La avalancha de visitantes mete miedo en los pueblos de veraneo: "Ya hay muchos casos"
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PUEBLOS Y PEQUEÑAS CIUDADES

La avalancha de visitantes mete miedo en los pueblos de veraneo: "Ya hay muchos casos"

Los centros de salud de aquellas localidades que multiplican su población en la época estival ya están en dificultades, antes incluso de las llegadas masivas esperadas para agosto

placeholder Foto: La consulta de un médico de un pueblo gallego. (EFE)
La consulta de un médico de un pueblo gallego. (EFE)

La escena se repite con frecuencia estos días. En vísperas de agosto, suena el teléfono en el centro de salud de una pequeña localidad que puede ser mediterránea, de la España vaciada o del norte. Al otro lado de la línea hay un padre que en los próximos días coge vacaciones y tiene previsto ir para allá con toda su familia.

—¿Cómo está la situación? ¿Qué va a pasar si alguno de mis hijos se contagia?

—Estamos como sale en las noticias, hay muchos casos. Vamos peor que el año pasado.

Esta es la respuesta que dan desde el centro de salud de Suances, en Cantabria, una de estas mecas de esta España del veraneo, donde no ocultan que la carga de trabajo, ya de por sí mayor en época estival, es agobiante estas semanas. Las vacaciones de parte del personal, unidas a la llegada de multitud de visitantes y una pandemia que no da tregua —aunque las cifras de muertos no sean ni mucho menos las del ejercicio pasado— hacen que en los consultorios de estos lugares, donde cada verano multiplican su población, se asomen a agosto con mucho respeto. Principalmente, porque no tienen tantos medios como les gustaría.

Foto: El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijoó, en una imagen de archivo. (EFE)

"Aquí en verano crece mucho la población y, claro, sube la incidencia. Es un sitio de turistas y se llena cada año", explican desde el centro de salud cántabro, donde avanzan una situación que a más de una familia le tocará vivir durante las vacaciones: "Si sale un positivo, hay que aislarse y lo que puede pasar es que tengáis que quedaros más tiempo del esperado".

En uno de los centros de salud de Oliva (Valencia), localidad costera de peregrinación estival, admiten que están algo mejor que en Cantabria, aunque la situación tampoco es sencilla. "Vamos a ratitos, pero sí es verdad que ahora vemos muchos casos de adolescentes con coronavirus", exponen desde la vanguardia del sistema de Atención Primaria, donde primero golpean las olas pandémicas. Precisamente Oliva es uno de los 77 nuevos municipios para los que el Ejecutivo valenciano ha pedido el toque de queda como medida desesperada para frenar la escalada de contagios.

placeholder Numerosas localidades costeras ven cómo se multiplica su población en verano. (EFE)
Numerosas localidades costeras ven cómo se multiplica su población en verano. (EFE)

"La situación es muy mala, especialmente en algunas zonas de la costa, en algunos lugares ya lo están pasando muy mal", añade María José Campillo, tesorera de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM), quien subraya que la coyuntura es especialmente delicada en los centros de Atención Primaria. Alerta de que la falta de medios en consultorios que no están preparados para atender a un gran volumen de pacientes tendrá consecuencias: "Si hay una situación de colapso, se va a generar un aumento de la mortalidad indirecta que afectará a aquellas personas que no puedan acceder a los servicios médicos".

Los que vuelven al pueblo

El caso no es exclusivo de las localidades costeras y en la España vaciada también están preocupados por las consecuencias de la llegada de los veraneantes. Fuentes oficiales de la Consejería de Sanidad de Castilla y León reconocen que la situación en sus centros de salud es "como en el resto de España, de mucho trabajo". Esto se debe, confirman, a las vacaciones del personal sanitario, la quinta ola "y la necesidad de mantener los circuitos covid y la realización de pruebas". Sin embargo, aseguran que a día de hoy se llega a dar respuesta a la demanda asistencial.

Amancio Martínez es el alcalde de Valdeavellano de Tera, un pueblo soriano donde apenas viven 130 personas en invierno y que ahora, en verano, puede llegar a albergar a unas 400 llegadas desde puntos muy diversos del país. Para todas ellas solo hay un consultorio rural con una médico que, por si fuera poco, en estos meses debe atender los centros sanitarios de otras localidades cercanas cubriendo las vacaciones de sus colegas.

"Si todo el mundo respeta lo que está ordenado, poco miedo; pero si la gente se salta las normas a la torera, tenemos que tener miedo y mucho respeto", reflexiona Martínez, quien critica que algunos jóvenes "pasen olímpicamente" de las recomendaciones sanitarias. Más si cabe cuando en este municipio vivieron un fuerte brote en la primera fase de la pandemia que infectó a casi la mitad de sus habitantes.

"Cuando les digo que se pongan la mascarilla, me responden que llame a la Guardia Civil"

"Cuando les digo que se pongan la mascarilla, algunos me responden que llame a la Guardia Civil", censura el primer edil de un pueblo donde la mayoría de sus habitantes ya están vacunados. "Pese a ello somos conscientes de que podemos coger el virus y pasárselo a alguien", añade Martínez, quien recuerda que las capacidades médicas, ya de por sí escasas, de la España vaciada no deben ser estresadas: "La doctora dice que de momento el nivel de contagios está estable, pero ya se sabe que en estos lugares tan pequeños, a nada que tengamos uno o dos casos, se nos va a disparar la incidencia".

Campillo, a las puertas de agosto y con todos estos avisos, lamenta que no se hayan tomado medidas para que, después de año y medio y cuatro olas de pandemia, este agosto hubiera menos agobios en las zonas menos preparadas para atender grandes volúmenes de pacientes: "¿Que si nos ha pillado esta ola por sorpresa? Nosotros sabíamos lo que iba a pasar, otra cosa es que se nos escuche. Los médicos nunca hemos dicho que la pandemia se haya acabado El déficit de facultativos se soluciona de una forma muy fácil, solo hay que poner dinero encima de la mesa".

La escena se repite con frecuencia estos días. En vísperas de agosto, suena el teléfono en el centro de salud de una pequeña localidad que puede ser mediterránea, de la España vaciada o del norte. Al otro lado de la línea hay un padre que en los próximos días coge vacaciones y tiene previsto ir para allá con toda su familia.

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