Gregorio Marañón: "El éxito de Ayuso no debe leerse en clave nacional"
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Gregorio Marañón: "El éxito de Ayuso no debe leerse en clave nacional"

El marqués de Marañón compagina varios cargos empresariales. Es presidente del Consejo de Administración de Universal Music, consejero del periódico 'El Español' y preside el patronato del Teatro Real

placeholder Foto: Entrevista del presidente del Teatro Real, Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, para EC. (Ana Beltrán)
Entrevista del presidente del Teatro Real, Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, para EC. (Ana Beltrán)

No todo el mundo puede decir que su abuelo le da nombre a una estación de Metro de Madrid. Gregorio Marañón y Bertrán de Lis es una de esas excepciones. Es un hombre discreto que ríe los chistes con ganas, de esos que miden las palabras, pero también, una vez templada la conversación, reparten lo suyo. Su despacho es un antiguo taller de coches en el barrio de El Viso, uno de los más ricos de la ciudad y también en el que más probabilidades hay de escuchar a los pájaros en vez del ruido de los coches.

El marqués de Marañón compagina varios cargos empresariales. Es presidente del Consejo de Administración de Logista, de Universal Music, presidente de Air City Madrid Sur y consejero del periódico 'El Español'. También preside el patronato del Teatro Real y la Fundación Ortega Marañón y es vocal y patrono de numerosas instituciones culturales. Lo contó casi todo en sus ‘Memorias de luz y niebla’, editadas por Galaxia Gutemberg.

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PREGUNTA. ¿Qué cuerpo se le ha quedado después del 4-M?

RESPUESTA. Lo que destaco, ante todo, es la altísima participación, en lo que ha sido una ejemplar jornada democrática. Isabel Díaz Ayuso, muy personalmente, ha tenido un éxito memorable que no debe leerse en clave nacional. En cuanto al PSOE, su campaña ha estado contagiada por la figura de Pablo Iglesias, desde el principio hasta el último instante. El excelente resultado de Mónica García no es ajeno al hecho de haber rechazado la participación de Iglesias en su candidatura.

P. Ayer repasaba el artículo por el que ganó el premio Mariano de Cavia. En él pedía templanza y mesura a la hora de analizar determinadas cosas, como la propia Ley de Memoria Histórica. ¿Es usted siempre así de optimista, visto lo que hemos visto en campaña?

R. No conozco el pesimismo como estado de ánimo, y tampoco creo que cualquier tiempo pasado haya sido mejor. Sí soy crítico con la polarización de la política actual. Sobran muchas descalificaciones y falta sentido de estado, capacidad de diálogo y de pacto, en un momento en el que la mayoría de los ciudadanos lo está reclamando. No imagino una situación que requiera más de todo ello que una pandemia, con un virus que es el enemigo común, que no es ni de izquierdas ni de derechas, y con unas soluciones que son indiscutibles porque son tratamientos médicos y científicos. No entiendo como hemos llegado a esta situación, pero cuanto más tarde lo hagamos mayor será el coste social.

Eso sí, hay un dato significativo en la situación política actual, que es la creciente valoración de José Luis Martínez-Almeida porque se reconoce en él esa capacidad de diálogo y de respeto al que piensa de manera diferente. Recientemente, ha concedido las Medallas de Honor de la ciudad de Madrid a Ana Botella y a Manuela Carmena, y la respuesta inmediata de la portavoz de Cultura (Mar Espinar, del PSOE) de la oposición en el Ayuntamiento, que ha manifestado que Ana Botella es una persona indigna, es un sonrojante ejemplo de esa polarización. El entendimiento es necesario también para abordar la cuestión catalana, la renovación del CGPJ o el reparto eficiente de los fondos europeos.

"Sobran muchas descalificaciones y falta sentido de estado en un momento en el que la mayoría de los ciudadanos lo está reclamando"

P. ¿De verdad cree que es entendimiento lo que pide la sociedad? A veces tengo la sensación de que es justo lo contrario…

R. Discrepo en lo que dices, con datos. Siete de cada diez españoles están deseando que se acabe la polarización, según todas las encuestas que me llegan, por ejemplo, la de Metroscopia. La perversidad del fenómeno de la polarización tiene consecuencias sociales, moviliza al 30% de la población que la desea y que hace mucho ruido en las redes y en la calle, aunque, afortunadamente, son una minoría.

P. Ahora que habla del alcalde de Madrid, creo que vivimos tiempos en los que la política se mide por emociones. La capital sigue siendo una ciudad con enormes desigualdades en sus 21 distritos y digamos que frente a Filomena no estuvo demasiado acertado. ¿No cree que en vez de por simpático, debería gustarnos por buen gestor?

R. Creo que es una persona muy capaz, muy preparada y con un verdadero sentido de servicio público. En estos momentos, destaca su talante liberal, y estoy convencido de que, al final de su mandato, también podremos reconocerle la realización de proyectos relevantes y mejoras en la eficiencia del Ayuntamiento. Los cambios requieren tiempo, y habrá que esperar hasta entonces para valorarlos.

P. Si echamos un vistazo a su currículum usted produce cierto desconcierto a los amantes del cliché. Posee el título de marqués, estuvo vinculado a UCD y a Prisa, fue gran amigo de Jesús Polanco… ¿usted cómo se define?

R. Soy liberal en el sentido de que respeto las ideas del otro, del que piensa de manera distinta. Creo que la verdad no pertenece en su integridad a una sola parte. Políticamente me considero de centro, y más progresista que conservador. En cuanto a lo heredado, como puede ser un título, es respetable, y puede también ser honroso para el que lo ostenta, pero la única relevancia social que reconozco es la que proviene del esfuerzo y mérito propio.

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P. Así que progresista… ¿cumple con su idea de progresismo el Gobierno de la nación?

R. Entiendo por progresismo, ante todo, la solidaridad social y el compromiso con otras causas como la medioambiental. En estos momentos hay seis millones de españoles que viven por debajo del umbral de la pobreza, y aquellos que más tienen deberían estar dispuestos a compartir una parte de su bienestar para mejorar la situación de los más desfavorecidos.

P. Una de las facetas más relevantes de su perfil profesional tiene que ver con la música. Hábleme de su trabajo como presidente del Teatro Real…

R. La ópera tiene su origen en el siglo XVII, y es un espectáculo muy complejo en el que confluyen la dramaturgia teatral, la música y la lírica. Desafortunadamente, es un espectáculo muy caro cuyo montaje puede requerir 250 personas en el escenario, entre cantantes, coristas, músicos, figurantes y técnicos. Y esta movilización no solo se produce durante los días de representación, sino también durante los muchos días que duran los ensayos.

Una sala de teatro puede tener solo 2000 espectadores de media, y, por ello, para que la ópera llegue a la sociedad hay que sacarla a la calle mediante retransmisiones. En el Teatro Real, llevamos nuestras representaciones a los centros culturales, educativos y hospitalarios, a las redes –tenemos MyOperaPlayer que es un Palco Digital– a las salas de cine y en grandes pantallas situadas en calles y plazas de numerosas ciudades y pueblos de nuestro país. Es la única manera de llegar a la sociedad.

Cuando se dice que los precios de las entradas son elevados, siempre pienso que, por ejemplo, en el Teatro Real, los espectadores solo pagan el 50% de lo que cuesta el espectáculo si le añadimos los gastos que supone mantener abierto un teatro de ópera; el otro 50% proviene, por mitades, de subvenciones públicas y aportaciones privadas. Dejo al margen el hecho de que muchos espectáculos deportivos o conciertos de música pop son más caros que una localidad de ópera.

"Me preocupa que con la pérdida de la fe se quiera también prescindir de una parte esencial de nuestro pasado cultural e histórico"

P. Es usted presidente del consejo de administración de Universal Music. ¿Qué tal empastan Verdi y Pablo Alborán?

R. A mí me interesa la música como un elemento muy relevante de la cultura y por lo que me hace sentir, disfrutar y pensar. Esto incluye casi todos sus géneros, aunque la experiencia que obtenga sea, naturalmente, distinta según de qué música se trate. Por supuesto, puedo también disfrutar muchísimo con un concierto de Alejandro Sanz o de Rocío Márquez que, además, son muy buenos amigos míos.

P. Usted es creyente. La Iglesia católica es otra de esas instituciones que, como la política, adolece de liderazgo, y el de Francisco también ha generado ampollas.

R. Antes de responderte, déjame que recuerde algo que tengo muy presente: la reacción que se produjo cuando el Rey eligió a Adolfo Suárez como presidente del Gobierno, cuando lo más relevante de su trayectoria política había sido dirigir RTVE. El historiador Ricardo de la Cierva escribió un artículo que se titulaba “Qué error, qué inmenso error’. Quiero decir con esto que el tiempo ayuda a colocar las cosas en su sitio, también el valor de los liderazgos.

Dicho lo cual, creo en la necesidad de los liderazgos, aunque si me apuras, tengo una cierta prevención hacia los liderazgos muy fuertes. Pueden ser excelentes, pero también comportan grandes riesgos. Eso mismo pasa en la Iglesia. Soy muy partidario de este papa y creo que está haciendo lo imposible por acercar la Iglesia a la sociedad de nuestro tiempo, pero hay algo muy importante aún por hacer. La posición de la mujer tiene que equipararse y no puede permanecer subordinada. Creo que si Francisco tuviera diez años menos lo haría, pero me temo que será la gran asignatura pendiente que deje a su sucesor. En todo caso, lo que está haciendo me parece admirable.

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La Iglesia católica ha tenido y tiene un problema con la juventud. El Cardenal Martini hizo unas declaraciones muy lúcidas sobre el fenómeno del descreimiento de la juventud europea. Al margen de ello, la historia europea y, por tanto, en España, el cristianismo ha sido culturalmente un elemento aglutinador y me preocupa que con la pérdida de la fe se quiera también prescindir de una parte esencial de nuestro pasado cultural e histórico.

P. ¿Usted se considera feminista?

R. Depende de lo que entendamos por feminismo. Desde que, con 17 años, leí ‘El segundo sexo’ de Simone de Beauvoir, siempre he sido partidario de la igualdad entre hombres y mujeres. Lo que hoy nos parece algo obvio, entonces no lo era.

P. Eso es lo que precisamente dice la definición de la RAE. Acláreme ese “depende” inicial, por favor… ¿cuáles son sus dudas al respecto?

R. Las notas discordantes de algunos movimientos feministas se quedan en poco si vemos lo que ha supuesto y supone el machismo. En alguna institución cultural muy relevante he abierto un debate sobre la falta de representación femenina y se me ha contestado que el papel de la mujer era “el de ser un jardín fértil para que el hombre deposite su semilla”. Utilizo las palabras exactas con las que se me respondió. Fue hace una década.

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P. Espere que me recupere de la frase y le ruego que me dé el nombre del autor cuando apague la grabadora. Veo que en su estantería hay una foto suya con los actuales Reyes de España. ¿Son buenos tiempos para ser monárquico? ¿El felipismo 'sorpasará' al 'juancarlismo'?

R. Pertenezco a una generación que en el inicio de la andadura democrática nos autocalificamos como 'accidentalistas'. Hoy, es un hecho que algunas de las democracias más consolidadas del mundo son monarquías. En un país tan polarizado como el nuestro, ¿no es mejor tener un jefe del Estado que no pertenezca a uno u otro lado y que pueda, desde la neutralidad, jugar un papel de arbitraje? Creo que esto habla a favor de la institución. Dicho esto, la monarquía debería, para terminar de arraigarse, significarse más.

Hay un terreno de juego para una jefatura de estado independiente, sobre todo, en las actuales circunstancias, y creo que puede y debe ocuparse. Con todo, el gran problema que tiene hoy España no es monarquía o república. Me preocupa más la vertebración territorial, que fue una cuestión que la Constitución dejó abierta, algunas reformas como la educación –sé bien que hay una nueva ley, pero adolece, como las anteriores, de ese necesario consenso que la haría perdurable– la reforma del CGPJ o la del Senado y la situación social y económica.

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P. ¿Acertó Felipe VI con el discurso del 3 de octubre de 2017?

R. Creo que fue un excelente discurso y, además, necesario, pero su acierto habría sido mayor si hubiera estado encuadrado entre otros discursos igualmente relevantes. Siendo así, conozco a algunos catalanes no independentistas que también se sintieron incómodos con aquella intervención.

P. ¿Juan Carlos I debe volver a España?

R. Creo que sobre su figura y su obra la historia hará justicia. Tiene un papel esencial en la configuración de los últimos 40 años de la vida española. Ello no resta gravedad a la falta de ejemplaridad de los hechos que se le atribuyen en su vida privada. En sus actuales circunstancias, ¿debe volver o no a España? Me cuesta mucho imaginar que se pueda impedir a una persona no condenada regresar a España. ¿Su vuelta contribuye al necesario proceso de consolidación de la monarquía? Creo que esta es la verdadera cuestión que debería considerarse.

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