Celtiberia resurge: viaje por el país 'inventado' para dar una identidad a la España interior
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IDENTIDAD Y TURISMO

Celtiberia resurge: viaje por el país 'inventado' para dar una identidad a la España interior

Recorremos con uno de sus grandes expertos Celtiberia, que se extiende por ocho provincias y cuatro comunidades autónomas: "Como el Camino de Santiago, pero con algo de verdad"

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Hace unas semanas, mientras volvía desde Valladolid, Javier Hernández Ruiz se encontró con dos figuras equinas en la frontera con Soria. Eran dos reproducciones de la famosa fíbula de caballo que fue encontrada en Numancia y que hoy se ha convertido en uno de los símbolos de la región. La fíbula aparece hoy en camisetas, pins o llaveros. Para Hernández, significaba algo más. “Ya está calando”.

Lo que está calando es Celtiberia. Un territorio, pero sobre todo un 'país imaginado'. Una idea, un concepto. Un término que ya aparece en textos grecolatinos. Una región multicultural que se extiende por ocho provincias españolas y cuatro comunidades (Guadalajara, Segovia, Soria, Cuenca, Zaragoza, Teruel, Cuenca y Burgos; las dos Castillas, Aragón y La Rioja) y que es fácil identificar con la España interior despoblada. De Calahorra a Alarcón, de Sepúlveda a Zaragoza, de Albarracín hasta Santo Domingo de la Calzada. Para Hernández, además, es una película que aún no se ha contado. Y una oportunidad.

"Yo no sabía qué era, tenía mucho cacao, pero ahora me he dado cuenta de que soy de la Celtiberia y me mola”

Hernández es muchas cosas (entre ellas, director de documentales y profesor en ESIC), pero sobre todo es un orgulloso miembro de la Asociación de Amigos de la Celtiberia y coordinador de la ‘Guía turística de la Celtiberia’. No es una mera guía de viajes (que también), sino el intento de revitalizar una región “llena de cosas” a la que el progreso dio la espalda en el siglo XIX y que está buscando una historia que contarse. Esta historia puede llamarse Celtiberia, que además suena bien.

“No existe un destino turístico interesante si no hay una película, y aquí teníamos buenos fotogramas, pero faltaba la película y este es nuestro intento, con un nombre además muy evocador”, explica Hernández, que se entusiasma cuando habla de su Celtiberia natal. En la contraportada del libro aparecen no menos de 11 organismos públicos, desde las distintas diputaciones (Soria, Segovia, Burgos, Teruel, Cuenca) hasta comarcas como la del Campo de Daroca o del Aranda.

[Quien quiera pasearse por Celtiberia ya, puede bajar hasta el final del artículo y ver el viaje que hemos preparado]

Hace unos años, la mayoría identificaría Celtiberia con Luis Carandell y su ‘Celtiberia show’, en el que recogía lo más carpetovetónico y anticuado de nuestro país. La situación ha cambiado poco a poco a lo largo de la última década, en la que muchos sorianos o aragoneses se han dado cuenta de que ellos, lo que son, es celtíberos. “Este verano hemos estado haciendo presentaciones y te das cuenta del empoderamiento que siente la gente cuando se lo cuentas”, explica. “En una me vino un ingeniero de 40 años de Zaragoza y me dijo, 'yo no sabía qué era, tenía mucho cacao, pero ahora me he dado cuenta de que soy de la Celtiberia y me mola”.

“Creo que es muy bueno que la gente se empodere identitariamente”, prosigue Hernández. “No para conformar una movida política y de tipo excluyente, porque no creo en eso, pero sí de decir ‘yo soy celtíbero”. Como recuerda, muchos pueblos no se sienten identificados con la región que les ha caído en suerte por la división provincial, como ocurre con “la gente de Molina de Aragón, que no se siente nada de Guadalajara porque no tiene nada que ver con el corredor del Henares, o en Teruel Occidental. Albarracín, Calamocha o los páramos de la Gallocanta están desguarecidos de identidad y este tipo de cosas les viene bien”. O parte de Soria, que en algunas zonas rayanas se identifica más con Aragón que con Castilla y se siente un poco huérfana dentro de Castilla y León. Celtiberia es una identidad alternativa.

Todos los nacionalismos no son más que ‘storytellings’, insiste Hernández

En Aragón, Zaragoza y Teruel se comienza a asumir lo celtíbero. Los autores conceden que hay un importante porcentaje de ‘storytelling’, de “invención”, por usar el término utilizado para referirse al Camino de Santiago. “Está en esa línea, pero la diferencia es que aquí al menos hay algo de verdad, porque a día de hoy no está documentado que Santiago el Mayor estuviese en carne mortal. Pero es un ‘storytelling’ acojonante inventado por Gelmírez [primer arzobispo de Santiago] y las monarquías, a las que les interesaba atraer colonos a través de los fueros. Humildemente, es algo parecido, pero con una base sólida, tanto geográfica como histórica. Tampoco pretendemos que sea científico, somos conscientes de que es ‘un país imaginado”.

Todos los nacionalismos, en el fondo, no son más que ‘storytellings’, insiste Hernández. Pero ellos no piensan en la nación: “Por eso trabajamos más en lo cultural y turístico, lo aglutinante y no restrictivo”.

Aquí también hay un parque jurásico

Si resulta tan difícil hablar de Celtiberia, es porque tiene de todo, pero algo disperso. Los amigos de lo celtíberos presumen de que es el único lugar de Europa Occidental donde están las cuatro culturas (las tres del Libro, cristiana, judía y musulmana, y la celta “documentada”, insiste el coordinador), el “mejor mudéjar del mundo”, castillos, fortalezas y ciudades medievales por doquier, el origen de los textos aljamiados… Y hasta dinosaurios, como muestra el famoso Dinópolis de Teruel.

placeholder Dinópolis en Teruel. (EFE/Antonio García)
Dinópolis en Teruel. (EFE/Antonio García)

“Es un ‘far west’, una tierra de frontera entre cristianos y musulmanes (ya en 946, Abderramán III trasladó la capital de Toledo a Medinaceli para asegurar la frontera): la línea de las atalayas entre Soria y Guadalajara es el mayor legado de arquitectura militar del califato junto al castillo de Gormaz”, explica Hernández. “Tras la Reconquista, esos territorios están vacíos, porque han sido territorios de guerra, y para conseguirlo generaron una lógica democrática que quizá ya venía desde los celtíberos: los fueros primero de Sepúlveda, y luego otros como los de Calatayud, son estructuras muy democráticas a las que acompañan el románico y la colonización”.

Al contrario de lo que se suele pensar, lo que hoy se denomina Celtiberia no fue nunca un territorio pobre. Durante siglos, la lana, el hierro, la sal y el agua (del Duero, el Júcar, el Tajo o el Turia) permitieron que la masa poblacional fuese semejante a la de hoy en día. Fue el siglo XIX, y la llegada de la industrialización, un tren que la región perdió, lo que la empobreció definitivamente. Pero eso le ha dado otras posibilidades.

“Tenemos algunas de las ciudades medievales más importantes y mejor conservadas gracias a ello”, recuerda Hernández

“Tenemos algunas de las ciudades medievales más importantes y mejor conservadas gracias a ello”, recuerda Hernández. Pueblos de pocos miles de habitantes con su propia catedral, como el Burgo de Osma, Calahorra o Tarazona. También, el 'parque jurásico' más importante de Europa, defiende el coordinador.

Pero si tuviese que definir Celtiberia brevemente, ¿qué elegiría de entre todo ello? “Es la tierra de la frontera creativa. Es un espacio para descubrir, porque está lleno de riquezas, pero no son aparentes. Es un poco para iniciados. Por eso los poetas como Machado o Bécquer sintonizaron tanto, porque son territorios llenos de poesía, pero no son cosas apabullantes, es una riqueza en la que hay que iniciarse”.

¿Una oportunidad… para quién?

A lo largo de toda la conversación, no deja de surgir el término 'oportunidad'. Los amigos de Celtiberia rechazan el término España vacía, aunque en el propio libro de Sergio del Molino la Celtiberia es utilizada como un ejemplo de los proyectos identitarios que intentan dar respuesta a la orfandad que se siente en esos territorios y a los problemas ya conocidos. “Despoblación, envejecimiento y colonialismo por parte de las empresas y el Estado”, explica Hernández.

placeholder Javier Hernández, amigo de Celtiberia. (Foto: Héctor G. Barnés)
Javier Hernández, amigo de Celtiberia. (Foto: Héctor G. Barnés)

¿Una oportunidad para quién, por lo tanto? “Lo que no creo es en los milagros, en polígonos industriales ni soluciones masivas. No merece la pena que esto se convierta en un modelo de grandes ciudades ni mucho menos. Lo interesante es que quien quiera ocupar estos territorios en la forma en que se habita en el siglo XXI venga, porque a lo mejor en los pueblos en invierno no tiene que haber nadie”. Un emprendedor que sitúe su base en la Alcarria o un turista ansioso de cordero y románico.

A lo que se refiere Hernández es al pequeño ‘boom’ de los pueblos después de la pandemia. “Este verano estaban llenos, nunca los he visto tan activos como ahora: los padres con las comilonas, los niños con las bicicletas y los adolescentes con los botellones”, explica el profesor. “Hay que ir a una colonización cualitativa y temporal. Los pueblos no van a volver a ser nunca como fueron, porque estamos en el siglo XXI y hay una movilidad tremenda”. Ve la guía recién publicada como “una herramienta para que un nuevo colono monte una agencia de esto y venga gente, cualitativamente hablando”.

“Lo que sí vamos a apoyar es el desarrollo del territorio para que no nos toreen. La pretensión no es política, es cultural e identitaria”

El ‘boom’ de Celtiberia es paralelo a la explosión de los partidos de la España vaciada, como Teruel Existe. Ambos comparten sus raíces, pero prefieren no meterse en política aunque, como recuerda, tenga sus opiniones. “En la asociación, tenemos gente de todos los partidos y sensibilidades, cualquiera cabe siempre que se defienda el desarrollo sostenible y la no colonización”, concluye. En sus filas, predomina la sensibilidad de izquierdas, pero también hay personas del Partido Aragonés, conservador y nacionalista moderado. “Lo que sí vamos a apoyar es el desarrollo del territorio para que no nos toreen. La pretensión no es política, es cultural e identitaria”.

Un pequeño viaje por la España interior

Una buena película necesita secuencias memorables, así que hemos trazado un pequeño itinerario de cinco destinos celtíberos para intentar resumir un territorio con siglos de historia. La mayoría de ellos no está a más de dos horas de Madrid.

placeholder Molina de Aragón. (EFE/José Luis Fernández Checa)
Molina de Aragón. (EFE/José Luis Fernández Checa)

1. Molina de Aragón

Casi un kilómetro cero de Celtiberia, una de las ciudades medievales mejor conservadas de la región, que se encuentra a algo más de dos horas de la capital. Asentada sobre un poblado celtibérico y andalusí, “se fue jalonando de esbeltas torres y puertas que protegen un conjunto urbano con iglesias románicas, renacentistas y barrocas”.

placeholder Yacimiento arqueológico de Tiermes. (Foto: CC/Discasto)
Yacimiento arqueológico de Tiermes. (Foto: CC/Discasto)

2. Tiermes

Uno de los yacimientos arqueológicos más impresionantes de toda España y un símbolo de la resistencia frente a Roma. “Es también un ejemplo del ‘color de la Celtiberia’, que lo dan las areniscas triásicas que conforman el paisaje de rodeo tan característico y abundante en toda esta geografía de la ibérica y raro en la Península”, explica Hernández. Además, fue área costera (aunque no lo parezca) en el mesozoico.

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Dinópolis: (CC/PePeEfe)

3. El parque jurásico de Alto Cidacos

Las huellas de los dinosaurios pueden perseguirse por muchos rincones de Celtiberia, y un buen destino puede ser el Alto Valle del Cidacos, en la comarca de Arnedo. Icnitas, fósiles, huevos, coprolitos y yacimientos vivos como Torralba o Ambrona constituyen “un conjunto paleontológico de primer orden mundial”.

La historia de Sepúlveda es la del primer fuero de Extremadura, que sirvió de inspiración al de otras ciudades celtíberas de la Reconquista

4. Sierra del Moncayo

“Es el mejor ejemplo de frontera natural entre lo atlántico y mediterráneo que caracteriza la naturaleza de Celtiberia: tiene hayedos magníficos y, a pocos kilómetros, el desierto de las Bardenas”, explica Hernández. 15 kilómetros de largo y siete de ancho en las comarcas de Tarazona y Moncayo que inspiraron a Gustavo Adolfo Bécquer.

placeholder Refugio en la Sierra del Moncayo. (CC/Miguel Ángel García)
Refugio en la Sierra del Moncayo. (CC/Miguel Ángel García)

5. Sepúlveda

Un ejemplo magnífico de este ‘storytelling’ que tanto echa de menos Hernández: “Nada más aterrizar, empiezan a bombardearte: el centro de interpretación del Duratón, el centro de interpretación de los fueros, el centro de interpretación del románico, la excursión por el Duratón… Y ya te quedas a comer cordero. Si no les cuentas esta clase de historias, a la gente le suena a ‘otro pueblo más”.

La historia de Sepúlveda es la del primer fuero de Extremadura, que sirvió de inspiración al de otras ciudades celtíberas de la Reconquista. “Así, en contraste con un contexto europeo de servil feudalismo, surgieron esos incentivos y libertades que tuvieron su primera formulación de ‘Extremadura’ en el Fuero Breve o Latino de Sepúlveda”. Los fueros protegieron “la defensa de la libertad individual de los repobladores, la protección de la familia, la defensa de la propiedad privada, ciertas exenciones fiscales y la facilitación del comercio en ferias y mercados”. Favorecieron la llegada de colonos, de igual manera que la resurrección (e invención) de Celtiberia puede arrastrar una nueva ola, a lomos de wifi, una vida más tranquila y la capital a tiro de piedra.

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Sepúlveda. (Foto: CC/Laura Barrio)
Teruel Teruel Existe
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