Ayuso gana en los bares: "La izquierda perderá si solo ofrece miedo y restricciones"
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La batalla del ocio

Ayuso gana en los bares: "La izquierda perderá si solo ofrece miedo y restricciones"

Cómo la presidenta de la CAM se convirtió en la reina de la hostelería y por qué los discursos disciplinarios de la izquierda funcionan regular tras un año de pandemia y hastío

placeholder Foto: Ayuso y Casado en un bar en Móstoles. (EFE)
Ayuso y Casado en un bar en Móstoles. (EFE)

Madrid es la única autonomía que no ha dado ayudas directas a la hostelería, pero Isabel Díaz Ayuso es la reina de los bares. Madrid ha pasado del "si vas de fiesta, acabarás en el tanatorio" al turistas franceses, bienvenidos. ¿Contradicciones? Haberlas haylas, pero las contradicciones subrayan también la pericia con la que Ayuso está surfeando la ola de los bares… ¿con ayuda involuntaria de sus rivales políticos?

Madrid ha dado ayudas indirectas a la hostelería, pero sobre todo ha mantenido abiertos más horas los locales, mientras otras autonomías (también del PP) decretaban cierres totales, parciales (interiores) u horarios más estrictos (cierres a las 16:30 o a las 18:00). Pero lo importante aquí no son los números, sino los relatos. El de Ayuso autoproclamándose gurú de los bares y el de la oposición dándole la razón al echarle en cara el "turismo de borrachera" y la conversión de Madrid en "Magaluf".

Foto: Isabel Díaz Ayuso, junto a Pablo Casado. (EFE)

Las críticas volcadas en el ocio y el miedo al covid salen un poco por inercia: fue el discurso público dominante en 2020. Pero, tras un año de covid, la gente empieza a dar muestras de hastío: el catastrofismo y los discursos moralistas y disciplinarios no calan tanto, y epidemiólogos que en 2020 fueron referencia por su látigo confinatorio, en 2021 son memes por cenizos y alarmistas. La gente, en definitiva, está deseando tomarse algo y que le dejen de reñir. Eso no significa necesariamente no cumplir las normas anticovid, sino que el humor de la opinión pública ya no es tan sombrío y temeroso como el año pasado.

En noviembre, la Comunidad de Madrid lanzó la siguiente campaña: "Si vas de fiesta, la próxima estación puede ser el tanatorio". "¿A quién tumba esta ronda de chupitos? A tu abuelo". Fue criticada por moralista y por poner el foco en la responsabilidad individual.

Ahora Ayuso ha sacado un 'spot' prohostelería que identifica su Madrid con beber cañas y pasarlo bien. Pablo Iglesias le respondió con un tuit en el que asociaba jóvenes de farra con ingresos hospitalarios.

Un tuit muy 2020. Muy: pasarlo bien está mal, dejando todo el carril lúdico libre para Ayuso.

Mientras todo eso ocurre en Madrid, en Francia es la izquierda (Mélenchon) quien reclama suavizar los toques de queda o la gente empezará a chiflar. Es decir: estamos ante un tema que va más allá de las ideologías y los juegos políticos de cada país.

La batalla electoral de Madrid se juega en un nuevo contexto. Algunos pensadores (poco sospechosos de ayusismo) creen que la izquierda se equivoca al convertir a Ayuso en la reina del terraceo justo cuando la gente está por el terraceo y la socialización tras un año en la cueva mental.

Cruce de acusaciones entre el Gobierno y la CAM sobre el control del ''turismo de borrachera''.

Hablamos con la filósofa Elizabeth Duval, el escritor Xandru Fernández y el analista Edu Bayón sobre la guerra de los bares.

PREGUNTA. ¿Está ganando Ayuso la batalla de los bares?

Xandru Fernández: Al menos de momento creo que sí. Ha conseguido poner el foco donde le conviene. Y ha detectado la gran fragilidad de la izquierda. Se ha dado cuenta de que después de un año de cifras, gráficos, estadísticas y curvas, la gente se insensibiliza. Es normal: un estímulo repetido 1.000 veces no produce la misma impresión que las primeras veces. La misma metáfora de las olas es la peor posible: a uno le llama la atención una ola grande en un mar tranquilo, dos olas como mucho, tres... Cuando las olas grandes vienen muy seguidas, ya no las contamos: se llama marejada. Cuanto mayor sea el ordinal que le pongamos a la palabra “ola”, más débil será su efecto.

"La mayoría no tiene dudas de que el virus existe, pero empieza a pensar que hay desproporción entre los sacrificios y la gravedad de la pandemia"

Además ha dejado de percibirse la relación entre la dureza de las medidas disciplinarias y las variaciones de la cifra de contagios. Por eso, aparte del cansancio general después de un año de excepcionalidad, se va imponiendo la percepción de que nada de lo que se haga tiene incidencia real en la evolución de la pandemia. Y de que las medidas son ineficaces e injustificadas. Y eso no tiene nada que ver con el negacionismo con el que se jugaba hace un año: la mayoría de la gente no tiene dudas de que el virus existe, pero empieza a pensar que hay una desproporción entre los sacrificios a los que se somete a la ciudadanía y la gravedad de la pandemia. Con razón o sin razón, es una sensación creciente. Y eso lo ha visto Ayuso con más claridad que la izquierda, pero también que el PP en otras comunidades.

Edu Bayón: Ayuso ha establecido el marco de campaña en su “comunismo o libertad”. No es solo que se haya apropiado del concepto de libertad, es que en esa falsa dicotomía la izquierda es presentada como los represores que implementan las restricciones. Lo que está buscando Ayuso es ofrecer una realidad conocida y añorada, esa que se intenta parecer a la antigua normalidad. En este sentido, el papel de los bares, en particular, es determinante para recordar al votante esa vida social que tenía y quiere recuperar, basada en la alegría y también, en parte, en la identidad de un Madrid que socializa en la calle.

"Ayuso está ganando por incomparecencia de sus rivales: ha conseguido distanciarse de sus acciones irresponsables"

Elizabeth Duval: Ayuso está ganando por incomparecencia de sus rivales: ha conseguido distanciarse de sus acciones irresponsables, como lo que hizo con los criterios de exclusión en las residencias, y ofrecer una imagen de vida y libertad frente a una izquierda aparentemente gris y llena de moralinas; consigue incluso hacer pasar a los propietarios por camareros y convencer de que lo que vende es vida y diversión. Ella ofrece lo que ofrece, pero es que los demás, por ahora, no parecen ofrecer nada, ninguna alternativa. Y a la gente, más allá de la militancia, les gusta la vida.

Xandru Fernández: La izquierda ha cometido un error garrafal: ha querido arrinconar a Ayuso en la esquina de la inmoralidad y la insolidaridad, y ella ha devuelto el reproche convirtiéndolo en una defensa de lo que el Gobierno central trata según ella de arrancarle a la gente: las ganas de vivir. Es una estrategia ganadora. Tanto, que ni se ha molestado en desmentir su responsabilidad en el incumplimiento de la normativa sanitaria por parte de los turistas en Madrid. Y podría haberlo hecho, porque la Policía Municipal depende del Ayuntamiento y la nacional, del Ministerio del Interior. Es decir, son Marlaska y Almeida los que tienen que poner orden en las calles de Madrid, no Ayuso. Si a eso le sumas que la izquierda, con Pablo Iglesias a la cabeza, le compra el lema “comunismo o libertad” y cae en la irresponsabilidad de identificar, igual que Ayuso, la libertad con las borracheras, tienes juego, set y partido.

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE) Opinión

¿Qué falla en la respuesta de la izquierda?

Edu Bayón: El fallo viene porque ha caído en el marco y el escenario diseñado por Ayuso. No han sido capaces hasta ahora de cambiarlo. Han entrado a rebatirlo, además, con cuestiones morales, con la mala gestión del Gobierno autonómico o con los graves datos de la pandemia que presenta la región. Aunque tengan razón, esto choca con una cuestión emocional como la que Ayuso está desplegando. Se suma a que la izquierda no está siendo capaz de ofrecer un horizonte ilusionante al votante.

"La izquierda no está siendo capaz de ofrecer un horizonte ilusionante al votante"

Elizabeth Duval: La izquierda no puede ganar una campaña electoral si lo único que ofrece son restricciones, como es el caso de Gabilondo, que el lunes anunció, como si se tratara de una propuesta, adelantar el toque de queda en las zonas con mayor incidencia. Tiene que ofrecer otra cosa y otro proyecto para la vida después del covid-19, no seguir en un marco que, después de un año, lo que provoca en la gente es más frustración y desánimo que otra cosa.

Foto: Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado. (EFE)

Xandru Fernández: La izquierda es una cámara de eco de los lemas de Ayuso. Y puesto que se ha empeñado en convertir Madrid en el enemigo y está utilizando el mito de la maldad de Ayuso para sacar pecho, no tiene margen de rectificación. Los que vivimos en comunidades muy envejecidas como Asturias nos damos cuenta de que al PSOE le beneficia ese cliché porque se posiciona como el defensor de los mayores frente al egoísmo de la juventud. Pero en Madrid, Barcelona o Valencia es un marco perdedor, la gente joven o de mediana edad que ha puesto en suspenso su vida no está dispuesta a prolongar mucho más tiempo esa situación, está esperando a vacunarse y seguir su vida donde la había dejado. Ese tendría que ser el mensaje de la izquierda: estamos haciendo lo necesario para que volváis a la normalidad. Pero como no se está haciendo, por las razones que sea (por haber negociado mal la compra de vacunas, o porque se quiera aprovechar el estado de alarma para disciplinar sectores del tejido productivo, o por las dos cosas), a la izquierda no le quedan más armas que el miedo y la moral ascética, y por eso va a perder. Y lo peor es que perderá sin haber aprovechado la ocasión para blindar la sanidad pública y los sistemas de protección por desempleo. Es un desastre.

Patada en la puerta

Escribe Elizabeth Duval en ‘Público': “Por desolador que sea no poder visitar a nuestros abuelos mientras vemos a turistas adinerados beberse el agua de los floreros, la política pierde potencial de movilización cuando su mayor gancho es el miedo a la muerte… Estamos cayendo en la trampa, tan peligrosa, de confundir a Ayuso con la Libertad. Y esto ha de quedar muy, muy claro: pueden ganarse unas elecciones contra Ayuso, pero ante la Libertad, incluso si hablamos de aquella que su partido ha manoseado y pervertido, no hay victoria posible”.

Para acabar de completar el psicodrama, España debate ahora si es buena idea volver a la patada en la puerta para acabar con las fiestas nocturnas en Madrid (donde impera hace meses el toque de queda nocturno). La Policía Nacional derribó la puerta de un domicilio del barrio de Salamanca donde se celebraba una fiesta. Interior ha ordenado apretar las clavijas festivas. Si esto sigue así, Madrid corre peligro de convertirse en el gran parque temático político de Europa, con la izquierda celebrando las patadas policiales y la derecha celebrando… fiestas. ¿Quién dijo que las campañas electorales no eran divertidas?

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