Un testigo del kamikaze de la M-50: "¡Va en dirección contraria a toda hostia!"
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Este lunes declara el acusado

Un testigo del kamikaze de la M-50: "¡Va en dirección contraria a toda hostia!"

Este lunes declara el acusado, la familia de la víctima y los testigos. Los testimonios de los que vieron lo que ocurrió ponen los pelos de punta

Foto: Foto del vehículo kamikaze que circulaba por dirección contraria. (EFE)
Foto del vehículo kamikaze que circulaba por dirección contraria. (EFE)

Ya se ha elegido a los miembros del jurado que tendrán que decidir si Kevin Cui se imagina que conduciendo borracho en dirección contraria estaba poniendo en riesgo al resto de conductores o si nunca pudo suponerlo y fue solo una imprudencia. El jurado, con sus nuevos titulares y los dos suplentes, está formado por seis mujeres y cinco hombres de entre 19 años y casi 60. Pero pudo no haber juicio. El fiscal antes de la selección ofreció a la acusación y a la defensa un acuerdo. Siete años y medio de cárcel y ahí acababa todo. Ambos letrados consultaron a sus clientes. El acusado rechazó el acuerdo y la familia de Víctor López, también.

Así que se compuso el jurado. Este lunes escucharán al acusado si es que decide hablar, porque el derecho español le permite guardar silencio o solo responder a las preguntas de su abogado, por ejemplo, y también le da derecho a no decir verdad. Los que sí tendrán que contar la verdad serán los testigos. Según el escrito de hechos justiciables, una mujer iba en el coche, con su hija menor de edad “haciéndolo por el carril central de los tres existentes, siendo adelantada a gran velocidad por el vehículo del acusado, sintiendo peligrar su vida y la de su hija, de manera que cuando Kevin C. comenzó a aminorar la velocidad del Volkswagen Golf, cruzando los tres carriles desde la izquierda, en zigzag, hasta detenerse en el arcén derecho, la mujer se vio obligada a modificar su velocidad, frenando, y cambiando al carril izquierdo, maniobra que le permitió evitar la colisión”.

Foto: El hombre quitó, en dos ocasiones, el cepo que la Guardia Civil había puesto a su coche (EFE/Victor Lerena)

A continuación, Kevin aparcó en el arcén, encendió los cuatro intermitentes para avisar al resto de conductores que estaba allí y evitar la colisión, dio marcha atrás y giró 180 grados para incorporarse a la vía en dirección contraria a toda velocidad. Es a partir de ese punto que los conductores alarmados comenzaron a llamar a la Guardia Civil porque ellos intuían, podían imaginarse, que ese hombre era un riesgo y podía matar a alguien como acabó ocurriendo. En una de esas llamadas de auxilio, un testigo con el que se cruza y le evita llega a gritar: “¡Va en dirección contraria a toda hostia!”.

Dio positivo en alcohol: 0,86 miligramos de alcohol en aire aspirado. La pregunta es: ¿iba tan borracho como para no saber lo que hacía? O, por el contrario, iba bebido, lo que es incuestionable, pero ¿sabía lo que hacía? Los testigos afirman que iba a 200 por hora en la dirección de la marcha haciendo zigzag y esquivando coches antes de darse la vuelta y que, cuando se la dio, decidió ir recto sin apartarse dando ráfagas de largas para deslumbrarlos. ¿Se chocó con el primer coche? No. Se cruzó con varios antes de empotrarse contra el vehículo de Víctor.

Víctor tenía 20 años, unos padres maravillosos, una novia con la que tenía infinidad de proyectos y una familia que le adoraba

En España, hasta hace poco ha sido habitual que los siniestros viales en los que el acusado va bebido o drogado se traten como simples homicidios imprudentes. De hecho, si pagan algo de la responsabilidad civil, se les atenúa la pena y ni siquiera entran en prisión. Víctor tenía 20 años, unos padres maravillosos, una novia con la que tenía infinidad de proyectos y una familia que le adoraba. Le segaron la vida cuando comenzaba a vivir.

¿Vale la vida de Víctor un máximo de cuatro años de prisión como persigue su letrado? Bárbara Royo, la abogada de la defensa y experta en siniestros viales, explicó en la entrada de la Audiencia Provincial de Madrid que no se trata de una imprudencia, sino que Kevin C. se pudo imaginar que conduciendo en dirección contraria a desmesurada velocidad podía matar a alguien y, aun así, asumió el riesgo y resultado y continuó conduciendo. “Alguien que comete un error cesa su conducción kamikaze en el momento que se cruza con el primer vehículo”, matizó la penalista.

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