Casado estira las costuras ideológicas del PP Europeo en la era post-Merkel
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LA CLAVE, ALEMANIA

Casado estira las costuras ideológicas del PP Europeo en la era post-Merkel

El PP Europeo ha mantenido una difícil relación con partidos de ultraderecha como el de Viktor Orbán. La salida de Merkel reconfigura el tablero y el futuro del partido puede pasar por lugares como España, donde Casado tendría que pactar con Vox par

placeholder Foto: Angela Merkel y Pablo Casado en Berlín el pasado jueves. (David Mudarra)
Angela Merkel y Pablo Casado en Berlín el pasado jueves. (David Mudarra)

Cuando los conservadores europeos hablan de lo que está ocurriendo en Alemania, donde las encuestas dan como favoritos a los socialdemócratas (SPD) del ministro de Finanzas, Olaf Scholz, lo hacen en términos de una batalla trascendental. Algunos utilizan una palabra usada por Sebastian Kurz, canciller austriaco: "Totalausfall". Fracaso total. Alemania es la llave de todo. Una derrota en la retención de Berlín no es un traspié, es un problema de grandes proporciones para la familia del Partido Popular Europeo (PPE), que lleva dominando la política del continente durante dos décadas, pero que ya lleva un lustro inmerso en una crisis de identidad.

Se asumía que el adiós de Angela Merkel, canciller alemana durante los últimos 16 años, sería muy complicado para los democristianos de la CDU. Pero incluso perdiendo votos, en el PPE esperaban retener el poder en Alemania con unos socialdemócratas en crisis desde hace años. Como mucho tendrían que cerrar una coalición con Los Verdes, lo que les obligaría a ser algo más flexibles en algunos asuntos, y un poco más "halcones" en política exterior. Ahora ese ya no parece el escenario base, y las elecciones del 26 de septiembre se han convertido en un momento clave para el futuro inmediato del Partido Popular Europeo.

La onda expansiva de lo que ocurra en Berlín llegará a todas las esquinas del PPE. También a Pablo Casado y sus perspectivas de futuro. Tras presentarse ante el resto de líderes conservadores europeos como un joven inexperto, con la piel fina y sin experiencia, su nombre va cogiendo forma dentro de la familia democristiana. El líder popular tiende a no perderse una sola cita del PPE que se celebran antes de los Consejos Europeos, con el objetivo de ir sumando prestigio, entrar en contacto con primeros ministros y presidentes e ir conformando su agenda internacional. Es una de las prioridades en la dirección nacional del partido.

Foto: Pablo Casado junto a Angela Merkel en Berlín. (David Mudarra)

El ejemplo más reciente es el encuentro que esta misma semana mantuvieron distintos dirigentes en la capital alemana para despedir a Merkel. Casado defendió con convicción el futuro de la familia democristiana en Europa, consciente de que está en el equipo de posibles líderes emergentes, y se metió de lleno en los retos que afrontarán durante el próximo ciclo electoral. Además, aprovechó para sacar pecho de sus posturas en España, las mismas que le enfrentan a Pedro Sánchez, como la renovación del CGPJ, el órgano de gobierno de los jueces, consiguiendo que se visibilizara un cierto apoyo.

Pero el ambiente general era más bien agridulce. Los halagos y agradecimientos a la canciller alemana se solapaban con las pocas esperanzas que los conservadores tienen de mantener el poder tras los comicios. Y, en medio de todas las fotografías, el candidato de la CDU: Armin Laschet, con el que Casado también tuvo una reunión bilateral, y al que sus colegas auguran pocas opciones.

¿Fracaso de Laschet e impulso para Casado?

La paradoja es que ninguna otra cosa como un "totalausfall" de Laschet en las elecciones alemanas impulsaría a Casado dentro del PPE. Queda mucho tiempo para las generales en España y todo apunta a que Sánchez agotará la legislatura. Pero incluso a dos años vista, se trata de la siguiente gran cita electoral en Europa para la formación democristiana, que si se apunta una derrota en Alemania mirará a Madrid como un bote salvavidas al que aferrarse para seguir teniendo el control de uno de los cinco grandes Estados miembros de la UE.

Si el PPE fracasa en Alemania mirará a Madrid como bote salvavidas al que aferrarse

También en noviembre de 2023 se celebran elecciones en Polonia, clave en la estructura del PPE, donde el actual presidente de la familia europea, Donald Tusk, tratará de vencer a los ultraconservadores del partido Ley y Justicia (PiS). Pero en los otros dos grandes países pendientes de comicios la situación es muy mala. En Italia, donde también hay cita electoral en 2023, el partido de Silvio Berlusconi es ya solamente un apoyo de la coalición de derechas liderada por Matteo Salvini, que no forma parte del PPE, y los Fratelli d’Italia de Giorgia Meloni, todavía más a la derecha. En Francia las opciones de que Les Républicains puedan irrumpir en una segunda ronda descabalgando a Emmanuel Macron o a la derechista Marine Le Pen son muy escasas.

La hora de las decisiones

Si pierden Alemania, el PPE profundizará en una crisis iniciada con unos malos resultados en las elecciones europeas de 2019. Sin un canciller alemán democristiano todavía serían muchos los primeros ministros de la familia, pero en el Consejo Europeo, la sala de operaciones en la que se reúnen los jefes de Estado y de Gobierno y donde de verdad se influye en el proyecto de la Unión, el tamaño importa, y los líderes populares serán de países pequeños y poco influyentes. Chipre, Rumanía, Eslovenia, Austria, Croacia, Letonia, Eslovaquia y Grecia. El austriaco Kurz, un "halcón" fiscal de primera línea, y Kyriakos Mitsotakis, líder griego, serían las dos figuras de mayor importancia en el tablero. El PPE no se podrá permitir seguir estando completamente ausente de la lucha política en Francia o en Italia. Y los acontecimientos llevan al PPE a tener que tomar decisiones.

Tras la era feliz entre 1999 y 2019 en la que el partido ha dominado de forma rotunda la política europea, su peso en el Consejo Europeo empieza a disminuir, las crisis internas son numerosas y si quiere que la legislatura 2019-2024 sea únicamente la de transición y no la del inicio de una etapa de declive, una parte de la formación cree que hay que cambiar de receta, y volver a la trascendental decisión que Helmut Kohl, canciller alemán, tomó en Bonn en 1998: había abrir el partido, admitir nuevas formaciones, ser más flexibles ideológicamente.

La decisión aperturista del PPE provocó que en su día entrara Fidesz (Viktor Orbán)

Aquella decisión llevó al PPE a la hegemonía, pero también provocó que un partido como Fidesz haya podido afianzar una deriva autoritaria en Hungría, asfixiando la libertad de prensa y a la oposición, tejiendo toda una red clientelar alrededor de Viktor Orbán, que ha regado con miles de millones de euros de fondos europeos a sus aliados cercanos. Y todo con una impunidad total, en gran parte gracias a su carnet de miembro del PPE. Fidesz ha salido de la familia política solamente este año 2021, tras una década de ataque al estado de derecho en Hungría.

Justo ahora, y tras deshacerse de Fidesz, al PPE se le presenta de nuevo la pregunta: ¿debe, para sobrevivir, abrirse a nuevas formaciones políticas más derechistas y conservadores que las que conforman el núcleo duro de la familia? Un ejemplo claro es el de la Lega de Salvini. Algunas voces en el PPE susurran la posibilidad de abrirle la puerta al líder derechista, que como ministro de Interior italiano puso el Gobierno patas arriba y presentó continuos retos a la UE.

Para algunos miembros, el ofrecimiento no sería muy distinto a cuando se le abrió la puerta a Berlusconi en plena descomposición de la democracia cristiana italiana. Creen que Salvini se moderará, dejará de sembrar dudas sobre el euro e intentará mantener a su electorado más o menos bajo control con un discurso populista sobre la inmigración. Nada que no hagan ya otros líderes populares. La experiencia de Mario Draghi en el Gobierno italiano y el apoyo que le ha prestado Lega hace creer en algunos sectores del PPE que la fruta está madura.

placeholder Casado con Kurz, canciller austriaco, en Berlín. (David Mudarra)
Casado con Kurz, canciller austriaco, en Berlín. (David Mudarra)

Pero ese tipo de aperturas hacia partidos derechistas es todavía un tabú. Quien habla de ello lo hace en voz baja, y cuando alguien lo propone suele ser reprendido y acaba por retractarse rápidamente. Daniel Caspary, eurodiputado y líder de filas de la CDU alemana en la Eurocámara, sugirió la posible entrada de Lega en el PPE, pero rápidamente se desdijo. “No tenemos espacio para la Lega de hoy”, señaló. El "de hoy" es la clave. La expulsión de Orbán de la familia política marca el tono actual y da la victoria momentánea al sector liberal dentro de la formación, en el que se encuentran los partidos del Benelux y los nórdicos, que cuentan con el apoyo de algunos miembros poderosos del este de Europa, como es Plataforma Cívica (Polonia).

Pero no todos los partidos han sido tan vocales con Fidesz. Y el PP español, tanto durante la era de Mariano Rajoy como ya durante la etapa de Casado, ha sido uno de sus principales aliados del líder húngaro, argumentando siempre que Orbán había apoyado de forma muy abierta al Gobierno español durante la crisis catalana de 2017. Además, el primer ministro húngaro entabló una gran amistad con José María Aznar, y ese vínculo emocional siempre se mantuvo vivo con los siguientes líderes populares. También durante mucho tiempo el ÖVP de Kurz apoyó a Orbán, aunque cuando ya claramente la formación húngara estaba condenada por la revuelta de los nórdicos decidió cambiarse de bando y apoyar la suspensión de su membresía, aunque no su directa expulsión del PPE.

El microcosmos de PP y Vox

Si Casado gana las próximas elecciones, como señalan las encuestas, con casi total seguridad necesitará del apoyo de Vox, una formación que en Europa forma parte de la familia de los Conservadores y Reformistas (ECR), que lideran los ultraconservadores del PiS polaco. Y aquí viene la verdadera incógnita por despejar. La orden del líder del PP es evitar a toda costa fijar una posición de los pactos de futuro. La victoria de Isabel Díaz Ayuso en Madrid le dio alas al respecto porque apenas necesita alguno de sus diputados, pero ningún sondeo señala que Casado pueda estar en una situación similar. Todos apuntan a que Vox será necesario para que él llegue a la Moncloa. Y el partido ultra ya ha manifestado que ha llegado la hora de entrar en gobiernos. La primera prueba serán las elecciones autonómicas andaluzas del año que viene, donde el PP también los podría necesitar para seguir gobernando.

Fuentes de la formación en la UE aseguran que el discurso de ruptura con Vox que Casado materializó el pasado otoño durante la moción de censura presentada contra Sánchez (votó en contra para no alinearse con el partido de Santiago Abascal) fue muy bien recibido dentro del PPE. “Se tomó muy en serio y despejó dudas. Fue algo positivo”, explican. Casado fue muy duro en aquella ocasión y buscó señalar las diferencias entre ambos para lanzar un doble mensaje: que no eran la misma cosa y que el PP no compartiría nunca principios básicos con Vox. La visión sobre Europa era uno de los más importantes.

Foto: El líder del PP, Pablo Casado. (EFE)

La cuestión es que más allá de la ideología pura, las alianzas poselectorales serán las que realmente determinen la posición que toma el PP en España. Y todo apunta que Casado no tendrá otra vía. El PP español sería un microcosmos de las difíciles decisiones que tiene que tomar la familia popular a nivel europeo. Y a nadie se le escapa que si este escenario se hiciera realidad, Casado sería el único líder de un país de peso en la cúpula del PPE, por lo que tendría cosas que decir respecto al futuro de la familia política. ¿Qué debería hacer la familia europea? ¿Abrirse a partidos más derechistas como Lega y tender puentes hacia formaciones más conservadoras también en la política europea? ¿Sería posible políticamente sin partirse en dos?

La característica común que tenían ÖVP y el PP español cuando han defendido a Orbán en los últimos años ha sido que ambas formaciones o bien se apoyaban en un partido de extrema derecha para gobernar, como hizo Kurz en la anterior legislatura, o bien saben que potencialmente tendrán que hacerlo. Las condiciones de la política nacional afectan al tablero de la política europea. Con una CDU en crisis si finalmente no entra en el Gobierno de Alemania, ambas formaciones tendrán mucho que decir sobre la futura estrategia del PPE, aunque ninguno tiene el peso suficiente como para marcar una agenda como la que señaló Kohl en 1998.

Cuando los conservadores europeos hablan de lo que está ocurriendo en Alemania, donde las encuestas dan como favoritos a los socialdemócratas (SPD) del ministro de Finanzas, Olaf Scholz, lo hacen en términos de una batalla trascendental. Algunos utilizan una palabra usada por Sebastian Kurz, canciller austriaco: "Totalausfall". Fracaso total. Alemania es la llave de todo. Una derrota en la retención de Berlín no es un traspié, es un problema de grandes proporciones para la familia del Partido Popular Europeo (PPE), que lleva dominando la política del continente durante dos décadas, pero que ya lleva un lustro inmerso en una crisis de identidad.

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