Tras la pista de Vadym Alperin, el zar del tráfico de armas que dejó su rastro en España
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Tras la pista de Vadym Alperin, el zar del tráfico de armas que dejó su rastro en España

La Policía detectó la presencia de este ucraniano, "padrino del contrabando" a nivel mundial de material bélico usado por la extinta Unión Soviética

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Imagen: EC.

Varias unidades de la Policía mantuvieron a finales del año pasado una reunión en Madrid para preparar la llamada operación Yakir. Se iba a proceder al arresto de varios ciudadanos del este de Europa afincados en España y dedicados al tráfico ilegal de armamento de guerra. Sin embargo, un nombre convenció a los expertos en crimen organizado de la envergadura de las pesquisas seguidas por la unidad adscrita a la Fiscalía anticorrupción: Vadym Alperin.

Se trata de un señor de la guerra considerado uno de los principales responsables del comercio internacional de material bélico de la extinta Unión Soviética. Esclarecer el papel de este individuo en la trama se ha convertido en un reto para las autoridades españolas, especialmente desde que las investigaciones han acreditado su presencia en España. Su rastro ha aparecido al menos en una ocasión, detectada en 2018, cuando los trabajos policiales ya estaban en marcha.

Las fuentes de la investigación consultadas por El Confidencial indican que se trata de un empresario ucraniano nacido en Odesa, aunque cuenta también con pasaporte israelí. Su currículo acredita un perfil escurridizo incluso para las autoridades de su país, donde ha sido arrestado en más de una ocasión y luego puesto en libertad. El presidente ucraniano, Volodymyr Zelenski, le bautizó como "el padrino del contrabando" tras su último arresto en 2019 por delitos relacionados con el crimen organizado.

El presidente ucraniano, Volodymyr Zelenski, le bautizó como "el padrino del contrabando"

Según la prensa local, se enfrenta a 12 años de cárcel por formar un grupo delictivo organizado, evasión de impuestos y abuso de poder. Para llegar al rastro de Vadym Alperin en España es necesario remontarse a las pesquisas que dieron como resultado la llamada operación Yakir. Tuvo lugar en noviembre y sus protagonistas fueron el letón Alexander Dircenko y el también ucraniano Viktor Murenko. Desde entonces, se encuentran en prisión. Se les acusa de formar parte del engranaje mundial del tráfico de armas.

Ambos mantuvieron una guerra personal que les terminó condenando. Dircenko denunció a Murenko ante los Mossos d’Esquadra alegando unas presuntas presiones y amenazas al desacreditar su entramado empresarial dedicado al transporte de armas. La tesis de los investigadores es que con este movimiento lo que trataba Dircenko era ponerse la venda antes de la herida. Tan solo unos meses antes, las autoridades griegas habían interceptado uno de sus barcos con material de guerra ilegal.

El Mekong Spirit había salido de Santander y los datos que maneja la Policía es que el armamento ilícito fue cargado durante una escala en Turquía, donde los controles son más laxos. El negocio con armas de guerra debe contar con los permisos de la Junta interministerial para el comercio y control del material de defensa y tecnologías de doble uso (JIMDDU). Se trata de un organismo internacional que vela por el comercio de este tipo de mercancía y prohíbe su traslado a países vetados por la ONU por falta de garantías.

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Uno de sus barcos con material de guerra ilegal.

Toda la tripulación de Dircenko interceptada en Grecia era ucraniana, incluido el capitán, quien admitió que parte de los contenedores que iban en el barco tenían como destino Sudán. Minutos después de ser detenido, hizo una llamada a Dircenko. Todos los tripulantes fueron juzgados y absueltos por las autoridades griegas.

El origen del conflicto entre estos dos empresarios ucranianos se remonta a 2007 cuando Dircenko cesó a Murenko de sus responsabilidades dentro de una sociedad familiar llamada Lumar. Dircenko alega que le pagó una indemnización de 3,2 millones de dólares en dos fases. Esa cifra coincide, según los investigadores, con la que se abonó tiempo después para sufragar el rescate del Faina, otro barco cargado con material militar que fue secuestrado ese año por piratas en aguas de Somalia.

El caso de este carguero tuvo repercusión mundial y provocó tensiones diplomáticas entre Ucrania, EEUU, Kenia y Sudán. Los piratas no sabían cuando asaltaron el navío que en su interior había hasta 33 carros de combate modelo T-32 y T-34 junto a numeroso material bélico de la extinta Unión Soviética. El suceso destapó una ruta oculta de comercio ilegal de armas al conflicto sudanés con ramificaciones políticas y el conocimiento de varios países.

El suceso destapó una ruta oculta de comercio ilegal de armas al conflicto sudanés​ con ramificaciones políticas

Lo que le interesa a la Policía española es que la empresa fletadora de este buque envenenado era Tomex Team, cuyo responsable, según los investigadores, era Viktor Murenko y el propietario de la embarcación era una sociedad llamada Waterlux, controlada por Wadym Alperin. Al "padrino del contrabando" se le pudo ver en la cubierta del barco durante las negociaciones para su liberación en compañía de Murenko (la imagen que encabeza esta información).

En la pirámide de este negocio, Murenko y Dircenko controlan, siempre según las mismas fuentes, empresas navieras a las que un escalón superior encarga los envíos. Por encima de ese nivel están personajes como Alperin. Los cálculos policiales cifran en torno a los 10 millones de euros los beneficios de la trama solo en blanqueo de dinero. Invertían sus ganancias en negocios hosteleros del levante español. Dircenko vivía en Gavá. Murenko tenía una lujosa vivienda en Alicante con vistas al Peñón de Ifach.

Cuando la Policía irrumpió en casa de Murenko para detenerlo, el presunto traficante de armas corrió a pedirle a su mujer que arrojase sus teléfonos móviles a la piscina. Lo hizo en ucraniano pensando que de ese modo los policías no lo entenderían. Lo que no sabía el arrestado es que entre el dispositivo había agentes de su país que habían colaborado con sus colegas españoles en las pesquisas y que avisaron de su intención de destruir pruebas.

Lo que no sabía el arrestado es que entre el dispositivo había agentes de su país que habían colaborado con sus colegas españoles

Las evidencias que obran en el caso acreditan que al menos Murenko mantuvo su actividad hasta el mismo 2020. De ese año es el viaje del barco Aviva. Se supo de su existencia porque la policía interceptó la foto que el investigado mandó a un contacto desde la cubierta del navío. En ella se apreciaban 24 carros de combate. Murenko decía estar en Mombasa (Kenia). Se trata de material bélico de la antigua Unión Soviética que, pese a su antigüedad, todavía es útil. Es el recurso al que acuden países en conflicto o milicias paramilitares de medio mundo.

El Grupo de Trabajo sobre Armas de Fuego de Naciones Unidas se hizo eco de la operación Yakir (ancla en ucraniano) de la Policía española el mes pasado en un informe al que ha tenido acceso este periódico. Según recoge, "con el fin de blanquear el producto de los negocios ilícitos de armas, el grupo había creado un complejo plan de blanqueo de dinero que le permitía invertir el producto en bienes raíces y en negocios legales".

"Las ganancias —añade la ONU— se enviaban primero a paraísos fiscales y a países con menor obligación de rendir cuentas de las actividades financieras, desde donde se transferían a cuentas bancarias en Europa —principalmente Suiza y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte— y luego a España, donde los activos se introducían en actividades comerciales legales".

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