Los almirantes que pierden su calle en Palma por "franquistas": lucharon en Trafalgar y Cuba
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Memoria histórica confusa

Los almirantes que pierden su calle en Palma por "franquistas": lucharon en Trafalgar y Cuba

Otra de las calles mallorquinas seleccionadas para un renombramiento es la calle Toledo, que ahora pasará a llamarse Rafael Valls en honor a un criptojudío del siglo XVII

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Los tres almirantes que desaparecen del callejero de Palma (La Ilustración Española y Americana/Museo Naval)

La retirada de varios nombres de las calles de Palma por vínculos "franquistas" ha causado númerosas críticas por la falta de concordancia histórica de la vida de algunos de los personajes retirados. El ayuntamiento de Palma, liderado por el alcalde, José Hila, del Partido Socialista, acaba de cambiar los nombres de doce calles por vínculos con el régimen franquista. Sin embargo, tres almirantes que han perdido el derecho a una calle con su nombre resultan haber vivido incluso antes de que naciese el régimen franquista.

Arturo Pérez-Reverte, académico y escritor, ha arremetido contra el alcalde por la retirada de tres de los nombres anunciados por el Ayuntamiento de Palma. Pérez-Reverte ha aclarado a través de su cuenta de Twitter que la plaza Almirante Churruca y las calles Almirante Gravina y Almirante Cervera hacían homenaje a tres famosos marinos de los siglos XVIII y XIX. Este es otro caso que se suma a la larga lista de iniciativas enfocadas en la aplicación de la polémica Ley de Memoria histórica.

Otra de las calles mallorquinas seleccionadas por Hila para un renombramiento es la calle Toledo, que ahora se llamará Rafael Valls en honor a un criptojudío del siglo XVII. Una de las reacciones más sonadas a esta decisión ha sido la de Milagros Tolón, alcaldesa de Toledo, que a través de su cuenta de Twitter ha expreasdo su "descontento ante la decisión de retirar el nombre de Toledo del callejero de Palma" y que le ha insistido en "que Toledo siga teniendo una calle en la capital balear como Ciudad Patrimonio de la Humanidad."

Churruca, Gravina y Topete

El primer almirante en cuestión, Cosme Damián Churruca (Motrico, Guipúzcoa, 27 de septiembre de 1761 - Trafalgar, Cádiz, 21 de octubre de 1805), fue brigadier de la Armada e ingresó en la Marina en 1776. Algunas de sus hazañas más destacadas fueron su participación en el asedio a Gibraltar (1781-82) , su mando del navío San Juan Nepomuceno, que se agregó a la escuadra hispanofrancesa y que estuvo en la batalla de Trafalgar durante la cual falleció a causa de un cañonazo. Además ejerció como docente enseñando matemáticas, mecánica y astronomía en la compañía de guardiamarinas de Ferrol y publicó una serie de investigaciones suyas.

Por su parte, Federico Gravina (Palermo, Sicilia, 1756 - Cádiz, 1806) procedía de la nobleza, especficamente de una familia vinculada tradicionalmente a la monarquía española. Este segundo almirante también colaboró con los franceses en la guerra contra Gran Bretaña en la que defendió los puertos de Cádiz, Ferrol y Brest y participó en la batalla de Trafalgar en la cual tuvo una labor destacada a pesar de no ser victorioso. A lo largo de su vida participó en diversas acciones como la expedición a América contra los portugueses (1776-77), el sitio de Gibraltar (1779) o la reconquista de Menorca (1881-82), entre otras.

El último personaje histórico que pierde el homenaje es el almirante Pascual Cervera y Topete (Medina Sidonia, 1839 - Puerto Real, 1909) pero a pesar de que se acerca un poco más a la época franquista, tampoco se podría ubicar en este periodo histórico. Este marino fue especialmente conocido por haber comandado la flota española durante la batalla de Santiago de Cuba, el 3 de julio de 1898. Procedía de la saga de los Topete, familia de marinos nacidos en Villamartín y durante su carrera profesional fue el marino más joven de España en ser nombrado como el mayor general del departamento de Cádiz.

Cervera mantuvo una postura en contra de a seguir adelante con la misión ya que tenía claro que la misión era irresponsable y descabellada

Antes de la batalla de Santiago de Cuba, Cervera mantuvo una postura en contra de seguir adelante con la misión, ya que tenía claro que la misión era irresponsable y descabellada. Insitió en la necesidad de reforzar y defender las Islas Canarias y la propia península en previsión de posibles ataques de la armada estadounidense. A pesar de insitir en el peligro de la acción, cumplió con las órdenes del Gobierno y avanzaron hacia la Habana. Finalmente, las previsiones de Cervera se cumplieron y la batalla apenas duró 15 minutos, murieron 500 marineros españoles y aproximadamente unos 2.000 hombres fueron apresados. Esta batalla supusó el fin de la guerra de Cuba y la pérdida de la última colonia española.

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