Illa apuesta por un referéndum sobre otro Estatut, pero ERC pediría el voto en contra
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ERC AVALA LA CONSULTA, PERO PEDIRÍA EL NO

Illa apuesta por un referéndum sobre otro Estatut, pero ERC pediría el voto en contra

Para el Gobierno, la autodeterminación es una línea roja y se inclinan por un nuevo Estatut y otro sistema de financiación. Los republicanos quieren votar, pero se reservan pedir el no

placeholder Foto: El jefe de la oposición en Cataluña, Salvador Illa, durante una comparecencia en el Palau Recasens de Barcelona. (EFE)
El jefe de la oposición en Cataluña, Salvador Illa, durante una comparecencia en el Palau Recasens de Barcelona. (EFE)

Sin que se haya reactivado todavía la mesa de diálogo entre Gobierno y Govern, las diferentes partes comienzan a desplegar sus posiciones de máximos. Desde ERC reclaman un referéndum pactado, como expresó a través de una tribuna su líder Oriol Junqueras, algo que rechazan de plano desde el Gobierno por no estar dentro del marco constitucional. La propuesta que deslizan desde Moncloa pasaría por un nuevo régimen de financiación autonómica y una reforma del Estatut. Precisamente, el líder del PSC en el Parlament y su secretario de Organización, Salvador Illa, verbalizaba públicamente esta opción a través de una entrevista en RNE, argumentando que “Cataluña es la única comunidad autónoma que tiene un Estatuto diferente al que votaron sus ciudadanos”. En esta línea, añadía que "estamos a favor de mejorar el autogobierno, y una herramienta es un Estatuto”.

"Si es un referéndum para votar un acuerdo, estamos de acuerdo. Si es un referéndum de autodeterminación, es decir, sometemos a consideración de la ciudadanía una ruptura, nosotros no estamos de acuerdo", respondía tajante el secretario de Organización de los socialistas catalanes. Illa sí coincide, en cambio, con la pretensión de los republicanos, adelantada por este diario, de someter a referéndum solo en Cataluña las conclusiones de la mesa de diálogo.

Foto: Xavier Vendrell, el pasado octubre, tras quedar en libertad. (EFE)

Este espacio de diálogo tendrá dos años de plazo para buscar una salida al conflicto catalán, coincidiendo con el ecuador de la legislatura catalana en el que Pere Aragonès se comprometió con sus socios a someterse a una cuestión de confianza. Coincidiría este plazo también con los compases finales de la legislatura de Pedro Sánchez, de llevarse a término en 2023.

Para el Gobierno, la autodeterminación es una línea roja y sus posiciones se enmarcan más en un nuevo Estatut y una mejora del sistema de financiación para Cataluña. Este miércoles, desde Argentina, el presidente del Gobierno Pedro Sánchez aseguraba que todos los pasos en la mesa de diálogo para buscar soluciones al conflicto catalán se producirán "siempre dentro de los marcos de la Constitución y de nuestra legalidad jurídica".

"Si es un referéndum de autodeterminación, es decir, sometemos a consideración de la ciudadanía una ruptura, nosotros no estamos de acuerdo"

Al igual que Sánchez, la ministra portavoz, María Jesús Montero, evitaba entrar a valorar la propuesta de un referéndum pactado planteada por Junqueras, siguiendo la vía escocesa, pero remarcando que la mesa de diálogo y sus conclusiones se desarrollarían dentro de los límites constitucionales. "Todos los españoles saben perfectamente cuáles son los límites", respondía el martes tras el Consejo de Ministros en referencia al referéndum de autodeterminación.

ERC avanza que pediría votar no

El objetivo principal con el que los republicanos acudirán a la mesa de negociación es el de "votar, votar y votar", según afirmaban a El Confidencial fuentes de la dirección del partido independentista. Tanto es así que apuestan por celebrar un referéndum sobre las medidas que se propongan incluso aunque no provengan de un acuerdo. Así, por ejemplo, si el pacto alcanza a la redacción de un nuevo Estatut, Esquerra se reserva la opción de hacer campaña en contra, según apuntaban las mismas fuentes.

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Se entiende que, de rechazarse esta propuesta sobre un nuevo Estatut, la negociación entraría entonces en otra fase, donde los independentistas se verían con más legitimidad para empujar su opción de votar sobre el encaje de Cataluña en España.

Los republicanos arrancarán así la mesa de diálogo con el horizonte de que se traduzca en una consulta, pidan el voto a favor o en contra, mientras que el Gobierno confía en la búsqueda de consensos que a su vez representen un sentir transversal de la sociedad catalana.

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