El barrio resucita, el centro muere: "40 años después, estamos recogiendo los frutos"
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EQUILIBRIO TRAS LA TORMENTA

El barrio resucita, el centro muere: "40 años después, estamos recogiendo los frutos"

Las perspectivas para algunas tiendas no son malas, y explican que en el último año han coincidido un rebrote del interés por el comercio cercano y nuevas vías de expansión

placeholder Foto: Julia de Ugarte, en su librería, La Lumbre. (Héctor G. Barnés)
Julia de Ugarte, en su librería, La Lumbre. (Héctor G. Barnés)

Es como entrar en un universo paralelo. Entre talleres automovilísticos, ruidosas obras, farmacias muy solicitadas y tiendas de barrio, el pequeño portal que acoge la entrada de La Lumbre no hace sospechar que apenas a unos metros del 'scalextric' de Pacífico, en la puerta de entrada a Vallecas, se encuentra una librería que no tiene nada que envidiar a las grandes superficies que todos imaginamos. Tres años y medio abierta y con buenas previsiones. No busquen aquí relatos apocalípticos.

“Hablando con otras librerías y distribuidores, creo que es algo generalizado, les está pasando también a otros comercios de barrio”, explica su dueña, Julia de Ugarte. Es primera hora de un lluvioso jueves, en teoría un momento flojo, pero unos cuantos clientes circulan por la librería buscando regalos para madres, encargos para estudiantes o, simplemente, algo que leer. La mayoría, asegura De Ugarte, vecinos del barrio. “La mayoría son de aquí o gente que está de paso, pero por ahora creo que no mucha gente que venga expresamente, pero nos va bien así”.

"En el centro hay menos lazo social y lo han tenido peor para capear la crisis"

Por su fondo de catálogo, podrían hacerlo. La Lumbre es un buen ejemplo de una de las tendencias del comercio de proximidad que en ocasiones pasan inadvertidas: como explica su dueña, si se hace, hay que hacerlo a lo grande. En otras palabras, es difícil que una pequeña librería con un pequeño catálogo sobreviva, porque no genera tracción en clientes que acudirán a otras alternativas. En los últimos 20 años, según los datos del Gremio de Librerías de Madrid, cerraron alrededor de 209 puntos de venta, y abrieron unos 108. Los supervivientes pueden absorber una mayor cuota de mercado cercano, y apostar más fuerte.

Entre las razones que explican este retorno al barrio, se encuentra una mayor conciencia de la necesidad del comercio próximo, pero no es la única. Durante la pandemia, unos vecinos buzonearon una carta para recordar la importancia que tenía la librería en el barrio y solicitando el apoyo de la comunidad. Como recuerda la librera, “en el centro, como hay menos lazo social, lo han tenido peor para capear la crisis, aquí los clientes entienden la importancia del comercio local y paradójicamente creo que muchos se han hartado de las compras ‘online”.

placeholder La librería Fábula, en Alcorcón. (Cedida)
La librería Fábula, en Alcorcón. (Cedida)

No se trata únicamente de librerías. La última vez que visitamos El Caballito del Marqués, la tienda de ropa infantil que tiene Leticia Alonso en Pinar de Chamartín, el avance de las grandes cadenas y el ‘retail’ frente al pequeño comercio parecía imparable. Hoy, cuando se le pregunta, parece algo más optimista. “La verdad es que sí, es cierto que la gente tiene más mentalidad de comprar en el pequeño comercio, yo estoy en el barrio y me lo dicen”, responde. El problema es que el sector textil ha sido uno de los más afectados por la pandemia, más aún con la reducción de los regalos de bebés. A pesar de eso, “no me quejo, que no hemos tenido que cerrar aquí en Madrid”.

Cuando solo quedas tú

Si las librerías son un buen ejemplo de regreso al barrio es porque, entre otras cosas, son capaces de articular comunidades a su alrededor, porque lo han pasado tan mal que las supervivientes se han reforzado y porque están empezando a utilizar las herramientas que casi las matan para hacerse más fuertes. La librería Fábula, en Alcorcón, tiene 40 años a sus espaldas, y su dueño, Ricardo Martínez, la sensación de que justo ahora están recogiendo los frutos de tanto tiempo. “Lo estamos notando no solo en el sector, también tengo un amigo con una óptica en Boadilla que me dice lo mismo”, explica. “Por fin, después de tanto tiempo, tenemos relación entre el número de libros en 'stock' y las ventas”.

"No tenemos gastos de envío en la ciudad porque yo mismo llevo el libro en persona"

Durante muchos años, Martínez recorría los congresos preguntándose qué estaba haciendo mal, cuando veía librerías en pequeños pueblos del Levante con datos de vértigo. La conclusión a la que llegó es que en poblaciones como Alcorcón “no existían librerías con grandes facturaciones”. Fábula se quedó casi sola, y ahora la situación parece haber dado la vuelta. “Hacemos 1.000 actividades y no tenemos gastos de envíos en Alcorcón porque yo acerco el libro”, explica. “El centro no solo vive de los pueblos y el extrarradio, sino también de los turistas, y de eso no hay ahora”. Más motivos: “La gente sigue sin fiarse mucho de los centros comerciales y se siente más segura aquí”.

El cambio de paradigma ha sido acelerado por plataformas como Todostuslibros, que no solo permite despachar libros a toda España desde cualquier pequeña localidad, sino que también contribuye a colocar pequeños comercios en el mapa. “Llevamos aquí 40 años, 15 desde que tenemos montada la página web, y no hay día que no venga alguien que nos haya conocido por la página y nos diga que qué bien lo tenemos puesto”, explica Martínez. Una de las ventajas para las librerías, en comparación con otros comercios, es que el precio de los libros es fijo.

placeholder Inditex cerró sus tiendas de Gran Vía a comienzos de este año. (EFE)
Inditex cerró sus tiendas de Gran Vía a comienzos de este año. (EFE)

Más allá del comercio, se ha producido un rebrote barrial que resumía muy bien Fernando Sierra, responsable de la Asociación Vecinal Casco Urbano de Carabanchel Bajo. “Cuando la pandemia llegó, la gente se activó por simpatía, cuando se enteraban de que el bar de enfrente había cerrado o que el del piso de abajo lo estaba pasando mal. Nosotros no dábamos abasto con toda la comida que nos traían”, explicaba. “La movilización no era ni de izquierdas ni de derechas, la ayuda al vecino está separada de la política”. Aunque también reconocía que la fatiga había hecho ya acto de presencia, los rituales de solidaridad del pasado año han arraigado más de lo que parece.

No hay que perder de vista la importancia del “consumo cautivo”, un pequeño ‘boom’ local ante la imposibilidad de abandonar la comunidad autónoma y, en algunas ocasiones, la propia zona básica de salud o los confines del barrio, que ha contribuido a que resulte más sencillo acudir a la esquina que coger el metro o el autobús. En La Lumbre, les ocurre lo mismo: “Hacemos cosas y dejamos espacios a iniciativas de vecinos que no organizamos nosotros, como clubes de lectura, que generan lazo social”. Se nota: en un rato en la librería, son varios los clientes que se acercan a Julia aunque solo sea para charlar.

El centro vaciado

Estos relatos contrastan con la imagen que presenta el centro de Madrid, donde a diario solo algunos focos localizados, como Primark, captan la atención de los paseantes. Pero cada vez son más los locales abandonados por las grandes cadenas, que venden ‘online’ y no necesitan mantener costosos establecimientos en Gran Vía. El H&M que ocupaba el espacio del Cine Avenida y la sala Pasapoga ha sido la última víctima en un proceso de renovación que aún no está claro qué dirección tomará. Inditex ya había decidido echar el cierre a la histórica primera tienda de Zara en Madrid. En Barcelona, un informe de la Fundación Barcelona Comerç de finales del pasado otoño recordaba que la media de establecimientos cerrados en total es de un 5,5%, pero asciende a un 25% en el centro.

"Se ha invertido la tendencia de que la facturación en Malasaña fuese más alta"

Muchos establecimientos en el centro son grandes, caros y “dependían demasiado de los que pasaban por ahí”, como añade De Ugarte. Tradicionalmente, las librerías de los barrios turísticos del centro eran por su situación privilegiada las que más facturaban. “Se ha invertido la tendencia de que la facturación en Malasaña fuese más alta, probablemente seguirá siéndolo, pero en proporción, por sus clientes más de paso, pueden tener un volumen no tan grande”, valora la librera. La campaña navideña, señalaban desde el Gremio de Librerías de Madrid, también tuvo una influencia muy positiva.

Los lamentos por los cierres de comercios centenarios suelen obviar factores como el precio de mantenimiento de los locales, empujados por dinámicas inmobiliarias que favorecen la venta en caso de tener el local en propiedad, la jubilación de sus responsables sin que nadie considere rentable tomar el relevo y un concepto comercial que puede haber perdido su sentido. Es lo que ocurría con Nicolás Moya, cuya última dueña, Gema, tataranieta del fundador, lamentaba unos meses antes de su cierre definitivo que “los estudiantes de medicina ya no vienen ni por curiosidad”. Desde su cierre, la calle Carretas, que se desliza hacia la Puerta del Sol, no ha vuelto a vivir el mismo ajetreo.

Foto: Los últimos días de una tienda histórica. (Reuters)

Es posible que, a medida que las cosas vuelvan a su curso habitual, la situación vuelva a cambiar, pero hay cosas que ya no se perderán, como la reinvención de los negocios, la percepción de que a tiro de piedra hay más posibilidades de las que pensábamos y una nueva conciencia de la importancia de arrimar el hombro. Como concluye Martínez, “el estado de bienestar se consigue cuando todos pagamos impuestos y con cuatro Amazon todo eso se nos hunde: la gente entiende que comprando aquí el gasto en el barrio es el mismo, pero el retorno es mayor”.

Mientras tanto, en La Lumbre, un cliente suelta las palabras fatídicas cuando le avisan de que el libro que pide no está en 'stock': “Bueno, imagino que en El Corte Inglés lo tendrán...”.

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