El PP fomentará la ruptura entre Nadia Calviño y Yolanda Díaz en el Parlamento
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Estrategia de desgaste del Ejecutivo

El PP fomentará la ruptura entre Nadia Calviño y Yolanda Díaz en el Parlamento

Los populares usarán las herramientas de control a su disposición para ahondar en las diferencias de la coalición. Consideran la Cámara como 'territorio hostil' para Sánchez y sus ministros, que evitan comparecer

Foto: Pablo Casado, Teodoro García Egea y Cuca Gamarra. (EFE)
Pablo Casado, Teodoro García Egea y Cuca Gamarra. (EFE)

El grupo parlamentario popular tiene el mandato de estrechar el cerco sobre el Gobierno aprovechando la debilidad que Pedro Sánchez sufre en el Congreso. El último periodo de sesiones no fue fácil para el Ejecutivo, que se enfrentó a votaciones angustiosas como la relativa a los interinos —aprobándola 'in extremis'— y las continuas tensiones dentro de la coalición, que a partir de ahora seguirán con el precio de la luz como plato fuerte, anticipando una negociación presupuestaria muy complicada. El PP está decidido a ahondar en las diferencias de las dos almas del Gobierno, especialmente en las sesiones de control.

Al enfrentamiento habitual entre el presidente y el líder de la oposición les seguirán los de la portavoz popular, Cuca Gamarra, y la vicepresidenta primera, Nadia Calviño, y de Teodoro García Egea con su nueva ‘compañera de baile’ en el Congreso, la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz. Con la salida de ‘pesos pesados’ como Carmen Calvo, el PP ya tenía planeado incidir en el desgaste de la titular de Economía con asuntos que escapan a su área. Pero ahora, habida cuenta de la tensión acumulada entre los dos actores del Gobierno, el más ortodoxo y el que empuja hacia las reformas, la idea es coordinar los debates y las preguntas para evidenciar el disenso en el Parlamento.

Foto: La vicepresidenta tercera y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. (EFE) Opinión

Todo ello, en un momento en que el PP tiene claro que el Congreso se ha convertido en ‘territorio hostil’ para Sánchez. En parte, por la exigua suma de los dos partidos del Gobierno (el PSOE cuenta solo con 120 escaños y Podemos, con 35) y la necesidad de pactar cada votación con distintos grupos, convertidos en socios habituales (es el caso de ERC), pero cuya relación se puede recrudecer de un momento a otro. A eso se añade la negativa constante de celebrar el debate sobre el estado de la nación que el líder de la oposición exige desde hace meses. “Sánchez no quiere pisar el Congreso. No comparece, ni tampoco los ministros. Vienen lo mínimo y es porque están muy incómodos”, afirman desde la dirección del grupo popular.

La principal crítica tiene que ver, una vez más, con el calendario. La primera sesión de control no llegará hasta el 15 de septiembre, según el plan que aprobará la Mesa, oída la junta de portavoces, la próxima semana. Por ahora, han comparecido tres ministros (de los nuevos, solo José Manuel Albares), a pesar de que el PP pidió que acudieran todos los nuevos titulares tras la remodelación del Gobierno. La formación de Casado también ha exigido que se reactiven ya todas las comisiones que fiscalizan las distintas carteras, pero es probable que algunos ministros, como Miquel Iceta, hoy en Cultura, no se sometan al escrutinio de la oposición hasta el día 30 de septiembre.

La campaña de desgaste por su “huida” en el Congreso, como la califican los populares, seguirá siendo clave en la labor de oposición

La campaña de desgaste al Gobierno por su “huida” en el Congreso, como la califican los populares, seguirá siendo clave en la labor de oposición del PP, que acompasará su agenda legislativa a las conclusiones que el partido saque de la convención nacional de octubre.

Según explican en el grupo parlamentario que dirige Cuca Gamarra, el Congreso será la vía para ir desgranando los planes legislativos del partido y visualizar que Casado es la única alternativa a Sánchez. La convención es para el líder popular el punto de inflexión y el verdadero despegue hacia las próximas generales. Las prioridades que salgan del cónclave entrarán a la Cámara Baja en forma de proposiciones de ley.

Frente a las carencias que sufre el Gobierno y con las que tendrá que lidiar el nuevo portavoz que sustituye a Adriana Lastra, el canario Héctor Gómez, el PP asegura que desde la moción de censura del otoño pasado su situación es justo la contraria. Se ven fuertes y afirman que en estos momentos hay “poca competencia” en la Cámara con el partido de Santiago Abascal, al que consideran “desaparecido” (ni siquiera enviaron a un primer espada a la Diputación Permanente del verano). Además, Ciudadanos, con solo nueve diputados, tiene un peso irrelevante a la hora de impulsar iniciativas.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder de la oposición, Pablo Casado. (EFE)

De ahí que el PP vea el curso que empieza como clave para la toma de posiciones frente al próximo ciclo electoral y que Casado haya ordenado a sus diputados poner toda la carne en el asador. La labor de oposición que ejerzan en el Parlamento determinará la fuerza que proyecte el partido a nivel nacional, especialmente si Vox mantiene su estrategia de calentar la calle y renuncia a dar la batalla institucional.

Lo que está por ver es si la voladura de puentes entre los dos grandes partidos tiene alguna opción de recomponerse. En Génova, no esconden sus dudas sobre si realmente habrá algún tipo de acercamiento en lo que resta de legislatura. No solo en el ámbito institucional, con la renovación de órganos constitucionales pendientes como el CGPJ. Las recientes declaraciones del ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, al afirmar que “los jueces no pueden elegir a los jueces” han alimentado la posición de los populares, que ahora más que nunca exigen una reforma en el sistema de elección de 12 de los 20 vocales del órgano. En todo caso, la propuesta del PP serviría para la próxima renovación y no para esta más inmediata.

La cuestión es que las posturas parecen irreconciliables, igual que lo han sido en otros asuntos de primer orden. El PP reprocha que la interlocución con el Gobierno sea nula y que Sánchez no llame a Casado desde hace meses.

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