Carabanchel vota a Ayuso, pero no se bebe su cerveza: antropología del ayusismo silencioso
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DONDE EL PP NO EXISTE PERO GANA

Carabanchel vota a Ayuso, pero no se bebe su cerveza: antropología del ayusismo silencioso

Si uno pasea por el sur, parece que el PP no existe, pero dobla sus votos en Carabanchel. Frente al PP ideologizado de Salamanca, hay un PP 'blando' en los barrios

placeholder Foto: Los miércoles a la sombra. (Héctor G. Barnés)
Los miércoles a la sombra. (Héctor G. Barnés)

¿Dónde puede celebrar un votante del PP la victoria que ha pintado de azul hasta el más rojo de los rincones de la comunidad? Desde luego, no en Carabanchel. Bar a bar, el cáliz de la alianza se muestra esquivo. ¿Tienen la cerveza de Ayuso? No, Mahou. ¿La cerveza de Ayuso? Aquí servimos Amstel. ¿La cerveza de Ayuso? Ya basta de vacilar. Carabanchel no tiene la Caña de España, ese tercio creado por una asociación de hosteleros para apoyar a la presidenta. Lo que sí tiene desde anoche es más de 45.500 votantes del PP, alrededor de 25.000 más que en las elecciones de 2019.

Un apunte sociológico. Si consultamos el plano de los establecimientos de los hosteleros que apoyaron a Ayuso, es prácticamente imposible tomarse una Caña de España al otro lado de la M-30, fuera de la almendra central. Solo hay una excepción en todo el plano: La Perla, en Palomeras sudeste. Los barrios obreros no beben la cerveza de Ayuso, pero la han llevado a doblar sus resultados. Ni siquiera en el Maneras de Vivir, de nombre ‘rosendiano’ y cuyo cartel afirma que “nos gusta la cerveza”, nadie ha preguntado por la cerveza de Ayuso. Es algo del otro lado del río. Ellos a lo suyo: “Nosotros no nos metemos en eso”.

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Si un alienígena aterrizase en Carabanchel y pasase un día entero paseando por sus calles, podría pensar que el PP no existe y que las Juventudes Comunistas están en el Gobierno. Cero carteles con el rostro de Ayuso. No hay banderas en los balcones ni pulseras con la bandera española, ni siquiera perros con un collar rojigualdo. Nada de eso con lo que se suele estereotipar al PP. Tan solo hay un único signo que podría hacer sospechar a un visitante ajeno de la existencia del Partido Popular. Un envejecido cartel de las Nuevas Generaciones del PP comido por el sol que tiene más de 20 años, con el viejo símbolo del charrán.

El contraste entre la apariencia de los barrios del sur y el resultado final muestra la división entre un activismo visible y un callado ‘urnismo’. Un cartel anarquista recuerda que “la izquierda ha sido el mayor aliado histórico del capitalismo”. El panfleto acusa directamente a Unidas Podemos de haber liquidado las luchas sociales. La organización fundada por el ahora finado (políticamente) Pablo Iglesias ha arañado unos 4.000 votos más, como Más Madrid, que ha mejorado sus datos. No ha sido suficiente. Como recuerda un periodista local, “por muchas protestas que haya y por mucho ruido que hagan, son siempre los mismos”. En cualquier caso, es saludable recordar que si uno se sumerge en los detalles, los bloques de izquierdas y derechas están prácticamente igualados en estos barrios, y apenas unos miles de votos harían que este artículo no tuviese sentido.

placeholder La gran mancha azul de Carabanchel, con las contadas excepciones rojas de Pan Bendito.
La gran mancha azul de Carabanchel, con las contadas excepciones rojas de Pan Bendito.

Si todos los nuevos votantes del PP fuesen hosteleros o camareros, como sugiere la leyenda, no habría espacio para un bar más. Es más, lo que empiezan a abundar son los bares cerrados. “¿Que cómo estamos? Ahogados”, responde el dueño de la cafetería Bar Milán, que se esconde bajo la sombra del hospital militar Gómez Ulla. “Habrá sacado el doble o el triple, pero nosotros no hemos tenido ni una ayuda directa”. Se ríe cuando se le habla de la Caña de España, como si perteneciese a un universo alternativo. “No, no, aquí nadie ha pedido de eso”. Gran parte de su clientela son los familiares que vienen del hospital y él sabe bien que “las UCI están llenas” porque se lo cuentan.

El resacoso 5 de mayo es de climatología benigna y tiene pinta de nuevo comienzo. Mientras tomo un café, una mujer con muleta saluda desde la puerta. ¿Cómo estás? “Jodida”. Cuando llego, en la cafetería hay una familia de dos vejetes acompañados de su hijo. Les gusta el barrio, pero anhelan un ascensor. Ah, con el ascensor sí que cambiarían las cosas. “Está medio barrio así, sin ascensor”. Cuando salen deseando que todo esto termine pronto, me dice: “Mira, a estos no les veía desde antes de la pandemia, hay mucha gente que no ha salido en todo este tiempo”. Sin grandes análisis sociopolíticos, quizás haya tocado una tecla clave. ¿Y si todos los votantes del PP están escondidos?

"Lo primero que dice Mónica es que van a acabar con los otros, ¡qué asco, qué asco!"

El politólogo de la URJC Javier Lorente, especialista en abstención, lo apunta tras revisar los datos. El PP probablemente ha movilizado desde la abstención a un votante desideologizado, que ha simpatizado coyunturalmente con su propuesta, y que por lo tanto tiende a ser menos silencioso. “El tema de las cervezas ha tenido éxito, pero no es una simple cuestión de cañas, como se ha dicho, sino que ha mostrado que la gente ya quiere pasar página, la fatiga pandémica es más importante que otros aspectos que pueden influir, como los impuestos”.

Un barrio muy lejano de la visión cultural, económica o social del barrio de Salamanca, que no tiene nada que ver con las costumbres del PP canónico, pero que ha terminado por apoyar a Ayuso. La respalda en las urnas, pero rechaza el resto de símbolos relacionados con la derecha. La cerveza que se bebe es una Ramblers, la marca blanca de DIA abandonada en un banco de General Ricardos, no la Caña de España. Una cerveza para salir del paso.

El ayusismo invisible

Haga un ejercicio. Busque en Twitter 'PP Carabanchel' (o Vallecas, o Usera, o Vicálvaro, o Villaverde) y se encontrará con una retahíla de usuarios sorprendidos de los resultados de la noche pasada, generalmente con alguna apelación a los “barrios obreros”. Tan solo encontrará alguno que brille como una luciérnaga en la oscuridad, como esta observadora de primera mano lejos del ruido de las redes sociales: “Hoy he sido apoderada y era terrible ver la cantidad de papeletas del PP cuando tenemos el Gómez Ulla prácticamente en ruinas y sin personal. No entiendo nada”.

placeholder La cartelería superviviente. (Héctor G. Barnés)
La cartelería superviviente. (Héctor G. Barnés)

Para entenderlo, es inútil intentar cazar de frente en las tabernas al votante de derechas. Más que de barra de bar, es de descansillo, más de intimidad que de plaza pública, porque no la necesita. Uno de uno: a la primera mascarilla con la bandera de España hallada se corresponde la primera apología de Ayuso, en un comercio frente a la calle de la Oca. “¡Qué asco, qué asco! Tú te crees, que lo primero que hace al salir es decir que van a acabar con los otros, en lugar de…”. Los puntos suspensivos que siguen a la crítica a Mónica García son elocuentes de eso que en teoría no está haciendo la izquierda, y que tampoco se termina de definir qué es. “De lo de Ciudadanos me alegro, por hipócritas”, apostilla la tendera.

En los descansillos sí se escucha un tono que sintoniza con el Partido Popular (no tanto con Vox). Generalmente, entre la población de mayor edad. No es nada nuevo, aunque los jóvenes se hayan sorprendido por el resultado. El titular “El cinturón rojo es ahora azul” lleva repitiéndose cíclicamente desde finales de los años noventa, y quizás en realidad el sur se parezca más a la camiseta del FC Barcelona. La imagen de barrio obrero desapareció hace tiempo, y ahora es un conglomerado donde se cazan reproches a Pablo Iglesias. “Lo más importante es que se ha marchado este”, recuerda una vecina, a la que le da más igual el resultado del PP que el mutis por el foro del líder de Unidas Podemos.

"Pueden haberse producido sorpresas, como saltos del bloque de izquierdas a la derecha"

A pesar de que la candidata no haya pisado Carabanchel en campaña, en su lista ha incorporado algunos de sus nombres fuertes, como Carlos Izquierdo Torres en el número 12, presidente del PP de Carabanchel y vicesecretario de Organización del PP de Madrid. El 1 de mayo, Izquierdo tuiteaba una bucólica imagen en la finca de Vista Alegre, reabierta al público apenas tres días antes de las elecciones. En las noticias, Carabanchel suele aparecer para quejarse por el mal estado del centro de salud de Abrantes o para calificar de clasista el sistema de confinamientos por zonas básicas.

Los abstencionistas no votaban como sus vecinos

Antes de las elecciones, el politólogo Javier Lorente solía recordar que caben dos posibilidades. O que un aumento de la participación no cambiase las cosas, porque por lo general el votante abstencionista vota parecido al que sí lo hace, o que el aumento de la participación decantaría la balanza. La realidad ha mostrado que esta última era la buena, pero no en el sentido esperado: “El abstencionista no vota como sus vecinos”, explica, recalcando esa idea de que el ayusismo silencioso es atronador.

Toda esa masa de votantes que se ha movilizado un martes después de puente (casi un 8% más, de un 61,65% a un 69,36%), pero también en otros barrios del sur tradicional, lo ha hecho aparentemente hacia la derecha. Aunque, como añade Lorente, hay que esperar a las encuestas para saber si no han entrado en juego otros fenómenos inesperados, como una posible volatilidad del voto del bloque de izquierdas hacia la derecha, incluso “que alguien haya podido pasar de Más Madrid al PP, el perfil de un joven poco ideologizado que se identifica con un partido alegre”.

Foto: Una calle de Carabanchel. Foto: Ángel Villarino.

“Hay un estudio muy interesante de Lluís Orriols y Álvaro Martínez sobre a quién votan los votantes sin ideología, que señala que los que manifiestan no tener una ideología en las encuestas suelen apoyar más al partido en el Gobierno”, señala. “Es un voto más a corto plazo”. Y eso a pesar de que el número de personas que no declaran su ideología ha tocado un mínimo histórico en el CIS, con un 10%.

Sin encuestas, añade Lorente, es vano hacer más elucubraciones, pero es posible que el PP se haya llevado en todas partes el voto del fatigado. En otras palabras, hasta en los barrios obreros han votado a Ayuso, pero todavía no beben su cerveza como en Chamberí.

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