Cuidado con las inteligencias múltiples en los 'coles': "No hay evidencia que las apoye"
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UNA MODA SIN RESPALDO

Cuidado con las inteligencias múltiples en los 'coles': "No hay evidencia que las apoye"

Aunque se han convertido en una de las principales herramientas para multitud de centros educativos en España, un estudio advierte de que la evidencia científica es "floja"

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Foto: EFE.

En mayo de 2011, el psicólogo Howard Gardner consiguió el Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales por su teoría de las inteligencias múltiples. Un galardón que premiaba su “solidez académica” y su “apuesta por la excelencia”. Era, al mismo tiempo, el huevo y la gallina. El premio reconocía el recorrido que habían tenido sus teorías en todo el mundo, especialmente en nuestro país, y al mismo tiempo daba un nuevo empujón a que nuevas propuestas educativas se basasen en su visión.

Aunque se suela olvidar, Gardner no elaboró en ‘Estructuras de la mente. La teoría de las inteligencias múltiplesninguna teoría educativa para aplicarse en el aula. El psicólogo nunca ha llegado a concretar cómo se debe traducir su teoría, que señalaba que no existe una única inteligencia, sino hasta ocho tipos diferentes (lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, corporal y cinestésica, intrapersonal, interpersonal y naturalista). Las personas podemos tener muy poco desarrollado algún tipo de inteligencia, pero muy desarrollado otro; de ahí que sea necesario que vayamos más allá de la lingüística y la lógico-matemática, que son las que promueve la enseñanza tradicional.

Los estudios científicos sobre las inteligencias múltiples son particularmente flojos

Ello no ha impedido que hayan proliferado los centros educativos, los programas de formación y la literatura académica que han abrazado las inteligencias múltiples como uno de sus principales reclamos (comerciales). Un estudio recién publicado en ‘Intelligence’ por un grupo de investigadores españoles advierte: la revisión de las investigaciones realizadas sobre la aplicación de la teoría de las inteligencias múltiples en el aula no arroja resultados concluyentes. Es más, los estudios son especialmente flojos.

“A día de hoy, no tenemos pruebas científicas sólidas sobre el impacto en el rendimiento académico de los alumnos”, explica a El Confidencial la autora principal, Marta Ferrero, de la Universidad Autónoma de Madrid. “¿Perjudicial? No, entendiendo que perjudicial es algo que frena su aprendizaje, pero sí desde el punto de vista de que el tiempo y esfuerzo que se dedican a ella (adquisición de materiales, adaptación de unidades didácticas) se están dejando de dedicar a otras adaptaciones que sí se ha demostrado que tienen un impacto positivo claro en todos los estudiantes”.

Las chapuzas abundan

Ferrero y sus colaboradores, Miguel Ángel Vadillo, de la UAM, y Samuel P. León, de la Universidad de Jaén, se propusieron revisar los estudios disponibles sobre la aplicación de las inteligencias múltiples en el aula: la autora llevaba años preguntándose acerca de la verdadera utilidad de aquello que sus compañeros profesores, padres y amigos defendían cada vez con más frecuencia. Lo que se encontraron fue un tanto descorazonador. “Cuando nos quedamos con los 40 que cumplían los criterios para ser analizados, vimos que desde un punto de vista cualitativo son trabajos pobres en general y en los que falta mucha información”. Es más, los que arrojaban resultados más “espectaculares” eran aquellos con muestras más pequeñas.

placeholder Gardner recoge el Príncipe de Asturias. (EFE)
Gardner recoge el Príncipe de Asturias. (EFE)

“En muchos no se describe la intervención, qué tipo de actividades se realizan, cómo se organiza el tiempo o qué materiales se utilizan”. En otras palabras, incluso si los resultados hubiesen sido sólidos, el lector de esos artículos no podría saber qué hay que hacer exactamente en el aula para obtener esos efectos positivos. “Alguien que quisiera llevarlo al aula no podría”, añade Ferrero.

Otro defecto de muchas de estas investigaciones es que no existía un grupo de control, algo “gravísimo” desde el punto de vista metodológico. Especialmente, a la hora de probar la eficacia de una medida de innovación educativa. “Los que sí lo incluían eran un grupo de control pasivo. ¿Por qué es problemático? Porque introducir una innovación en el aula basta para que el entusiasmo y las expectativas aumenten, por eso tiene que ser un grupo de control activo, en el que introduces una intervención nueva, pero que no es la que quieres probar, para controlar esos elementos de motivación y expectativas que se te escapan”.

En algunos casos, los grupos ni siquiera estaban 'cegados', es decir, sabían que estaban participando en una investigación sobre las inteligencias múltiples. En otros, los alumnos no estaban aleatorizados entre los grupos experimentales y de control.

"Muchas prácticas contradicen lo que el propio Gardner dijo"

Quizás una de las cuestiones de fondo más preocupantes es que la aplicación de la teoría está directamente mal interpretada, y la autora sospecha que puede deberse no a una mala interpretación de las teorías de Gardner… sino a que directamente no se ha atendido a las fuentes originales y a las contadas observaciones realizadas por el psicólogo sobre la aplicación educativa de sus teorías. “Por ejemplo, Gardner decía que no era preciso trabajar cada habilidad o competencia a través de las ocho inteligencias, pero varios estudios de los incluidos en este trabajo justamente dicen que se trabajó cada competencia utilizando las ocho”, lamenta Ferrero.

Fue el propio Gardner el que a mediados de los años noventa decidió publicar un texto abordando algunos de los mitos que había generado su teoría después de que llegase a sus oídos que gobiernos como el de Australia la estaban aplicando de manera descontextualizada. Por ejemplo, como recuerda Ferrero, que “no hace falta asumir que cada tema puede ser abordado en cada una de las ocho maneras diferentes”.

placeholder Howard Gardner, en Asturias. (EFE)
Howard Gardner, en Asturias. (EFE)

Un ejemplo descacharrante que tal vez suene a los docentes españoles, que tienen que devanarse los sesos para encajar cada competencia en sus programaciones: uno de los estudios explicaba que un ejercicio sobre moléculas había servido para trabajar la inteligencia musical. ¿De qué manera? “Habían puesto ‘música de moléculas’ de fondo mientras trabajaban el tema”, responde Ferrero, divertida.

La pasión turca

Si uno quiere desconfiar, podría pensar que la abundancia de malas investigaciones sobre la aplicación de las teorías múltiples haría sospechar de un esfuerzo colectivo para darle una pátina de respetabilidad científica a algo que tal vez no tenga por qué tenerla. Es entonces cuando entra en escena otro de los llamativos hallazgos de Ferrero y sus compañeros: la sobreabundancia de investigaciones realizadas en Turquía.

“Muchos de los estudios incluidos en el trabajo son tesis doctorales y en su gran mayoría vienen de Turquía”, responde Ferrero. Los dos metaanálisis previos sobre la teoría de las inteligencias múltiples, de hecho, también se habían realizado en Turquía. “Esto, por una parte, es una mala noticia, porque nos falta información, pero también buena, porque quiero pensar que si la procedencia fuese más diversa encontraríamos mejores estudios”.

El Gobierno turco promocionó la teoría, de ahí la abundancia de investigaciones

La respuesta al enigma sobre los estudios turcos es que el Gobierno turco promocionó la teoría de las inteligencias múltiples. “Esto encaja con que se realizasen muchos estudios y que un gran número de ellos fuesen tesis doctorales, que se hacen cuando uno está comenzando su carrera investigadora y no tiene todavía un área clara de especialización, lo que podría justificar en parte que la claridad de los trabajos no sea muy buena”, añade Ferrero.

La lectura positiva de Gardner

Que la aplicación de las inteligencias múltiples en el aula no arroje resultados positivos concluyentes no quiere decir que las ideas en que se basa no sean atractivas. Su idea de fondo no deja de ser la razón por la que tantos docentes, pedagogos y expertos se han interesado por la misma: que todos los estudiantes importan.

“La teoría en sí despierta muchos recelos en la comunidad científica, donde hay consenso de que hay un único factor general del que dependen otras habilidades, y el propio Gardner reconoce que lo llamó ‘inteligencia’ por despertar atención hacia su teoría”, añade Ferrero. “Pero la teoría ha arrojado dos mensajes importantes: por un lado, que más allá del rendimiento académico que pueda tener un alumno, todos son igualmente valiosos y únicos, y eso es sagrado. Por otro, nos ha ayudado a recordar que la escuela ocupa un lugar privilegiado para ayudar a que cada persona descubra sus fortalezas”.

Foto: La broma de Roberto Leal a Carlos Right en 'OT 2018'. (TVE)

La teoría de Gardner, concede la autora, ha contribuido a tomar conciencia de la importancia de desarrollar otras habilidades, frenando una tendencia que en algunos rincones de EEUU había llevado a “eliminar horas de Educación Física para dedicarlas a la lecto-escritura y las matemáticas por el gran peso que tienen allí las pruebas estandarizadas”. “La teoría de Gardner ayudó a recapacitar y poner sobre la mesa la importancia de trabajar habilidades diversas en los centros escolares”, concluye Ferrero.

La investigación insiste en una idea: la enseñanza debe estar subordinada a lo que se aprende, no a las características de los individuos. “Sin duda, y esto se aplica a Gardner, a los estilos de aprendizaje… Lo que tiene que definir cómo enseña un maestro es la naturaleza del contenido de la enseñanza que quiere transmitir. Si eres un profesor de lengua castellana, el componente verbal va a ser importantísimo. Si es geometría, el visual. Que va a haber alumnos a los que se les da mejor, sí; pero que todos van a tener que usar la vía visual, sin duda. Esto no es incompatible con tener en cuenta que cada alumno es diferente”.

En mayo de 2011, el psicólogo Howard Gardner consiguió el Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales por su teoría de las inteligencias múltiples. Un galardón que premiaba su “solidez académica” y su “apuesta por la excelencia”. Era, al mismo tiempo, el huevo y la gallina. El premio reconocía el recorrido que habían tenido sus teorías en todo el mundo, especialmente en nuestro país, y al mismo tiempo daba un nuevo empujón a que nuevas propuestas educativas se basasen en su visión.

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