Es decir, que se premió a un violador reincidente y asesino con la libertad condicional, sin que hubiese cumplido su condena íntegra. “Es una vergüenza que este señor estuviese libre y, además, la familia de la mujer de la inmobiliaria no sabía que lo habían dejado en libertad”, comenta Milagros. “La ley establece, desde el caso de Sandra Palo, que la familia tiene derecho a saber los permisos que se le dan y si sale en libertad”, explica Royo. “Si no lo sabía la familia, lo único que se me ocurre es que su abogado no se personó en el juzgado de vigilancia penitenciara para que les informasen”. En caso contrario, todo apunta a una enorme irregularidad.

Los vecinos también cargan contra la Policía Local de Lardero, porque no recogieron las denuncias previas. Lo cierto es que deberían haber derivado el caso a la Guardia Civil que es quien tiene competencias en la materia, pero, “al parecer, no le dijeron nada a nadie. Ni tomaron denuncias”, explica una vecina. Hay quien pide ya una investigación para tratar de determinar si se ha producido algún error o negligencia en la muerte del pequeño Álex.

En Lardero, un pequeño municipio de La Rioja, se rumoreaba desde hace días que había un hombre mayor que abordaba a las niñas con la intención de llevárselas bajo engaño.

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