"Solo llaman si nos necesitan". El Gobierno consolida el desconcierto parlamentario
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CAMBIO DE CURSO EN EL CONGRESO

"Solo llaman si nos necesitan". El Gobierno consolida el desconcierto parlamentario

Los grupos parlamentarios del bloque de izquierdas, salvo ERC, que mantiene interlocución fluida, asisten al cierre del curso con desconcierto e incomodidad y piden más diálogo de cara al otoño

placeholder Foto: El presidente Sánchez y las vicepresidentas Calvo y Calviño. (EFE)
El presidente Sánchez y las vicepresidentas Calvo y Calviño. (EFE)

Está el ambiente raro en el Congreso, y no solo por la pandemia. Sigue el hemiciclo con el aforo a la mitad y la zona de prensa todavía muestra un paisaje desangelado, y eso es algo que para los veteranos y para los iniciados desconcierta. Los más curtidos caen en la melancolía al recordar la facilidad para charlar con los diputados. Los iniciados que desembarcaron en la Cámara antes de la "era covid" empiezan a acostumbrarse a la distopía. 'El Manolo', el bar por excelencia para hacer amigos tras una sesión plenaria, aún está cerrado.

Pero, sobre todo, está el ambiente raro por cuestiones estrictamente políticas. Hasta las broncas con Vox se han amilanado, no se sabe si porque se han interiorizado y ya no irritan, porque la mayoría ha optado por rehuir el contraataque o porque los diputados de Santiago Abascal no van ahora tan a saco.

La impresión generalizada es que se avecinan tiempos políticos más que interesantes. La hibernación continuará mientras dure junio. Algunos diputados sitúan el punto de inflexión en la comparecencia de Pedro Sánchez del próximo día 30 para hablar de las cumbres europeas recientes y, aquí la madre del cordero, de los indultos a los presos del 'procés'. Otros abogan por esperar a septiembre, ya que el verano devolverá la ira y la indignación al letargo.

Foto: Fernando Sánchez Costa, en una conferencia como presidente de SCC. (EFE)

Cuando los diputados consultados para esta crónica hacen proyecciones sobre el panorama político y legislativo, predomina la incertidumbre. Los retos que se van acercando al Congreso intimidan. El fin de la pandemia, la planificación de los fondos europeos, las reformas acordadas con Bruselas, la recuperación económica, la reanudación del diálogo con la Generalitat de Cataluña, la financiación autonómica, la memoria democrática, la solución al desfase de los precios de la luz, el ingreso mínimo vital, la renovación del poder judicial, el equilibrio demográfico en la España vaciada...

Lo que viene, lo que está llegando, sitúa al Congreso por fin en el centro de la actividad política. No ha sido fácil. 2019 fue un año perdido por dos procesos electorales y 2020 lo ha arruinado la pandemia. La legislación española, si ha avanzado, ha sido básicamente por el ímpetu de los decretos leyes, lo que desnaturaliza el trabajo de los diputados. Un decreto arrastra, si así lo aprueba el pleno, un trámite parlamentario más rápido, de modo que se estrechan los espacios para la transacción. Lo que en verdad remarca el vigor legislativo son los proyectos que aprueba el Gobierno, que envía al Parlamento, que los grupos pulen y que los grupos, en el Congreso y en el Senado, aprueban. Hace poco pasó con la ley contra el cambio climático.

Aunque el Gobierno ya vende un ritmo legislativo trepidante, lo cierto es que le falta mucho trabajo para el sobresaliente

Pero ni siquiera todos los decretos que han entrado en la Cámara Baja para su tramitación de urgencia terminan en el BOE. Hay varios atascados en interminables plazos de enmiendas, algunos incluso procedentes de la época del duro confinamiento contra el coronavirus. Los grupos confían en ir sacando proyectos como el del Fondo Nacional para la Sostenibilidad del Sistema Eléctrico o iniciativas parlamentarias como la de la reforma de la ley electoral, por citar dos ejemplos. Eso, más lo que viene, puede inclinar la balanza de la legislatura al éxito. Aunque el Gobierno ya vende un ritmo legislativo trepidante, lo cierto es que le falta mucho trabajo para el sobresaliente.

Los pequeños (pero importantes) aliados de izquierdas

Pedro Sánchez fue investido en enero de 2020 por tan solo dos votos de diferencia. Logró las abstenciones de grupos independentistas y los apoyos clave del PNV y del diputado de Teruel Existe, Tomás Guitarte. El sí del aragonés, más los de Más País, Compromís o Nueva Canarias, ayudaron a retratar un bloque de izquierdas no tan imbuido de postulados nacionalistas. Empecemos por aquí.

Entre los parlamentarios de estos grupos es común una queja: la falta de interlocución estable con el Gobierno y con el PSOE para las leyes estratégicas. Antes de continuar, conviene diferenciar los dos tipos de actividad que produce la rutina del Congreso: la que generan las comisiones y la que derivan de los planes de los partidos que sustentan al Gobierno de turno. La primera discurre por la Cámara sin problemas, pues una comisión no puede funcionar si sus portavoces no pactan los textos de las proposiciones de ley, de las proposiciones no de ley o de las mociones. La segunda es la que depara más dudas.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la presentación del plan 'España 2050' este jueves. (EFE)

Ni Íñigo Errejón ni Joan Baldoví, por ejemplo, saben nada de los planes del Ejecutivo sobre los fondos europeos. Hace mes y medio acudieron a la reunión que la vicepresidenta segunda, Nadia Calviño, organizó en el Ministerio de Economía para explicar los resultados de un arduo trabajo técnico con la burocracia de Bruselas. No aportó información relevante y los portavoces salieron desconcertados. Desde entonces, la comunicación y la información han desaparecido, y el desconcierto, por tanto, ha ido en aumento.

No solo es la recuperación asociada a los fondos lo que preocupa a estos partidos. Desde que comenzó la legislatura llevan reclamando la instauración de una agenda de izquierdas y "verde". Aunque hace poco fue aprobada la ley del cambio climático, la decepción empieza a cundir. Critican la falta de empuje y nervio del Gobierno para llevar a cabo las reformas que creen que necesita el país. Errejón suele decir que la mayoría es propicia para ello. Tiene razón, pues si a los 155 diputados de PSOE y de Unidas Podemos, se unen los 13 de ERC, los 5 de EH Bildu y los de Más País, Compromís, BNG, PRC, Nueva Canarias o Teruel Existe, la mayoría absoluta está hecha.

En esta horquilla cabría toda la agenda progresista y de izquierdas que piden al Gobierno de Sánchez, y sin embargo, sorprendentemente, no existe desde los partidos de la coalición un mecanismo periódico de interlocución y diálogo. Bueno, no con todos, pues efectivamente uno de los partidos citados sí habla a diario con la dirección socialista: Esquerra Republicana de Catalunya.

El PNV

Un veterano diputado suele decir: "Si el PNV estornuda, la legislatura está resfriada". La aritmética parlamentaria de los últimos tiempos ha situado a formaciones como la vasca en el centro de todas las dianas.

El partido que lidera en el Congreso Aitor Esteban es el prioritario para el Gobierno junto al que encabeza Gabriel Rufián. Son los dos socios fundamentales en el Congreso para Pedro Sánchez. Con ambos, las conversaciones se bifurcan: Carmen Calvo toma a veces las riendas; otras, Adriana Lastra. Andoni Ortuzar, presidente de los nacionalistas vascos, viaja con frecuencia a Madrid, con mucha frecuencia incluso.

placeholder El diputado del PNV, Aitor Esteban, en el Congreso de los Diputados. (EFE)
El diputado del PNV, Aitor Esteban, en el Congreso de los Diputados. (EFE)

Sin embargo, pese a ello, en el PNV se ha ido asentando una sensación de incomodidad, debido principalmente a la gestión de los fondos europeos. El grupo de Esteban ha dado prioridad al riego de dinero europeo porque de ello depende la reactivación y modernización del tejido industrial de Euskadi, el más dinámico del Estado. Para el lendakari, Iñigo Urkullu, y para las multinacionales, patronal y pymes vascas no hay asunto más primordial. Por ello, el portavoz, a menudo, acude al despacho de Calviño y al de la vicepresidenta cuarta, Teresa Ribera, en busca de información.

Echa de menos esta formación más fluidez en el intercambio de documentación y de información, y ante todo, un papel más proactivo del Gobierno.

La oposición de PP y Cs

También es oportuno destacar, como suelen decir fuentes socialistas, que no hay que solemnizar lo que suele funcionar desde la informalidad. Es decir, importa más una llamada a tiempo, o una reunión, que la formalización de una estrategia de negociación. Puede ser. De hecho, el Gobierno, así, ha salvado enrevesados escollos legislativos. No obstante, ha tenido dos sustos que al menos deberían suscitar una reflexión: el decreto sobre las cuentas municipales fue derogado y el de los fondos europeos salió adelante porque Vox, que no tenía ni idea de qué se estaba cocinando en el PP y en Cs, se abstuvo.

Ha girado la relación con la formación de Inés Arrimadas. Para los presupuestos de 2021 fue caudalosa, casi diaria, ya que Ciudadanos vio en las cuentas públicas una oportunidad de ocupar de nuevo la centralidad. La jugada le salió mal. Luego llegó la moción de censura en Murcia, y luego el 4-M en Madrid, y los contactos se han interrumpido completamente. La líder del partido 'naranja' aún recibe alguna llamada, pero no Edmundo Bal, el hombre fuerte de la organización en el Congreso. Existen las conversaciones con los portavoces sectoriales del PSOE y hasta de Unidas Podemos, pero a más escala se han erradicado.

Foto: Pablo Casado, Alberto Núñez Feijóo y Alfonso Fernández Mañueco. (EFE)

Con el PP y con Vox no hay contactos para asuntos de calado, y en el caso del partido de Abascal para absolutamente nada. Los hubo con los populares, aunque extramuros del Congreso, para renovar instituciones como el CGPJ o el Defensor del Pueblo. Ya no.

La legislatura, por consiguiente, se dirimirá a partir del otoño en ese bloque de izquierdas sin tanta pulsión nacionalista y en el bloque con clara pulsión nacionalista. Pese a ello, la incertidumbre, aquí, gana terreno a la certeza. "Solo nos llaman si nos necesitan para ganar una votación", proclama un diputado de este sector. El desconcierto, pues, sobrevuela el Congreso. Y no son tiempos para titubeos.

Está el ambiente raro en el Congreso, y no solo por la pandemia. Sigue el hemiciclo con el aforo a la mitad y la zona de prensa todavía muestra un paisaje desangelado, y eso es algo que para los veteranos y para los iniciados desconcierta. Los más curtidos caen en la melancolía al recordar la facilidad para charlar con los diputados. Los iniciados que desembarcaron en la Cámara antes de la "era covid" empiezan a acostumbrarse a la distopía. 'El Manolo', el bar por excelencia para hacer amigos tras una sesión plenaria, aún está cerrado.

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