La larga espera de Susana por una vida normal: "Llevo 10 años embarazada de 9 meses"
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La larga espera de Susana por una vida normal: "Llevo 10 años embarazada de 9 meses"

Dio a luz en 2011, pero una distensión de los músculos abdominales hace que aún luzca como si siguiese embarazada, lo que le impide conseguir trabajo y disfrutar de su vida

placeholder Foto: Una imagen de Susana del pasado 20 de mayo. (EC)
Una imagen de Susana del pasado 20 de mayo. (EC)

Su hija ya tiene 10 años, pero el vientre de Susana luce como si la pequeña no hubiese nacido aún. Esta zaragozana dio a luz hace una década y su barriga sigue como entonces. El parto le provocó una distensión abdominal que dejó su tripa abultada, igual que en la etapa final de su embarazo. Aquello sucedió el 8 de abril de 2011, en el Hospital Miguel Servet de la capital maña. Y Susana sigue hoy en la lista de espera para operarse en la que fue incluida en 2013.

"Ha sido como estar 10 años embarazada de nueve meses", resume. "Diez años de mi vida tirados a la basura", añade por teléfono. La primera voz que dio la alarma fue la de su propia madre: "Cuando di a luz, al verme, me preguntó sorprendida: '¡¿Pero tú has parido o no?!'". Por aquellos días, Susana tenía 34 años. Ahora, a sus 44, lamenta que una intervención que pudo ser más leve entonces se haya convertido en una operación casi imposible. "Tras años de espera, consulté a cirujanos privados, que me dijeron que, después de tanto tiempo, la intervención es aún más difícil, porque ya ha afectado a los intestinos", indica.

Foto: Sanitarias aplauden durante la primera ola de covid en un hospital de Madrid. (Reuters)

El pasado 28 de mayo, Susana, junto a su abogado Ricardo Agóiz, de la plataforma El Defensor del Paciente, interpuso una reclamación por responsabilidad patrimonial al Gobierno de Aragón, por valor de 116.957 euros —a razón de 31,61 por cada día de retraso, más intereses de demora— por las "lesiones físicas, psíquicas y/o morales y las secuelas" que le ha provocado la espera. "A mí este dinero no me solucionaría haber perdido 10 años de mi vida", explica.

"Esto no es solamente una cuestión estética", narra, tras confesar que padece ansiedad derivada de su problema físico. "Llevo una década sin que me cojan en ningún trabajo porque piensan que estoy embarazada, tengo esguinces frecuentes, me duelen la espalda y las piernas; no me gusta nada que me hagan fotos, en las que trato de esconder la barriga. E imagínate para encontrar pareja y para cuidar a mis dos hijas...", señala.

placeholder Susana, en una imagen reciente. (EC)
Susana, en una imagen reciente. (EC)

Antes, en diciembre de 2016, Susana había presentado una queja ante El Justicia de Aragón, una suerte de defensor del pueblo de ámbito autonómico. El organismo alertó a Sanidad del Gobierno de Aragón: "La salud de la paciente se está viendo resentida, su movilidad es reducida y sufre una fuerte depresión", indicó, por lo que pidió que se "agilizase" la intervención, para no "menoscabar su salud y calidad de vida".

Y añadía: "Esta institución comprende y asume las manifestaciones llevadas a cabo por el Departamento autonómico en el sentido de que hay determinadas intervenciones que deben priorizarse, pero también ha de valorarse que estas dolencias superan el aspecto meramente estético y tienen repercusiones orgánicas en los pacientes, por lo que las personas afectadas, de no ser atendidas, pueden sufrir lesiones posteriores, que, a la larga, pueden convertirse en crónicas". El pasado abril, el Ejecutivo aragonés respondió por carta a su "malestar", tras varias peticiones por parte de Susana: "Comprendemos la inquietud que esta demora le puede estar causando y hemos remitido su queja al responsable correspondiente, para que pueda valorar la situación en la que se encuentra y llevar a cabo las gestiones que considere necesarias al respecto".

"Para que veas: la gente me pregunta si va a ser niño o niña, me dejan pasar en la cola del Carrefour y sentarme en el tranvía", declara a El Confidencial. "Antes de que me sucediera esto, yo había trabajado en un restaurante durante 10 años, como autónoma", recuerda. Y tuvo que cerrar su negocio, poner fin a su matrimonio y vender su piso y su coche para "poder vivir". "Ahora, con 400 euros mensuales de subsidio, hay días que hasta me cuesta atarme los cordones y necesito tomar pastillas cada mañana", comenta. "He estado así 10 años de mi vida, que no han sido vida", añade, sin perder la esperanza en que llegue pronto una operación que hasta ahora no ha llegado, pero temiendo una invalidez perpetua, mientras lamenta que su segunda hija, ya de 10 años, "no me haya conocido en otra situación más que esta".

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